sábado, 15 de octubre de 2011

COSTUMBRISMO PORTUENSE (II)

Los hombres volvían del fútbol, desde El Peñón, trajeados, en una curiosa y uniforme alineación que se formaba espontáneamente en el exterior del campo y recorría la calle San Felipe -por Mequinez discurrían quienes vivían en ella- para disoverse al llegar a la plaza del Charco.

La costumbre, los días que Puerto Cruz jugaba en casa, era que salían al descanso a tomar un vaso de vino o una cerveza fría en casa Mamerto que estaba muy próxima al campo de fútbol.

Y en las temporadas en que el equipo blanco desplegó su hegemonía en el fútbol regional era frecuente acompañarle en sus desplazamientos. Unos, en guagua; y otros, en taxi, cuyo importe compartían solidariamente los aficionados. Quienes disponían de vehículo propio, lo ponían a disposición previo pago a escote de una cantidad para el combustible. Punto de salida: la plaza del Charco, en las inmediaciones del bar Capitán -donde algunas temporadas vendían las localidades para los encuentros caseros y así aliviar las colas-; y también en El Peñón.

En la plaza, por cierto, se hizo corriente la estampa de escuchar partidos de competiciones europeas a través del transistor. Los interesados se concentraban en torno a quien lo llevaba. Unos cuantos años antes, las transmisiones eran seguidas en el cinema Olympia o en el Dinámico, donde instalaban equipos de megafonía. Ya en los setenta, podía verse en la vieja cazuela portuense a varias personas que, provistas del aparato de radio, veían el partido y a la vez seguían el curso de la jornada. Se puso de moda corear algunos goles de los equipos considerados grandes, en algujna ocasión para llamar la atención y desconcentrar a quienes jugaban. Los domingos, al caer la tarde, decenas de aficionados se acercaban a este bar o al Capitán para comprobar los resultados de la jornada y verificar los signos de la quiniela. Los portuenses siempre apostaron: durante muchos años depositaron sus boletos casi siempre el último día, el viernes a las ocho de la tarde o las diez de la noche.

Y se sintieron atraídos por la información: los lunes, muy temprano, hacían cola ante el estanco Curbelo para adquirir la Hoja del Lunes; y poco después del mediodía se hacinaban en el exterior de la librería de Fernando Luis para hacerse con un ejemplar de Aire Libre, el semanario que traía resultados, clasificaciones y crónicas, entre ellas, las primeras de Juan Cruz Ruiz. Cuando desapareció Aire Libre -cuya colección íntegra, por cierto, ha sido digitalizada por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria- los lectores de prensa deportiva prosiguieron sus hábitos los martes y sábados, cuando se publicaba Jornada Deportiva.

En el costumbrismo deportivo habría que consignar que los domingos por la mañana había baloncesto en aquella cancha de tierra de la plaza del Charco que los jugadores marcaban con cal o tapaban con arena los charcos que se formaban los días de lluvia. Esa cancha fue durante años el único espacio libre o abierto que los niños y jóvenes portuenses tenían para su asueto y para emular a los ídolos de entonces. La gente se agolpaba en los límites rectangulares para seguir con fruición los partidos que se jugaban entre las dos y las cuatro de la tarde. Partidos que tenían su temporada, crean, pues cuando llegaban las navidades o las fiestas de julio, la ansiada cancha era ocupada por pistas de coches eléctricos -los cochitos de esmoche, les llamaban-, norias o tómbolas, y obviamente, no se podía jugar. Entonces, cualquier calle o algún solar fruto del desarrollismo eran válidos.

Mencionado ese horario, hay que decir que el que regía la apertura al público de los comercios también influía en los usos sociales. De 1 a 3 de la tarde descansaban determinados ramos: se aprovechaba para almorzar. Otros abrían por la tarde de 4 a 7.30 y 8, cuando ya el turismo lo invadía todo y había que aprovechar. A la salida, paseo, cena, cine, enamorar o, sencillamente, “a recogerse”. En la sobremesa del almuerzo, por cierto, los hombres tomaban café, fumaban y conversaban animadamente en el bar Dinámico. Allí bautizaron las célebres “cámara alta y cámara baja”, al mejor modo democrático y aún en pleno franquismo. Antes de cenar e ir a escuchar “el parte”, a las nueve, se aguardaba que llegaran las remesas del diario vespertino La Tarde, que siempre tuvo en el Puerto numerosos seguidores, cuentan que por la calidad de los artículos de opinión que publicaba.

