lunes, 4 de julio de 2011

LA CONMOCIÓN DE UN DESCENSO

River Plate, club de fútbol laureado, ciento diez años de historia, ha descendido por primera vez a la segunda división argentina. Pocas veces una pérdida de categoría balompédica produjo tamaña conmoción.
River no es un equipo cualquoiera. Popularmente conocido como "Los Millonarios", ha sido la escuadra de DiStéfano, Labruna, Mas, Francéscoli, Ortega, Higuaín... La lista de excelentes jugadores sería interminable. River, el de la elástica franjirroja, no es cualquier cosa: es sentimiento de pueblo, es grito, es pasión... De ahí la trascendencia de su descenso, una tragedia deportiva y una sacudida social. Sin exageraciones.
Hemos archivado los últimos minutos del relato de Víctor Huigo Morales, en Radio Continental, una admirable pieza radiofónica que sirvió para probar, una vez más, el nivel de comunicaciómn del genial relator argentino -el mismo que contrató la SER para la final de la Copa del Rey- así como para entender la dimensión de un hecho histórico que estaba consumándose en aquellos momentos.
Hace unos treinta años, siendo ponentes en un curso de periodismo impartido en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de la cvapital tinerfeña, defendimos la garra y la originalidad como poderes de atracción a la hora de titular una información o una crónica depportiva. Pedimos prestado uno a la pretigiosa revista "El Gráfico". River inició el campeonato de forma muy irregular y en ocho jornadas apenas había sumado cinco puntos. Tenía verdaderas dificultades para hacer goles. Tras un partido decisivo que ganó 2-1, la revista tituló: "River ya cree en Dios pero aún no sabe rezar".
Hemos palpado también lo que significa River Plate fuera de su país. En 1992, tuvimos oportunidad de asistir en Montevideo al encuentro de vuelta de la semifinal de la Copa Libertadores con Peñarol que debía remontar dos goles de desventaja. La pasión dentro y fuera del Estadio Centenario era inconmensurabnle. Había miles de aficionados argentinos en los repletos graderíos. Jamás se arrugaron ante el pundonor y la ambición de los uruguayos. River dio una lección de fútbol de contrataque y volvió a imponerse con la elegancia de los campeones. Mientras los aficionados locales protagonizaban incidentes fuera del estadio, los de River cantaban sin cesar aún en el interior. Más de una hora después, en las calles y avenidas, el festejo riverplatense era una muestra del sentimiento y del significado de una victoria, "en un barrio de Buenos Aires" que es como despectivamente tratan a Montevideo muchos porteños.
River ya no es de primera tras ciento diez años de historia. Una historia que también registra pérdidas luctuosas y reveses descomunales que unos creen que nunca van a suceder.
River aún cree pero descendió a los infiernos.

sábado, 2 de julio de 2011

SEÑALES PREOCUPANTES DE INDOLENCIA SOCIAL

Los portuenses deben estar muy hartos de la política municipal. Hartos, escépticos, desmotivados, indolentes... Todo les empieza a ser indiferente. Nada parece atraer su atención, identificarse con alguna causa, hacer suyo algún problema, procesarlo y aportar alguna solución. A su tradicional postura acomodaticia, que se pudo entender en otras épocas más prósperas, y a su escaso apego a la vida asociativa, se unen, en pleno anquilosamiento de la ciudad y en plena recesión económica, el pasotismo, la resignación y la insensibilidad, factores que, desde luego, no son los más deseables en cualquier evolución sociológica.

Las últimas señales son muy preocupantes. Advertimos una de ellas el sábado de la constitución de la nueva corporación municipal. Es costumbre, diríase que inveterada, desde 1979, que al finalizar las formalidades en el interior de las casas consistoriales, ya con todo resuelto y decidido, que el nuevo alcalde y los miembros del futuro gobierno local saluden desde la balconada. Es costumbre que en el exterior del Ayuntamiento, antes en la explanada de El Penitente y después en la plaza de Europa, se concentrasen centenares de personas a la espera de esa salutación y para dedicar un primer aplauso de ánimo a los nuevos regidores, sin perjuicio de desahogar euforias comprensibles.

Pues ese sábado no ocurrió así. Menos gente de la habitual, desde luego, y menos entusiasmo. Y fíjense que no creemos se debiera al propio resultado de la sesión que, más o menos, podía esperarse, sino que obedecía a ese cansancio, a ese hartazgo al que aludimos al principio. Que la política local llegue a aburrir hasta esos extremos, que no se interrumpa esa tónica ni siquiera en la jornada que, supuestamente, abre un nuevo mandato corporativo, refleja un conformismo y una indiferencia que refuerzan la indolencia. No es bueno, no.

