sábado, 23 de junio de 2018

DAÑOS A LA IMAGEN TURÍSTICA LOCAL

Hasta cinco fechas ha barajado el gobierno local del Puerto de la Cruz (PP+CC) para la reapertura del complejo turístico 'Costa Martiánez', popular Lago. Ello demuestra que no se distingue por el sentido de la planificación (más grave al tratarse de una actuación puntual, doméstica, que se acomete cada año, casi siempre por las mismas fechas) ni por una sobresaliente capacidad de gestión. Hasta circuló un pareado días atrás en redes sociales: “El Lago tiene fecha de reapertura pero ayer no hay había llegado la pintura”.

La pintura está, por fin, y los trabajos siguen su curso, de modo que ahora es el jueves 29 cuando la instalación esté disponible en su totalidad. Cuentan que las escenas de malestar entre usuarios y turistas durante estas fechas de cierre se han elevado considerablemente.

Y esta es la consecuencia directa de la falta de planificación, de la descoordinación y de la pobre capacidad de gestión. El resultado es el deterioro de la imagen turística que baja muchos enteros. Y no es necesario insistir en el carácter emblemático de la instalación para la oferta turística, tanto en invierno como en verano. De ahí que insistamos con este problema después de haber sugerido un análisis autocrítico, serio y exhaustivo para gestionar el complejo.

El Grupo Municipal de Asamblea Ciudadana Portuense (ACP) ha sido muy crítico al respecto, al poner el dedo en las llagas de las deficiencias y del retraso en la ejecución de los trabajos con evidentes perjuicios para todos. Porque pensemos que las demoras y las prisas acarrean resultados poco favorables. En concreto, hay que dejar secar la pintura adecuadamente, tal como sugieren los parámetros de los fabricantes de la misma. Si no se hace así, sobreviene el deterioro y lo que es peor, se perderá la garantía de los fabricantes.

El caso es que habrá que aguardar una semana más. Pero no hay que echar en saco roto estas anomalías, estas demoras que dañan la oferta del complejo y de la propia ciudad. Al Puerto cabe exigirle, en algunas cosas, una cuaqlificación de sus prestaciones. Por ello, procede recomendar -aunque no hagan caso, por supuesto- que lo ocurrido sirva de lección para años venideros -el próximo, por cierto, va a coincidir con campaña electoral- cuando habrá que estar mínimamente atentos para evitar que se produzcan de nuevo disfunciones o distorsiones que causen perjuicios directos a los usuarios y pongan en solfa las infraestructuras y la oferta de ocio de de un municipio al que queda mucha tarea por delante si quiere seguir siendo competitivo y captando las preferencias de la gente. Esos cambios de fechas para que el Lago luzca con sus mejores galas no son la mejor prueba, desde luego.

viernes, 22 de junio de 2018

ESTAMPA MUNDIALISTA

La estampa es tan inusual que resulta merecedora de comentario. Es más, seguro que aún quedan muchas y valiosas imágenes del Campeonato Mundial de Fútbol que ilustrarán su historia y producirán los correspondientes impactos. Pero la que nos ocupa, al margen incluso del hecho deportivo, tiene los reclamos suficientes para dotarla de una singularidad desacostumbrada.

Acostumbrados aquí, de unos años a esta parte, a operativos de limpieza ejecutados al término de grandes concentraciones lúdicas o festeras, con operarios y maquinaria al cierre de desfiles y cosos, dejando limpias y aseadas las vías y aceras que cientos, miles de personas, apenas unas horas antes habían llenado de todo tipo de residuos y desechos -sin que faltasen ediles o responsables públicos atentos para la foto, posiblemente preavisada-, encontrar a aficionados de dos equipos nacionales de fútbol recogiendo en las escalinatas y en los graderíos, al final del partido, los restos de sus utensilios de ánimo y de sus consumiciones, es toda una novedad, acreedora, como decimos, de un mención plausible.