Enamorar. Formas diversas: los novios lo hacían dos días de la semana (lunes y jueves), además del domingo. Ir al cine, dar vueltas o sentarse en un banco de la plaza, un paseo hasta Martiánez, tomar un refresco o un helado. Ellos y ellas, por lo general, perfumados y bien vestidos. También intercomunicaban desde las ventanas de las casas. Se encontraban en un punto relativamente distante, hasta que se entraba en confianza y el novio esperaba a su amada en el exterior de la casa. Los que habrían de enamorar en otras localidades, se desplazaban en guagua o en vespa, antes de que se pusiera el sol, claro, para luego regresar a una hora prudente. Ir de la mano o del brazo: modestia y recato siempre, por la calle o la plaza, cuando la relación ya estraba más o menos consolidada, hasta que se eliminaron tabúes y corsés, las rigideces, en fin, de un costumbrismo amoroso sin duda influido por el régimen franquista y por los temores infundidos por la iglesia (Continuará).

viernes, 14 de octubre de 2011

LA OTRA BURBUJA

Se cumple año y medio de aquel apagón analógico que nos traería -supuestamente- las luces de la Televisión Digital Terrestre (TDT): una regulación, un esfuerzo, más empleo, más oportunidades, más calidad, más competitividad, más pluralismo... De todo eso se hablaba en los albores del nuevo modelo de aplicación tecnológica a la señal televisiva, transmitida posteriormente por ondas hercianas terrestres, o sea, a través de la atmósfera sin necesidad de cable o satélite en tanto que se recibe por medio de antenas UHF convencionales. Que eso es la TDT.

Todo muy atrayente, otro paso decisivo hacia la modernidad en el marco de la sociedad de la información. Pero la realidad ha sido bien diferente, hasta el punto de que, a imagen y semejanza de la burbuja inmobiliaria, ya se habla de burbuja audiovisual. Si aquella estalló y detonó la mayor depresión que se recuerda tras la Segunda Guerra Mundial, la audiovisual ya casi no se sostiene y pone al desnudo la artificialidad con que fue concebida. La crisis sólo ha venido a agravar la fragilidad. La tarta publicitaria sigue menguando: una porción es cada vez más costosa y sólo está al alcance de unos pocos. Que la audiencia se haya dispersado o haya caído hasta índices alarmantes revela el calvario que ahora mismo viven la mayoría de canales.
Y claro, la regulación apenas ha resultado una quimera. La pretendida legalización y la consecuente competencia con las mismas reglas y en las mismas condiciones han estallado: algunas concesiones literalmente se han volatilizado. El esfuerzo quedó en los estudios preliminares y en la inversión primeriza: faltó consistencia empresarial, no había proyectos bien respaldados, conscientemente aptos para competir en el sector. Lo de ‘más empleo’ suena a chiste: decenas de profesionales, licenciados y operarios perdieron su puesto de trabajo. No hubo más oportunidades, ni para ellos ni para los empresarios interesados ni para los usuarios del producto televisivo. La calidad fue disminuyendo a borbotones entre quienes con notorias dificultades han ido timoneando y subsistiendo. Poco de competitividad: en esas circunstancias es difícil hacer una programación que esté en consonancia, que responda a las exigencias y los gustos de los televidentes. Y en cuanto al pluralismo, no parece que se haya enriquecido: los sesgos y la tendenciosidad, prácticamente en la misma dirección a la derecha política o a poderes económicos muy localizados, son evidentes.
España, tras el Reino Unido, es el país de la Unión Europea (UE) con mayor número de televisiones. En las dos provincias canarias, las numerosas señales de las estaciones públicas y privadas son cada vez más débiles, no sólo técnicamente sino desde los demás puntos de vista de continuidad estable de un medio de comunicación audiovisual. Si tomamos en cuenta los datos de algún instituto nacional de medición publicitaria que señalan una caída de casi un 6% en la facturación durante el primer semestre, podemos hacernos una idea de lo que habrá ocurrido en nuestra Comunidad Autónoma. Es natural que algunas señales hayan ido a negro y otras anden boqueando, a la espera de algún imprevisible milagro.
Así las cosas, los próximos tiempos van a estar caracterizados por la incertidumbre. La TDT se ha convertido en un mar proceloso y flotar en él requiere destreza titánica. Hasta para las televisiones públicas, sobre las que se ciernen negros nubarrones en orden a su financiación. Algunas, dependientes de ayuntamientos, ya han cerrado sus puertas. Otras, bajo el paraguas de la administración autonómica, se tambalean y las inyecciones de dinero público son cada vez más escasas. El caso de RadioTelevisión Española (RTVE) es excepcional: el burdo episodio que hace poco anticipó una suerte de control ideológico-político contrasta con datos de inmensa satisfacción de sus espectadores, que no quieren anuncios, y con los liderazgos indiscutibles de sus espacios informativos.
La experiencia, pues, al cabo de año y medio, va dejando más sombras que luces. La modalidad tecnológica arroja un reguero de fracaso que, en el caso de Canarias, se hace doloroso, sobre todo, en la pérdida de empleo, extensible también, por cierto, al ámbito radiofónico si no hay revisión de las preadjudicaciones del concurso público de concesión de licencias.
Más allá del debate sobre si son necesarias o no las televisiones públicas, y a la espera de contrastar la privatización de las mismas como única alternativa -siempre pasa lo mismo: unos pocos aprovechándose de lo público ruinoso o deteriorado- habrá que hacer auténticos esfuerzos para superar las turbulencias. Que nadie espere milagros para lograr un modelo racional y válido en el que, sin pretender las excelencias que nos vendieron cuando la TDT iba a hacer acto de aparición, al menos lata un espíritu de racionalidad que procure una programación digna, que garantice derechos y libertades y esté a la altura de los tiempos que corren.