Hay otros hechos que abundan esta impresión. Por ejemplo, ¿qué pasó con el edificio 'Iders'? Su insólita situación se ha eternizado. Independientemente de la no menos insólita resolución judicial que obligaba a entenderse a las partes que han entablado un litigio sin igual, se comprende que una parte de los propietarios, cansada de años de lucha sin apenas fruto, haya arrojado la toalla, actitud que igual es la que espera la otra parte para terminar imponiéndose en su particular confrontación.

Lo cierto es que del 'Iders' no se volvió a hablar. O al menos con el nivel de trascendencia pública que es deseable para intentar impulsar alguna soluición. Y allí, en Martiánez, en pleno proceso de reacondicionamiento, languidece el inmueble para escarnio de todos, para vergüenza de propios y extraños, para imposible respuesta de turistas que se ufanan de haber repetido su visita al Puerto de la Cruz y encontrarse, desde hace casi dos décadas, con la misma estampa de incapàcidad, abandono y desencuentro.


Lo ocurrido con el equipo de waterpolo del Club Natación Martiánez esta semana es otra prueba de lo que decimos. En lo deportivo, su representación de la ciudad, de la isla y de la Comunidad Autónoma ha sido bastante estimable. Cierto que sus dirigentes no han sabido o no han podido propiciar una mínima estructura social que proyectase el nombre del equiipo y propiciase la identificación de los ciudadanos, incluso de los menos aficionados o de los menos entendidos.

Pero el Martiánez ha perdido en los despachos lo que supo defender en las piscinas -a veces con brillantez y siempre con coraje y vergüenza deportiva- y, sobre todo, en las frías aguas de la municipal. No ha podido hacer frente a las obligaciones federativas y deja su plaza en la División de Honor. ¡Cómo duele! Lo de menos -bueno, no tan de menos- es la cuantía de lo que se le exigía al club. Pero que no haya habido una mínima movilización social y deportiva, que no se haya extendido una impresión de solidaridad entre la ciudadanía y entre los propios medios de comunicación, que no haya habido una respuesta institucional siquiera como colaboradora, habla bien a las claras de la indolencia consignada en las primeras líneas.

Los portuenses no quieren saber nada. Esa es la conclusión a la que se llega. Ni siquiera las expresiones más comunes, como ¡vaya desastre!, justifican tanto conformismo, tanta insensibilidad. No nos comprometemos y no nos duielen las cosas. No cuidamos nuestros propios valores.

Esto es lo más preocupante. Que una sociedad se entregue así al ostracismo. ¡Vaya porvenir!

martes, 28 de junio de 2011

EL VALOR DE UN VOTO

Por un voto ha perdido la mayoría Ramón Miranda, alcalde de Garachico, quien se piensa su continuidad en la corporación y parece dispuesto a dar un paso al costado para no ser obstáculo en negociaciones que permitan a su partido seguir gobernando en el municipio. A tres votos se quedó Fidela Velázquez, nueva alcaldesa de San Juan de la Rambla, de ganar con mayoría absoluta. Y seguro que, como éstos, hay muchos casos en todo el país.
Son los que sirven para apreciar mejor el valor de un voto. Un de uno, de cantidad. Seguro que en los casos citados no faltarán quienes se estarán lamentando de no haber acudido a las urnas. Por un solo voto se pierde una mayoría. Por sólo tres votos no se alcanza. Y claro, eso conlleva poner en peligro la gobernabilidad o dar pie a combinaciones que terminan desvirtuando el sentido mayoritario del electorado.
Se lamenten pero que sepan que no hay nada que hacer. Tanto fomento del abstencionismo produce estos hechos. De ahí que las apelaciones al ejercicio del sufragio, por parte de políticos y de personas de toda condición que saben lo que se juega en cada cita electoral, nunca sobran. La participación es uno de los datos básicos para auscultar la salud y la madurez democrática de una sociedad.
Votar es primordial. Que se lo digan a quienes se han quedado en puertas de una mayoría o a quienes han tenido que afrontar un proceso de negociaciones para garantizar la estabilidad y la gobernabilidad de una institución.
Quienes hacen dejación, quienes se desentienden de las urnas tienen en estos casos un claro ejemplo de lo que significa su actitud.

lunes, 27 de junio de 2011

TIEMPO DE PACTOS

Las etapas de las mayorías absolutas hicieron pensar a más de uno que se iban a reeditar sistemáticamente y fueron condicionando, desde todos los ángulos, las necesarias alianzas para proporcionar estabilidad y afrontar la gobernabilidad de las instituciones. Algunas de esas mayorías fueron muy mal administradas, generaron excesos, caudillismos y fundamentalismos que terminaron cansando a los electorados que castigaron e invirtieron tendencias, favoreciendo cambios dinamizados también por cierta evolución sociológica.

