viernes, 9 de noviembre de 2018

ORTOGRAFÍA


Un 9,6 % de las plazas de profesor de enseñanza secundaria quedó sin cubrir el pasado mes de julio tras las pruebas de oposición celebradas en nuestro país. Se reconoce la deficiente ortografía de los graduados como una de las causas que influyeron en las decisiones finales. A las pruebas, convocadas junto a las de formación profesional o escuelas de idiomas, se presentaron unas doscientas mil personas. En total, mil novecientas ochenta y cuatro plazas sin cubrir.
            Se reabre, pues, un debate que ya jaleó Gabriel García Márquez desde que dijo que había que jubilar a la ortografía. Todo da a entender que seguimos escribiendo con muchas faltas en el conjunto de las normas de la escritura. Todos, más o menos, tenemos historias de maestros y profesores inflexibles e intolerantes con un yerro a la hora de redactar: desde rebajar calificaciones a suspender exámenes. En algunos casos, hasta traspasaron la frontera de lo anecdótico. Más recientemente, con la prodigalidad en las redes sociales, el asunto se ha desbordado: plétora de errores, algunos de ellos tan notorios, ostensibles y garrafales que el propósito corrector, hecho seguramente con la mejor buena voluntad, ha terminado siendo denostado por los propios infractores y allegados coyunturales que no ocultan su desagrado por ser advertidos en público de la infracción ortográfica, tal es así que dan lugar a bloqueos, cortes o reacciones de intemperancia próximas a la enemistad. A nadie le gusta ser corregidos o quedar en evidencia ante un error que puede ser de bulto, pero ellos se lo pierden: el riesgo de reincidir salta a la vista y entonces la contumacia será menos perdonable.
            Llama la atención, desde luego, que en el actual volumen educativo nacional se produzca este raro fenómeno que llega a los mismísimos niveles universitarios. En efecto, indicadores como el de un 41 % de jóvenes comprendidos entre 25 y 34 años tiene estudios universitarios (frente a un 43 % en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), no se corresponden con resultados tangibles como los de las oposiciones que comentamos. ¿Qué por qué se escribe tan mal? Posiblemente, por el déficit de lectura que incide, desde luego, en una mala capacidad expresiva y en una peor escritura. Pero también influyen, en opinión de expertos y lingüistas, las antiguas y nuevas tecnologías: desde la televisión y los videojuegos al uso desmesurado de móviles y tabletas. En este último contexto -aunque tampoco escapan algunos patinazos en programas y locutores televisivos- ya desbordan las aplicaciones de mensajería instantánea y las redes sociales a las que antes aludimos. Eso de las abreviaturas o dos consonantes, “por economía de lenguaje”, no deja de ser una majadería.
            El problema se agrava, además, con errores de puntuación y acentuación que, inevitablemente, conducen a lecturas equivocadas y a redacciones que, a duras penas, siguen el itinerario sintáctico adecuado. Faltan prácticas de redacción e incluso de dictados, un ejercicio, por cierto, que intentan recuperar en Francia. El escritor Julio Llamazares llega a hablar de “prestigio social de la buena expresión y la buena escritura”, en alusión a lo dicho sobre las redes sociales, “pues no todo se consigue con más clases de lengua”. El propio Llamazares sentencia: “Escribir y hablar bien no es un capricho: sirve para expresar mejor tus ideas”.

jueves, 8 de noviembre de 2018

ORFANDAD

Homenajean hoy, en el Parlamento de Canarias, la figura de Juan Carlos Alemán Santana, quien fuera secretario general de los socialistas canarios, candidato en una ocasión a la presidencia del Gobierno, parlamentario en varias legislaturas y, finalmente, miembro de la Audiencia de Cuentas de Canarias, su último destino.
Su recuerdo permanece entre todos los que le conocieron y trataron. Y en unas circunstancias tan peculiares como las de la política canaria, su presencia se echa de menos. El tributo se registra unos pocos días después de la aprobación en el Senado de la nueva versión del Estatuto de Autonomía de Canarias, ya publicada en el Boletín Oficial deel Estado. A Alemán, que intervino en el Congreso en un intento anterior en el Congreso de los Diputados, le hubiera agradado ver culminado este esfuerzo de la sociedad canaria, válido para más autogobierno, según se espera, para los próximos años.
A continuación se reproduce un artículo del bloguero aparecido en el periódico La Provincia, de Las Palmas, el 11 de noviembre de hace dos años. Entonces escribimos que la política canaria y el socialismo canario quedaban huérfanos. Creemos que aquella apreciación sigue siendo válida:
 