(Publicado en Tangentes, número 39, octubre 2011)

miércoles, 12 de octubre de 2011

MEDIO SIGLO, QUINCE CUADROS

Quince cuadros que condensan medio siglo de arte. El Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, con sede en el Puerto de la Cruz, rescata el mar de su colección para exhibir parte de la misma en la apertura de los actos conmemorativos del 12 de octubre. Se trata de una esmerada selección que puede contemplasrse desde anoche en presencia de la profesora Rosina Gómez-Baeza Tinturé, de raíces portuenses, que hoy disertará en el Ayuntamiento bajo el sugerente título "Emergencias. Una mirada contemporánea a la creación actual en el Nuevo Mundo".
La selección sirve para contrastar las visiones del mar experimentalista y más convencional. Acke Fornandez, por ejemplo, dejó en 1953 un óleo de cómo interpretó San Telmo. Y un Weyler, sin título, en 1987, plasma la majestuosidad de las olas atlánticas.
El mar ha sido uno de los principales motivos de exposición para los artistas. Aquellos que expusieron en el Instituto, a lo largo de su historia, legaron una obra que enriquece sus fondos. Una litografía de Pepe Dámaso, de 1991, luce trazos brillantes frente a los Témpanos azulados, una composición fotográfica a color de Pedro Real Carballo de 1998. No faltan las acuarelas: el litoral norte de Tenerife, del alemán Bruno Brandt, incorporada en 1957, y la plasmación del refugio pesquero de la localidad por el siempre recordado Gregorio Abalos, en 1961. Marinas, embarcaciones, Punta del Hidalgo, Los Cristianos... la selección refresca la vida del mar.
Vida que sigue estando en unos fondos que esperan mejoe destino. La oportunidad sirvió para hacer la enésima apelación a disponer algún día de un marco adecuado para contemplar la riqueza de dichos fondos. La lucha de los dirigentes del Instituto es tenaz, aún en tiempos de crisis. Ya dieron en su día un paso de gigante con la residencia, en la Casa de la Aduana, del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdhal. Ahora, las adversidades, las incomprensiones y la crisis misma no frenan su voluntad de contar con un recinto digno para albergar una pinacoteca excepcional que la vea todo el mundo.
Por ahora, hemos de conformarnos con una selección que condensa medio siglo de sensibilidad pictórica frente al océano.
Que no está nada mal, desde luego.

martes, 11 de octubre de 2011

SIN REMEDIO

Un pacto político electoral entre el Partido Popular (PP) y el Centro Canario Nacionalista (CNN) acentúa las sombras de la incertidumbre en la política canaria. De la incertidumbre y de la inestabilidad. En el Cabildo de Gran Canaria, en cuestión de horas, ya se apreciaronb las primeras consecuencias. Nada nuevo, se dirá por quienes ya hemos visto las repercusiones y de los deslizamientos de alianzas y componendas, dan igual no sólo las ideologías (¡ah! ¿pero es que quedan ideologías?) sino las declaraciones de amor y afecto político que leíamos y escuchamos hace unos meses "en defensa de los soberanos intereses de esta isla o de esta tierra". Y no, no se pregunten qué dirá la gente de todo esto, porque la gente está cansada, está harta de tanto vaivén, de tanta componenda, de tanta contradicción.