Ocurrió en Rusia. En medio de la vorágine futbolística, aficionados de Japón y Senegal, muchos con los colores de sus banderas o de sus uniformes deportivos, se dedicaron a recorrer las escalinatas, las gradas y las filas de butacas ya despobladas, recogiendo los restos, lo inservible: limpiando, en un gerundio. Ese día, los servicios de limpieza de los estadios respectivos se habrán sentido agradecidos. No solo porque sus tareas se vieron notablemente reducidas sino porque seguramente es la primera vez que habrán visto un público -o una parte de él- tan educada, tan generosa y tan responsable. Seguro que el precio de la entrada no comportaba tales trabajos, razón de más para agregar valor a la acción de los aficionados. No todos los que van a un espectáculo futbolístico actúan como a menudo suelen hacerlo: procurando broncas, enfrentamientos y hasta lanzando objetos, con evidente peligrosidad para terceros, igual los propios jugadores y equipos arbitrales.

Un diez, entonces, para los aficionados de Japón y Senegal. Igual no extraña que los nipones actuaran así, tan solidarios y tan disciplinados ellos, incluso en situaciones adversas. Puede que lo contrario de los africanos, más espontáneos, más improvisadores y menos rígidos. Pero festejaron -su selección también había ganado- con baile y todo, mientras recogían los residuos.

Menuda lección. El Mundial ruso, pase lo que pase, también será recordado por este hecho, independientemente de que se repita o no. Una lección que debía inspirar alguna norma de obligado cumplimiento, como por ejemplo, obligar a los seguidores que sean culpables de conductas antideportivas e incorrectas a efectuar este tipo de tareas. ¿No les parece? Claro que entonces, igual la estampa que ponderamos perdería frescura y valor ejemplarizante.

jueves, 21 de junio de 2018

INSENSIBILIDAD MAYÚSCULA

Hay que verlos, hay que oírlos, hay que sufrir...
El presidente de USA, Donald Trump, y sus políticas de inmigración cuyas consecuencias dan igual. Aunque luego se emitan imágenes y proliferen las protestas, así sean de la mismísima ONU. Y el Papa Francisco, ¿dónde está? ¿Dónde las organizaciones humanitarias? ¿Y la solidaridad restante?
Hay que verlos, hay que oírlos, no se puede ser insensible... La crueldad, el desgarramiento, las lágrimas, los llantos, el dolor, la impotencia y el desespero. Medio mundo pendiente del balón y el otro medio, atónito ante los resultados de la aplicación de normas sui generis que dejan como víctimas a quienes menos se lo merecen, a quienes no tienen culpa, a los inocentes que aparecen entre paredes de tela metálica y mantas térmicas de supervivencia, un auténtico gueto, vagando, gimiendo, mirando a ninguna parte, sin palabras de consuelo, sin un gesto de aliento... Como en las películas, solo que todo era real, muy real.
No se puede permanecer indolente. Es probable que los descerebrados aún aplaudan a Trump pero no hay derecho. Así han llorado periodistas ante las cámaras, el dolor pudo más que el deber informativo. Si a situaciones como la del buque Aquarius denominan 'efecto llamada', ¿qué nombre dar a esta que se produce en pleno siglo XXI en la frontera entre Estados Unidos y México? ¿Acaso el 'efecto marginalidad premeditada'? ¿Acaso el 'efecto exclusión'?
Será la propia administración yanki la que diga si está contenta con los frutos de sus políticas. En principio, los funcionarios norteamericanos vaticinaron que esta tolerancia cero -llevada al extremo- disuadiría a los inmigrantes de tratar de ingresar ilegalmente en los Estados Unidos. Al contrario, los datos publicados reflejan un aumento de aproximadamente un 5 % en el número de personas atrapadas cruzando la frontera ilegalmente el pasado mes de mayo en comparación con las cifras de abril, incluido un gran salto en menores no acompañados.
Trump quería una guerra, no la ha tenido y ahora, salvo que cambie de criterio, le traen al pairo las imágenes y los llantos del dolor infantil que claman por la mano, el consuelo y el regazo de sus padres. Esas son sus modélicas políticas. No todos los congresistas o senadores de su propio partido parecen estar muy de acuerdo. Después de comprobar estos efectos, menos adeptos encontrarán. “Niños enjaulados” acabamos de leer un titular de prensa. No exagera. Es lo que se ha visto.
Es la prueba palpable de un desaguisado. De una insensibilidad mayúscula.


