viernes, 26 de octubre de 2018

TORREÓN Y TEMPLETE


Es frecuente leer o escuchar el lamento de los portuenses a propósito de su pasado esplendoroso (que no se va a volver a repetir y menos mientras no inviertan más en creatividad) y de la deficiente conservación de su patrimonio. Las estampas actuales de algunos monumentos y de algunos inmuebles, reflejo del abandono y de la desidia, ponen de manifiesto la escasa sensibilidad de los ciudadanos de la localidad con su historia y con su patrimonio. Valgan como ejemplos el torreón de la Casa Ventoso (antiguo colegio de los padres agustinos) y el templete de Lomo Nieves, localizado en la parte superior del polígono El Tejar, cerca de Las Cabezas, e incluido, si no ha habido variaciones, en el conjunto histórico del término municipal.
            Y eso que el pleno del Ayuntamiento aprobó en el presente mandato, por unanimidad, la creación de un consejo municipal para la defensa y promoción del patrimonio histórico. Se pretendía poner en marcha un órgano asesor que “coordine y priorice actuaciones y al mismo tiempo articule actividades para el fomento, promoción y difusión del patrimonio histórico del Puerto de la Cruz y su aprovechamiento para ciudadanos y turistas”.  Parece que no se haya avanzado mucho en la materialización de este acuerdo por lo que todo da a entender, pese a los entusiastas intentos del colectivo Maresía y de algunos profesionales casi a título individual así como las decisiones que en este ámbito haya tomado el Consorcio de Rehabilitación Turística, que seguimos como estábamos antes del referido acuerdo.
            Argumentamos en su momento tanto la oportunidad como la necesidad de ese consejo. Se trata -y se trata- de frenar el deterioro de una parte considerable del acervo patrimonial portuense y de una sensibilidad contrastada para evitar la pérdida de valores que, en el fondo, son representativos de la identidad urbanística del municipio. Si, además, no se es capaz, en medio de un clima de progresiva indolencia, de atajar las huellas de un paisaje urbano revelador de un abandono que parece incontenible y de una inacción que solo conduce al desastre, la realidad es muy poco favorable. Ni señas de identidad ni atractivos. Hay que ser conscientes de que como crecer o innovar es muy difícil, hay que invertir en el conservacionismo y mantenimiento de lo poco que queda. Otro ejemplo: ahora que están remozando las calles peatonales Iriarte y San Juan, resultará penoso encontrarse con el inmueble del antiguo museo naval que llevaba el apellido de los fabulistas no solo cerrado sino en el mismo estado de abandono.
            Pensemos en que esto es el bien común, esto es de todos. Luego, la respuesta debe ser transversal. Admitiendo que la cuestión no es fácil, aquí hay mucho de civismo, de pedagogía y de sensibilidad. Pero los poderes públicos deben exponer abiertamente una voluntad nítida si es que pretenden motivar y estimular a los actores sociales. Tienen que mostrarla en busca de respuestas eficaces, ejemplarizantes y sostenibles.
            El torreón de la Casa Ventoso, cuya construcción data del siglo XVIII, y el templete o mirador de recreo de Lomo Nieves, antiguo Sitio Luna, edificado por la familia Renshaw a finales del XIX, bien merecen algo más que gestos de desaprobación por su evidente desidia.
             

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