Cabe preguntarse cuántas cosas más tienen que pasar para modificar la Ley electoral de una vez. Y no para listas abiertas, precisamente, que visto lo visto, si algun ingenuo cree que es la panacea, mucho nos tememos que no será así. Pero o se revisa la norma o esto será insostenible. Está siendo insostenible. Leer ahora, desde el pasado mes de mayo, que deben gobernar los de la lista más votada, dicho por algunos que participaron en censuras insólitas o callaron significativamente cuando una opción política superó con creces a las otras en los comicios autonómicos de 2011, es para contrastar la paradoja y las incongruencias mientras abusan de la desmemoria.



Cuántas cosas más...



Un nuevo pacto en las islas, otro más, da igual el pasado y hasta los hechos más recientes.



Canarias será un pueblo único pero, políticamente, parece una tierra sin remedio.



Al respecto, léase un artículo de Juan García Luján, titulado "Derecho al asombro", publicado en la edición de hoy de canariasahora.com


http://www.canariasahora.es/opinion/7402/


Eso sí, estimado Juan: la capacidad de asombro sí que parecía agotada hace tiempo.


lunes, 10 de octubre de 2011

MENOS NUDOS

“La reflexión calmada y tranquila desenreda todos los nudos”, afirmó en su día Harold Mac Millan, el político conservador británico que llegó a primer ministro, un europeísta convencido al que los franceses doblegaron cuando se esforzaba en integrar al Reino Unido en las primeras estructuras comunitarias.

Cabe confiar en que Casimiro Curbelo hizo este ejercicio, sereno y sosegado, para dar un paso determinante, que le honra, tras el indeseado incidente en que se vio envuelto, generador de una controversia política considerable. La experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones y el ya ex senador socialista por La Gomera, bregado en unas cuantas batallas políticas, habrá comprobado que sobre la base de aquéllas, sobre todo cuando se expanden y afectan otros ámbitos, hay que decidir o escoger los caminos que dejan. Había muchos nudos: parece que empiezan a desatarse.

El caso es que, a la espera de un pronunciamiento judicial, conserva intacta la presunción de inocencia. Ya se verá si la cosa va más allá de la comisión de una falta. La trascendencia pública del incidente adquirió pronto una dimensión política desde que una dirigente federal del PSOE, Elena Valenciano, hiciera una tan prematura como concluyente determinación: el comportamiento de Curbelo avergonzaba, se forzaba su dimisión y no se iba a contar con él para el inminente proceso electoral. A partir de ese momento, se abrió una auténtica caja de truenos que sonaron fuerte en ciertos momentos a medida que se aproximaban las fechas en que se decidía la inclusión como candidato repetidor al Senado. Ni la añagaza de unas nuevas siglas hizo temblar el pulso de Ferraz, donde estas situaciones, con más o menos razón, con mayor o menor respeto a las formas y al cumplimiento estatutario, se lidian con firmeza, sin pulsos que valgan.

Al final, pese al respaldo unánime de los órganos insulares, Casimiro Curbelo ha dado el célebre paso al costado de los argentinos. Ahí estriba el núcleo de su reflexión: renuncia a la candidatura para que no se hable de él y de su familia. Y para defenderse sin privilegios, ha dicho; pero también para liberar de la incomodidad asfixiante que atenazaba a la organización y para evitar esperpentos como hubiera sido concurrir a las próximas legislativas con unas siglas distintas a las que representa en el Cabildo Insular donde sigue siendo presidente.