miércoles, 20 de junio de 2018

RADIOS COMUNITARIAS

Definen la radio comunitaria como un tipo de medio de comunicación cuya propiedad es de una entidad sin ánimo de lucro. En ella, la ciudadanía aprende a ejercer su derecho a comunicar de una forma veraz, atractiva y respetable.

Las cifras de las que se dispone actualmente revelan que estamos en puertas de un nuevo fenómeno comunicacional. En España, efectivamente, ya son unas cinco mil personas las que producen contenidos en las radio comunitarias sin ánimo de lucro del Estado. El 36 % de esta modalidad de emisoras genera entre seis y quince programas propios; y el 56 % emite la misma cantidad de espacios creados en otras radios. La franja de emisión más habitual es la de los lunes a viernes por la tarde. Predominan los contenidos culturales (86 %), musicales (75 %) y de derechos sociales (72 %). Una encuesta de la Red de Medios Comunitarios (ReMC), realizada entre treinta y seis medios comunitarios asociados y colaboradores (radios en su inmensa mayoría), revela que la principal fortaleza es su implicación en la comunidad y en la participación ciudadana, lo cual se refleja en que hasta un 53 % gestiona el medio de manera participada mediante grupos de trabajo formados por quienes generan los contenidos.

Claro que el fenómeno parece estar lejos de eclosionar positivamente. Es más, las radios de este tipo se enfrentan al serio problema de carecer de licencia. Y lo que es peor: por ahora no se advierte la voluntad de una regulación legal. El nuevo Gobierno presidido por Pedro Sánchez tendrá que hacer frente a esta y otras dificultades: ya son siete años en los que se incumple la Ley General de Comunicación Audiovisual. Hasta ahora no se contemplaba la planificación de licencias para este modelo de operadores.

Dependerá pues de la voluntad política y de los acuerdos que se pueda alcanzar en el marco de un Congreso donde la debilidad parlamentaria del ejecutivo es palpable. A mediados del pasado año, por cierto, la Cámara baja aprobó una Proposición No de Ley (PNL) en la que se instaba al Gobierno a cumplir lo concerniente a la citada Ley General. Las circunstancias y la inactividad administrativa incidieron en las demoras y en los incumplimientos, para desespero de la ReMC y de sus responsables que comprueban cómo el problema crece. Hablan de una miopía incomprensible.

Uno de ellos, el coordinador de Legislación y Derecho a Comunicar, Javier García, considera que “la regulación de los medios comunitarios no es un problema del sector audiovisual sino parte de la solución. Proteger y promover estas radios y televisiones ayudaría a reducir las emisiones pirata, esto es, con ánimo de lucro pero sin autorización”.

En Canarias, el problema también se va agrandando. Según la citada ReMC y la Red de Investigación en Comunicación Comunitaria, Alternativa y Participativa (RICCAP), entre las doscientas radios y televisiones comunitarias, existen en las dos capitales de provincia y en otras localidades. Esto quiere decir que habrá que estar muy atentos para contrastar la cobertura legal y la evolución del propio fenómeno. Téngase en cuenta que tanto el infradesarrollo normativo como las limitaciones de los recursos económicos y financieros son factores adversos para los promotores. Pero lo que no puede ni debe ocurrir es un crecimiento incontrolado: ya pasó con las televisiones locales, algunas de las cuales desaparecieron y otras subsisten sin soportes legales, dando contenido a una realidad difícilmente controlable desde cualquier punto de vista.