"Convergían ayer loas mediáticas -dan incluso para un análisis periodístico dado lo inhabitual en torno a la figura de un político- y testimonios de afecto repartiéndose la caballerosidad y la bonhomía, además de las habilidades políticas, sobre la figura de Juan Carlos Alemán, miembro de la Audiencia de Cuentas de Canarias, un ex de tantos cargos públicos y de numerosas responsabilidades orgánicas en el Partido Socialista Canario-PSOE, al que han descubierto y reconocido cualidades que jalonaron su trayectoria pública.
Será un caso aislado pero, miren por dónde, se recoge lo que se siembra, aunque sea en la hora de la partida definitiva. Se corresponden esas apreciaciones con la auténtica personalidad de Alemán. Hasta el final de sus días anduvo con esa socarronería que caracterizaba la mayoría de las conversaciones, incluso las más serias. Cierto que no gestionó nunca áreas o competencias ejecutivas pero como si hubiera desplegado unos cursos de especialización. Acaso el secreto, nunca explicitado, era que escuchaba, que sabía escuchar y trazar puentes de empatía aunque el interlocutor estuviera en otras coordenadas. Lo hacía con todos, incluso los compañeros de formación política que abrazaba con gran dolor, por cierto, a medida que recibía espinas o sufría fisuras que tambaleaban los cimientos que tanto contribuyó a fortalecer o apuntalar en varias ocasiones.
Todo eso explica que numerosos compañeros y amigos, procedentes de todas las islas, vinieran a acompañarle y a dar el último adiós. Como los expresidentes y quienes oficiaron como alcaldes, portavoces parlamentarios o institucionales. Se ve que Alemán, con su modo de hacer, les había persuadido, más allá de la cortesía y del cumplimiento. Era un autonomista practicante, sobre todo después de haber timoneado no pocas tormentas. Ahí era cuando emergía el político curtido en mil batallas, el de las sólidas convicciones, el dirigente capaz de transmitir confianza y seguridad. En esos momentos, ejercía como un timonel experto, respetuoso con las formas y firme en lo esencial, con todas las consecuencias. Podría equivocarse, claro que sí, pero no se había inhibido ni arrugado. Y entonces, constatado el error, incursionaba otras vías. Y dialogaba, negociaba y transaba, hasta fijar acuerdos que luego él mismo se encargaba de fiscalizar.
Así era Alemán, el que elevaba al máximo el arte del posibilismo político. En las instituciones donde estuvo, atesoró respeto y coherencia. Curiosamente, extrapoló esas virtudes a la relación que labró con los medios de comunicación, ora con los redactores de a pie ora con sus ejecutivos. Así le acudían en tropel a sus ruedas de prensa: daba titulares seguro. Y así, ya en etapas avanzadas y sin responsabilidades orgánicas, filtraba una exclusiva o regalaba una información que igual servía para desmontar toda una trama.
Encima era buen orador. Lo han dicho cronistas parlamentarios que gozaron oyéndole en la tribuna o comentando las secuelas en el mismo tono de sorna con que se desenvolvía. Expresaba cosas sustantivas sin necesidad de artificialidades. Lo suyo eran los mensajes para estimular el tablero político. Ahí lucía su visión estratégica, acaso forjada en interminables sesiones de ejecutivas y comités deliberantes, donde siempre propició debates y contraste de criterios. Pero no fue un apparatchik, otra de las virtudes que cabe atribuirle.
De modo que Juan Carlos Alemán Santana, el político pragmático, astuto y prudente a la vez, audaz hasta los límites que él mismo establecía, respetado por empresarios, sindicalistas y agentes sociales, sensible con los más vulnerables, tolerante, deja la política canaria huérfana de unos valores muy necesarios para cualquier proceso de madurez aún por emprender. El socialismo también queda huérfano: forjar una persona así y proyectar su liderazgo no será nada fácil".

miércoles, 7 de noviembre de 2018

UN ANTES Y UN DESPUÉS

España es un clamor.
Que no se apagará cuando la banca alardee de los ascensos bursátiles.
El clamor de la protesta, de la indignación, de la desazón, de la impotencia...
Pero, ya saben, la banca siempre gana. Ya saben: el buen funcionamiento del mercado.
Será el cliente quien pague en eso de las hipotecas.
Pero aquí hay que poner el foco sobre la justicia. Jueces y magistrados serán conscientes de que su decisión marca un antes y un después. Si antes, el presidente del Tribunal Supremo dijo que no habían sabido gestionar y comunicar bien la decisión que contravenía la firmeza de una sentencia, ahora, mucho y bien tendrá que razonar para explicar lo que es inexplicable. Y sobre todo, que lo haga uno de los componentes del Tribunal, el que cambió de voto.
La sensación de que el dinero prima sobre la justicia predomina.
Que no se extrañen entonces jueces y magistrados de que una ola de indignación recorra el país, de que haya convocatorias de concentraciones y manifestaciones. Aunque exista la 'Ley mordaza' para contenerlas.
"Banca manda. Ya ni disimula", puede leerse en una de las pancartas que exhiben frente al acceso principal del Tribunal Supremo. No es de extrañar. Muchos lo tienen cada vez más claro. 
Quedan las consecuencias del impacto: los intentos del Gobierno para modificar la Ley, por ejemplo. Puede intentarlo, siquiera para comprobar cuántos se suman a la causa. Y lo que puedan hacer los tribunales europeos cuando tengan que estudiar las rectificaciones del Supremo español sobre una materia en la que ya se pronunciaron y dijeron que eran los bancos quienes debían abonar los gastos de la hipoteca. Es probable que se sonrían. Luego, tendrán que decidir.
Por ahora hay un clamor evidente y un brindis con burbujas.
Lo dicho: un antes y un después.