Curbelo, en cualquier caso, podrá seguir siendo el factótum del socialismo gomero pero habrá constatado que sus enemigos aguardaban un episodio como éste y que no le perdonarán un solo yerro que, inevitablemente, con toda la carga demagógica, conectarán con el incidente de Madrid. Todo su haber político, que es voluminoso y que engloba un impulso decisivo al progreso de la isla, se ha tambaleado. Toda esa obra, labrada, además, al calor de la cercanía a la población y de la promoción de los intereses generales insulares, palidece y se desvaloriza porque la política es así, porque se tiene más en cuenta un hecho como el de Madrid que todas las instalaciones o todas las infraestructuras promovidas o todas las coberturas sociales que se pueda prestar desde las instituciones de las que se es responsable.

Seguro que Curbelo, a pesar del incidente y de su trascendencia, a pesar de las repercusiones políticas, habrá palpado nuevamente el calor de los suyos. Políticamente, ni tinieblas ni rechinar de dientes. De ahí que más valor tenga esa renuncia que, por otro lado, propicia la aparición en escena de un hombre capaz y predispuesto, que lo hará bien, como es Gregorio Medina. Ya se verán los resultados pero, de momento, menos nudos.

sábado, 8 de octubre de 2011

COSTUMBRISMO PORTUENSE (I)

Los portuenses, como todos los pueblos, han ido forjando sus costumbres a lo largo de la historia. Usos y hábitos sociales -algunos convertidos en una suerte de rito- que caracterizan a la población, al menos durante una época. Otros sobreviven, perduran, y forjan las tradiciones que se van transmitiendo con proyección desigual. El costumbrismo portuense es una manera más de entender las peculiaridades de su conducta. Es un retrato más de su interpretación existencial, forzado a veces por las circunstancias de una época o por las modas de otra.

Recordemos, hasta donde alcanza la memoria, algunas de esas costumbres que constituyen parte del acervo portuense, de ese conjunto de hechos, actividades o bienes morales y socioculturales que han ido caracterizando nuestra personalidad, la idiosincrasia de un pueblo.

Un pueblo que tuvo casi como norma (no escrita, vale) dar vueltas a la plaza, sobre todo, los domingos por la tarde o cualquier día por la noche. Lo hacían personas de todas las edades y de toda condición social. Cuando los médicos aún no recomendaban caminar o pasear, como medida salutífera, ya los portuenses hacían kilómetros. Y en esa médula espinal de la plaza del Charco disfrutaban con un ejercicio que se contagió a turistas y gentes de otras localidades.

Casi en la plaza misma, practicaban ir a ver los cuadros del cine, los fotogramas y carteles de gran tamaño que colgaban en las fachadas de los dos cines próximos, Teatro Topham y Cinema Olympia. Cines de los que salían al descanso provistos de una contraseña que distribuían los porteros que también hacían de acomodadores para tomar algo en los bares cercanos, fumar un cigarrillo o, simplemente, comentar el curso de la película.

Y es que el cine siempre atrajo el interés de los portuenses que presumían, a su manera, de entender la materia cinematográfica, durante muchos años casi el único vehículo de comunicación o expresión artística al que podían acceder. Había quien iba todos los días o a los estrenos que se programaban para los lunes y los jueves. Al principio, en horarios de siete de la tarde y diez de la noche. Después, cuando cerró el Olympia, las funciones eran a las seis, ocho y diez. La sesión de los domingos a las cuatro de la tarde, para el público infantil, se mantuvo durante décadas.

Una costumbre que aún perdura, bien es verdad que venida a menos, es la de acudir a la procesión del Encuentro, en la Villa, en la alborada del Viernes Santo, después de haber asistido a la del Cristo Crucificado que, en imponente silencio, tan sólo alterado por el instrumental de la banda que acompaña, recorre las calles del Puerto de la Cruz. Una vez que la imagen hace su entrada en el templo, grupos de personas toman sus coches o las primeras guaguas del día para llegar a La Orotava. El suplemento de esta costumbre era bajar al Puerto caminando y robar nísperos u otros frutos en las fincas y huertas del trayecto.

También subsiste ver las cruces, en la noche del 2 de mayo o al día siguiente, fecha en que se conmemora la fundación de la ciudad. Los portuenses engalanan las cruces, de capilla o de calle, y es tradición recorrerlas, a ver cuál está más bonita y a saludar a sus cuidadores y propietarios.

La banda municipal de música ofrecía conciertos todos los jueves por la noche, incluso en invierno, en el kiosko del antiguo Bar Dinámico. Era curiosa la estampa: mientras los extranjeros seguían atentamente la actuación, muchos nativos seguían sus conversaciones en voz alta sin que las interpretaciones llamaran su atención.