martes, 19 de junio de 2018

MEDIDAS DRÁSTICAS ANTE LA DEGRADACIÓN GALOPANTE

El Gobierno de Filipinas ha decretado el cierre a los visitantes, por un período de seis meses, de la isla Boracay, considerada como uno de los destinos vacacionales preferidos del archipiélago, con unos veinte mil habitantes. Su popularidad se debe a la transparencia de sus aguas y a la finísima arena de su playa principal, considerada como una de las mejores del mundo. Las autoridades venían señalando que las aguas de la paradisíaca isla se habían convertido en una auténtica “fosa séptica”. Otro cierre, por tiempo indefinido, de la isla Koh Tachai, en el mar de Andamán, decidió hace un par de años el Gobierno de Tailandia. Ya era tarde pero había que intentar salvar los corales, la flora y la fauna en unas aguas ideales para la práctica del buceo.

Seguro que hay más casos. Hace pocas fechas aludimos al problema detectado con la invasión de plásticos en las islas del archipiélago Chinijo, en Canarias. Y a finales del verano pasado, también tratamos las consecuencias de la saturación turística en Menorca, una de las islas Baleares. La sobreexplotación genera muchos problemas en lugares preciosos, idílicos, naturaleza casi pura. La carga de la presión humana, desde el transporte y las vías de acceso, pasando por la prestación de servicios y los vertidos incontrolados, se hace insoportable, principalmente en los ámbitos costeros. El ejemplo del cierre de Boracay es ilustrativo: llega un momento en que no se puede más. La degradación se impone sin freno y el deterioro medioambiental llega a ser de tal magnitud que a las autoridades no resta otra opción que las medidas radicales.

Cierto que la oferta turística es cada vez más sofisticada, sobre todo con ofertas tentadoras y placenteras. La accesibilidad y los precios de transporte también contribuyen a fomentar destinos únicos, vinculados al naturalismo y a actividades como las subacuáticas. Pero las amenazas a los encantos y a la biodiversidad son un hecho, una constante. Y es difícil sortear. La conservación de parajes y rincones que no se piensa que existían hasta que se disfrutan se hace cada vez más complicada. Pero los poderes públicos y las autoridades están obligados a la adopción de medidas claras y terminantes para preservar espacios naturales, sobre todo.

Tiene que existir un compromiso social para proteger zonas costeras, parajes, recintos y espacios que corren peligro simplemente porque hay exceso de humanos cuyo comportamiento, además, deja bastante que desear. Mares esquilmados, aguas contaminadas, arenas o rocas dañadas hasta representar un auténtico peligro para usuarios y visitantes. Hay que cuidar los ecosistemas, de acuerdo; pero no basta con las actividades de los responsables competentes: los ciudadanos también están obligados a colaborar, siquiera para no tener que avergonzarse cuando los medios de comunicación reflejan esas acciones de limpieza de fondos submarinos.

A ver si entendemos de una vez que la naturaleza es de todos y que todos estamos obligados a cuidarla.

lunes, 18 de junio de 2018

POLÍTICA TURÍSTICA

No se ha hecho esperar la queja de los empresarios turísticos. El presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), Joan Molas, ha expresado su decepción con el primer organigrama del nuevo Gobierno presidido por Pedro Sánchez: integrada la materia turística en la cartera de Industria y Comercio, entiende que la omisión del término 'turismo' en las primeras declaraciones de los nuevos responsables es preocupante.

Molas porfiaba por la creación de una Secretaría de Estado potente, dependiente directamente de la presidencia del Gobierno, o sea, un departamento que “no quede relegado a un cajón de sastres con un presupuesto exiguo y una tarea difusa como viene siendo tradicional en los últimos gobiernos”.

Su crítica va acompañada de un ofrecimiento: colaboración directa con los nuevos responsables políticos “para que, de forma leal y sincera, conozcan la realidad de aquellos que cada día han de mantener la mayor industria de nuestro país, el turismo, y deseamos poder comenzar a la mayor brevedad posible a marcar objetivos comunes para la consolidación de un futuro prometedor para el sector hotelero”.

