martes, 17 de mayo de 2011

DUDAS SOBRE SCHENGEN

Las revueltas populares de muy incierto final en países del Magreb y Oriente medio están produciendo efectos que parece incluso socavar algunos pilares de la Unión Europea (UE), como el Tratado de Schengen que consolida la libre circulación de las personas en el espacio comunitario del mismo nombre al eliminarse los controles en las fronteras interiores de los países miembros. Quede claro que no todos los países de la Unión son integrantes de ese espacio bien porque no deseaban suprimir los controles en sus fronteras con los otros países de la zona (ejemplos de Reino Unido e Irlanda) bien porque no reunían las condiciones exigidas para ello, como son los casos de Rumania, Bulgaria o Chipre). En definitiva, el espacio no engloba a todos los países ni a determinados terceros estados, como Noruega, Islandia, Suiza y Liechtenstein.

Los principios de Schengen se ven amenazados por los inevitables flujos migratorios subsiguientes a los conflictos sociales de las naciones del norte de África. Miles de personas huyen del fragor de las batallas, del rencor, del fundamentalismo, del desempleo, de las crisis agravadas… Se lanzan a la aventura del mar, ya en el desespero de darlo todo por perdido, buscan un trabajo, quieren comer. Comoquiera que las respectivas transiciones no están nada claras, se acentúa la incertidumbre y se tiñe más sombrío el panorama.

¿Y Europa? ¿Qué hace la estructurada y la teórica sólida Europa ante un fenómeno social que le queda tan cerca y que empieza a afectarla seriamente? ¿Dispone de respuestas? Las preguntas se suceden para dar razón a Dolores Rubio García, doctora en Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, cuando en un trabajo sobre el Tratado de Lisboa se planteaba con toda claridad que la Unión Europea, en lo puramente político, no acaba de definir su identidad.

Tal es así que duda cada vez más. Reintroducir las fronteras interiores y los correspondientes controles surge ahora como alternativa a la vista de las reacciones de los gobiernos de Dinamarca, Italia y Francia, estos dos últimos acosados por radicalismos fundamentalistas y xenófobos en época de proximidad electoral. La dinámica racista parece haberse desatado. He ahí lo preocupante porque combatirla, con su tremenda carga populista, no es nada fácil y mucho menos si se asumen algunas de sus pautas, sobre el papel impropias del siglo XXI.

Pero que Schengen corre peligro es evidente y el debate sobre su revisión es de lo más importante en estos momentos para la Unión Europea. La coyuntura pone a prueba la vocación, el propio espíritu europeísta, especialmente el de algunos gobernantes. De ahí que resulte primordial si hay voluntad política para hacer efectiva la denominada cláusula de solidaridad del Tratado de Lisboa, en virtud de la cual se ofrece a los ciudadanos la posibilidad de recibir apoyo de la UE en caso de un ataque terrorista, de una catástrofe natural o de origen humano. Este último parece ser el caso. Finalizar la regulación del paquete de asilo, con un sistema de identificación y con un control común de requisitos de acceso, sería la medida complementaria de aplicación.

Partiendo del planteamiento de la profesora Rubio, estamos ante una opción para avanzar, para definir la identidad. Limitar el espacio de libre circulación, uno de los logros de la Unión Europea, puede ser un paso atrás acaso irreversible.

lunes, 16 de mayo de 2011

EMPLEO SUBTERRÁNEO

En los Apuntes de la última edición hablamos de economía sumergida, del impacto de algunos datos extraídos de un importante estudio científico no sólo en los globales del Producto Interior Bruto (PIB) sino en la capacidad de generar empleo y en la fiscalidad misma. Posteriormente, responsables gubernamentales han hecho declaraciones públicas en las que reconocen la necesidad de desarrollar un plan que favorezca la superación de vicios, permisividad y enquistamientos para lograr una economía más estable y transparente, sobre todo, más ajustada a la realidad.

A la espera de que se confeccione y se aplique ese plan configurado como ley, que afloren cifras de economía sumergida -un lector sugiere que empleemos también el término subterránea- es ya un primer paso para entender mejor la necesidad de invertir ciertas prácticas y tendencias. Si hablamos de propiciar y buscar oportunidades para salir de la crisis, hay que empezar por erradicar comportamientos que mucho tienen que ver con la picaresca y el fraude. Porque, de alguna manera, todos salimos perjudicados.