martes, 6 de noviembre de 2018

HUELEN PEOR

Coincidió la dimisión del órgano de dirección del Partido Popular (PP) de María Dolores de Cospedal con la emisión de la producción de La Sexta, titulada El hombre de las mil caras, referida a la vida, obra y milagros de aquel policía llamado Francisco Paesa de quien se llegó a decir que pagó su propia esquela sin estar probado que hubiera fallecido. Eran los años en que Felipe González presidente hubo de encarar las vergonzantes circunstancias del caso Luis Roldán, ex director general de la Guardia Civil.
Pura casualidad que ha servido para acercarnos o para imaginar cómo funcionan las cloacas del Estado, por donde fluye, sobre todo, la falta de escrúpulos.
Las conversaciones telefónicas entre Cospedal, su marido y el ex policía José Manuel Villarejo alcanzan tal nivel de obscenidad que cada fragmento publicitado desborda el asombro. No hay límites en las tramas y en las finalidades de éstas. Las evidencias de chantaje son claras. De hecho, hasta podría interpretarse que la difusión del contenido de las grabaciones es otro instrumento de la operación, máxime si se trata de apretar para salvarse. Eriza saber que aún quedan más conversaciones y que puede haber más implicados. Por las cloacas circula cualquier detritus. Ya puestos, extorsiona -esto es lo que parece hacer Villarejo- como puedas.
No debería valer todo pero el problema es el daño que se causa a la democracia y al prestigio de las instituciones. Y al sistema de partidos. La utilización de métodos sórdidos para enfangar es la peor de las opciones, sobre todo en momentos como los que vive el país, con un Gobierno frágil, con incertidumbres presupuestarias y con una fractura como la de Catalunya de imprevisible final.
Por eso, están por ver las repercusiones políticas de la dimisión de María Dolores de Cospedal. El error de haberse reunido con él resulta evidente. De momento, Pablo Casado parece desmarcarse. Tendrán que lidiar con la permanencia en el escaño de la ex ministra.
Uf! Vaya embrollo. Lo cierto es que las cloacas cada vez huelen peor.

lunes, 5 de noviembre de 2018

PRIVATIZACIONES GENERADORAS DE POBREZA


Un reciente informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), firmado por su relator especial sobre pobreza extrema, Philip Alston, es tan contundente sobre la privatización de servicios públicos que algunos sectores llegan a calificarlo de varapalo. Y el documento pone nombre y apellidos a  los promotores de esa fiebre privatizadora: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Son los inductores de este modelo por ideología”, señala Alston.

No es el nuevo debate, cierto. En varias ocasiones nos hemos ocupado del asunto, sobre todo cuando en nuestro país afloran las diferencias en las modalidades de gestión administrativa y los resultados que ponen en evidencia a sus responsables. El informe de la ONU es merecedor de algunas nuevas reflexiones.

Sobre todo, porque Alston alude a un verdadero “tsunami de privatizaciones” que, en el ámbito de la sanidad o educación, “acaba con la protección de los derechos humanos y margina a los que viven en situación de pobreza”. Pero el informe señala también a la justicia, los sistemas de prisiones y otros servicios básicos a los que se aplican unas políticas “que no pueden hacerse a expensas de tirar por la ventana el sistema de protección social”, afirma el relator de la ONU.

Hace tres años, en 2015, el Banco Mundial promovió la iniciativa de incrementar la financiación del sector privado de miles de millones de dólares con la finalidad de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y ya en 2017, el propio Banco explicitaba su enfoque orientado a sacar el máximo beneficio a la financiación del desarrollo. El enfoque, en efecto, da prioridad a la financiación privada y a las soluciones sostenibles del sector privado.

Para Philip Alston, estas políticas que “se presentan como una solución técnica” para la prestación de determinados servicios, responden, en realidad, “a una ideología que devalúa los bienes públicos” y que, según la ONU, “son esenciales para una sociedad decente”. Así, la conclusión del informe es que “mientras los defensores de la privatización insisten en que ahorra dinero, es eficiente o mejora los propios servicios, la realidad evidencia que muchas veces contradice sus propias justificaciones”.

No se agotan ahí sus apreciaciones y apunta directamente al modelo, que busca, ante todo, el rédito económico: “Eso deriva hacia una clara intención de minimizar el tiempo por cliente o paciente, pago de cuotas o ahorro de recursos”, se expone en el documento que no duda en señalar al Banco Mundial y al FMI como inductores de una agresiva privatización de los servicios básicos, “sin que se vean recompensados los derechos de las personas y lo más pobres”.

