Mal, muy mal el Gobierno con la evidente confrontación
entre dos de sus ministros a cuenta del suceso de Ceuta, aún de impredecibles e
inusitadas repercusiones. Versiones contrapuestas que, ofrecidas en sede
parlamentaria, agravan la trascendencia de la descoordinación en un asunto muy
delicado.
Por un lado, la
ministra de Defensa, Margarita Robles, señala que los servicios de inteligencia
desplegados en la ciudad autónoma advirtieron el día anterior de lo que se
avecinaba: masiva entrada a nado en territorio de soberanía española. Por otra
parte, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, niega la existencia
de tales informes.
La contraposición es
flagrante y la percepción que va quedando, más allá de quién tiene razón, o
quién dice la verdad, es negativa con respecto a un asunto cuyas imágenes
siguen mortificando en medio de la desazón de un pueblo, el ceutí, y de la
carencia de una solución que no se vislumbra pues las ramificaciones
internacionales del conflicto hacen también muy intricada la vía diplomática.
El editorial de El
País de hoy es tajante: “La crisis de Ceuta no
puede quedar reducida a un reparto de culpas mezquino entre el CNI, el
Ejército, la Policía y la Guardia Civil, cuyos agentes se jugaron su integridad
física esos días y salvaron incontables vidas en el mar”.
Porque la
credibilidad gubernamental se ha visto muy erosionada con las versiones
contrapuestas de dos de sus componentes más significativos y con mando en
plaza. Esta es las crisis de largo alcance, que se complica a cada paso y que
cuesta remontar pues tiene unos daños colaterales evidentes.
1 comentario:
No opino de ministros de mi Partido
Ellos sabrán si la gente los criticarán o estarán de acuerdo con mi posición neutral
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