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martes 20 de marzo de 2012

LITORAL AMENAZADO

A medida que cobra cuerpo el debate sobre las prospecciones petrolíferas en las cercanías de las islas y se incide, por sus detractores, en los riesgos medioambientales, va pasando inadvertida la intención del Gobierno de España de reformar la Ley de Costas. Debería ocurrir lo contrario: los anuncios hechos por el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, alusivos a la voluntad de compatibilizar la norma con el desarrollo de actividades económicas o comerciales, apenas han encontrado contestación en una sociedad que desde hace años viene mostrando su oposición a nuevas infraestructuras costeras que dañen o afecten espacios y bienes naturales. Es natural: se han cometido auténticos destrozos en algunos sitios y se trata de evitar la reiteración y la destrucción total e irreversible.
Máxime cuando el litoral es un bien común, digno de ser protegido. En todos los sentidos. Es lo que perseguía la Ley de Costas de 1988: quería poner orden y frenar los desmanes que se venían sucediendo. Estableció la delimitación de las zonas consideradas de dominio público marítimo-terrestre, prohibía la construcción en las mismas y favorecía la existencia de edificaciones previas como concesiones estatales durante un plazo de treinta años, prorrogables hasta sesenta, antes de liquidarlas.
La aplicación de esta norma no era sencilla. En Tenerife, por ejemplo, había situaciones delicadas como el núcleo urbano consolidado de Punta Brava, en el Puerto de la Cruz. O el de Chovito, en Candelaria, aún por dirimir en los tribunales. Sin olvidarnos del célebre hotel de El Médano, en Granadilla. Ni de otros sectores poblacionales que, a base de chabolismo, necesidades, tipos de vida y bonanzas climáticas, surgieron en puntos costeros de varias islas. Algunos, por cierto, fueron literalmente demolidos después de largos procesos administrativos y no menor resistencia de los afectados.
La colisión entre la realidad fáctica y el ideal legalista era evidente. Hasta el propio Partido Socialista, que impulsó la Ley en gobiernos de Felipe González, sufrió en propias carnes la división que significaba el respeto al cumplimiento del Estado de derecho. Pero el litoral es de todos y entre todos hay que procurar recuperarlo y salvarlo. Ni el urbanismo salvaje e incontrolado ni el crecimiento ni las servidumbres inevitables merecen la condescendencia en forma de vista gorda de las autoridades. Tan sólo el riesgo, más que evidente, de los vertidos directos al mar merecía -y merece- estar en guardia y operar con todos los mecanismos preventivos al alcance.
Los resultados de la aplicación en el litoral del país son significativos: el Tribunal Constitucional avaló la Ley, la Administración ha ganado la mayoría de los contenciosos promovidos por los afectados y un 95% de la costa ha sido deslindado. Pero el gobierno popular que va a cumplir cien días de ejercicio parece empeñado en utilizarla, supuestamente para tener otra opción de salida de la crisis. Ya no sólo es el aprovechamiento de playas, calas o similares para cenas amenizadas o conciertos y actividades en la orilla o en las rocas sino que el trazado de los deslindes y hasta la inseguridad jurídica ‘cobrada’ por los titulares de construcciones que eran legales antes de 1988 son razones para revisar la norma, con unos criterios de laxitud, por tanto, que invitan a pensar ya en la anarquía y en evidentes perjuicios.
Ni siquiera los hipotéticos beneficios a corto plazo en un escenario de reactivación económica inspiran el favorecimiento de la duda. El deterioro de zonas costeras se acentuará, ya lo verán. Unos interpretarán que tal franja les pertenece y estaremos ante casos de pseudoprivatización; mientras otros creerán que todo el mar es tan ancho como para aguantar lo que le echen. A la larga, será el propio sector turístico el más amenazado y dañado.Mientras no se acepte que el litoral es un bien merecedor del máximo cuidado desde cualquier punto de vista pero especialmente el medioambiental, un bien de todos y que todos deben cuidarlo, con una cultura cívica de prevención a prueba de presiones, difícilmente podrán evitarse los perjuicios que una revisión de manga ancha de la Ley de Costas producirá.

Al tiempo.