Y como Canarias tampoco escapa a los efectos de esta lacra -no sólo el paro debe encabezar los infortunios y la desazón de gobernantes y gobernados: ésta es otra materia para preguntar en encuestas-, hay que estar muy atentos a los recientes estudios realizados por técnicos del ministerio de Hacienda (Gestha) que arrojan conclusiones llamativas, especialmente las referidas a desempleo.

Por ejemplo: el empleo sumergido en la Comunidad Autónoma -es decir, trabajar sin que conste en algún lado; pagar y cobrar contraviniendo principios elementales- roza el diez por ciento del PIB generado y supera los 3.900 millones de euros anuales, casi dos puntos por encima de la media nacional. Vayan quedándose con las cantidades. Por provincias, Santa Cruz de Tenerife oculta un mayor empleo irregular, con 2.340 millones de euros al año, en tanto que Las Palmas registra 1.596 millones de euros también en un año. Los técnicos de Hacienda cifran en un 28,7% el PIB subterráneo en las islas, lo que significa unos 11 millones 652 mil euros, de los que casi 4 millones corresponden al fraude laboral.

Independientemente de la aprobación de la ley, orientada, entre otras cosas, al afloramiento y control del empleo manifiestamente irregular, sería bueno que una potente iniciativa de comunicación sensibilizara al personal a este respecto, comenzando por los propios agentes sociales que hace pocas fechas, por cierto, rubricaron y posaron con el Gobierno autónomo para expresar su voluntad de readaptar un plan por el empleo y la sostenibilidad. Un plan que nace con la legislatura agotada, con un ejecutivo ocupado en otros menesteres y sin consignación presupuestaria; por lo tanto, con legítima incredulidad. Aquí, o juegan todos con voluntad, decisión y reglas para ser cumplidas, o se rompe la baraja de tanto defraudar.
Porque el estudio de los técnicos de Hacienda señala con claridad más cifras significativas hasta el punto de que, según concluye, “la implantación de unas políticas adecuadas que redujeran en diez puntos la tasa de fraude en Canarias -hasta el nivel de los países europeos más desarrollados-, permitiría recaudar cada año más de 500 millones de euros adicionales procedentes de las cuotas a la Seguridad Social en la Comunidad, y más de 13.000 millones de euros a nivel nacional”.

En otras palabras, difícilmente se podrá hablar en serio de fomento de la empleabilidad y de la emprendeduría, o de modernizar y optimizar los recursos públicos, si no se pone coto a cuantas irregularidades no sólo acrecientan la fractura del mercado laboral sino que distorsionan notablemente la productividad y su interrelación con todos los elementos que la integran.

Para ello se requiere también más formación. Pero esa, después de tantos años, parece -no: es- una prédica en el desierto.

(Publicado en Tangentes, número 35, mayo 2011)

