viernes, 27 de enero de 2012

INVOLUCIÓN

Circula en una red social un rótulo en el que puede leerse: "Los alemanes juzgaron a los nazis. Los argentinos juzgaron a los militares. Los islandeses juzgaron a los banqueros". En España, donde los vaivenes de la justicia acentúan el pesimismo derivado de la crisis y elevan el desconcierto del personal hasta niveles de escepticismo absoluto, juzgan al juez que investiga a los presuntos -y no culpables- corruptos y trata de saber dónde éstán, qué pasó con las víctimas del régimen preconstitucional. Así, observadores de organizaciones visitan el país y verifican sobre el terreno el estado de cosas y no salen de su asombro.

España y sus circunstancias. La España de charanga y pandereta.

Vaya racha: desde los jueces que emplean términos inapropiados para referirse no a justiciables sino a ciudadanos de carne y hueso a inculpados que reiteran insultos públicamente, totalizando, a los magistrados. Desde veredictos bajo ineluctable sospecha a anuncios ministeriales de reforma que son, en verdad, la contrarreforma. Y encima, algunos corifeos que hablan de revolución.

No, no: modificar la composición del Consejo General del Poder Judicial, el gobierno de los jueces, a base de mermar la soberanía popular residenciada en las Cortes, en el legislativo, es un retroceso cuyo lado más inquietante, desde luego, es consagrar el gremialismo, el corporativismo y, si nos apuran, hasta una casta.

Los mentores de la medida no se conforman con el respaldo popular, quieren más. Y así, lo que fue un pacto de respeto y de equilibrio, con sus defectos pero también con sus virtudes, salta hecho añicos. No es un retorno al futuro ni mucho menos. Es una involución.

Con razón anda la gente tan descolocada y tan escéptica, dándose cuenta, además, de que estas cosas se emplean para desviar la atención de otras más preocupantes y perentorias.

Claro, para eso se esfuerzan los corifeos en blanquear lo que hasta hace poco más de un mes eran el caos y las tinieblas.

jueves, 26 de enero de 2012

LÁGRIMAS NEGRAS

Primero que nada, el respeto.

Y luego, serenidad y ecuanimidad máximas para valorar una decisión que, en sí misma, invita al dilema: "No culpable" que no es lo mismo que "inocente".

Es lógico que el país ande confundido y desconcertado con la justicia, con algunas de sus decisiones.

Pero ya se sabe: abstracción de sentimientos, la Ley, sus reglas, sus exigencias, sus requisitos... Y también sus interpretaciones.

El caso de Camps y Costa tiene ya un punto de inflexión con la decisión del jurado popular. Un voto -otra vez la historia de un solo voto para decidir- ha servido para que Camps y Costa sean considerados como no culpables. Alguien se ha apresurado a reivindicar su honorabilidad: si es el contenido en las conversaciones grabadas y reveladas, se lo regalo.

Ahora queda conocer la sentencia, a ver qué dice el juez. Pero da igual: aunque se presuma un error judicial descomunal y queden abiertas las puertas para un recurso ante un tribunal profesional, ya nada podrá anular esta impresión que queda, de pruebas evidentes que no lo han sido tanto para unos miembros de un jurado. Casual y cruel paradoja (¿o no tan casual?): otros encausados se declararon culpables por los mismos hechos y han sido condenados.

Se respeta la decisión, vale. Pero permitan también una respetuosa discrepancia, una respetuosa disencia.

A fin de cuentas, la justicia será muy ciega y todo lo que se quiera, pero, con permiso de Miguel Matamoros, también derrama lágrimas negras.

miércoles, 25 de enero de 2012

UNA CASILLA PARA LA CIENCIA

El mismo dice que la casilla ni es jauja ni es la solución. "Es una propuesta desesperada para tiempos desesperados", afirma un joven profesor universitario, Francisco Javier Hernández, mentor de esta inicativa: que la ciencia tenga una casilla en la declaración del IRPF. Aclara que no va contra la Iglesia ni quiere que le quiten nada a nadie. Lo que quiere es que la ciencia, y en ella, la investigación, tenga una financiación estable en este país; que si ya está bien de derroches para otras cosas, la ciencia no puede quedar desamparada.