Entonces, si los riesgos de ir liquidando poco a poco -vieja táctica del capitalismo y del liberalismo económico- la protección de los derechos humanos y de acentuar la exclusión social, maniatando o marginando a quienes viven en situación de pobreza, no son de extrañar los desequilibrios que se registran aún en economías desarrolladas y las dificultades para que la recuperación o la salida de la crisis -creada por el propio capitalismo- no alcance a todos los sectores sociales. La privatización de los servicios públicos genera pobreza, según este informe de la ONU, considerado un varapalo a estas políticas que terminan haciendo de tales servicios un auténtico negocio.

Ese es el mal.

sábado, 3 de noviembre de 2018

NO HAY DERECHO


Dos pancartas rudimentarias (sábanas pintadas con mayúsculas en negro que cuelgan de un balcón y la parte superior del acceso principal) nos recuerdan que hasta hace un par de semanas allí funcionaba un hotel. El grueso de la plantilla, cincuenta y cuatro trabajadores, se concentra en el exterior sin estridencias. Algunos conocidos, allegados o familiares circulan por allí. La misma pregunta: ¿qué pasa, no hay nada?
No, no lo hay. La respuesta se ve complementada:
-Bueno, nos concentramos por fuera del Cabildo, acompañados de dirigentes del sindicato (UGT). Nos recibieron el vicepresidente primero y el consejero de Turismo. Y el grupo insular de Podemos. Buenas palabras pero poco más. Ahora nadie tiene competencias. Cuando llegan la hora de hablar de cifras de ocupación o de dar a conocer una promoción, casi se pelean a ver quién lo dice primero. Nos dicen que van a interceder ante el Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación (SEMAC) y la Dirección General de Trabajo para adelantar la fecha del 10 de diciembre, la que ha sido fijada inicialmente para intentar algún tipo de acuerdo.
Y así pasan los días, desde el 16 del pasado mes cuando se cerraron las puertas del hotel Dania del Puerto de la Cruz y sus cincuenta y cuatro trabajadores se vieron en la calle... y sin trabajo. Y sin explicaciones: ni de la propiedad ni de la empresa que explotaba el establecimiento y que, según cuenta, no dejó ni el lavavajillas ni la lencería. Todo muy “edificante”, muy propio de un municipio cuyos habitantes tienen un bajo sentido de la autoestima y no están nada acostumbrados a luchar por sus activos.
Las muestras de solidaridad se han ido evaporando, las señales de lucha dicen que se van intensificar, en forma de movilizaciones, a largo de las próximas semanas por toda la ciudad. Algo habrán aprendido los damnificados en sus penurias: quietos y cruzados de brazos nada van a conseguir. Al contrario, hasta terminarán recriminándoles su pasividad.
Esta es la triste realidad: cincuenta y cuatro empleados sin trabajo, en la calle y sin muchas esperanzas de que las cosas cambien. Porque, claro, sin una mísera carta de despido, ¿a dónde van? ¿A quién reclaman? En pleno vacío laboral, no pueden aceptar siquiera una oferta de trabajo, si es que surge. Si se determina que el despido es nulo -eso sería ya el acabóse- ni indemnización ni readmisión. ¿Dónde están los derechos de los trabajadores? Pero también hay que preguntarse: ¿dónde están las responsabilidades?
Que esto ocurra en pleno siglo XXI, en una ciudad turística, con una notable experiencia en situaciones conflictivas o complicadas, resulta insólito. Aunque parezca radical, hay que decirlo: no hay derecho. No pueden quedar impunes fechorías laborales como éstas. Ni trabajo ni ayudas al desempleo. Lo cuentan y no se cree. Y atentos: porque igual nos encontramos dentro de poco con situaciones similares en la misma ciudad turística que, si por un lado progresa con remodelaciones públicas y remozamientos en varios establecimientos privados, por otro baja muchos enteros con estampas como la que comentamos.
Después dicen los insensatos que los trabajadores están demasiado protegidos en este país. Seguramente serán los mismos que se indignan porque haya una previsión presupuestaria de incrementar el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta novecientos euros. Pues ¡vaya protección! Y qué cabrá decir de empresarios que cierran y se marchan sin dar explicaciones, sin dejar al trabajador con una mínima carta de despido siquiera para ir a reclamar al maestro armero.
Que hagan fotos de las pancartas en la fachada. Igual son las únicas pruebas.
No hay derecho.