sábado, 14 de mayo de 2011

MONTSE MARTÍNEZ, ENTRE LA LOCUCIÓN Y EL TEATRO

La ausencia de la ciudad a lo largo de la semana produce, de vez en cuando, sorpresas por alguna noticia o algún hecho desconocido del que nos enteramos al cabo del tiempo con el natural estupor. Es lo que ocurrió con el fallecimiento de Montserrat Martínez, Montse, a quien conocíamos desde los lejanos tiempos en que formó parte del primer plantel de locutores de Radio Nacional de España en Canarias y cuando nos pasábamos los veranos del bachiller con su hijo Plácido.
Montse ya había ejercido en pleno romanticismo del medio radiofónico, en Radio Club Tenerife, a la que siempre llevó en el corazón, según contaba. Su predilección por el teatro le llevó a interpretar varios papeles en obras que eran cuidadas con esmero ante los micrófonos y había que emplear los métodos más insólitos para producir los efectos especiales. Montse, que hablaba inglés perfectamente, era la voz delicada.
José Antonio Pardellas la conoció bien y por eso se refirió a ella con admiración en un emocionado testimonio tras su muerte. Y contó por enésima vez la célebre anécdota: en una obra teatral radiofónica que se emitía tradicionalmente en época navideña, se requería la voz de un niño para que exclamara en determinado momento “Merry Christmas” y “Happy new year”. Montse llevó a un Plácido pequeñito que, bien aleccionado, dijo esas frases con primoroso sabor infantil e inglés, mientras ella lucía orgullosa su maternidad. En su libro dedicado al medio, por cierto, Pardellas ha insertado comentarios y un par de apariciones fotográficas.
Con gran sensibilidad cultural, siempre estaba atenta a cualquier convocatoria y a cualquier creador joven que exponía su obra. Una tarde, con el malogrado Paco Afonso, intercambiamos criterios sobre los memorables bandos de Enrique Tierno Galván. Asistió con alborozo a la creación y puesta en marcha de la Universidad Popular Municipal que años después, tras el suceso de La Gomera, lleva el nombre del que fuera el primer alcalde portuense de la democracia.
Y también siguió muy de cerca el nacimiento del taller de teatro ‘La Recova’, junto a Elsie Ribal y Matilde Perera. Ahí aportó su experiencia y su saber, tan cultivado en aquellas clases de oratoria y declamación que recibió e impartió.
Montse Martínez se ha ido en silencio, como las buenas actrices que interpretan sus papeles sin estridencias. La recordaremos como una buena mujer y como una excelente locutora, como una enamorada del teatro y como una persona comprometida con la cultura a la que siempre le parecía poca cualquier iniciativa que se promoviera para su enriquecimiento.
Hasta siempre.

martes, 10 de mayo de 2011

¿DE QUÉ CRISIS HABLAN?

La crisis no afecta a los partidos políticos -especialmente a alguno, como Coalición Canaria- según se desprende de los recursos propagandísticos visibles empleados -los invisibles deben ser también de nivelazo- en la campaña. La campaña que ya no es tan átona, por cierto.
Carteles, 'cedés', qué derroche de soportes, cuánto gasto... La vida sigue igual en esta campaña electoral a cuya fase preliminar frenó la ley que impedía el festín. Habrá que agradecerlo. Se creía que las circunstancias y las carencias iban a contener el gasto de las organizaciones políticas pero se ve que hay para todos. No es de extrañar que se repita aquel episodio (auténtico) de los años noventa: ejecutivos de un partido se presentan en una empresa de comunicación para contratar unos espacios publicitarios y la gerencia les dice que no, que es imposible, que no queda hueco para los contenidos informativos, que están a tope y que tanta emisión de la misma marca puede ser contraproducente ya que terminarían identificándoles con esa organización. Réplica de los ejecutivos:
-Pues entonces pagamos para que no se emitan inserciones de tal partido.
Ni recesión ni gaitas. Por si fuera poco, menudean las denuncias de parte y parte por utilización de medios públicos o institucionales, humanos y materiales. Cuando se creía que la situación económica iba a frenar o a contener el gasto de las organizaciones políticas, se aprecia lo contrario, Insaciables, es que son insaciables.
Y ojo, en algunos casos quienes hablan de que la cosa está fatal y critican al adversario olvidándose de su actuación en las competencias que les son propias son los mismos que ahora no tienen el mínimo empacho gastando -mejor:despilfarrando- en música, luz y alegría, que ese era el eslógan publicitario en los festejos populares antes de la restauración democrática. Hasta en la web de algún club deportivo aparecen ‘banners’ publicitarios.
Habrá que preguntarse si los dirigentes de las organizaciones políticas se habrán planteado un freno acaso temiendo la reacción de los ciudadanos o creyendo que derroches así aumentarían el rechazo a los políticos. Mucho nos tememos que esos bollos son para otro horno.
Pero que no se extrañen de que haya ciudadanos hartos que repudian este festín, ciudadanos a los que molesta tanto desprendimiento. Sería interesante que algún día se supiera el volumen inversor en propaganda electoral, tan sólo -aunque suene demagógico- para saber cuántas contrataciones laborales pudieron formalizarse con un porcentaje de ese volumen. O más fácil: para mitigar o impedir la agonía de organizaciones no gubernamentales o asistenciales que han tenido que reducir prestaciones y capacidad de empleo porque “la cosa está fatal”. Y es verdad que ellas la padecen.
Pero nada: la vida sigue igual. Es la moviola en Canarias de cada cuatro años. Y eso que, decían, había menos grasa para que funcionara.
¡Cómo será cuando abunde de nuevo!
¿Crisis? Pero ¿de qué están hablando cuando emplean ese vocablo?

lunes, 9 de mayo de 2011

¡AY, EL MITIN!