Esa financiación sólo puede provenir del Estado, de ahí que Hernández lo plantee en su blog con toda naturalidad y franqueza: "Se trata de que el estado asuma que la ciencia es importante. Al fin y al cabo, la ciencia no es un gasto, es una inversión", dice con rotundidad. Los datos abonan su planteamiento: actualmente, somos unos de los últimos países de la Unión Europea (UE) en volumen científico presupuestario, apenas el 1,36% del Producto Interior Bruto (PIB), en tanto la media europea supera el 2%.


La iniciativa sobresale en el maremágnum de la crisis. Una casilla para que los contribuyentes, voluntariamente, dediquen una parte de sus impuestos a investigación científica. En los tiempos que corren, es tan llamativa como viable. Es probable que agentes políticos la hagan suya y la conviertan en proposición normativa o siquiera en resolución congresual. Pero el mérito de Francisco Javier Hernández, que investiga la eficiencia energética de las neuronas, a la espera de que cuaje la idea, es indiscutible desde cualquier ángulo: desde la precariedad a la suficiencia, pasando por la necesidad.


Sin dinero estable no hay investigación. Sin investigación científica no hay avances. Sin avances no hay soluciones para la sociedad que las demanda.


Una casilla para la ciencia, tal como la promueven y tal es la realidad presente, tiene un significado relevante.


¡Gracias, profesor!

lunes, 23 de enero de 2012

ALGO MÁS QUE UN JUICIO

Se ha hablado de revancha. Y de episodio ignominioso. El juez que investiga a los presuntos corruptos se sienta en el banquillo mientras éstos aguardan su suerte, al calor de las vueltas que la resolución proporcione. ¡Cómo va a ser eso! Pues sí: cosas más difíciles cuesta ver pero todo es posible.

El juicio a Baltasar Garzón, desde luego, es la prueba del nueve de la politización de la justicia. Se van a cumplir tres años de aquel anuncio hecho por el actual presidente del Gobierno: “Vamos a recusar a Garzón”, dijo cuando a éste la cayó por reparto el caso Gürtel, una trama de corrupción política supuestamente vinculada a la financiación irregular del partido gubernamental. Más que una declaración de intenciones, era todo un posicionamiento político: Garzón, a quien en otro momento habían jaleado dirigentes del Partido Popular, dejaba de ser magistrado de su devoción. Era mucho, es mucho lo que está en juego.

Y como tal hay que significar el desenlace. Es un juicio de claro simbolismo político. ¡Cuidado! Hay una gruesa línea roja -gruesa, porque fina igual se hace imperceptible- y no se puede traspasar. Atención, jueces y fiscales: con ciertos hechos, no hay valentías ni saltos sin red. Este es el aviso a navegantes. Es, pues, algo más que un juicio.

Le imputan prevaricación a Garzón después de haber ordenado interceptar las conversaciones que en prisión mantenían dos de los acusados y sus abogados. Intentaba asegurar que una cantidad manejada por la trama estaba oculta en una cuenta bancaria en Suiza. ¡Acabáramos! Eso, en interpretación de los afectados, suponía desvirtuar o condicionar las estrategias de defensa. Entonces, llegó el Tribunal Supremo y mandó a parar.

Desde entonces, Baltasar Garzón, con notable apoyo popular pero también con numerosos detractores que le reprochan, sobre todo, algunos afanes protagónicos o estelares, ha vivido un particular calvario que tuvo en el juicio de la semana pasada su escenario más llamativo. Téngase presente que la actuación del magistrado tuvo continuidad en quien le sustituyó. Y que el ministerio fiscal y algún otro testimonio también la han respaldado. Ahora todo ha quedado pendiente de la sentencia.

