jueves, 2 de enero de 2020

LAS FOTOS DE BIENVENIDA AL AÑO


Fotos convertidas en un fijo, en un tópico, en un reclamo, a ser posible, para la portada. Ocurría en la prensa de hace dos o tres décadas, en fecha tan señalada como el primer día del año, cuando, según costumbres, conveniencias y hasta pactos, se alternaban los días de 'no publicación' que eran, en el fondo, lo que más interesaba al personal para organizarse la libranza. Por lo general, no se trabajaba el 24 y el 31 de diciembre, pero las nuevas corrientes -y hasta la alternativa de las ediciones digitales- flexibilizaron la rigidez de ese calendario casi inamovible.

Pero a lo que íbamos, a las fotos para primera. Durante años prevaleció el cometido de los autores centrado en un motivo: plasmar el Teide nevado desde un ángulo en que hubiera turistas en top-less o bañistas en las orillas de las playas. La agencia EFE lo tomó como norma, asumida luego por periódicos locales para darle un sello propio, más personal o local, mientras el documento gráfico de la agencia recorría las redacciones de España y de medios extranjeros. Se trataba de conjuntar o simbolizar los contrastes climáticos: mientras en muchos países era difícil encontrar estampas de diversión al aire libre, aquí teníamos la posibilidad de celebrar la llegada del nuevo año disfrutando de temperatura envidiable y de la calidez del litoral. La producción no era muy costosa: desplazamiento del periodista gráfico hasta el lugar donde fuera posible captar el ángulo apropiado, revelar y ya está. Hasta que la digitalización también facilitó -y tanto- el proceso. Cuando el color sustituyó al blanco y negro, poco menos que la cuadratura del círculo.

Esa era la foto. La que resolvía la portada del periódico. O parte de ella. No había duda. La esperaba el redactor-jefe de turno.

Hasta que la cosa fue cambiando, porque, entre otras cosas, se huía del tópico o del manido recurso. Es cuando brota el interés por el primer bebé nacido en determinado ámbito. Hasta que posaba la criatura con sus padres, o cuando menos, con su madre, del proceso se encargaba alguien que gestionaba con hospitales o clínicas para que, por favor, avisasen al medio que ya había predispuesto -se supone- al fotógrafo y al redactor para estar presente y recabar los datos correspondientes y hacer una nota humana y simpática. Si todo iba bien, portada lograda, junto a noticia, suceso, balance o dato relevante.

Esas imágenes, como las de los fastuosos fuegos artificiales de las antípodas o de las grandes capitales; de quienes desafían el frío en aguas congeladas; de quienes participan en travesías natatorias en Barcelona o Gijón; de quienes, en Roma, se lanzan desde una altura considerable al río Tíber; de los ganadores de alguna prueba atlética relevante se han convertido en una especie de álbum del 1 y del 2 enero.

Ahora, con la accesibilidad y la inmediatez, los esquema rígidos casi han desaparecido y estos motivos quedan para la mecánica rutinaria. Eso sí: tanto para activarla como para plasmar cualquier otro acontecimiento, el fotógrafo ha de estar allí.


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