En la que se intuía iba a ser una campaña electoral dominada por la atonía, resulta que no. Que los partidos rivalizan en informar sobre el alcance cuantificado de su capacidad de movilización, esto es, número de personas -más o menos exagerado o inflado- que asisten a sus convocatorias, preferiblemente actos públicos. Se creía que la crisis y el desencanto eran tan grandes que el ciberespacio iba a ser un inmenso refugio donde atiborrar de mensajes y, sobre todo, de imágenes. Hasta los más profanos ya saben algo de redes sociales: algunos candidatos han aprendido sobre la marcha a desenvolverse con el teclado y las entradas mientras que los más experimentados se permiten el lujo de transmitir en directo actos, debates y sus propias intervenciones.
Los nuevos enfoques, el empleo de las nuevas tecnologías, la política 2.0… Antes se entregaban trípticos y alguna publicación, postales, chapas y otros adminículos. Ahora se reparten ‘cedés’ y bolígrafos por los buzones de las viviendas. Y eso que andamos en plena contracción económica. Algunos que echan la culpa de la recesión a otros y hasta hace pocas fechas insertaban en sus discursos la frase “hay gente que lo está pasando mal”, ahora alardean de poderío y no se recatan con tal de exhibir su potencial. Ni los riesgos de ser contraproducentes les asusta. Pero del derroche, o de cierto derroche, nos ocuparemos otro día.
Ahora, en hablando de desequilibrios, hay que hacerlo del mitin clásico, de ese modesto acto político que se convocaba en plazas de barrios, en polideportivos, en sedes de asociaciones y en espacios a veces insólitos que servía, sobre todo, para dar a conocer a los miembros de una candidatura y para escuchar a candidatos a otras instituciones. Dicen que la fórmula está agotada, que se molesta a la gente y que siempre van los mismos. Que, por consiguiente, no merece la pena organizar o convocar. Que no sirve para nada. O que con uno o dos, es suficiente.
Se olvidan los partidarios del no que ese contacto o esa cercanía es primordial para mucha gente que quiere ver de cerca al representante de su distrito, a la hija o al nieto de algún vecino, de algún familiar o de algún amigo que le han dicho que se presenta. Replican diciendo que con las visitas a los bloques de viviendas o a las casas, en un ‘puerta a puerta’, con la asistencia a algún acto, también es suficiente. Que ya la ciudadanía tiene bastante con las televisiones locales y como todo el mundo dispone de ordenador, pues al instante o en el sitio que prefiera se entera de lo que pasa y de lo que se ofrece.
Pero ‘todo el mundo dispone de ordenador’ no es un axioma. Hay casas donde no se conoce o no se tiene. Y por ahí se rompe la cuerda, claro. Porque, ¿qué hacer con quienes no acceden a esa tecnología por edad, por la razón que fuere? ¿Se les condena, se les arrincona, se les niega la información o la explicación de campaña? ¿No sería una forma de exclusión?
Pues sólo quedan los mítines, las pequeñas concentraciones humanas, con un atril doméstico, un par de focos, un fondo de pancarta manual y un rudimentario equipo de megafonía para seguir dando cobertura y paliar las carencias del modernismo. Como que se echa de menos el calor y el ambiente de esos actos políticos, anunciados con octavillas o con un coche equipado con altavoces recorriendo desde por la mañana las calles del barrio. Los aplausos, el abrazo, la primera intervención pública, las ocurrencias, el ataque y la defensa desde los planos más cortos, la curiosidad, la expectativa, el recuento… Las intervenciones cortas y simpáticas; las otras que eran un coñazo; las que alguien grababa a hurtadillas… El orador brillante, la bisoñez dialéctica, la verborrea demagógica…
Todo eso no lo dan las redes sociales, por mucha interactividad que desplieguen. Por esas inmensas autopistas como que se enfría la cosa. Se enfría y hasta se deshumaniza la campaña.
¡Ay, el mitin! No lo entierren del todo