Publicado en Tangentes, número 44, marzo 2012.

lunes 19 de marzo de 2012

HUELGA TRAS LA REFORMA

Son llamativos los esfuerzos gubernamentales y de los actores empresariales para desvirtuar la convocatoria de la próxima huelga general, algunos de ellos en forma de mensajes bastante simplistas que, en el fondo, pretenden alejar o desviar la atención del hecho principal que sustancia la convocatoria, esto es, la reforma laboral que tantas sonrisas de satisfacción generó en algunos a las que hubo que añadir, por cierto, frivolidades como las de aceptar ofertas en Laponia.
Como si fuera el primer paro de este tipo en la historia de la democracia. Como si los anteriores presidentes no hubieran tenido que soportarlas. Como si no se le hubiera escapado a Rajoy la frase del costo en uno de los foros a los que asistía, en una de las más claras expresiones de visión política que se le recuerdan, antes y después de ser presidente.
La huelga no tiene marcha atrás y cabe presumir que los esfuerzos aludidos se van a redoblar con tal de desmotivarla y minimizarla hasta intentar hacerla fracasar. No ha querido el Gobierno negociar nada, amparándose en la firmeza y en el apoyo parlamentario interesado de su iniciativa en este terreno y haciendo caso omiso de algunas señales que emitieron las centrales sindicales que, en la fase de preparativos, se empeñaron en huir de posiciones radicales y trataron de revisar algunos contenidos. No le importa al ejecutivo correr los riesgos de una percepción de prepotencia o soberbia política -cada vez más creciente, por cierto, no solo por este hecho- ni siquiera por el reconocimiento público de algunos de sus miembros en el sentido de que la reforma generará más desempleo, con tal de afrontar uno de los más duros ajustes que ha de operar en el actual marco de contracción económica.
Así, el Gobierno resiste hasta las advertencias de inconstitucionalidad que han llegado desde muy distintas procedencias, no solo las políticas. El período de prueba obligatorio de un año de duración para los denominados contratos de apoyo y la fijación de las condiciones de trabajo, con prohibición de una regulación determinada de las mismas mediante convenios colectivos, son factores que presuntamente vulneran fundamentos constitucionales. Si en el primero de los casos se facilita al empresario, por propia voluntad y sin causa justificativa, despedir al trabajador en cualquier momento, quebrando los principios del período de prueba que debe tener distinta duración, según la cualificación de los empleados; y en el segundo, dejar en manos exclusivas del empresario el cumplimiento del contrato, pudiendo alterar unilateralmente el horario, las funciones e incluso el salario, se pone de relieve qué es lo que prepondera en esta reforma así como la fragilidad y la indefensión -por no hablar del temor implícito, fácilmente deducible- de quienes tengan el supuesto privilegio de acceder a una plaza de trabajo.
Dirán que la huelga no arregla nada -lo dicen para desanimar, está claro- y tratarán de echar el resto sobre los evidentes afanes de desprestigio de los sindicatos, pero los trabajadores y desempleados deben ser conscientes de cuáles son los recursos y quiénes son sus últimos defensores en este cada vez más poblado solar de penurias y tribulaciones. La reforma, salvo que se demuestre lo contrario, las acentúa.

sábado 17 de marzo de 2012

COPLAS QUE VIENEN Y VAN

Escribe Jesús que le apetecía, nuevamente, recuperar metros y esquemas fijos. Y como también quería evocar “el divertido ejercicio de escandir versos en nuestra época de alumnos”, ha alumbrado una nueva criatura en forma de multitud de cosas que van o siguen unas detrás de otras (en realidad, eso es una recua) con la frescura de los versos que tan bien se le dan, hasta que “Higa”, la agrupación folklórica a la que tanto debe, según su propia confesión, los musicaliza y los pasea, de isla en isla, para deleite de quien sabe apreciar que en cosas de folklore aún quedan muchas cosas por descubrir: “Con las malagueñas/ yo tiendo la mano/ a mis siete islas/ a mi pueblo hermano”.

Dijo José María Estévez Méndez, Chema, el ex alumno, prologuista y presentador de la obra, que los versos navegan por la obra en constante movimiento y sólo hay que echar una segunda lectura de cualquiera de las composiciones para percibir la capacidad de observación de Jesús en cualquier paisaje geográfico, en cualquier ambiente humano y costumbrista desde donde brotan los academicismos estróficos contenidos en “Recua verseada”, un nuevo título que Jesús Manuel Hernández García añade a la que ya es larga colección bibliográfica.