Las mayorías suelen conllevar el empleo del rodillo, consistente en rechazar, sin más, iniciativas que provengan de los grupos de oposición, a pesar de que sean positivas para los intereses generales o estén cargadas de razón. En otras ocasiones, sirven para bloquear, para impedir una convocatoria que puede ser oportuna o el tratamiento de un asunto que, por sus características, significa un giro, un avance, un esclarecimiento y hasta una vía para salir de una crisis. La falta de diálogo, los personalismos y las intolerancias son otras consecuencias de haber ganado por goleada sin tener presente que el encuentro tiene su tiempo reglamentado y que en el futuro las circunstancias pueden ser otras.

Las mayorías políticas reiteradas en instituciones públicas han ido acumulando, en algunos casos, tal suerte de rechazo que, cuando se evaporan, es natural que la otra parte, los eternos segundones o perdedores se rebelen, se revuelvan o se quieran desquita, en la acepción más política del término. Es un hecho casi natural que se explica por sí sólo en ámbitos pequeños o en circunscripciones reducidas. Las enemistades, las pugnas tribales y hasta las diferencias familiares -a veces insalvables- acaban predominando. En algunas islas y en algunas localidades canarias se ha venido asistiendo a estos episodios. Que pongan las barbas en remojo quienes aún disfrutan de esa mayoría (tiene mucho mérito lograrla y revalidarla, desde luego), no sea que en el futuro, si no gozan de ella, se vean afectados por las turbulencias que son fácilmente adivinables.

Cuando los electorados reparten y no propician mayorías absolutas, vienen a decir que prefieren otra forma de gobernar y emiten un mensaje que, en buena parte de los casos, se puede interpretar como “entiéndanse ustedes”. Negocien, intercambien, pacten y “entiéndanse” para gobernar. Aparquen diferencias y hasta planteamientos ideológicos, renuncien si es necesario, pero “entiéndanse”.

Es ahí, entonces, donde se pone a prueba la capacidad de diálogo y de transigencia, donde se fragua la cultura del pacto o de la alianza política que hay que ir practicando y consolidando para favorecer, sin extrañarse, fórmulas de gobernabilidad de las instituciones. No estamos muy acostumbrados a ella y hay que agradecer a quienes la hayan practicado para timonear sus mandatos o sus cometidos la inversión realizada.

Es una cultura que requiere de información, transparencia y hasta de un sentido pedagógico que facilite todas las explicaciones y otorgue razones a los partidarios de defender los contenidos y las aspiraciones de una alianza política. Mucho más, cuando se trata de coaliciones integradas por formaciones políticas en principio antagónicas.

Valen los gestos y las pruebas de lealtad para que funcionen bien, con holgura, sin perturbaciones que levanten recelos y sospechas. Pero valen, sobre todo, los hechos que claramente den a entender que se cogobierna en beneficio no sólo de la mayoría que se representa sino de los intereses generales de una comunidad.

domingo, 26 de junio de 2011

EL GOL. ¡ERA EN FUERA DE JUEGO!

Celebro, en primer lugar, tener entre los lectores al secretario del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz. Y que haya aprovechado, en segundo término, el resquicio legal que dejábamos en nuestra entrega titulada “Surrealismo e irrespeto” para colar toda una tesis técnico-jurídica con la que ha intentado menoscabar una idea: es un principio sagrado de la democracia que en elección y destitución de cargos, la votación -le guste más o menos al secretario- ha de ser siempre secreta. Como los delanteros que acechan, aprovechó el resquicio.