viernes, 6 de mayo de 2011

PINO, LA SAMARITANA

Hay personas que ejercen de samaritanas, esto es, ayudan a otras desinteresadamente y sólo nos damos cuenta de su valor con el paso del tiempo. Es el caso de María del Pino Pérez Hernández, asistenta social durante más de treinta años en el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz a quien hoy rinden un homenaje en el Liceo Taoro de La Orotava. No es sólo tal ejercicio que, en todo caso, deriva de la función profesional que ha escogido o le han encomendado, sino el cumplimiento de responsabilidades en el cada vez más complejo mundo de los servicios sociales, una de las materias que más ha evolucionado y tecnificado en los ámbitos de la administración y que comporta unas exigencias cuya satisfacción no es nada sencilla.
Las responsabilidades que empiezan por escuchar los problemas, las penurias y las circunstancias de necesidad que transmiten las personas que no tienen otra referencia ni otro desahogo que el área o departamento de servicios sociales de un ayuntamiento. Luego siguen por el estudio y el encauzamiento de una posible solución: desde no disponer de vivienda a no tener recursos para abonar el alquiler, pasando por las cuatro exiguas paredes en muy deficientes condiciones. Están los otros problemas: los de atención sociosanitaria, los de una intervención quirúrgica pendiente, los de un ingreso hospitalario que no se consuma, los de una menor embarazada, los de ayuda a discapacitados, los tratamientos a toxicómanos, los de carencias alimentarias, los de rupturas familiares traumáticas, los de convivencia convulsa, los de hijos inadaptados, los de malos tratos, los de tramitación de pensiones o ayudas…
De todo eso, de estos dramas, sabe mucho Pino, a quien hemos visto llorar cuando las colas de personas que demandaban sus servicios desbordaban las dependencias municipales, aún finalizada la jornada laboral. Ella seguía allí, como si de una doctora o de una psicóloga se tratara. Probablemente, administrando la terapia del consuelo y del ánimo; probablemente transmitiendo el único aliento que los necesitados podían encontrar después de haber recorrido mil y un lugares o haber agotado toda esperanza. Incluso, en los hogares de los afectados, a donde se desplazaba sin reservas. Pino ha conocido las interioridades de centenares de familias portuenses y a todas ha procurado ayudar en la medida de sus posibilidades, en lo que estuviera a su alcance, pese a que hubiera causas imposibles o que los repetidores de las demandas perseverasen a sabiendas de que no se había producido variación de la última contestación que pudo haber sido, acaso, cuarenta y ocho horas antes.
La necesidad más acuciante, desde luego, fue o ha sido la vivienda. Pino ha sabido de los apremios y de las presiones, de las necesidades imperiosas y puede que de algún aprovechamiento. Ha conocido de frustraciones y de los contentos tras un largo proceso de espera. Ha baremado, ha explicado, ha pedido certificaciones y papeles que faltaban, ha informado, ha incorporado a ultimísima hora y ha sufrido también los disgustos y los dicterios de quienes, en algún proceso, de promoción pública o de protección oficial, no resultaron adjudicatarios y la señalaron, injustamente, culpable.
Pino ha conocido desde dentro la tremenda transformación experimentada en su especialidad. Y ahora, después de tantos años, cuando llega el momento de su jubilación, sus hijas y sus compañeros, amistades y allegados, quieren transmitirle todo el afecto y todo el respeto que ha sabido granjearse con su entrega y con su nobleza. Porque éstas han sido las dos cualidades que adornan su trayectoria profesional y su propia existencia.
Una funcionaria cabal, desde luego. Atenta, leal y servicial. La funcionaria que llegó procedente del jardín de la infancia del Cabildo Insular y que fue pionera a la hora de reivindicar derechos como el de la licencia por embarazo, cuando eso de los derechos era todavía una asignatura de la que apenas existían nociones. Ese papel de valedora lo prolongó luego, toda su vida profesional, con naturalidad y sin estridencias, haciendo efectiva la solidaridad precisa, como saben bien sus compañeras que contrastaron sus desvelos, en los tres primeros mandatos municipales democráticos, para contribuir a consolidar la red de servicios sociales del Puerto de la Cruz cuyo modelo sería luego asimilado por otros ayuntamientos españoles.
Y por encima de todo, una mujer encantadora, esposa y madre ejemplar.
Pino, la samaritana.