Sea la que sea y al margen de los sentimientos y las preferencias que el caso suscite, no ha trascendido la mejor imagen de la justicia. La carga de politización y el simbolismo son innegables. Y todavía quedan otras dos causas.

sábado, 21 de enero de 2012

NO HAY CLIENTES PARA TANTO JUEGO

Una información periodística aparecida en el periódico ‘El Día’, sustentada en informes técnicos de la Intervención General del Cabildo Insular de Tenerife, alerta de la delicada situación que atraviesa la sociedad pública Casino Taoro S.A., hasta el punto de advertir los evidentes riesgos de disolución, hasta ahora contenidos por un denominado ‘préstamo participativo’ que permite engrosar el patrimonio de la entidad. Según la misma información, es previsible el cierre del ejercicio 2011 con pérdidas que superan ligeramente el millón de euros que dejarían el déficit acumulado en 6,7 millones al final del presente año.
En el fondo de los datos contables, late la desaparición del casino, actualmente emplazado en el complejo turístico ‘Costa Martiánez’ desde que fue decidido su traslado, hace unos años, desde el inmueble que albergaba el antiguo hotel, como consecuencia de sus malos y nada rentables resultados económicos.
Nos tocó desde la alcaldía afrontar aquella decisión, pactada con el Cabildo Insular, la única posible si se quería salvar el establecimiento cuyas pérdidas venían siendo apreciables, no sólo por el auge turístico del sur sino por la apertura de otro casino en Santa Cruz de Tenerife. Este hecho determinó que muchos jugadores habituales, residentes en la capital o área metropolitana, prefirieran ahorrarse el desplazamiento al Puerto de la Cruz, pese a seguir reconociendo la calidad del servicio y el distinguido ambiente que reunían el establecimiento portuense.
Aquella fue una operación (mandato 1999-2003) que se materializó en ventajosas condiciones para el Ayuntamiento portuense. Se pensó en un revulsivo que tendría el valor añadido de parte de las instalaciones de ocio del complejo ‘Costa Martiánez’, cerradas desde hacía años y en abierto proceso de deterioro. Su utilización nocturna era un nuevo aliciente. Se creía que situar la sala de máquinas en el antiguo Lido San Telmo, con acceso directo desde la avenida Colón y abierta al público desde media mañana, podría reportar ingresos que favorecieran la recuperación de la sociedad.
Por lo que se desprende de los balances económicos, la fórmula no ha resultado. Y las pérdidas acumuladas hacen temblar los cimientos de la sociedad pública, participada íntegramente por el Cabildo Insular tinerfeño. La citada información periodística alude a los informes de la Intervención de la institución en los que, si bien se señala que aún no se está en las coordenadas de las causas legales de disolución, poco falta pues el debilitamiento del patrimonio condiciona la capacidad de la empresa para recuperar sus activos y hacer frente a los pasivos, basándose en el apoyo financiero y patrimonial de los accionistas.
En definitiva, que el casino del Puerto de la Cruz puede cerrar. Esto es lo inquietante. Eso significaría la pérdida de otro elemento de la oferta turística de la ciudad, llamado precisamente a cualificarla. Tres casinos en una isla suponen un hecho difícilmente sostenible. No hay clientes para tanto juego. Porque la crisis general también afecta al sector, según ha podido constatarse.
Pero el debate no es ahora dilucidar si la decisión del traslado fue acertada o no. Ni siquiera pensar en otro. Se trata, más bien, de estudiar la viabilidad del establecimiento con los incentivos que proceda acometer. Que los hay, seguro. La inversión pública que sustanció la mudanza al Lago no es cuestión de tirarla, sin más. Pero sí hay una obligación de frenar las pérdidas mediante los reclamos que se imaginen.
La ciudad no está para perder más atractivos. Procede, por tanto, aunar criterios, ideas y energías para impedir que desaparezcan elementos llamados a cualificar el destino turístico diferenciado. Ese es el debate.

viernes, 20 de enero de 2012

EL DISCRETO BRILLO DE VICENTE OLIVA

Vicente Oliva pone punto final a su carrera funcionarial. Coincidimos hace años, mediados los noventa, en el ministerio para las Administraciones Públicas (MAP), cuando fue designado por el ministro Saavedra director general de Servicios. Oliva procedía de la Seguridad Social, donde ya había dejado huella de eficiente y diligente técnico de administración.

