domingo, 21 de agosto de 2022

En Nicaragua, el régimen sí sabe lo que hace

Claro que es oportuna y reveladora la cita bíblica empleada por el  cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes en el curso de una misa celebrada bajo vigilancia policial, después de que las autoridades prohibieran una procesión por las calles de Managua, "por motivos de seguridad interna".

"Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen", dijo Brenes lamentando las tensiones y la detención del obispo Rolando Álvarez quien lleva unas dos semanas retenido por la policía acusado de "desestabilizar el país". Álvarez, un fuerte crítico del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, emitió el pasado jueves desde el recinto de la Iglesia donde está retenido una misa online donde afirmó que se encontraba bien y a salvo.

En realidad, los prebostes del régimen nicaragüense sí saben lo que hacen y actúan sin escrúpulos. Desde la distancia, y con fuentes informativas limitadas y condicionadas, asistimos a un proceso de supresión de las libertades, a la consolidación de un régimen totalitario y a una convivencia -si es que quedan restos del desastre para poder seguir hablando de ella- condicionada y atribulada. 

Ortega -y su esposa, Rosario- han convertido los ideales de Sandino en papel inservible. Todavía recordamos una entrevista del gran Manolo Alcalá, de RTVE, en la víspera de una jornada electoral de los noventa, cuando era impensable la derrota del actual presidente quien ya destilaba en sus respuestas que difícilmente aceptaría un resultado desfavorable. El paso de los años y los hechos han constatado que el país avanzó hacia una dictadura, lejos del pluralismo ideológico, del respeto y la tolerancia. En las últimas elecciones, este mismo año, Daniel Ortega fue liquidando, uno a uno, con distintos métodos, a quienes eran sus adversarios. Damos por hecho que el Estado de Derecho es frágil en el país centroamericano.

Ni Ortega ni su esposa, Rosario Murillo, actual vicepresidenta -para que todo quede en casa- dejan pasar la oportunidad de sojuzgar al pueblo. Ya ni siquiera es en defensa de la revolución. Y a todo el que asome la cabeza y manifieste su oposición, se le apremia y se le persigue. Es lo que está sucediendo con la jerarquía católica del país.  

La detención del obispo Rolando Álvarez no ha sido la única medida que las autoridades han tomado contra la Iglesia Católica. A principios de mes, el Estado cerró siete emisoras de radio propiedad de la institución religiosa y detuvo a otra sacerdote de la misma diócesis. Los miembros de la comunidad afirman que todo esto se trata de una persecución contra la Iglesia.

¿Y qué hace la Iglesia? El pasado viernes el Vaticano se pronunció por primera vez públicamente sobre estas medidas. El observador permanente del Vaticano ante la Organización de Estados Americanos expresó su preocupación durante una sesión especial del consejo permanente del organismo.

Además, los miembros de esta congregación afirman que han escrito una carta al Papa Francisco para que interceda en la situación del país. Desde las fuertes manifestaciones de 2018, el presidente Ortega no permite grandes reuniones públicas que no sean afines al régimen y ha cerrado más de mil organizaciones no gubernamentales.

Entonces, es adecuada y oportuna la apelación, pero que nos perdone el cardenal. Las cabezas pensantes y los responsables del régimen sí saben lo que hacen,


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