Una banda, por cierto, que situada la última en cualquier trayecto procesional, siempre tenía un numeroso grupo de personas que la seguía. Cuentan que había truco: era para abandonar la procesión en cualquier momento mo en cualquier esquina sin que se notara.

En el citado Bar Dinámico, con su célebre división visible entre las cámaras alta y baja, las conversaciones eran un termómetro de lo portuense: todas las noticias, todos los comentarios -incluso políticos, cuando hablar de política era una temeridad o casi un imposible-, todos los chascarrillos, todas las maledicencias, todas las mentiras, todas las bromas y todos los lamentos se sucedían en un inigualable torrente. A media mañana, parte de los habituales ya tomaban posiciones. En la sobremesa, otro grupo tomaba el relevo. A última hora de la tarde, se reencontraban muchos de la mañana. Y ya por la noche, no importaba que hiciera frío o lloviera, otra generación, más joven y más heterogénea, alargaba aquel torrente de conversaciones populares (Continuará).

jueves, 6 de octubre de 2011

MÁS ALLÁ DE LA INSOLENCIA

Es indignante, claro. Que tres ejecutivos de NovaCaixaGalicia se repartan una liquidación de veinticuatro millones de euros o que la directora de la Caja de Ahorros del Mediterráneo perciba una pensión vitalicia de trescientos mil, después de que su gestíón haya abocado a las respectivas entidades al desastre de modo que ha sido necesario reflotarlas con dinero público, va más allá de la insolencia.

En los tiempos que corren, con todas las penurias creciendo, hechos como los señalados son los que desconciertan y cabrean más al personal. Si encima que gestionan mal el dinero de los impositores, se les premia con jubilaciones bonificadas, estamos arreglados. Paradójicamente, son los tiempos del capitalismo más cruel, el que no deja respirar y el que permite que el dinero siga en manos de unos pocos a los que no va a pasar nada aunque lo hagan mal.

Vaya desastre. Ahora quieren apuntar hacia el Banco de España, que algún seguimiento debió haber hecho, desde luego, aunque en la fijación de las indemnizaciones individuales no tuviera competencias. Siempre hay disculpas para estos casos que equivalen a una elusión de responsabilidades.

Y no han dicho nada, por cierto, todos los que mediáticamente crucificaron al anterior presidente de Castilla La Mancha y a la cúpula de la caja de esa comunidad cuando, en pleno proceso de fusión, se conocieron las cuentas deficitarias de la entidad. En seguida encontraron connotaciones políticas para pedir cabezas con la amplificación antisocialista que les caracteriza. Esta vez no hay titulares gruesos ni declaraciones llamativas ni columnismo que refuerce. Lo de siempre, lo que puede esperarse pero que hay que poner de relieve para las adecuadas comparaciones.

Mientras tanto, la sociedad asiste al festín. Hechos como los apuntados justifican la indignación. Quieren seguir esquilmando y quieren seguir aprovechan do. Hasta en los Estados Unidos se han dado cuenta y a las puertas de Wall Street expresan un ¡Basta ya! válido para todo el mundo.

Pues sí: ¡Basta ya!

miércoles, 5 de octubre de 2011

CÁNTICOS INASUMIBLES

Unos insensatos -aunque fueran pocos, se dejaron notar- hicieron unos cánticos vamos a decir de mofa en el encuentro Atlético Madrid-Sevilla. Aludieron a Puerta, el malogrado futbolista sevillano que cayó fulminado en el Sánchez Pizjoán y no pudieron reanimarle. Estábamos acostumbrados a coros o expresiones racistas -condenables desde todos los puntos de vista- pero no a este tipo de chirigotas, absolutamente inapropiado e inaceptable.


Los que "protagonizaron" tienen que estar arrepentidos y habrán comprobado la reacción del personal, la del club madrileño incluido, aunque su presidente dijera que no lo percibió. La reacción de la repulsión, del rechazo: un respeto a la memoria, oigan. Y a las mismas circunstancias que concurrieron en el fallecimiento del joven profesional sevillista.


