Tenía mucha
razón el colonizador estadounidense, abogado y escritor Thomas Morton cuando
afirmó que “el arte permite encontrarnos y perdernos al mismo tiempo”. Aunque
en Icod de los Vinos es consecuente dada su plétora de rincones y espacios
sugerentes que el artista Pedro Rodríguez plasma en una obra madura y muy bien
compuesta hasta convertir la geografía urbana y rural en un paisaje único, la
quintaesencia de una población canaria llena de encantos, a caballo entre los
atractivos naturales y las líneas progresistas de sus avances sociales.
Así que llevados de sus trazos y pinceladas podemos adentrarnos en sus acuarelas que reflejan, sobre todo, una motivación paisajística de sensaciones cuya intensidad se modula a medida que avancemos, no importa el ritmo, en busca de coloridos y luces que se renuevan exponiendo algo más que encantos hallados en arquitecturas, fértil vegetación, sugerentes senderos, indómitos riscos y apacibles fincas de cultivo. Morton se encontraría a gusto, entrando y saliendo, recorriendo el paisaje icodense.
Porque Pedro Rodríguez, nacido en Venezuela y cultivado en ese paisaje, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, proporciona este toque mágico que impulsa el ansiado equilibrio en la composición que, en el fondo, es una suerte de objetivo colocado en la diana de su interés artístico, ante el que exprime la técnica acuarelista que modula con firmeza y seguridad para acabar plasmando altivas montañas, nubes caprichosas, sembrados geométricos bien elaborados, desafiantes acantilados, ventanales, pórticos, postigos y otros elementos que debaten entre sombras y luces. Escenas, la vida misma del paisaje.
Y claro que sí: esta serie artística es una espléndida oportunidad para encontrarse y perderse, como una guía ilustrativa de la riqueza patrimonial de la iglesia de San Marcos, del parque Lorenzo Cáceres, del Drago milenario y su parque, del ex convento de San Francisco, de la plaza de la Pila, de las ermitas, de Boquín, de las casonas señoriales, de las costumbres y tradiciones que revelan, con sutileza y solidez a la vez, la identidad de un pueblo. Pedro Rodríguez, con una paleta cromática variada y polivalente, se recrea, desde luego, en unas estampas acuarelísticas inconfundibles.
Las de un Icod para encontrarse y perderse.
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