No es mi intención polemizar con el secretario. Y además, en su terreno, ando en inferioridad de condiciones. Era difícil imaginar que una simple afirmación de un contexto periodístico iba a generar su respetuoso alegato que es, naturalmente, merecedor de réplica, con la que pretendo ratificar un planteamiento expuesto a raíz de la elección de alcalde en el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz el pasado 11 de junio. Escribimos entonces -y ahí situamos al lector- que “para colmo, los hechos se consuman con una votación a mano alzada. ¡Vaya gol el del secretario del Ayuntamiento! Aunque haya un resquicio legal. Y qué capacidad de encaje de portavoces o candidatos de otras formaciones que no rechistaron. Porque es un principio sagrado de la democracia que en dos situaciones, la elección o destitución (censura) de cargos electos, se hace mediante votación secreta. En urna, sí. Quedará ello como anécdota pero reveladora de la singularidad del episodio en el que, paradójicamente, esa circunstancia fue la única no improvisada”.

Domingo Jesús Hernández Hernández, secretario general del Ayuntamiento portuense, cuya vida guarde Dios muchos años, responde negativamente y cuestiona el principio aludido. Igual pudimos emplear otro adjetivo para aludir a la inmodificabilidad de ciertas reglas pero bueno, aquí se trata de discernir en qué baso su remate. Porque, repasando la moviola y sus argumentaciones, da la sensación que lo hizo en fuera de juego. Y aunque el gol ha sido dado por válido y subió al marcador, podemos seguir criticando el método.

A ver, señor secretario: la elección democrática de alcalde, en el Puerto de la Cruz, desde 1979, se ha hecho siempre mediante votación secreta. Y en la geografía de la práctica totalidad de los ayuntamientos canarios, se emplea el mismo método. Sería interesante que solicitara información de sus colegas, a ver cuántos han utilizado una fórmula de votación distinta. Porque al afirmar en su escrito que la votación de la elección ha sido la denominada ordinaria, a partir de lo dispuesto en la Ley electoral de 1985, el secretario general da por sentado que sus homólogos han obrado incorrectamente o incluso vulnerando la normativa.

Otra afirmación secretarial: en las mociones de censura (utilizamos este último término para equipararlo a destitución de cargos), siempre se aplica la votación denominada nominal. Eso es tanto como decir que en todos los sitios donde se haya hecho secreta -y ya se contabilizan unos cuantos- se ha incumplido la norma. Bien sabe el secretario que ni en la Ley orgánica electoral de 1985 ni en la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local de 1985 ni el Real Decreto de 1986 por el que se aprueba el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales (ROF) se encuentra un precepto, en el caso de la moción de censura, que señale que la votación sea nominal. En caso contrario, si nos los señala, rectificamos nuestra apreciación, ya que el ROF prescribe que “la votación nominal requerirá la solicitud de un grupo municipal aprobada por el Pleno por una mayoría simple en votación ordinaria”. (Artículo 102. 2).

Prefiere uno, modesto aprendiz e intérprete de la realidad, defender ciertos principios, siquiera por su estética y comparar situaciones, acaso por haber vivido alguna de ellas y haber asistido posteriormente a todo un debate no zanjado del todo. En ese sentido, el secretario del Ayuntamiento portuense da por válida una sentencia, relativa a la elección de alcaldes, sin concretar si ha sido recurrida o si ha sentado jurisprudencia. Y con otra, referida a una equivocación verbal rectificada (No/Si) cometida por una concejala en el curso de una votación nominal, en una sesión plenaria en la que se debatía una moción de censura, además de elevarla impropiamente de categoría, se olvida que la votación secreta no fue la cosa juzgada (¿se dice así?) ya que no fue impugnada pues lo reclamado y juzgado era si se contabilizaba el voto negativo o el positivo de la concejala, lo que determinaba si la moción de censura prosperaba o no. Por tanto, no procede pronunciamiento del Tribunal sobre la forma de la votación y del posible acto nulo de pleno derecho por afectar a derechos fundamentales y ello conforme lo establecido en el artículo 62 de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común.

La sensación que queda es que el secretario, en su afán de sostenella y no enmendalla, o de defender a toda costa el gol anotado, maneja derecho positivo a conveniencia. Si cabe colegir del artículo 102 del ROF que el espíritu del legislador era dejar a criterio facultativo el sistema de votación en determinados supuestos, la mezcla y la relación inconexa de determinados preceptos por su parte no ha sido, con el debido respeto, muy afortunada. Algunos de los que ha reproducido no tienen nada que ver con la sustancia que nos ocupa: sirva de ejemplo el citado artículo 140 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General.

Aquí, conforme a un elemental procedimiento secuenciado, parece claro que, al no estar constituida la corporación, no son de aplicación detalles de normas que regulan el desarrollo de los asuntos que son tratados en las sesiones y el sistema de votación de las corporaciones ya constituidas. O lo que es igual: el secretario no tiene la competencia para determinar dicho sistema.