En Madrid hubo que hacer frente a la dureza de las circunstancias: la soledad personal y la controversia del ocaso de los gobiernos de Felipe González. A pesar de ello, Oliva sobrellevó el trance con buen talante: siempre predispuesto para el trabajo y la búsqueda de soluciones, siempre con una mano tendida a la ‘canariedad’ sin perder la perspectiva glotal de la dimensión ministerial de sus competencias.

Lo sobrellevó menos en un aspecto: no resistió los tremendos ataques de cierto periodismo que se cebó sin misericordia en el personal canario del MAP para acentuar el desgaste del ejecutivo.

(Era curiosa la estampa: salíamos del ministerio muy tarde y aguardábamos hasta la medianoche en los establecimientos donde vendían la primera edición de los periódicos del día siguiente para leer las novedades que nos afectaban. Hubo un período en que se alteró el sueño hasta que desistimos de ese hábito. Oliva trataba de calmar telefónicamente a su familia pues no quería verse envuelto en situaciones irregulares, muchas veces deformadas y exageradas. Por mucho que le expliqué las miserias de ese cierto periodismo, su empeño en algunas causas sin reparar en daños colaterales, no hubo manera de disuadirle: decidió retornar a Canarias para proseguir su carrera profesional).

Casi una década después, volvimos a coincidir, esta vez en la Delegación del Gobierno en Canarias, donde él ejercía como secretario general. Fue un reencuentro positivo para ambos: prestó un asesoramiento técnico impecable al gabinete que entonces nos tocó dirigir, especialmente en un fenómeno como el de la inmigración irregular que desbordó a menudo la propia capacidad de gestión.

Vicente Oliva fue el leal y eficaz secretario, siempre con la discreción y la prudencia como divisas de su actuación, estrechamente vinculada no sólo a José Segura sino también a la subdelegada del Gobierno en la provincia de Las Palmas, Carolina Darias; y a su sucesora, Laura Martín, que nos acompañó en aquella breve estancia de cien días al frente de la Delegación. Ya entonces deslizaba sus intenciones de jubilarse. Hubimos de disuadirle. Le podían los nietos y la vida hogareña, el fútbol televisado y las lecturas de novelas de éxito. “Con todo lo que tienes que hacer aquí y pensando en marcharte. Conmigo, no; desde luego”, le dijimos en cierta ocasión. Nunca sabré cómo se las ingenió, sin advertirlo, para reunir a todo el personal el día de nuestra despedida en la que fue una extraordinaria e inolvidable prueba de afecto.

Oliva fue un eficiente colaborador. Sugirió y asesoró. Le dio soporte jurídico a no pocas decisiones y encontró alternativas a los problemas que iban surgiendo. Un consejero de verdad. El hombre que nunca perdió la compostura pues la apariencia de una personalidad con debilidades jamás cedió ante el cumplimiento de las obligaciones y las responsabilidades.

Su trayectoria tuvo, probablemente, una culminación inesperada: terminó siendo designado subdelegado del Gobierno en la provincia oriental. No le gustaba mucho la política activa; la aceptaba, sí, pero sin gran entusiasmo. Lo suyo era la Administración, los recursos humanos. En cualquier caso, ejerció ese cargo con la misma responsabilidad y con la misma entereza, con el mismo alto sentido del deber que caracterizó su carrera profesional.

Ahora pasa a engrosar las clases pasivas, como él hubiera gustado decir. Vicente Oliva pone ese punto final con el brillo de la modestia y la discreción.

Menudas cualidades.

jueves, 19 de enero de 2012

¡SEÑORÍA!