viernes, 2 de noviembre de 2018

COLEGIO


Luis Espinosa García, médico, lúcido octogenario y próximo ya a los noventa, de la saga de los Espinosa, comprometidos con la educación y la difusión de la cultura, cumplió una de sus aspiraciones: lograr que la historia del colegio de segunda enseñanza -también conocido como Gran Poder de Dios- del Puerto de la Cruz, quedara mínimamente sistematizada y registrada. Era impedir que tan valioso papel en la formación de varias generaciones de portuenses, lleno de aportaciones profesorales de primer nivel y de afanes colectivos de un alumnado que luchaba contra las penurias de todo tipo, quedara disperso, difuso o, sencillamente, irreconocible.
No era justo, o hubiera sido otra prueba más de la desidia y del descuido de los habitantes de un municipio con su propio acervo, con sus valores y con su escaso aprecio por la autoestima. Acaso demasiado acomodaticios, descansar responsabilidades en terceros y la propensión a que otros resuelvan por mí han caracterizado buena parte de su andadura, al menos en el siglo XXI. Forma parte de la idiosincrasia y quizás ello explique la pérdida o la desaparición de muchas cosas e iniciativas, entre ellas una asociación de antiguos alumnos del mismo centro.
Era injusto, desde luego, que la pequeña gran historia de aquel colegio se quedara sin un testimonio bibliográfico, El colegio de segunda enseñanza, que plasmase el esfuerzo por ofrecer una opción donde llevar a cabo la adecuada preparación académica en un ciclo vital de la existencia de adolescentes. Hasta para superar las rigideces del régimen preconstitucional de la separación de sexos para enseñar hubo imaginación y audacia, no importaban las limitaciones de espacio físico. Y reflejase la constancia de los promotores y de un patronato de mínima estructura. El colegio de segunda enseñanza superó la guerra incivil y sus aulas fueron acogiendo, contra viento, marea y limitaciones, el ejercicio impagable de la docencia y la voluntad perseverante del aprendizaje, no solo de los portuenses sino de ciudadanos de otras localidades norteñas.
El papel de ese colegio fue determinante en la evolución de la ciudad, de ahí que haya que ponderar el propósito de Luis Espinosa García, con quien ha colaborado firmemente su prima Margarita Rodríguez Espinosa, profesora de Literatura, ya jubilada, pero siempre predispuesta de modo que todos los intentos de creatividad, fomento y proyección intelectual en el municipio pudieran cristalizar. El doctor en Ciencias de la Información, Jesús Manuel Hernández, aportó también los frutos de la investigación de su tesis, referida a la educación en el valle de La Orotava. Juan Carlos Castañeda (SER) echó el resto, ya en el acto, con su interpretación del volumen y el estímulo del coloquio posterior. Las páginas del libro no son una mera sucesión de anécdotas o de episodios, ni de relaciones secuenciadas de profesores y alumnos por cursos. Son páginas escritas con vocación y perspectiva, con afán rigorista y con generosidad de quienes, en diferentes etapas, estudiaron, trabajaron y se esmeraron desafiando imponderables de todo tipo, hasta el de hacer en Santa Cruz de Tenerife los exámenes finales.
Ex alumnos, portuenses de distintas generaciones, ciudadanos del valle, llenaron hasta la biblioteca del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (entidad editora) en lo que fue un acto entrañable, plagado de emociones y remembranzas. Fuera, grupos de chiquillos disfrazados preguntaban ¿truco o trato? Dentro, no invadía un torrente de nostalgia sino la sensación de que se estaba haciendo justicia con una publicación que rendía tributo a un colegio que cerró sus puertas mediados los años setenta después de décadas, en cuatro sedes diferentes, formando a personas que acreditaron, con su presencia, haber hecho méritos para que cuatro ranilleros hablaran de ciencias y artes, como decía la copla. Solo que con más fundamento.

jueves, 1 de noviembre de 2018

¡QUISIMOS TANTO ESE COLEGIO!


Ayer vio la luz el libro El colegio de segunda enseñanza, original de Luis Espinosa García y Margarita Rodríguez Espinosa. Es la historia, desde sus orígenes hasta la desaparición de un centro educativo también conocido como 'Gran Poder de Dios'. El acto de presentación, con Juan Carlos Castañeda Baute como introductor del valioso testimonio, tuvo lugar en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), entidad editora. Los autores nos encargaron el prólogo. Dice así: 

"Luis Espinosa García -”¡cuántas veces te he dicho que no soy doctor sino licenciado!”, aún corrige cordialmente- y su prima Margarita Rodríguez Espinosa van a ver satisfecha su aspiración: el libro con la historia del colegio. Se lo debíamos quienes por allí pasamos, quienes cursamos el bachillerato y quienes vivimos un tiempo de infancia y adolescencia memorable. Lo merece un centro que contribuyó decisivamente a la formación de varias generaciones de portuenses. Acaso lo esperen centenares de alumnas y alumnos, de antiguos y jubilados profesores y el personal que, más o menos vinculado, aún conserva en el almacén de la memoria alguna referencia, algún relato de terceros o, en fin, alguna anécdota que sirvieron para refrescar los años de su existencia.