jueves, 5 de mayo de 2011

SIN PREGUNTAS, NO

Eso de convocar conferencias de prensa y no admitir preguntas va a costar muy caro para quienes lo pongan en práctica. Eso sí: cabe confiar en una respuesta unitaria de medios y profesionales, en forma de boicot, o sea, no acudir y no cubrir la convocatoria. Esa respuesta es crucial si se quiere erradicar una fórmula reprobable y que limita, cuando menos, la libertad de información. Quien no admita interrogantes en un acto informativo, que no lo convoque, que envíe un comunicado. No es la alternativa ideal, no favorece plenamente la información pero es mejor antes que limitarse a leer y despedirse cortésmente.
La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha tomado la iniciativa después de que numerosos profesionales participaran en una red social oponiéndose a este tipo de comparecencias. El presidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Iñigo Urkullu, es el último en realizarlo. La presidenta de la FAPE, Elsa González, ha sido tajante: “Si cedemos, acabarán dañando la libertad de información”. Los límites al ejercicio del periodismo, en plena eclosión de la sociedad del conocimiento, no sólo no están bien vistos sino que pueden dañar los pilares de la convivencia de la convivencia democrática y plural. Cierto -por decirlo todo- que hay algún periodismo igual de reprochable que la fórmula que se está criticando pero eso es parte de los gustos, preferencias o credibilidades de cada cual. Igual que no se espera que un periódico conservador dispense un tratamiento ecuánime o equilibrado a un hecho o cargo público progresista, tampoco es positivo que el lector, el radioyente o telespectador se vea privado de lo que, un suponer, interesaba saber en ese momento por parte del medio.
Hacia las organizaciones políticas apunta la FAPE. Cuando la precampaña electoral está poniendo en evidencia muchas cosas, algunos creen que lo mejor es no exponerse a preguntas incómodas o difíciles que den lugar a respuestas que se interpretan o se prestan a menciones negativas. Eludir las preguntas en directo, on line, no es un timbre de plenitud ni distinción informativa para quien lo practique. Leer la declaración es importante, es el testimonio directo de viva voz e imagen, pero no basta. Es como una invitación al pensamiento único o el déja vú de aquella unidad de acción o imagen tan rígida de tiempos pretéritos.
La recomendación de la FAPE es clara: rechazar las convocatorias que vengan condicionadas por “preguntas, no”.
Ahora sólo hay que cumplirla.

miércoles, 4 de mayo de 2011

MODULAR EL TRIUNFALISMO

Llegan los meses malos de mayo y junio para el turismo, el tradicional bajón, principalmente para algunos destinos. En los países emisores se siguen dando las mismas circunstancias: final del curso escolar, declaraciones fiscales, la primera fase de las vacaciones se hace en territorio propio... Lo de ritual.
Por lo tanto, no son de extrañar los vaticinios de que será un período difícil que otros años se timoneaba con obras y arreglos en establecimientos y en algún momento, hasta con cierre, a la espera de que llegara la temporada veraniega y venga a aprovecharla.
Pero adversidades estacionales aparte, se trata de contrastar la recuperación del sector, consecuencia de las revueltas populares en países del Magreb y Oriente medio y ahora, probablemente, de la inestabilidad surgida en el corazón turístico de la nación vecina tras un atentado que se ha cobrado vidas humanas.
La recuperación ha sido un hecho durante el primer trimestre del presente año, según se congratulan políticos responsables que, sin embargo, poco o nada dicen del pobre reflejo en el mercado laboral del primer sector productivo. Pobre porque no parecen crecer las contrataciones de trabajo, siquiera temporales. Hasta el mismísimo presidente del Gobierno de Canarias -con plenas competencias en la materia, hay que volver a recordarlo- pidió públicamente un tirón a los empresarios. Estos, en rápida respuesta, dijeron que aún era muy pronto e insuficiente para que se notara la repercusión favorable. Algunas centrales sindicales han reaparecido con acento reivindicativo.
Sobre el papel, es fácil deducir: a mayor afluencia, mayor ocupación. A más clientes, más servicios. A más prestaciones, más mano de obra. Sin embargo, la cadena se quiebra por alguna parte, justo la que no dinamiza el empleo al menos en cantidades apreciables que certificaran esa recuperación.
Y entonces, el triunfalismo -aún apremiado por la proximidad electoral, tiempo que exige la transmisión de buenas noticias- debería modularse. El triunfalismo y las expectativas porque las coyunturas pueden volver a ser desfavorables a poco que las zonas en conflicto recuperen la normalidad (Egipto, por ejemplo, está ofreciendo como reclamo, casi gratuitamente, las estancias). Atención también, en este mismo sentido, al retroceso que se registra en el mercado peninsular, con una bajada del 14 por ciento (algo más de 223 mil visitantes) en los tres primeros meses del año.
Hay que congratularse, en cualquier caso, de los efectos positivos de la conectividad aérea, además de la calidad del destino y de la satisfacción que embarga a los clientes para motivarles a una repetición en otra época del año.
De modo que hay que perseverar y seguir corrigiendo, ahora que es tiempo de bonanza. Porque algunos problemas no han desaparecido y porque la evolución de mercados y tendencias obliga a estar muy alerta, antes de que la baja competitividad y otros factores vuelvan a causar estragos y los nubarrones de la incertidumbre tiñan el horizonte de pesimismo.