Con mayor o menor rango en un organigrama administrativo, lo cierto es que el turismo requiere de un tratamiento político relevante, sobre todo ahora que se aprecian indicios de la recuperación de otros mercados directamente competidores con el destino español. Pero no depende solo de las administraciones públicas -recordemos que cada comunidad autónoma tiene sus competencias- y de la voluntad que acrediten para coordinar sus esfuerzos y potenciar la marca España, sino del propio sector privado, a ver cómo se ha preparado durante el período de vacas gordas.

En efecto, algunos asuntos exigen iniciativa y coordinación para encauzar su viabilidad y las soluciones que se planteen. Ahí tenemos, por ejemplo, la irrupción de las viviendas de alquiler turístico con una posible distorsión de la oferta; las dudas no despejadas del modelo de desarrollo; la economía sumergida que incide en la productividad y puede generar una imagen falsa; la sostenibilidad que aún tiene recorrido que hacer y la turismofobia que, por fortuna, en algunos lados no ha aflorado pero en otros desnuda una inquietante tendencia de rechazo social.

España aspira a seguir encabezando el escalafón de competitividad y para ello los sectores público y privado están condenados a entenderse, algo más que una frase hecha, tal como evoluciona el sector en nuestro país y tal como hay que esmerarse para asumir e impulsar las nuevas tendencias y para consolidar la captación de mercados. A ello, además de las cuotas de productividad, hay que añadir la capacidad para generar empleo estable y cualificar la formación profesional.

El propio Joan Molas no se olvida de una necesaria armonización normativa para atender con eficacia asuntos que, como las medidas fiscales o la política aeroportuaria o los operativos del Imserso, dependen de otros ministerios.

Veamos cómo se desenvuelve la nueva secretaria de Estado, la balear Isabel Oliver Sagreras, que atesora la experiencia de haber gestionado la competencia turística en el Consell Insular de Mallorca y de haber participado en la tramitación de las leyes turísticas de su comunidad. Le aguardan -y no es un tópico- unos cuantos desafíos, dudas empresariales aparte.

viernes, 15 de junio de 2018

INVOLCAN

El coordinador científico del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), Nemesio Pérez, valoraba, a partir de una información aparecida en el diario El País relativa a la tragedia desatada con la erupción del Volcán del Fuego, en Guatemala, la importancia que tienen la información y la destreza de los profesionales del sector turístico en zonas próximas. Teniendo en cuenta el peso de dicho sector en las islas, que Canarias es la única zona del territorio nacional con riesgo volcánico y que éste es ahora mayor que hace cincuenta años -no porque los volcanes estén revolviendo más nuestro subsuelo sino porque hay un mayor desarrollo poblacional y socieconómico que entonces y que está expuesto a un peligro natural conformado por nuestra realidad territorial durante millones de años- habrá que dedicar especial atención a la información y a la prevención, como factores primordiales para saber cómo actuar en determinados supuestos fácticos.

La información señalaba que alrededor de trescientas personas fueron evacuadas de un complejo hotelero de lujo apenas dos horas antes de la generación de flujos piroplásticos que causaron la tragedia. La gerente del complejo, detalla el relato, se había informado de la situación de la actividad volcánica por medio de los boletines que periódicamente difunde el organismo competente responsable de tal actividad en el país centroamericano. Entonces, con un conocimiento elemental del comportamiento volcánico y con mucho sentido común, tomó la iniciativa y ordenó la evacuación. Actuaron a tiempo. Y se salvaron.

Lo ocurrido hace que reflexionemos sobre la relación entre la actividad volcánica y la industria turística. Ya se planteó así en ocasión de un curso específico para periodistas e informadores que se llevó a cabo recientemente en la propia sede del Involcan. Algunas conclusiones que, dadas las circunstancias, convendría tener presentes: por ejemplo, disponer en los establecimientos turísticos, localizados en zonas volcánicamente activas, de personas y ejecutivos responsables que tengan un grado de conocimiento básico del fenómeno volcánico. Para Nemesio Pérez, eso es un plus.