Las que siguen son las páginas del cariño con que nos tomamos la estancia en aquellas aulas. ¡Quisimos tanto al colegio! Pequeño físicamente -había que ir a la playa o a otros recintos para impartir la educación física o la gimnasia- pero generoso y acogedor, ya desde el porche ya desde las clases ya desde la balconada ya desde la misma azotea.
El colegio Gran Poder de Dios, o Segunda Enseñanza, como coloquialmente era reconocido, rezumaba el espíritu portuense de desenvolverse en cualquier lado, aunque estuviera erizado de dificultades. En pleno centro de la ciudad, cerca de la plaza de la Iglesia, al lado de una maternidad, con olor a panes de cercana fabricación artesanal y con unas ventas próximas para cualquier apuro -”don Alfredo, ¿tiene sombreritos del Niño Jesús?”, le preguntaban los jóvenes que empezaban a presumir de extranjeras-, el colegio vio cómo crecía el edificio Belair, símbolo del desarrollismo turístico incontrolado. Y cómo las ambulancias de la Cruz Roja proliferaban en las inmediaciones del Hospital de la Inmaculada Concepción, en la calle Cólogan -por donde descendían las guaguas de Hernández Hermanos- una desde las que se accedía al centro, en la intersección de Luis de la Cruz y Benjamín J. Miranda.

Ese fue el colegio que conocimos -en el libro se habla también de otras sedes-, donde pasamos seis años inolvidables en la década de los sesenta del pasado siglo. Al que llegamos en la primavera de 1963 para hacer la convocatoria de ingreso en la modalidad de Enseñanza Libre, prolongada durante todo el bachillerato. Ese fue nuestro primer contacto, en la planta alta, donde enseñaba don Jesús, Hernández Martín, apellidos por los que no fue conocido hasta bien pasados los años. En el Puerto, ya se sabe, se estila lo del apodo o sobrenombre: el Villero, pues. Después, rotamos por las aulas del piso inferior que albergaba los primeros cuatro cursos. En la primera planta estaban las de quinto y sexto cursos, más un salón de mayor superficie que, en ocasiones, sirvió para acoger actividades diversas -hasta una versión de Cesta y Puntos, aquel célebre concurso de la televisión en blanco y negro que se emitía los sábados-, reuniones equivalentes a las presentaciones de nuestros días, la del concurso nacional de redacción de Coca-Cola, por ejemplo- y pruebas de exámenes. Desde los espacios reservados para los dos cursos de bachiller superior se accedía a un balcón generoso, en el que no se debía permanecer mucho tiempo, según recomendaciones profesorales, “para no distraerse en exceso”. Ya en la segunda mitad de la década, junto a las dos aulas, en esa misma planta, fue descubierto el bautizado 'cuarto de la marihuana', que no tuvo otra finalidad que guardar mobiliario y fumar, a hurtadillas, algún cigarrillo.

Fue el colegio donde se cursaban el bachiller elemental y el superior, seguidos de sus correspondientes reválidas. Superada la primera, había que escoger: ciencias o letras. ¡Era la primera gran decisión que había que adoptar en la vida de los escolares que afrontaban la pubertad! Ello motivó una primera y leve segregación, aunque los espacios y las asignaturas comunes hicieron que no se fracturasen del todo las promociones de educandos que habían iniciado su andadura.

Pero también contribuyó un sin igual elenco de profesoras y profesores, la mayoría de ellos, amistades de los padres del alumnado. María Teresa García Barrenechea, doña Maite, fue la directora muchos años. Ofelia Espinosa Córdoba, la fiel y eficaz secretaria que, además, enseñaba Historia. Doña Manuela Miranda hizo que dibujáramos hasta los más torpes. A pulso. Con Maruja Martín Real aprendimos a traducir latín sin diccionario y a repasar el libro de Gramática más de cinco veces y a hacer comentarios de textos. Luis Pérez, antes de ser médico, ofició de maestro. Ana Isabel Perera enseñó Física y Química. Marcos Brito, entonces con tendencias progresistas, ofrecía su casa de Punta Brava para estudiar por las noches, Filosofía e Historia de la Cultura, y repasos para la reválida superior. A Domingo Pérez Bethencourt le dimos un disgusto con un suspenso generalizado en junio en matemáticas de cuarto a cuenta de las coordenadas mal obtenidas. José Antonio Marrero Córdoba exponía la pomposa Formación del Espíritu Nacional, en una palabra Política, y la gimnasia que practicábamos o intentábamos hacerlo en el patio del Frente de Juventudes o del colegio de los Padres Agustinos o en la mismísima playa de Martiánez, zona de La Barranquera. “Vamos a sincronizar los pasos”, llegó a decir Marrero antes de acometer los saltos de longitud que exigían en el bachiller superior.