Hay que manifestar pues la reprobación a esos que se empeñan en desnaturalizar el espectáculo desde las gradas. Si quieren cantar, pues tienen variables a granel. Máxime una afición tan leal y tan participativa como la del Atlético de Madrid que, aunque vaya mal clasificado y sume más de arena que de cal, siempre tendrá incondicionales que lo considerarán glorioso. Precisamente, las virtudes de esa afición no pueden ser empañadas por el irresponsable comportamiento de unos pocos. El resto, los sensatos y los respetuosos, deberían haber sido los primeros en acallarles, primera fórmula de los posibles antídotos.


Después están las que aporte el club, con una condena expresa del hecho y con una invitación clara, cordial pero contundente, a que no se repitan.


Los árbitros deberán estar atentos también y hasta advertir al delegado de campo para que por megafonía cesen los cánticos... (es difícil encontrar calificativos).


Y por último, el comité de competición, que sí penaliza a los clubes por el comportamiento de sus hinchas, debería incluir entre los factores punitivos los "productos" de estas corales que se recrean en la desgracia ajena de forma burlesca.


La tristeza del episodio, desde luego, invita a que no quede impune.


lunes, 3 de octubre de 2011

HEROÍSMO SOLIDARIO

Con los antecedentes de aquel profesor Neira que corrió peligro de muerte al ser agredido cuando intentaba proteger a una mujer del incontrolado comportamiento de su pareja, habrá que ser forzosamente comedido, no sea que tras la exaltación de lo ocurrido, se desvirtúen las acciones y la consideración heroica que cabe atribuirlas se evapore en un santiamén. Porque no es exageración hablar de heroísmo en la sociedad de nuestros días, tan egoísta e insolidaria, tan deshumanizada y tan poco dada a ponderar conductas y decisiones altruistas, cuando alguien arriesga su vida para salvar otras, acredita su pericia profesional en situaciones límite o destina los beneficios de su propio trabajo a la noble causa de garantizar que unos becarios no se vean afectados por los recortes de la institución de la que dependen.

Algunos ejemplos fehacientes ponen de relieve que en esa sociedad aún quedan personas con un alto sentido de la solidaridad. Y que lo practican. Se dirá que hay gente con vocación y adiestrada para prestar el auxilio en el momento preciso pero no se trata de medir el arrojo subjetivo supeditándolo a determinadas circunstancias sino de contrastar la decisión para admirar el paso dado y las beneficiosas consecuencias.

¿Cómo calificar entonces la intervención del sargento primero de la Armada, Carlos Trujillo, que hace unos meses, por la noche se lanzó a las frías aguas del mar de Alborán, atado a un cable-guía, para ayudar a los treinta y tres inmigrantes, en su mayoría mujeres y niños, cuya frágil embarcación había encallado en un rompiente? Durante dos horas, logró salvar, uno a uno, sin omás medios que la ayuda de los soldados de su exiguo destacamento en la isla, a los ocupantes y a un bebé nacido en la travesía. Corazón, coraje y valor: el sargento Trujillo acreditó sobradamente en una situación que los protagonistas no olvidarán jamás.

¿Y qué decir de la doctora Ceferina Cuesta, médico del Samur, que practica en el interior de una iglesia madrileña una cesárea a una mujer que había fallecido tras sufrir varios balazos? Fue decisión “de un segundo”, según testimonio de la doctora, aplaudida por sus compañeros y otros pacientes cuando acudió a interesarse por el estado de la criatura que nació sin pulso y hubo que aplicarle animación cardiorrespiratoria. Seguro que la formación en medicina de urgencias y la propia experiencia de la sanitaria fueron determinantes.

No menos llamativo es el gesto de la investigadora valenciana Consuelo Guerri, ganadora de un prestigioso premio científico internacional que venía a reconocer sus trabajos y sus logros en el campo del alcoholismo. Dotado con veinticinco mil euros, la doctora Guerri, que había obtenido el galardón a título individual, decidió donarlo íntegramente para abonar los sueldos de los becarios que trabajan en el centro Príncipe Felipe, de la capital del Turia, afectado, como tantos otros organismos, por los recortes y reajustes económicos. Informaciones periodísticas señalan que no es la primera muestra de la generosidad de esta científica que, lejos de querer airear su determinación solidaria, aprovechó para reclamar la atención de quien proceda “pues la investigación vive una situación horrorosa”.