Chema estuvo atinado en el acto de presentación, celebrado en la sala ‘Francisco Abrante’, de La Perdoma, donde la noche que amenazaba tormenta se guardó el buen sabor de un alumbramiento entrañable y solidario, al que Francisco Linares, edil orotavense, aportó el toque estimulante de la producción cultural, pese a la contracción económica que nos tiene a mal traer, y en el que el “Higa” no solo sintonizó con los versos del autor sino que transmitió al público las buenas vibraciones de un trabajo perseverante y esmerado que luce con los alardes justos de instrumentos, voces y danzas. Hasta Fuerteventura saltaron con su nombre propio: “Por Maxorata está Higa/ y una berlina cantamos/ el verso que siempre siga/ y con baile acompañamos”.

Que Jesús Hernández sigue sin saber estarse quieto, son sus mismas palabras, lo prueba “Recua verseada”. Esa vena poética ya la destilaba en multitud de entregas de su polifacética actividad y era como una especie de espina que había que sacar. Es difícil en tiempos como los que corren, cuando la sensibilidad mengua a borbotones. Pero él se atreve -¡esa osadía, maestro!- y logra los excelentes resultados de una edición -bien ilustrada por Marianella Aguirre, por cierto- que se leerá con fruición porque hay figuras poéticas con las que identificarse.

Cuando Chema Estévez aludió a Manuel Machado en su intervención, estaba retratando el genuino sentimiento de cualquier afán poético popular: claro que hay que procurar que las coplas vayan al pueblo, que éste las haga suyas, la mejor manera de inmortalizarlas, de prolongarlas, de subirlas a la recua para que siga girando sin parar y generando otras nuevas. Aunque dejen las coplas de pertenecer a su autor “para ser de los demás”, para ganar eternidad, claro que sí.

Demostrado que Jesús, en plena forma, tiene de todo menos aburrimiento, los versos que animaron la noche perdomera tienden a perdurar entre el público amante de estas cosas y el que hasta profano puede confesarse. Lo proclama en la siguiente estrofa:

“Mis coplas vienen y van/ son mecidas por el viento/ y por los aires están/ pregonando lo que siento”.

martes 13 de marzo de 2012

ISIDRO, EL DIPLOMÁTICO

Isidro González Afonso quiso conocer cómo era in situ la llegada de un cayuco y se acercó en silencio hasta Los Cristianos para ver los rostros desencajados de jóvenes y de niños, con algunos de los cuales, ya en tierra firme, habló mientras eran auxiliados: a unos reconfortó, a otros les despejó los naturales temores y de otros palpó la satisfacción que suponía haber superado la aventura en tan precarias condiciones de navegación.
Isidro estaba allí, en medio de aquella epopeya, de aquella tragedia humana que convulsionó el territorio canario y la sociedad de las islas a mediados de la pasada década. El diplomático discreto, el paisano del valle que ejercía en Asuntos Exteriores, en el gabinete del ministro Moratinos desde donde saltaría, en nuevos destinos, a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y a la embajada de España en Nicosia (Chipre), vivió la experiencia que, sin duda, le sería muy útil para los informes que habría de elaborar, un suponer, para afrontar la estrategia de la “ofensiva diplomática” -y no queda más remedio que entrecomillar la expresión- que España habría de desplegar para frenar el fenómeno de la inmigración irregular que también puso en guardia a la Unión Europea (UE).
“Somos diplomáticos”, dijo en cierta ocasión Inocencio Arias e Isidro González Afonso gusta de repetir ese pensamiento, tal como puso de manifiesto en su intervención del pasado viernes en el orotavense Liceo Taoro, donde, presentado por Juan Ruiz Alzola, habló de su profesión con la pasión enamoradiza de quien la abraza para siempre y experimenta la íntima satisfacción de haber sabido elegir y de experimentar cada vez, todas las veces, un paso positivo, un paso a favor del diálogo y del entendimiento entre los humanos.
Trazó González, en amena disertación, con lenguaje llano, un recorrido por la realidad de nuestros días. Desde el debate abierto en Estados Unidos, en plena campaña electoral, para resistirse a perder la condición de primera potencia mundial; a las progresivas conquistas de China y el crecimiento sostenido de otros países como Brasil, Turquía o Sudáfrica. Del modelo turco, por cierto, habló con generosas expectativas, incluso para aplicaciones políticas allí donde los conflictos políticos se enquistan. Se refirió a la evolución de la “primavera árabe” -situó muy bien su origen en unas demandas sociales en El Aaiún, antes que en las protestas de Túnez- y a la incidencia del cambio climático que también padecemos en las islas, con cuyo nuevo debate, las prospecciones petrolíferas, fue respetuosamente ecuánime sin ni siquiera vislumbrar una hipotética controvertida internacionalización del bien apetecido. Quiso ser optimista con la consideración que se tenía de España en el extranjero, con sus avances de las últimas décadas, sin dejar de reconocer las penurias que albergan y confiesan sus habitantes. Y confió en los esfuerzos de la UE para superar las penurias económico-financieras que la atenazan.
Isidro, el diplomático tinerfeño, el hombre que ya ha trabajado con cuatro ministros de distinto signo político, acercó a su auditorio La diplomacia del siglo XXI, con su relato y sus respuestas, en una amena y provechosa clase de Derecho Internacional.

