jueves, 10 de noviembre de 2022

AL BORDE DEL COLAPSO. A LLORAR AL BARRANCO

 La cuerda se está estirando hasta el límite. Llegará el momento en que el bloqueo o el colapso en las carreteras tinerfeñas será absoluto. No hay día sin queja de conductores ni usuarios, como tampoco lo hay sin noticias de atascos en determinados puntos, de kilómetros de cola, de choques aparatosos y de tardanzas desesperantes.

El problema es latente, sustanciado en que han pasado años durante los que hemos contrastado que las carreteras siguen siendo prácticamente las mismas mientras el parque automovilístico sigue creciendo sin cesar, en tanto no han sido adoptadas –ni siquiera título experimental- medidas complementarias que sirvieran para mitigar el problema y aliviar la cada vez más pesada carga que significa un trastorno considerable de comportamientos y hábitos. Es fácil deducir, cuando menos, una alteración de ánimo de los conductores que sufren el atasco suyo de cada días o de los usuarios del transporte público que han de aguantar estoicamente –incluso de pie en desplazamientos de localidades del interior- desplazamientos que se hacen interminables y frustran desde tomar un vuelo, asistir a un juicio, hacer un examen, cumplir con una consulta o cita previa en el ámbito sanitario o administrativo, enlazar con otra localidad, o simplemente, asistir al trabajo o a una clase en el turno correspondiente.

Así las cosas, la paciencia está más que agotada como para cree que esto es cuestión de creer que, incrustándola en el debate político, puede haber atisbo de solución.

Pues no, esto no tiene solución, aunque suene crudo, mientras los partidos políticos y sus representantes institucionales no hagan tabla rasa y firmen un gran acuerdo sociopolítico que incluya en la primera línea de sus programas de equipamientos o infraestructuras viarias un propósito claro y claramente redactado de que completar la red viaria es un objetivo irrenunciable y prioritario, al que hay que dedicar todos los esfuerzos y todos los recursos que pongan fin a este verdadero suplicio que es un desplazamiento por carreteras de Tenerife.

¿Dramático? ¿Drástico? ¿Radical? ¡Qué va! A estas alturas, latente el problema, sin soluciones a corto plazo, conscientes de lo que significa y entraña acometer un plan integral y afrontar su desarrollo, habiéndose elevado hasta niveles máximos el desquiciamiento de conductores y usuarios, no cabe mucha tibieza que digamos.

Lo que sí procede es racionalidad. Para explicar a la ciudadanía, por ejemplo, que las soluciones para carreteras (insuficiencia, dotación y hasta reparación) no se realizan  en un año o dos, por muy deprisa que se vaya. Tan solo, tengamos en cuenta cinco fases básicas: planificación, proyección, tramitación y ejecución. Cuando el ciclo se complete (si no hay distracciones, demoras, oportunismos políticos, colisión de intereses y circunstancias varias) habrán transcurrido no menos de ocho años. De modo que no son descabellados algunos pronósticos leídos recientemente y que sitúan en 2028 o 2029 el horizonte de la hipotética solución.

Para entonces el parque automovilístico seguirá creciendo y si no se adoptan medidas orientadas al uso y  fortalecimiento del transporte público ni se modifican algunos hábitos y regla sociales, mucho hay que temer que las circunstancias de ahora mismo, finales de 2022, se agraven o se intensifiquen para el horizonte antedicho.

La isla, norte y sur, tiene una carga que se va haciendo insoportable. Y como la capital va a lo suyo, a sus problemas, es normal y lógico que las dos franjas luchen con tal de pedir lo que entienden que les resulta vital. Una pregunta, sencillamente: ¿podrá el sector o la industria turística resistir que los visitantes deben ser advertidos de lo que les podría suceder en un desplazamiento para tomar un avión que les transporte hasta sus puntos de origen?

Esto no es dramatismo si se sigue construyendo y aumenta el número de rutas guiadas y crece la flota de vehículos de alquiler.

(Cuando escribíamos la entrada, se conoce el acuerdo de que el pleno del Ayuntamiento de La Laguna rechaza la ejecución de la vía exterior, una variante de la TF-5, que va desde Tacoronte a La Laguna, concebida para aligerar el tráfico rodado. Lo dicho: es que no tenemos remedio).

La cuerda, al límite.

Pero llorar, al barranco.

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