viernes, 18 de noviembre de 2022

LAS DERIVADAS DEL SELLO

Estarán al tanto de la emisión de un sello de correos con motivo del centenario del Partido Comunista de España (PCE), cuyo primer congreso se celebró en marzo de 1922. Tuvo su momento álgido tras la constitución del Frente Popular y por su papel en la guerra de España, cuando participó con varios ministros en el Gobierno de la República, derrotada en la contienda. Después, en el antiguo régimen, pese a las duras condiciones de clandestinidad, el PCE asumió un papel de motor de las organizaciones que lucharon por la democracia.

Días pasados, a la vista de los dimes y diretes que suscitaba la emisión del sello, se nos ocurrió una frase tan sencilla e inocua como esta, “que un sello de correos dé para tanto…”, la cual insertamos en la red social que frecuentamos y generó uno de esos hilos en los que se habla de todo, en este caso, menos del sello o de su aparición.

Y es que las expresiones utilizadas reflejan lo que luego contrastamos en las redes: polarización, discordia, mentiras, desconfianza… palabras que describen la actualidad no solo en la democracia española sino también en otras occidentales.

Efectivamente, tres profesores de la Universidad Carlos III, Antonio Gaitán, Javier Lorenzo y María Luego, han firmado un trabajo en el afirman que “nuestra esfera pública se desliza por una pendiente en la que la discusión razonada sobre el interés general va dejando paso a un circo posmoderno donde la perversión del lenguaje, la descalificación del adversario y los “hechos alternativos” lo contaminan todo”.

En su opinión, es evidente que internet y las redes sociales han deteriorado notablemente, tanto en el fondo como en la forma, la divergencia de opiniones o la discrepancia, de modo que así se acentúa la diferencia política, algo más que la rivalidad que, a estas alturas de la democracia, debería ser más sana. “En la actualidad –escriben- las dinámicas generadas en el espacio virtual nos alejan del debate informado, sosegado y con voluntad de entendimiento que, al menos en teoría, se presenta como signo distintivo de una democracia de calidad”.

A mediados del siglo pasado, el economista austríaco,  Joseph Schumpeter, el hombre que predijo el fin del capitalismo, una figura clave para entender la economía de hoy, anticipó que el gran problema de la democracia moderna, es que “los ciudadanos no están dispuestos a asumir el enorme coste de tiempo y el esfuerzo que supone estar bien informado sobre cada uno de los asuntos que ocupan el debate político”.

El caso es que ese fenómeno se da cuando más opciones hay, cuando vivimos en la sociedad de la información. Y cuando un sello de correos da para tanto.

 

  

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