No es que a estas alturas se vaya uno a asombrar de palabras soeces, de tacos, insultos y exabruptos que circulan en medios y foros casi a galope tendido. Eso no es lenguaje de la calle, desde luego, pero que termine residenciado casi como tal en el curso de entrevistas, comentarios, soliloquios y peroratas, da idea del nivel con que se está empleando el lenguaje, precisamente en los lugares menos apropiados.
No, no: ni escándalo ni pasmo pero admitamos que, dichos por un juez, algunos vocablos y determinadas expresiones son, cuando menos, malsonantes. Pero, en el fondo, absolutamente reprobables. Bueno, absolutamente tampoco: a Su Señoría, al autor de tan “edificante” verbalización -y no queda más remedio que entrecomillar el adjetivo-, le han impuesto una sanción de tres mil euros, que ya sabemos es el precio que hay que pagar por llamar putas a las madres solteras, gentuza a los inmigrantes, vagas a las secretarias de su juzgado y maricones a los cónyuges de los matrimonios de homosexuales.
¡Cómo serán esas sentencias si ésta es la terminología que usa! Porque un magistrado no es una persona cualquiera, por muy díscolo, por valentón y por muy extravagante que sea o quiera ser. De un profesional que ha de ser en todo momento imparcial y ecuánime, que ha de administrar justicia, se tiene que esperar otra cosa. Qué esperar: se tiene que exigir otra cosa, nada que ver con los epítetos utilizados por un inefable juez de Murcia a quien la comisión disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial ha aplicado esa sanción pecuniaria para despachar el asunto, aquí paz y en el cielo gloria.
Con todos los respetos: es que la multa no es nada ejemplarizante. Al contrario, mucho hay que temer que sea el clásico banderín de enganche de nuevas hazañas o tropelías dialécticas. Es de lo que presumen algunos que, sin ser jueces sino simples mortales que tienen la fortuna de manifestarse en algún sitio público, sueltan denuestos y venablos en la más absoluta impunidad. Total, si por este adjetivo me condenan a ínfima cantidad, puedo seguir insultando y diciendo groserías.
Y eso que la determinación del Consejo significaba que el magistrado de marras (perdón, Señoría) había cometido una falta grave. Desde luego, no parece que la gravedad se corresponda con la sanción aplicada. Emplear los términos antedichos para referirse a madres solteras, inmigrantes, funcionarias y homosexuales revela, cuando menos, ciertos prejuicios que son impropios para ejercer la judicatura.
Es muy probable que el juez sancionado (¿levemente?) no tenga familiares ni parientes lejanos pertenecientes a los colectivos que ha intentado -sin lograrlo- denigrar y continúe, maza en mano, velando por la pureza de la raza, sin importarle los métodos. Y seguro que, henchido de dialéctica vil y tabernaria, seguirá, presuntuoso, ufanándose de haber llamado a las cosas por su nombre.
Si leyera a Ortega, lo entendería fácilmente: “No es esto, no es esto”.


(Publicado en Tangentes, número 42, enero 2012)

miércoles, 18 de enero de 2012

COTO A LOS ESPECULADORES

Poco duró la alegría vocinglera de quienes jalearon, con entusiasmo digno de mejor causa, la supuestamente formidable operación de la compraventa de deuda pública española, en cantidad y en calidad de precio. De la noche a la mañana, los mercados se hicieron buenos y se rindieron a Rajoy, poco menos, según su teoría, que convertido en un rey Midas.

Llegó una agencia y mandó a parar. Entonces, la prima de riesgo volvió a subir y el gozo, al pozo. Uno, sin ser versado en estas materias, ya ha aprendido que suele ocurrir: cada vez que hay operaciones de deuda pública, fruto de venta indiscriminada en mercados secundarios para hundir los precios y luego comprar a otros más altos, la dichosa prima, que debe coquetear con cualquier avispado, se dispara.

Es decir, los especuladores siguen a lo suyo. Se dan todas las condiciones para que sigan haciendo el agosto, el enero y lo que se tercie. En la inocencia y en la ignorancia, cabe preguntarse si no hay un Código Penal que frene estos comportamientos, de los que alguien se beneficia, desde luego. Ya está bien de especulación financiera, ya está bien de esa falta de escrúpulos que, además de reprobación moral, sólo merece condena penal. A ver si cortan, los muy esquilmadores.

Pues el Código existe pero no creemos que se aplique. Hay penas de prisión para quienes alteran precios de títulos o valores financieros, obtengan pingües beneficios y, lo que es más, causen daños graves a los intereses generales.