Otra cosa es que el mismo favoreciera las pretensiones de un alcalde y sus apoyos circunstanciales, que no habían firmado un documento de mínimos -¿entiende ahora el secretario el surrealismo y el irrespeto?- para explicar al pueblo en qué consistía su alianza o por qué se orientaba una votación en determinada dirección. Y un añadido al respecto: ninguno de los portavoces hizo nada para impedir el gol que, repasada la secuencia y pese a las explicaciones técnico-jurídicas, con los debidos respetos, fue marcado en fuera de juego.

Pero ha sido concedido como válido y le ha correspondido dar fe de ello para la posteridad, a todos los efectos que proceda. Y como demócrata, uno lo acepta. Otra vez: gracias por leerme, de verdad.


sábado, 25 de junio de 2011

NUEVA SEDE POLICIAL

La reciente denuncia de una representación sindical del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), referida al manifiestamente mejorable estado de sus dependencias en el Puerto de la Cruz, refresca la ya vieja aspiración de contar en la ciudad con una instalación policial apropiada. Ahora que el Consorcio para la rehabilitación turística y urbanística se ha puesto en marcha, sería bueno que sus responsables proyectaran una actuación dotacional consecuente.

Recordemos que la comisaría del CNP tiene jurisdicción en los términos municipales del Puerto de la Cruz y Los Realejos. Hace muchos años que fue localizada en un antiguo establecimiento residencia turístico (El bajío), tras unas obras interiores de adaptación que han ido precisando de reformas o mejoras puntuales. A estas alturas ya puede hablarse de obsolescencia y de no estar a la altura de las exigencias de una ciudad turística y de un área poblacional muy superior al de su propio ámbito jurisdiccional. Unas mejores prestaciones, en el marco de una mayor seguridad en la convivencia, son el gran objetivo.

A lo largo de los últimos tiempos se han sucedido los intentos para impulsar la construcción de una nueva comisaría. Nos consta que ha habido voluntad política pero ha chocado con distintos imponderables. El comienzo de un nuevo ciclo político, el interés de las administraciones competentes, la puesta en marcha de ese Consorcio, los afanes del propio Cuerpo y las aspiraciones de la ciudadanía convergen en la necesidad de acometer sin dilación este recurso dotacional.

Si la memoria no falla y si no se han producido modificaciones, había una parcela del polígono San Felipe-El Tejar reservada para esta finalidad en el Plan General de Ordenación (PGO). El Ministerio del Interior manifestó su predisposición favorable siempre que se dispusiera de terrenos. En una actuación de este tipo, el entendimiento o la cooperación entre instituciones es primordial. Y como el fin común que se persigue es beneficioso, se trata de materializar los recursos de la forma más operativa. Si se mantiene el destino de la parcela, se trata ahora de convenir los términos de la actuación. Por tanto, de hacer las correspondientes previsiones presupuestarias.

Otro apunte: la futura dotación policial podría albergar, incluso, la sede de la policía local. Dicho así podría significar hasta un impacto inicialmente difícil de digerir pero, desde un punto de vista racional, pensando en las prestaciones, es lo más operativo. Desde hace tiempo también, la policía municipal se viene enfrentando a problemas de espacio en su sede de las casas consistoriales en la plaza de Europa.

Se pondría a prueba, ya sin dobleces, todo eso de la coordinación entre los cuerpos policiales. El manejo de recursos comunes (bases de datos, diligencias, notificaciones y otros, como el traslado de detenidos) se vería sensiblemente mejorado en caso de convivir en un mismo edificio. Cabe confiar en que el proyecto de la localización incluya la mejor accesibilidad posible, tanto la rodada como la peatonal y la exigida para los discapacitados.

Conclusiones: una necesidad perentoria, una voluntad de mejores prestaciones y de condiciones de trabajo, unos recursos que se deben aprovechar y una actuación que, si cristaliza, acreditará que la cooperación entre distintas administraciones públicas es factible. Si esta al alcance, no dejen escapar la oportunidad.