Para muchos fue un auténtico descubrimiento.

lunes 12 de marzo de 2012

DE LA IMPOSTURA Y LA FRAGILIDAD

Dos hechos que durante el fin de semana han llamado la atención y que deberían ser tenidos en cuenta por todos aquellos que aún se permiten acusar a otros de manipulación y sesgo, que siguen bramando por un giro en la televisión pública o que ven en cualquier tratamiento objetivo y ecuánime el resentimiento y la tendenciosidad. Seguramente, creerán que todos son de la misma condición. Veamos como no es así.
En una red social circula el descubrimiento hecho en un programa de debate del sábado por la noche en Tele 5. Se analizaba la reforma laboral, tan controvertida. Además de los invitados, participan espectadores. Una mujer dice ser apolítica, agricultora y madre de un hijo desempleado. Confesó ser una directamente afectada por las malvadas políticas del gobierno anterior. Hasta que uno de los intervinientes en el debate la descubrió y probó con teléfono móvil que era simpatizante del Partido Popular: ahí aparecía fotografiada en un mitin, bandera azul en ristre, y en otro acto público junto al ministro Arias Cañete. ¿Infiltrada? ¿Tolerada por el canal? ¿Pillado éste en su buena fe? ¿Falta de rigor en el control?

El otro hecho: la edición digital del diario ABC insertaba días pasados una encuesta alusiva, qué casualidad, a la reforma laboral. La pregunta: “¿Te parece adecuada la huelga general como respuesta contra la reforma laboral?” dejaba dos opciones, una de ellas, "sí, el derecho de recortes laborales requiere una movilización profunda". Cuando se quería votar "sí" a la cuestión que denotaba la necesidad de una reacción social masiva, no lo permitía: la respuesta automática era que ya se había votado. Y lo agradecía. En el momento de intentarlo, el porcentaje registrado era muy favorable para quienes así lo entendían. ¿Avería informática? ¿Lapsus de mantenimiento? ¿Malicia?

Los casos, a la espera de explicaciones convincentes que justifiquen lo ocurrido, son significativos a la hora de entender lo que puede ocurrir en estos tiempos en los que no bastan las penurias sociales impulsadas por las circunstancias sino que acentúan la fragilidad de quienes emiten sus opiniones. Hasta un sondeo que no tiene valor científico es objeto de manipulación. Asistimos entonces a un espectáculo mediático en el que todo vale, sobre todo si es el derechío su promotor. Prestarse a papeles impostores o frenar y desvirtuar una encuesta, aunque sea inofensiva, nos da idea de lo que algunos son capaces. Se busca: patentar el fraude. Si no estaba patentado ya en algunos códigos de conducta profesional. El manipula, que algo queda, debe ser desterrado.

No pasa nada por tener una tendencia, por acreditar una empatía, por moverse en determinadas coordenadas ideológicas, por identificarse con unos postulados o unas medidas, por defender un modelo, vaya… Si se dice, siquiera sin alardes, se es consecuente, es una actitud ética y todos lo entenderemos.Pero cuando ya se emplean ciertos métodos, la cosa cambia. Sobre todo, cuando quienes los practican y lucen van expidiendo carnés de moralidad o les exigen a otros pruebas de pluralismo y neutralidad.