No ha pasado nada, que se sepa. Los especuladores, a continuar con lo suyo. Y los corifeos, a repartir incienso mediático. Y el pueblo, a jorobarse, que las reglas del capitalismo ya se conocen. Alguien tendrá que poner coto a estas situaciones. ¿Acaso la Fiscalía?

Buena pregunta. Si se estrenara su titular con una investigación sobre el particular, ya estará justificado su nombramiento.

Y es que ciertos tipos delictivos no van a estar en el Código como meros adornos, ¿verdad?

lunes, 16 de enero de 2012

LA ENTREVISTA CON MILJANIC

Fue la noche del 9 de marzo de 1976. En el estadio Heliodoro Rodríguez López, unos veinte mil espectadores: casi ocho millones de pesetas de recaudación. Cuartos de final de la Copa de España, primer partido. El Tenerife recibía la visita del todopoderoso Real Madrid, entrenado entonces por Miljan Miljanic, un serbio revolucionario del fútbol fichado por Santiago Bernabéu. En el foso de transmisiones de Radio Popular de Tenerife nos esmeramos César Fernández Trujillo y un servidor. Ganan los tinerfeños (2-0), goles de García Murcia e Illán. El tinerfeñismo vibra y goza. La ventaja abría las puertas de la esperanza. Esa noche, cuando terminó el encuentro, Miljanic se acercó al foso, donde le entrevistamos.


Después, 'Jornada Deportiva' se hizo eco de aquella conversación a pie de cancha. A cuatro columnas, insertando una foto de Dialto, tituló:


Tras el choque del martes PIROPOS DE MILJANIC (a la afición inerfeña)


"Lo que no sea así, es público de teatro"


La entrevista comenzaba así:


"-Miljanic, ¿no se siente un poco defraudado con el rendimiento de sus jugadores?


Advertí cómo don Miljan fruncía ligeramente el ceño y me echaba una sonrisa entre las prisas por marchar a su vestuario.


-Bueno, no... Es que estos jugadores no llevan un ritmo normal de partidos y eso siempre se nota. No, decepcionado, no...


Así respondía el montenegrino minutos después del choque del martes, cuando se acercó hasta nuestro foso de transmisiones, accediendo gentilmente a ser interrogado. Por supuesto que no nos convenció su justificación y como en la mañana del miércoles, para otros menesteres informativos, ya estábamos citados con el entrenador madridista, era cuestión de insistir".


En efecto, la segunda parte del texto es una continuación de aquellas respuestas al término del encuentro copero. En el hotel Mencey, Miljan Miljanic, prudente, mantuvo la misma compostura. Valoró, en cualquier caso, la actitud y los méritos del Tenerife. Seguía así la publicación:


"Reconoce que los dos tantos del Tenerife quieren decir algo: -No, sus goles no los hizo por casualidad. El tenerife jugó con fuerza y ganó bien.

Y deja entrever su confianza para resolver la eliminatoria:

-Lo más normal es que el Madrid siga adelante, aunque nunca se sabe. También depende del contrario. Ya veremos cómo se desenvuelve allá el Tenerife.


Después de aludir al buen momento de su equipo en la la competición liguera, el técnico admitía las dificultades que el Madrid encontraría en los enfrentamientos europeos pendientes con el Borussia Moenchengladbach y destacaba el estilo del juego del Tenerife.


-Para acabar Miljanic, ¿confirmó la impresión que traía de la afición tinerfeña?
-Sí, completamente. Me llevo la mejor impresión. Me he dado cuenta de que es una verdadera afición, una afición de y con corazón. La afición que no sea así, es público de teatro.


Por si alguien lo ha olvidado, en el encuentro de vuelta el Madrid ganó (1-0), gol de Santillana, pero quedó eliminado. La transmisión emocionante de César Fernández Trujillo fue seguida por miles de tinerfeños.