En las Ciencias Naturales de quinto enseñaban el abogado Manuel López García y el médico Luis Espinosa García, quienes se repartían las materias: biología y botánica estaban a cargo del letrado; zoología y geología eran explicadas por Espinosa que una vez preguntó por el color de un mineral y advirtió: “No me digas ni claro ni oscuro porque esos son tonos y no colores”.

El malogrado Alfonso Trujillo Rodríguez figura también en el elenco de docentes. Latín, Griego, Literatura, Historia del Arte y hasta Filosofía, fueron impartidas por aquel profesor de sempiternas gafas negras que conducía un utilitario de fabricación alemana que aparcaba en el primer hueco que encontraba. A él le debemos unos cuantos que siguiéramos de cerca el aluvión o la avenida de noviembre de 1968 que causó enormes daños en las localidades del valle. Y que conociéramos el significado y el alcance del concepto infraestructuras, entonces prácticamente inexistentes, claro.

Otros enseñantes volcaron sus afanes en las aulas de aquel colegio entrañable y también contribuyeron a su mantenimiento y al esfuerzo que se hacía desde un patronato o similar -del que supimos en la víspera de un festival en el salón de actos del colegio San Agustín- para su supervivencia. Que nos excusen la involuntaria omisión.

Dos hechos a los que hay que referirse de manera obligada: uno, los exámenes finales se hacían en el instituto de la calle Enrique Wolfson y en el Andrés Bello, de Santa Cruz de Tenerife, de reciente construcción mediados los sesenta. Eran dos jornadas agotadoras para aquellos alumnos y alumnas libres, quienes iban a la capital con cierto aire de aventura que empezaba con la expectativa de los taxis (coches pirata) en los que desplazarse y terminaba con los cánticos de regreso entre curvas y adelantamientos. Sin dejar de mencionar las vueltas al parque García Sanabria, al muelle y los bocadillos de tortilla de jamón de un céntrico y popular establecimiento santacrucero, La Garriga.

Y el otro, la festividad de Santo Tomás de Aquino, inicialmente en los primeros días del mes de marzo, hasta que modificaron el santoral. Aquella era una celebración que vivíamos con interés, con esmero y con pasión. Mientras unos pintaban decorados y soportes escénicos, otros ensayaban música y teatro y otros vendían entradas. De Segunda Enseñanza salieron pequeños grandes artistas que actuaron en el desaparecido Teatro Topham, en el colegio de los curas Agustinos y en el mismísimo parque San Francisco. Casilda, reina mora; La estrella de Oriente; La fórmula 3K3; El amor en bicicleta, son títulos teatrales inolvidables para quienes intervinieron, siempre bajo la dirección de don Jesús. Lo mejor era recibir el aplauso atronador del público que llenaba. De aquella época quedó un concepto de espectáculo para la historia: Gala lírico-musical.

Una celebración que se complementaba con un partido de fútbol en El Peñón, aún con cancha de tierra, vestuarios a compartir y graderíos incompletos, desde los que animaban quienes no jugaban, claro. Los componentes de cada equipo eran escogidos semanas antes con criterios de máximo equilibrio, entre grandes y chicos. Hasta había una madrina que hacía el saque de honor. Y culminaba con la fiesta-baile hecha en la propia sede del colegio, donde se alternaban los disc-jockeys, donde las chicas estrenaban traje y a la que había que acudir llevando un vaso desde casa: esperaban los refrescos y el cap.

Años de ilusiones, nervios, trapisondas, esfuerzos, lágrimas, reprimendas, peripecias y amores tempranos. El colegio Gran Poder de Dios, surgido al calor de probos afanes y de una sensibilidad exquisita para que el municipio tuviera una opción cercana de cursar el bachillerato, resistió lo que pudo.

Este libro es un tributo a cuantos promovieron su creación, a cuantos impartieron enseñanzas, a cuantos cursaron estudios y a cuantos tuvieron en aquellas estancias y aulas un segundo hogar, un lugar donde aprender y formarse. Mujeres y hombres que fueron conscientes de una etapa decisiva en la formación individual y colectiva. Un par de reencuentros, décadas después, sirvieron para contrastarlo. La historia del colegio fue la superación de imponderables. Esta edición rinde tributo a promotores, profesores, alumnos y colaboradores que, en distinta medida, luego proyectaron los valores que allí cultivaron. Años memorables, sin duda".