martes, 3 de mayo de 2011

INQUIETANTE INSENSIBILIDAD

No es noticia que convocatorias sindicales con motivo del 1º de mayo se salden con magras respuestas, con bajos índices de asistencia que, de inmediato, alegran a los antisindicalistas que se apresuran a destacar el hecho, jaleado, faltaría más, en algunos medios de comunicación cuyas empresas igual no se caracterizan, precisamente, por una ejemplar defensa de sus trabajadores.

La noticia es que no haya convocatorias, como ha ocurrido en el Puerto de la Cruz donde la progresiva destrucción de empleo y la perseverante protesta de empleados públicos -es llamativa su resistencia, desde luego- a cuenta de unos notables recortes en su convenio colectivo han pasado inadvertidos en la conmemoración anual de la festividad del trabajo, la misma a la que quiso sumarse el Partido Popular cuando olfateaba y tocaba poder allá en la segunda mitad de la década de los noventa para luego no acordarse, si es que alguna vez la vio, siquiera de lejos, olvidándose de su papel más cercano al de patrones o prebostes de las clases más pudientes.

Y ese es el problema: que en lugares donde menudean el desempleo y la conflictividad, donde las incertidumbres que penden sobre un determinado sector productivo se acentúen, no haya un ánimo reivindicativo, no haya quien active una concentración o similar para que, al menos, se mantengan en pie algunos valores y no se apague del todo la llama de la legítima lucha por la superación de las desigualdades.

Esa indolencia es preocupante. Se puede entender el conservadurismo, el temor a perder el puesto de trabajo pero, de ahí a no cultivar las esencias o hacer escuchar la voz que permita identificar las esencias de la clase trabajadora, media un abismo, cada vez más hondo.

Por seguir en la ciudad turística: desde la Transición política, el 1º de mayo fue simbólico hasta el punto de que era la localidad escogida para llevar a cabo la principal actividad social de la jornada. Los trabajadores lucían pancartas y banderas y llegaron a organizar caravanas de vehículos que recorrían los municipios del valle hasta culminar en un acto público en el que intervenía algún político o alguna figura destacada. Luego fueron introduciéndose elementos lúdicos o festivos y la conmemoración adquirió otro enfoque: la condición de día feriado y la proximidad de la fecha fundacional de la ciudad influyen lo suyo para que el personal opte por el descanso, la escapada o lo que sea antes de estar presente en alguna convocatoria, ni siquiera en la víspera. Por eso ya ni se escuchan los voladores mañaneros anunciadores de la celebración ni se organizan caravanas ni hay una breve declaración de los partidos de izquierda o progresistas. Apenas unas decenas de militantes y familiares cercanos a la agrupación socialista portuense recuerdan a los fallecidos y ponen flores en los bustos de dos de sus alcaldes. Hay que agradecer, desde luego, que se mantenga esa tradición. ¡Cómo todo se va perdiendo! ¡Cómo se van a rincones de la historia tanta lucha y tantos esfuerzos!