Miljan Miljanic falleció el pasado jueves, a los 81 años. Entrenó al club madridista entre 1974 y 1977. Sus métodos eran revolucionarios como reconocen los jugadores de entonces. En la primera temporada ganaron Liga y Copa. Hoy rememoran el estilo espartano del entrenador serbio quien, curiosamente, tras perder en Salamanca en la primera jornada de su tercer ejercicio liguero, llegó a un acuerdo con Bernabéu para rescindir el contrato.


Casi treinta y seis años después, el testimonio periodístico tiene el valor de haberlo elaborado con un grande del fútbol mundial.




(Para acceder al original de la publicación, se puede pinchar en el siguiente en el siguiente enlace y hacer clic en el archivo adjunto)








http://co110w.col110.mail.live.com/default.aspx#!/mail/InboxLight.aspx?n=1448767571!n=244571855&view=1&cmid=64e64751-3fc6-11e1-b725-002264c16116&csem=galarza%40telefonica.net&cdid=&cfid=2&cau=1&cmad=2154%7C0%7C8CEA1EA5027E670%7C%7C0%7C1%7C0%7C0%7C1%7C5%2C11%2C65%2C73&cacc=3


































VICIOS E IDEAS

Haría bien el socialismo canario en no confundir los planos por anticipación, esto es, adelantar ahora posiciones y expectativas regionales e insulares aprovechando el 38 Congreso Federal que es el paso inmediato, lo que verdaderamente importa, después de los reveses electorales del pasado año, para recuperar espacios políticos y para robustecer el carácter de alternativa de gobierno que mucho necesita este país después del enorme desequilibrio de poder político que los ciudadanos ante las urnas han determinado.

Si tales afanes y tacticismos obedecieran a un proyecto político sólido y bien fraguado, todavía se entenderían y tendrían su razón de ser, siquiera en clave orgánica.

Pero mucho cabe temer que el proyecto es una carencia y que dentro de ésta se va desde los escarceos y los amagos hasta los castigos y los frenos, a veces hasta de convergencias militantes inimaginables por un quítame allá aspiraciones truncadas, cada quien con sus razones y sinrazones.

A tenor de cómo discurren las cosas, instalados algunos dirigentes en una contagiosa cultura real de ambiciones y personalismos preñados de revanchismo, en un proceso de destrucción recíproca, con muy escasa voluntad de integrar y menos de ser generosos, a ver si entienden que se trata ahora de evitar una guerra fratricida.

Es legítimo interpretar la renovación del proyecto socialista. Ya hablamos del trance, recién estrenado el año: producir un cambio inteligente.

Y eso requiere un nuevo modelo de partido que esté a la altura de una ciudadanía informada y cada vez más desencantada con la política. Una ciudadanía que se indigna y que, a diferencia de otros tiempos, tiene cauces para expresar las razones de su desapego.

Son tantas las respuestas que hay que dar, a la defensa del Estado del Bienestar, por ejemplo; a la creación de empleo; a la mejora eficiente de los servicios públicos; a la búsqueda de un modelo productivo basado en el conocimiento; a la fiscalidad progresiva; a los incentivos para el crecimiento económico; a la igualdad que corre riesgos de verse amenazada…, son tantas las tareas que hay que realizar en la oposición, que entretenerse en batallitas asamblearias e instrumentalizar a conveniencia sus resultados para hacer valer supuestas fortalezas (en todo caso, numéricas) no es más que un mero y engañoso ejercicio de autocomplacencia que dificultará, en todos los casos, la necesidad de revitalizar la organización y proyectarla al exterior conforme exigen las circunstancias del momento y del futuro inmediato. Eso es lo que se dilucida ahora.

Haría bien el socialismo canario en tratar cada cosa a su tiempo, desterrando resentimientos y cainismos, teniendo en cuenta la confianza que siguen depositando miles de ciudadanos y las responsabilidades institucionales contraídas, absolutamente básicas, por cierto, para cualquier proyecto futuro.

Más transar y más dialogar. Sacudirse los vicios, ya circulares, y que afloren las ideas.

Lo contrario sería conducirse a un debilitamiento peligroso que sólo impedirá cualquier objetivo que se trace, por fácil que aparente.