Porque tal como están las cosas, una vez alcanzado tan alto grado de escepticismo, la ciudadanía lo ponderará.

miércoles, 22 de junio de 2011

SEVERINA PÉREZ, ADIÓS DE UNA MAESTRA

Llegó destinada a la escuela infantil ‘Clara Marrero’, en el portuense barrio de La Vera, en 1986. Aquí llegó y aquí se quedó, para ejercer como directora del centro durante catorce años.
Ahora pone punto final a un magisterio comprometido, desarrollado entre dificultades y esperanzas, entre limitaciones y soluciones imaginativas para que los alumnos, sobre todo, no dejaran de percibir las enseñanzas. Sus compañeras de claustro siempre le agradecerán su constancia, un peculiar celo que se convirtió durante cursos y cursos en el mejor estimulante de un quehacer incesante.
Severina, Severina Pérez Alonso, se despide hoy sin alharacas, con la modestia que siempre caracterizó su ejercicio docente. La escuela, pionera en su especialidad en el norte de Tenerife, le va a echar de menos. Y también el barrio, La Vera, en el que se integró, el núcleo que logró entender como pocas personas.
Severina llegó para quedarse. Nacida a principios de los cincuenta, es del plan de 1967. Cursó magisterio en la antigua Escuela Normal de La Laguna. En el ámbito de la privada empezó a curtirse en la docencia: primero, en el colegio Fray Martín de Porres; luego, dos años en el Luther King.
Su primer destino en el sector público fue en Breña Alta (La Palma), hasta que, a mediados de los años ochenta, se incorporó a la escuela infantil ‘Clara Marrero’ en cuyo claustro, de ocho profesoras, ha sido una compañera leal y predispuesta siempre para mejorar el nivel del centro.
Severina entendió pronto que La Vera era un sector que necesitaba de entrega y comprensión. Mucha paciencia invirtió para asimilar los problemas de todo tipo que iban surgiendo en un barrio que crecía y cuya población, muy heterogénea en sus orígenes y en su condición social, precisaba integrarse y vertebrarse. En ese crecimiento de La Vera, Severina ha tenido mucho que ver: ha sido un proceso en el que ha participado tan silenciosa como eficazmente. Había que educar y a eso se dedicó. Ecuánime, sensible, seria y amable a la vez: no ha conocido desánimo, pese a los reveses; ni se arrugó frente a las adversidades. Fue maestra y madre a la vez. Fue compañera y vecina al mismo tiempo. Se granjeó el afecto de la gente del barrio.
Para eso se implicó en todos los proyectos relacionados con la mejora de este núcleo de población cuyos rincones conoció con exactitud. Potenció, como no se conocía antes, las relaciones escuela-familia. Y como buscaba tiempo, mientras escuchaba quejas, lamentos, llantos o anhelos, encontró el suficiente para su proyecto de circulación vial que ha merecido varios premios otorgados por la Dirección General de Tráfico.
Severina, en fin, no será una maestra más sino que será recordada por muchas cualidades. Supo crear y mantener un clima de armonía y buen hacer con toda la comunidad educativa. La gente de La Vera, que es agradecida y de buen corazón, sabrá reconocérselo. Seguro, además, que ella no se irá del todo. Ahora, con más tiempo libre para escribir cuentos y para caminar, sus grandes aficiones, paseará por las calles del barrio y se detendrá a hablar con los padres y madres de sus alumnas. Escuchará, como hizo siempre desde que llegó, y transmitirá, a su manera, ese espíritu de sacrificio que ha lucido a lo largo de una rica vida profesional y que le permitió salir airosa de no pocas tribulaciones.
Cuando hoy se despida y cruce por última vez como directora la puerta del ‘Clara Marrero’, habrá acumulado razones para que le dispensen gratitud y reconocimiento.

martes, 21 de junio de 2011

NUEVO CICLO EN CANARIAS

Se inicia hoy la octava legislatura en el Parlamento de Canarias. Un nuevo ciclo político con otra alianza política, similar a la de la tercera, quebrada a mitad de camino por mor de una insólita censura. En aquella oportunidad, aún no nacida pero sí gestada Coalición Canaria -nunca se aprovechó mejor una coyuntura de poder para alumbrar una nueva organización política que signifcara un salto de calado- los socialistas esgrimían su condición de primera fuerza en votos y en diputados. Ahora, es Coalición Canaria la que va por delante.
Una legislatura que arranca con todas las incertidumbres pero también con muchas expectativas. Las circunstancias hacen más difícil la gobernabilidad pero las partes que han negociado un pacto que apuesta por la estabilidad han de esforzarse para que funcione desde el primer día con lealtad y marcada voluntad de satisfacer las aspiraciones de los canarios. El descontento está en la calle, ya se ha visto, y no será fácil enjugarlo.
Los socialistas tocan poder al cabo de dieciocho años. Una larga travesía en el desierto quemando candidatos, además de energías, ideas y sentido de la responsabilidad. Curiosamente, por esas peculiaridades de nuestro régimen electoral, cuando han cosechado los peores resultados, es cuando han recuperado parcelas de poder autonómico que, unidas a las del insular y municipal, permiten que la organización timonee el estancamiento y la crisis. Pero timonear, en este caso, significa que hay que seguir sorteando no pocas dificultades, especialmente con vistas al fuuro.
Nuevo ciclo. A la pomposidad y solemnidad de hoy seguirá la investidura y la constitución del nuevo ejecutivo. Los medios tienen mes y medio más para llenar páginas y espacios. Cien días, un suponer, para hablar de sorpresas, impresiones, propósitos, gestos y primeras decisiones.
El carrusel de la política canaria sigue su curso.