La culpa es de los propios trabajadores, de quienes se han abandonado o se han contagiado de esa indolencia que alcanza el pasotismo más reprobable. Los jóvenes no saben ni quieren saber de estas cosas. Pese a que les afecte en gran medida la dificultad de acceder al mercado laboral.

Esta es la noticia: que una fecha tan simbólica y tan significativa, una fecha que representa lucha y reto, disconformidad y ganas de mejorar lo que no está bien, no se celebre. Inquietante insensibilidad.

lunes, 2 de mayo de 2011

INMENSA OBRA INFORMATIVA

Cuarenta años ha cumplido Telecanarias, el espacio informativo de Televisión Española en Canarias que es, sí mismo, la crónica audiovisual de etapas y hechos trascendentes de la historia del archipiélago. Directores, realizadores, redactores, locutores, operadores… se han ido sucediendo en la edición puntual de un noticiario que durante muchos años fue, prácticamente, la única ventana de imágenes de las islas. Ha sido el suyo, desde luego, un papel determinante para entender el por qué de muchas cosas de nuestro peculiar territorio al que, junto con Radio Nacional de España, ha contribuido a acercar, vertebrar y cohesionar.
El Telecanarias es el ejemplo claro de la evolución mediática, principalmente de la televisiva. Quienes recuerden aquellas incipientes emisiones -en blanco y negro, por supuesto- de mediados los años sesenta del pasado siglo, hasta que cuajó formalmente la primera edición de este programa, saben que cada paso era una conquista. El pleito también había influido, de modo que los servicios públicos estatales quedaron equitativamente distribuidos: la televisión en Gran Canaria y la radio, en Tenerife. Por supuesto, no faltaron interpretaciones y juicios críticos sobre la desigualdad de tratamientos, sesgos y favoritismos, atribuidos a cada medio, pero especialmente a Televisión Española en Canarias.
En aquellos años, antes del Telecanarias, en Tenerife se hacían las informaciones filmadas, utilizando el soporte de 16 milímetros, y luego se enviaban por avión a Las Palmas. Son los años de José Antonio Pardellas, Luis Zárate, Carlos Pablo, Rosi Jorge o Pascual Calabuig -que se automaquillaban, por cierto- leyendo ante las cámaras. Juan Pablo Salinas estaba haciendo un encomiable trabajo de aglutinar la información superando las limitaciones tecnológicas de entonces: él fue quien concibió el Telecanarias, mientras César Alonso dirigía el centro de producción, ya localizado en la plazoleta de Milton de la capital grancanaria. Son los años del “adelante telecine” y del teleproceso, de las cámaras rígidas y del formato en una pulgada.
En Santa Cruz de Tenerife, las dependencias estaban en la primera planta -cuando pegaba el sol, era tremendo el calor y la refrigeración, muy escasa- del edificio de la calle San Martín. Allí hicimos pinitos, sustituyendo en sus períodos vacacionales a Calabuig, Paco Alvarez y Nanino Díaz Cutillas, cuando trabajábamos información deportiva. Mauricio Barreda, que ejercía de director, tras los saludos de rigor, nos dio la primera lección, de un laconismo asombroso: “Usted encargue la cobertura al cámara, mire los tiempos que le indica el realizador, redacte el texto y edite con su propia voz. Por supuesto, la información debe ser de las dos provincias”. Así fue como aprendimos, desde dentro y durante los veranos de 1977 y 78, los primeros secretos televisivos. Esa fue nuestra modestísima aportación a un programa que ha cumplido cuarenta años y sigue siendo, pese a los vaivenes de las audiencias, una referencia informativa para todos los canarios, buena parte de cuyo quehacer ha quedado recogido en las imágenes que deben constituir, por cierto, un riquísimo archivo, acaso la mejor fuente audiovisual de la memoria colectiva de esta tierra a cuya identidad y proyección, a cuyos avances sociales, ha contribuido con aciertos y errores, pero siempre con el sagrado principio de corresponder al servicio público y de informar puntualmente en un lugar donde, por múltiples razones, nunca ha sido fácil hacerlo. Al cabo de cuarenta años, puede que lo de un riquísimo archivo se quede corto. Es una inmensa obra informativa.