Estos tres ejemplos, en medio de penurias y tribulaciones, levantan el ánimo y sirven para contrastar que la valentía es llevar una verdad por delante y la solidaridad no es un sentimiento superficial. Salvar vidas, con el oficio ejercido al límite y con su carga de heroísmo, así como ayudar a quienes lo necesitan para investigar, son el reflejo del empeño por el bien común.

sábado, 1 de octubre de 2011

TIMBRE DE ALARMA: LA UPM VEGETA

Empieza a caer en un peligroso anonimato, en un inquietante olvido la Universidad Popular Municipal “Francisco Afonso”, fundada en 1982, uno de los grandes logros del primer mandato democrático.

Poco o nada se sabe de su funcionamiento, si sigue integrada en el Organismo Autónomo Local (OAL), cuáles son sus objetivos inmediatos, hasta dónde llega su actual oferta. Hace meses que no se lee una noticia o no se publica una información relativa a este centro, el primero de Canarias en su género y uno de los primeros en el Estado español.

En el año 2002 conmemoramos su vigésimo aniversario. Nos acompañó entonces Manuel Pérez Castells, el filósofo alcalde de Albacete y presidente de la Federación Española de Universidades Populares (FEUP). Elogió el centro portuense, claro que sí, pero expresó con singular maestría la evolución y las características de estas institucionres en el contexto histórico europeo y español: su decisivo papel en la formación de miles de personas en trances delicados.

En 1982, una experiencia acumulada durante dos décadas -venían de otras localidades canarias a inspirarse en el centro portuense- permitía hablar de una realidad pujante. Una publicación de entonces así lo acredita. A los programas formativos, con cursos, talleres y núcleos de actividades -ahí nacieron el gabinete literario, las tertulias en la UPM y la iniciativa de animación a la lectura Animalee- se sumaron los programas de intervención social y desarrollo comunitario. De igualdad, por ejemplo, se habló por primera vez -y con mucho fundamento- en aquella modesta sede universitaria.

Pero es que, además, allí operaban ese año los servicios socioculturales y de la mujer, la escuela de música, la unidad de empleo y el centro municipal de las mujeres. Había también espacio para entidades no municipales como las escuelas de teatro de Tenerife, la patronal turística Ashotel, la asociación canaria de familiares y personas con enfermedad mental (AFES), la federación que aglutinaba a las asociaciones de padres de alumnos (Fitapa), Radio ECCA y hasta el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias con su Curso de español para extranjeros.

Fueron las suyas palabras aleccionadoras que hoy evocamos cuando contrastamos que la desidia se ha residenciado en Mazaroco 22. Aunque quizá no sea justa esta oración pues el abandono tiene su origen en otro lugar No hay que engañarse: ésta es una cuestión de voluntad política y sin voluntad política no se desastasca ni se impulsa absolutamente nada vinculado a una institución pública. ¿Qué quedará de todo eso?

No es de extrañar que los profesionales estén desmotivados ante la carencia de sensibilidad y ante la falta de pautas políticas y de seguimiento adecuado para que la UPM funciones. Seguro que ponen todo su empeño, programarán y ejecutarán con arreglo a los recursos presupuestarios; pero los riesgos de rutina inundan su quehacer. Faltan -o al menos eso es lo que se advierte desde fuera, al cabo de tanta pasividad- no solo voluntad política sino iniciativa y afán emprendedor. En realidad, lo que no hay es identificación con un centro de formación y participación social consolidado. Si, encima, la divulgación de la oferta y de las actividades tiene una divulgación inapropiada; si la población desconoce lo que allí se fragua y se ejecuta, es inevitable pensar en lo peor.

Se podrá argumentar recortes y limitación de recursos, se podrá esgrimir la delicada situación del Ayuntamiento; pero no tienen perdón el abandono ni la indolencia. Ese pasotismo ante algo que no es un proyecto sino una realidad consolidada que el año próximo cumplirá treinta de su puesta en marcha es a todas luces, reprobable. Si las circunstancias obligan a revisar el papel y las prestaciones, hay que hacerlo. Para eso hay fórmulas y convenios: sólo se trata de tener imaginación y emprender. Otra vez: y voluntad política.

Timbre de alarma: ahora mismo, la UPM vegeta. Por lo tanto, hay que reivindicarla. La memoria de sus fundadores y la trayectoria misma del centro merecen otra consideración, muy distinta a la rutina mecanicista que desembocará, seguro, en la esclerotización que asoma sus síntomas.

¿También desaparece la UPM? Impidámoslo entre todos.