Se trata, por consiguiente, de proveer de informes periódicos que permitan conocer a la sociedad la situación de la actividad así como el nivel de alerta volcánica. Tales informes, que habrían de estar al alcance de todos, nativos y visitantes, deben ser difundidos no solo en el idioma local sino en las lenguas de la mayor parte de nuestros turistas. El Involcan lleva produciendo un sencillo informativo gráfico, el Guayota, de periodicidad semanal, sobre la actividad volcánica en Tenerife, que aparece en ocho idiomas, coordinado por el Área Tenerife 2030 del Cabildo Insular.

Pero, a continuación, es el propio director del citado Instituto el que se pregunta: ¿cuántos responsables de hoteles en la isla imprimen y cuelgan este sencillo documento informativo en los soportes de comunicación de sus establecimientos, como así hacen, regularmente, con los partes meteorológicos? Y no se queda atrás a la hora de cuestionar el papel de los medios insulares con otra interrogante: ¿cuántos contribuyen a la divulgación, siquiera en su versión digital?

El debate está servido después de las consecuencias de las catástrofes vividas en Guatemala y la que se mantiene en Hawai, un destino turístico, por cierto, considerado de excelencia. Se ha de valorar todos los considerandos, de acuerdo, pero parece claro que ni la industria turística debe permanecer indolente ni el conjunto mediático canario ha de mirar para el lado de la indiferencia. Si la sociedad pide a los poderes públicos respuestas para situaciones y problemas, hay que disponer de unos recursos básicos. Para que los sectores productivos y los agentes sociales sepan a qué atenerse y cómo actuar con eficacia y seguridad. Si es verdad eso de que lo que importa son las personas.

jueves, 14 de junio de 2018

FORMAS Y VÉRTIGO


Formas y vértigo. Días de acontecimientos que se suceden sin apenas tiempo para digerirlos. Y con estrecheces para encontrar acomodo en el almacén de la memoria. Cierto que se abren debates, especialmente en redes, pero entre radicalismos, descalificaciones, intolerancias e interpretaciones dispares, se evaporan sin mucha productividad. O no son esclarecedores, vaya. 

Pero se pone de relieve que las formas, en política, y en todos los órdenes, recobran importancia. Se dirá que siempre la tuvieron pero no, por múltiples factores, la degradaron y la arrinconaron. Manejar los tiempos es primordial y hay expertos en hacerlo; pero cuando hay hechos sobrevenidos, olvidos, saltos y omisiones, se pierden las formas y queda una estela desagradable.

Y encima, el ritmo. Un exagerado diría: a velocidad supersónica. Casi sin tiempo a discernir. Empiezan a quedar lejos las épocas en que primaba la frase ‘deja eso para mañana’. El caso es que se producen los hechos y se van solapando. Pero hay que tomar decisiones. Que pueden estar condicionadas por antecedentes. Y entonces es cuando debería hacer acto de aparición la coherencia. Que ahorra muchas complicaciones, por cierto, sobre todo cuando se quiere impedir que se alargue la sombra de la sospecha y la agonía de quien se sabe acosado.

Difícil concretarlo, si racha o moda, que, por tanto, terminan desvaneciéndose,  pero los indicios de que, ahora sí, hay una nueva política y un modo distinto de comportarse y hasta de conducirse, están a primera vista.

miércoles, 13 de junio de 2018

CRECIMIENTO SIN CONTROL


Creen empresarios y expertos que España aún tiene margen para seguir creciendo turísticamente. Eso sí: con dos condiciones. Una, aplicarse en sustituir el aumento en el número de visitantes por un aumento de los ingresos. La otra, fijar un rumbo estratégico y ajustarse con rigurosidad, aunque ello signifique renunciar a un crecimiento acelerado.

