sábado, 24 de octubre de 2026

Galán Ulla, trazos sutiles y precisos

 

El Puerto de la Cruz de los años sesenta del pasado siglo y una parte sugerente de la paisajística insular abarca el universo impresionista del pintor Teófilo Galán Ulla que expone desde ayer en el Castillo San Felipe hasta el próximo 31 del presente mes. Sus hijos estuvieron presentes en la apertura.

“A través de su estilo y la exquisitez de sus motivos, el impresionismo de Galán Ulla transmite, con fina sensibilidad, la percepción de la belleza encerrada en los paisajes del sur y la gente que puebla aquellos sitios. Sus cuadros, pintados al aceite, como acuarelas o en presentación litográfica, reproducen la realidad del momento tal como la ha visto y acogido en lo profundo de su ser”, escriben en el díptico de presentación.

Luego detallan: “Sus cielos vespertinos suelen estar bañados de un tinte marrón oscuro, sin trazos ni señales del rojo o azul”.

Teófilo, con quien compartimos no pocos desplazamientos a la universidad de La Laguna, muchas visitas a su domicilio y a su galería en la calle La Hoya, para escuchar sus interpretaciones del arte pictórico o los secretos de la técnica que empleaba, llegó a Tenerife en 1961. Pronto fue un portuense más, un portuense de a pie que contemplaba desde la media distancia sus fuentes de inspiración, las que luego plasmaría en sus lienzos con trazos sutiles y precisos.

Galán Ulla es un pintor identificado con la bonanza y la tranquilidad, capaz de una combinación cromática que distingue sus trazos, siempre precisos. Salía en busca de la gente que supo preservar aquella calma contemplativa que predominaba hace cincuenta años o más, cuando no era infrecuente, por cierto, ver a los artistas con sus caballetes o paletas abstraídos en vías y calles, intentando inhibirse ante los ruidos molestos o las conversaciones altisonantes de los espectadores que seguían atentamente su quehacer.

Las imágenes del acantilado de San Telmo, poblado de bañistas cuando aún no había terrazas, y de una carreta predispuesta para la labranza o la siembra en las proximidades de una era, son buenísimos ejemplos de un creatividad pictórica reveladora de una habilidad notable y una calidad artística muy estimable. Se cuenta que cuando volvía al lugar de sus objetivos, al núcleo de su inspiración pictórica, y ya las circunstancias habían modificado la visión que en principio le había entusiasmado, declinaba.

Prefirió siempre preservar la pureza, el origen de las cosas.

Por eso, esta es un excelente oportunidad para ponderar su obra.

 

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