lunes, 20 de junio de 2011

ONDAS UNIDAS

Desde primeras horas de la mañana hay una señal radiofónica compartida, al menos en la provincia occidental. Es la de las emisoras de frecuencia modulada que vienen emitiendo desde hace años y han quedado excluidas del concurso público de adjudicación de frecuencias convocado por el Gobierno de Canarias. Hoy lo están haciendo de forma solidaria, un solo indicativo, una sola señal: han unido sus emisiones durante cuatro horas para expresar, conjuntamente, al unísono, su disconformidad, su queja, su lamento, su apelación, acaso su última carta.
La iniciativa tiene su razón de ser. Los resultados del concurso no sólo no han gustado sino que han significado, de materializarse al pie de la letra, el cierre, la práctica desaparición de medios ya consolidados, de pequeñas empresas surgidas al calor de una vocación profesional y hasta de un esfuerzo personal o familiar. Empresas que no tienen culpa de la situación de vacío, o de alegalidad que ahora, cuando se ha querido regularizar, porque es necesario que eso ocurra, ha contado con una fórmula que no contenta a muchísimas personas.
Lo peor, la consecuencia más directa es la destrucción de empleo, ahora mismo el principal mal que afecta a la profesión periodística.
Y todo por un 'sostenella y no enmendalla' que el anterior Gobierno de Canarias fijó cuando desde los bancos de la oposición (socialistas más populares) se planteó que el asunto quedara sobre la mesa a la espera de que discurriera la campaña electoral y el nuevo ejecutivo, se supone que menos presionado o menos condicionado, resolviera. Pues menuda papeleta política, ahora que andan en la conformación del nuevo gobierno. La presión, ahora, es más visibe y apreciable.
Resolver, además, no será fácil después de la primera determinación del órgano que ha evaluado con arreglo a las bases del concurso y que ha hecho una preadjudicacón. Menuda papeleta. La experiencia y lo ocurrido con el concurso para adjudicar las licencias de la Televisión Digital Terrestre (TDT) no han servido. ¿Y dónde está el Consejo Audiovisual que supuestamente ha de velar por el cumplimiento de todas las disposiciones reguladora?
Porque no olvidemos: estamos en un Estado de derecho y por sus cauces hay que decidir y respetar. Si es así, aunque estemos todos de acuerdo en que es una vía lenta, aquí cabe vislumbrar que quienes se sientan perjudicados presenten recursos y apelen. Y así se prolongará la situación, no se sabe hasta cuándo ni hasta dónde.
A un comunicado de la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife nos remitimos para entender mejor que la resolución inicial favorece la especulación y que, desde el punto de vista social y laboral, las consecuencias son tremendas. Por supuesto, ni que decir tiene que el pluralismo en el conjunto de la oferta informativa del archipiélago, vía radiofónica, se ve muy mermado. Por eso, la dirección de la Asociación planteaba sin dobleces hasta dónde es posible la revisión del concurso.
Estamos pues ante un quebranto de considerables proporciones. La señal solidaria de hoy por la mañana, en vísperas de la constitución del Parlamento de Canarias, es una invitación a la reflexión, mejor dicho, casi un canto a la desesperada. Reflexiones a estas alturas parecen una pantomima estéril.
En esa realización conjunta, con muy escasos precedentes en el archipiélago canario, hemos dejado nuestro testimonio junto al de tantos otros amigos y compañeros que jamás abandonaron su vocación por el medio y han seguido luchando desde distintos micrófonos y distintas antenas para materializarla y para hacer una compañía de verdad.
Por eso, ahora que esa compañía corre serio riesgo e verse cercenada, nos acordamos de una estrofa de una canción de Dyango titulada, precisamente, "La radio":
"Quiero que no desesperes la belleza de la noche.
Y estos tus amigos de la radio
con canciones te dirán (que ya pronto volverá).
Es tu buena compañía, la radio"
La emisión conjunta de esta mañana es una invitación a la lucha. Radiofonistas en pro de sus medios. A ver si tocando todas las teclas, a ver si las ondas propagando la misma señal de un mismo fin invierten la situación.
¡Ánimo!