En el Foro Hosteltur 2018, celebrado en Madrid el pasado mes de mayo, se palpó la inquietud que despierta un crecimiento sin control del turismo. La prudencia reaparece cuando se constata la recuperación de algunos destinos claramente competidores. Algunos dudan hasta de la sostenibilidad, después de comparar estadísticas y porcentajes. Son los mismos, probablemente, que se preocupan más por los ingresos.
Cabe deducirlo de las palabras del vicepresidente de Meliá Hotels International, Gabriel Escarrer: “Prefiero que España vuelva a los sesenta y dos millones de turistas pero que nos dejen el volumen de ingresos de ochenta y dos millones de viajeros. Porque si saltamos a los cien millones de llegadas, eso no es sostenible y nos va a pasar factura”.

Claro que mantener el crecimiento corresponde a estrategias que deben elaborar las propias empresas turísticas. Hay que ser consecuentes con los planes que tracen a largo plazo, establecer los modelos óptimos para cada caso y no ceder a la tentación de crecimientos que discurran más deprisa de lo previsto. Ello incide en la evolución de la economía y de las finanzas: al recuperarse la capacidad de financiación, los fondos inversores centran su acción en los activos para seguir mejorando la calidad de los hoteles. De lo que se trata, como concluyeron algunos ejecutivos en el citado Foro, es de crecer bien, no rápidamente, y mantener las marcas.

Y como hay diversos modelos de crecimiento, habrá que estar atentos para contrastar cuáles son los más convenientes pues ello repercute en los destinos y en los productos turísticos que se oferte. Estas impresiones revelan que es indispensable esmerarse con tal de que la competitividad sea el gran objetivo. Se avecinan tiempos interesantísimos donde igual ya no importe tanto contar turistas y llegadas sino racionalizar y acometer las estrategias con verdadero espíritu de superación si es que se quiere mantener o subir los ingresos.

martes, 12 de junio de 2018

UNA MÍNIMA SOLIDARIDAD


Desde el pasado domingo, hay un barco detenido en el Mar Mediterráneo, el Aquarius. A bordo, seiscientas veintinueve personas rescatadas en las dos fechas anteriores. Las autoridades de Italia decidieron transferir al buque humanitario, gestionado por Médicos sin  Fronteras y SOS Mediterranée, a una parte de los migrantes (unos quinientos) al tiempo que negaban autorización para el desembarque en puertos de aquel país. El fantasma del Exodus planeaba de nuevo.
La decisión del ejecutivo italiano causa, cuando menos, desazón. Vaya impacto. El director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), William Lacy Swing, fue tajante: “Temo una gran tragedia si los países dejan de aceptar a los migrantes rescatados”. La magnitud de esa tragedia, desde luego, sería extraordinaria. Pensemos, simplemente, en que desde el 1 de enero pasado, según  la propia OIM, ya son setecientas noventa y dos personas las fallecidas en el Mediterráneo, soporte de original creatividad publicitaria por un lado pero también escenario de un drama incesante con alto costo de vidas humanas.
El Gobierno español ofreció un puerto del país para acoger a quienes viajan a bordo del Aquarius. En esas están, pendientes de materializar la voluntad, con una operación que no es sencilla. Dirigentes de varias comunidades autónomas han manifestado su predisposición para cumplir con aquel manifiesto suscrito en 2016 en el que pedían cambios en las políticas de acogida.
La crisis de los migrantes y de los refugiados en el ámbito de la Unión Europea (UE) está tocando fondo. El riesgo de su agravamiento es evidente, máxime con gobiernos como el italiano que opta por cortar de cuajo en vez de aportar racionalidad. Es una cuestión de ética y de mínima solidaridad. En pocas palabras: de respeto y aprecio por las vidas humanas.
A la espera de soluciones, eficaces y estables, confiemos en que dejen entrar la luz del sol en el barco. Los versos de aquella composición interpretadas por The Fifth Dimension en la comedia musical Hair resultan muy apropiados. Y aunque no sean buenos tiempos para la lírica, reproducimos la estrofa final:
“…Tenéis que abrir vuestro corazón y dejar que brille dentro.
Y cuando sintáis que habéis sido maltratados
y  vuestros amigos os rechacen,
simplemente abrid vuestro corazón
y  haced que brille dentro”.