martes, 6 de abril de 2021

EVENTOS SOSTENIBLES E INCLUSIVOS

 

A quienes decidieron continuar con programaciones o contrataciones ya formalizadas, respetando escrupulosamente las indicaciones de las autoridades, con mucho de arrojo y osadía si se quiere, habrá que agradecerles sus afanes. Sobre todo, porque la cultura salió adelante, porque fue posible que su corazón siguiera latiendo y porque los esfuerzos bien invertidos en cualquiera de sus manifestaciones siempre serán provechosos.

Desde marzo del año pasado, el panorama de la realización cultural se veía desolador. Cierre –salvo excepciones, algunas muy cercanas- de giras, auditorios, recintos, espacios públicos y lugares de actuación de compañías, bandas y grupos, algunos de renombre. Es cierto que los cierres generaron la cancelación y la reprogramación de temporadas de conciertos y festivales teatrales o de música. Un escenario, en fin, bastante confuso y complicado que representó un impacto considerable para todas las industrias, especialmente pequeñas y medianas empresas, relacionadas con los acontecimientos culturales, provocando sustantivos cambios en las normas que debía seguir o guardar cualquier organización.

Pero la emergencia sanitaria ha producido tantas modificaciones que la cultura, desde el punto de vista señalado, no se iba a quedar atrás. Algo positivo: nuevas experiencias, una renovación de la creatividad. Eso siempre viene bien. Ha cambiado la forma en que se producen las convocatorias culturales y ha dado oportunidades a la creación de nuevos contenidos, también online. A su vez, ha generado nuevos espacios comunitarios como balcones de edificios y viviendas para compartir cualquier expresión cultural, válidas incluso para idear y planificar eventos sostenibles, tanto desde un ángulo social como desde el punto de vistoi medioambiental.

Puede que algunos casos hasta se hayan hecho más cosas –que no desmerecían- con menos dinero. Sabido es que las convocatorias culturales propician –rara vez restringen- la inclusión, el intercambio y la interacción entre personas de diferentes orígenes y estilos culturales. Los estudiosos del desarrollo cultural distinguen hasta tres áreas de tipologías de las convocatorias que se promuevan: los de cultura popular, los de diversidad cultural y los festivales. La experiencia, con sus aplazamientos o cancelaciones, con las innovaciones o las incorporaciones, con las estrecheces o con la rigidez impuesta por la propia crisis, tiene que haber sido enriquecedora durante este período.

¿Y cómo ha respondido el sector? Diríamos que, en general, con gran capacidad de sufrimiento y sin agotarse consciente de la necesidad de superar los retos que iban surgiendo. Pongamos por ejemplos, algunas experiencias visibles: la adaptación a la forma de compartir el espectáculo en vivo con su público; interpretar la no-cancelación al menos como un símbolo de resistencia cultural; el uso del streaming, ya consolidado, como una manera adecuada de afrontar la situación de confinamiento o de natural reserva para salir lo mínimo; la constatación de que ya existe una comunidad digital que crece sin cesar como símbolo de la real; el uso de nuevos espacios, como los apuntados; el retorno a espacios naturales donde todo parece más sencillo y hasta la explosión creativa de distintas comunidades.

Todos estos factores han ido produciendo un enriquecimiento, más que un acercamiento entre los individuos que, a largo plazo, labran relaciones provechosas, en sí mismas, un avance social. Nada mejor que dinamizado por la cultura.

El investigador de eventos culturales de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), Jordi Oliva Codina, entiende que esta pandemia “puede ser una oportunidad para repensar los eventos culturales como herramientas clave para el desarrollo de una ciudad más inclusiva y menos explotada. Favoreciendo la creación de eventos centrados en el florecimiento de la comunidad, la inclusión y la sostenibilidad socio-medioambiental”.



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