sábado, 18 de junio de 2011

SURREALISMO E IRRESPETO

Ya saben que la política canaria depara episodios surrealistas, situaciones de ésas que uno se cree que nunca van a suceder, pero se producen, con todas las consecuencias, se aceptan y sigue el tiovivo girando sin que pase absolutamente nada.
La última es la registrada en el acto de elección de alcalde del Puerto de la Cruz, donde la suma de los concejales de Coalición Canaria y Partido Popular propició la elección del candidato de la primera, Marcos Brito Gutiérrez.
(Paréntesis: superados los cuatro años de nuestra pertenencia a la corporación municipal, es tiempo suficiente para aparcar el propósito, ya consumado, de no emitir juicios de opinión sobre la política local. Quedó formulado en su día como declaración de principios. Salvo en algún episodio muy concreto, la hemos cumplido a grandes rasgos, de modo que queda constancia expresa de esta “liberación” que nos permitirá seguir expresando las consideraciones que los asuntos municipales nos merezcan).
Estábamos con la elección del alcalde portuense. Resulta un hecho insólito que se haya consumado sin un papel de mínimos, un folio con tres o cuatro bases y ya llegará el documento. Que digan que es un pacto de caballeros, si quieren, pero que no olviden que en política la caballerosidad no es una cualidad ponderable, y que digan que es el “pacto natural” -¡vaya naturaleza la moldeada a gusto de las conveniencias!- pero que no se respeten las formas elementales de la democracia refleja que sus imperfecciones bien merecen otras pruebas, otros hechos que la hagan madurar y funcionar mejor.
Coalición Canaria y Partido Popular estuvieron negociando durante prácticamente tres semanas el reparto de áreas y las tenencias de alcaldía. Negociaron infructuosamente. Nada trascendió de prioridades y de alternativas a los problemas del municipio. Tan sin resultados se encontraban, que en la madrugada del sábado, se dieron las partes un apretón de manos y decidieron que había que investir a Brito como alcalde.
Es una falta de respeto. A los órganos de los partidos, a sus bases, a la ciudadanía. Que no se informe de las condiciones en que se produce una decisión de ese calado, es una irrespetuosidad. Nos gustaría saber si hay antecedentes de una situación similar en algún rincón de la intrincada geografía política.
La seriedad y la solidez de una alianza entre políticos empiezan precisamente por la claridad y la transparencia de su contenido. Eso significa documento, revisable si se quiere, pero constancia expresa para que todos sepan, para que todos sepamos lo que hay. Porque estamos hablando de la gobernabilidad de un municipio. Y eso no es un simple reparto de cromos o una entente para asignarse retribuciones.
Y para colmo, los hechos se consuman con una votación a mano alzada. ¡Vaya gol el del secretario del Ayuntamiento! Aunque haya un resquicio legal. Y qué capacidad de encaje de portavoces o candidatos de otras formaciones que no rechistaron. Porque es un principio sagrado de la democracia que en dos situaciones, la elección o destitución (censura) de cargos electos, se hace mediante votación secreta. En urna, sí. Quedará ello como anécdota pero reveladora de la singularidad del episodio en el que, paradójicamente, esa circunstancia fue la única no improvisada.
Total, que Brito de nuevo alcalde por decisión de un Partido Popular que en el Puerto no escarmienta. A los precedentes, desde aquel error histórico de 1995, hay que remitirse. En los pasados comicios no subió tanto como en otras localidades pero mejoró ligeramente los resultados de anteriores convocatorias, cuando se movió entre dos y tres concejales. Ahora, con cuatro, y con perspectivas razonables de seguir al alza, tenía mayor capacidad de exigencia. Pero, en el decisivo momento del arranque, ya exhibió cartas de ir aguantando y resignándose, a la espera, un suponer, de que fructifiquen las negociaciones tras las cuales aportar unos resultados ¿insuperables?
Resultados que, al día de la fecha, una semana después de constituida la nueva corporación, no se conocen.
Surrealista.