miércoles, 31 de octubre de 2018

DESASTRE EN LA LAGUNA

Si creíamos haberlo visto todo en política, ahí tenemos el desbarajuste en el Ayuntamiento de La Laguna para aplicar el empleo de la expresión 'no, lo siguiente' y despachar el asunto sin necesidad de ofrecer muchas explicaciones.
Cuando faltan siete meses para finalizar el mandato, caracterizado por la inestabilidad, se rompe una alianza política superviviente a la zozobra de la entente entre Coalición Canaria (CC) y Partido Socialista Canario-PSOE que tantos recelos despertaba entre una y otra formación política, dotadas de amplias tragaderas para gestionar la gobernabilidad, y se llega al más difícil todavía de materializarla en minoría, porque de la censura, a estas alturas, y con uno de los socios del pacto resquebrajado y errante, nadie quiere saber: una operación arriesgada y de muy dudosa rentabilidad.
No es que fuera un prodigio pero el pacto que ha saltado por los aires a raíz de unas elecciones internas -es verdad que las carga el diablo- rindió aceptablemente. Los socialistas, en franca minoría, no solo acumularon poder político sino partes sustantivas del presupuesto municipal. El alcalde, sabiéndose seguro y con manto protector en los medios de comunicación, fue a lo suyo en un nítido ejercicio de laissez faire, laissez passer, esto es, dejen hacer, dejen pasar, que le convenía y que ha culminado con la ocupación del gobierno monocolor, a partir del 23,95 % de los votos y siete concejales. Bárbaro, diría un argentino. Al final, operación casi redonda, con la oposición -la anterior y la enriquecida tras la ruptura- cautiva y diezmada, entretenida con lamentos y posibilismos. Hasta aparece procesionando la Virgen de Candelaria para completar el insólito escenario.
La situación nos devuelve a un viejo y certero diagnóstico de un veterano dirigente socialista: “Cuando una agrupación entra en crisis, es muy difícil superarla. Muchos vientos favorables tienen que soplar para recuperar una posición idónea”. Se cumple, una vez más. Si a la carencia de proyecto político se unen la indisciplina, los recelos, los enconos y las rupturas, el marco no puede ser más negativo. Eso es lo que ha sucedido. Por eso, han fallado hasta las formas de acometer la crisis, despachada, poco menos, en los medios para alargar el espectáculo: ni consultas, ni explicaciones, ni discursos, ni estrategias... “Cuando una agrupación entra en crisis...”.
No escarmientan los socialistas con sus crisis y sus desalojos del poder en la esfera local. Cuando no hay dirección política es natural que falte prudencia e inteligencia a la hora de obrar como es consecuente que no haya siquiera visión política elemental. Heridas abiertas que difícilmente cicatrizarán, carencia de liderazgos, seguidores confundidos y desmoralizados. Hoy, en la batalla política, estarán pensando en todo eso.
Y miren que el desgaste de CC invitaba a pensar que se da una inmejorable oportunidad para intentar el relevo. Cierto que aún falta determinar el alcance de una situación judicial bastante controvertida pero hay trenes que pasan y si no se sube, igual no hay más opciones.
Lo decidirán los ciudadanos laguneros que deben estar bastante cansados, por cierto, de cuitas, componendas, caprichos, inestabilidad y desprestigio.

martes, 30 de octubre de 2018

PAGAR POR LEER


Bueno, pues preparémonos para pagar por leer las ediciones digitales. Se viene hablando de ello desde hace algún tiempo. De hecho, algunas cabeceras ya han introducido la fórmula para determinados contenidos. Estos han sido pasos valientes que han servido para ir engrasando la aplicación de uno de los grandes desafíos que ha de afrontar el sector. Algunos, con pensamiento comercial por encima de todo, habrán pensado que cuanto antes, mejor. Y se lanzaron al universo digital con todas las consecuencias: los hábitos terminan haciendo al monje, un decir.
Sería interesante conocer, en ese sentido, los resultados de la experiencia que puso en marcha el grupo editorial Vocento, pionero desde luego en el desarrollo de contenidos digitales de pago como acredita con algunas cabeceras regionales, El Correo, El Diario Montañés o El Diario Vasco. Vocento, no se olvide, edita ABC y ahora, entre sus planes estratégicos, se propone llevar a cabo esa política en sus doce títulos repartidos en distintas autonomías.
Cierto que Vocento no desvela qué va a hacer con su periódico principal pero se supone que, a la vista de los antecedentes, actuará con coherencia. Prisa, editora de El País, se muestra también muy partidario de abonar suscripciones e incrementar los contenidos de pago de diferentes secciones en su versión digital.
El caso es que se espera una decisión casi definitiva para el primer trimestre del próximo año. Además de ABC, están El País, El Mundo y La Vanguardia, los que aceptamos como diarios generalistas. ¿Podría ser un problema la campaña electoral? Evidentemente, alguna impopularidad se barrunta cuando estemos en pleno período de difusión de candidaturas, programas y actos electorales. Igual aprovechan para experimentar algunas producciones especiales y hasta para comprobar los réditos a partir de las reacciones de los consumidores de información.
Todo da a entender que el gran momento se aproxima y más temprano que tarde estaremos ante una de las grandes transformaciones en el sector de la comunicación. Preparémonos porque cada vez estamos más cerca: no sería de extrañar que las grandes empresas editoras negocien y se pongan de acuerdo para “socializar” la medida. De hecho, a efectos de beneficios comerciales, algunas ya han consensuado sinergias. Otra gran transformación, por cierto, más vinculada desde luego al ámbito de la publicidad.