sábado, 29 de mayo de 2021

LA OPCIÓN DEL TREN

 

La canción de Javier Gurruchaga (Orquesta Mondragón), “No voy en tren, voy en avión”, va a perder sentido.

La pregunta es si estamos ante el fin de los vuelos cortos. Es decir, siempre y cuando haya alternativas de menos de dos horas y media en tren. El debate está servido después de que Francia haya avanzado en la medida y esté a punto de aprobarla. La razón es fácil de entender: evitar los millones de toneladas de gases de efecto invernadero que se expulsan a la atmósfera en cada proyecto. ¿Es consecuente la medida? La controversia aflora con muchas incertidumbres justo cuando se palpa la grave crisis en el sector del transporte aéreo, como consecuencia de las restricciones sanitarias impuestas por países de todo el mundo para hacer frente a la pandemia.

Los franceses han sido los primeros, convencidos de que la iniciativa es viable para frenar el calentamiento global. Ya han hecho una primera selección: los vuelos desde el aeropuerto de Orly (París) a Burdeos, Lyon y Nantes, se verían afectados. En cambio estarían liberados los vuelos de conexión a través del aeropuerto Charles de Gaulle/Roissy, al norte de la capital francesa. Pero el proceso se adivina largo y complicado, no exento de sudor y lágrimas, incluso políticamente hablando. Recordemos que el Gobierno de Francia es el primer accionista de la compañía Air France después de una aportación de cuatro mil millones de euros para una recapitalización urgente. Y es que Air France oferta la mayoría de los vuelos que se eliminarían.

Eduardo Robaina, en lamarea.com, augura que España “acabará dibujando un futuro similar, sin aviones haciendo rutas intrapeninsulares”. El Gobierno de Pedro Sánchez también sabe lo que es rescatar al sector aéreo. Los casos de las compañías Air Europa y Plus Ultra. A la primera le fue concedido un préstamo de cuatrocientos setenta y cinco millones de euros; y a la segunda, otro de cincuenta y tres millones a través del Consejo Gestor del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. Asimismo, han recibido ayudas públicas Iberia y Vueling: mikl millones mediante un crédito sindicado. “A pesar de la clara contribución del sector aéreo al calentamiento global, el ejecutivo de coalición no ha impuestos condiciones climáticas a las compañías a cambio de los préstamos”, escribe Robaina.

En el informe España 2050, “una especie de hoja de ruta para transformar el país en los próximos treinta años”, se recomienda suspender determinadas rutas aéreas, en concreto, suprimir “los vuelos en aquellos trayectos que puedan realizarse en tren en menos de dos horas y media”. También se habla de introducir “la tasa de viajero frecuente o el establecimiento de impuestos sobre los billetes de avión, según la cercanía del destino”.

En fin, que si prosperan estos planes, los ferrocarriles se convertirán en un medio de transporte relevante. A ver cómo evoluciona la controversia.

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