El caso es que van quedando en evidencia.

sábado 10 de marzo de 2012

PALMERAS QUE SE MUEREN

Alertan en una red social -uno de los escasos aspectos positivos que caracterizan el quehacer de los portuenses en los últimos meses, con proliferación de sitios y activa participación: al menos no estamos indolentes del todo- de la muerte de unas cuantas palmeras en la ladera de Martiánez, un precioso paraje natural, metido en plena geografía urbana, un lujo sin duda para los naturalistas. Y mucho más apreciable todavía si estuviera cuidado.

Hay algunas postales y fotografías antiguas que plasman un verdor resplandeciente, dando color a una singular formación rocosa que se extiende desde la calzada de El Tope hasta el límite del término municipal por el este. Las gráficas favorecen la licencia para la nostalgia. Pero también para lamentarse de haber ido perdiendo un recurso natural extraordinario del que andaba enamorado el sabio Telesforo Bravo que nos ilustraba siempre con sus conocimientos del lugar y nos advirtió, en su día, que la geomorfología se veía constantemente amenazada, por el peso que soportaba y las fisuras internas, tal fue así que nos indicó personalmente que los anclajes de un teleférico adosados a la parte superior del acantilado difícilmente resistirían el desgaste de la presión y el uso mecánico. Desaconsejaba, en ese sentido, la instalación, independientemente de otros impactos.

Ha habido intentos de recuperar la zona, de rehabilitarla. Se han sucedido a lo largo de los últimos años. De hecho, en los mandatos 1995-99 y 1999-2003 se llevaron a cabo desde el Ayuntamiento algunas actuaciones que resultaron insuficientes por falta de mantenimiento y de continuidad. La figura de la escuela-taller tenía sus atractivos pero la magnitud de lo que se pretendía exigía otras herramientas y planteamientos multidisciplinares que tuvieran que ver con la bilogía, la botánica, la geología y la etnografía. Hasta las formulaciones teóricas estaban bien hechas. Muchos valores, sí, guardan los pliegues de las paredes basálticas y los senderos frondosos. La ladera palideció, se fue quedando sin vegetación, cobrando una realidad agreste e inhóspita. Las sequías han contribuido a su presente depauperado y casi desértico. Es otro doliente reflejo de la decadencia del municipio.

El caso es que las palmeras, según puede verse en fotografías, se mueren. Es, además, una lenta agonía. Como si fueran transmitiendo unas a otras sus penurias y su incapacidad para sobrevivir.

Pero somos los humanos los que hacemos poco, o nada, por frenar ese proceso mortecino. Faltan voluntad y sensibilidad. Como con tantas otras cosas, no nos identificamos con este bien natural, no hacemos nuestra causa que merecería mejores afanes, otra dedicación, más recursos y otra respuesta.

Quizá esa alerta desde una red social sirva para algo. Pero no esperen sus promotores una reacción extraordinaria de las instituciones públicas. Y ojalá nos equivoquemos. Pero, al menos, que insistan y que hagan llegar por ejemplo su desesperada apelación al Consorcio de Rehabilitación Turística, por si puede incluir en su plan de acciones una que favorezca la rehabilitación de este espacio natural.

Ganaría la ciudad. Una ciudad que, durante años, antes de la Agenda Local 21, de la Declaración de Aalborg y de otras iniciativas medioambientalistas, a las que se adhirió, ya lucía un Festival Internacional de Cine Ecológico y de la Naturaleza.

Qué paradoja.

jueves 8 de marzo de 2012

CONSECUENTE DIMISIÓN

Las imágenes no engañan, así que todo lo ocurrido ha tenido un final de lo más consecuente.

El compañero que presidía la Asociación de la Prensa de Granada, en un acto público, se levantó de su asiento, se despojó del cinturón e intentó agredir a dos mujeres que protestaban y proferían gritos a favor de la causa palestina. No estaba bien lo que hacían pero mucho menos la reacción del periodista que, avergonzado, ha presentado casi de inmediato la renuncia a su cargo. Ha tenido la decencia de dimitir. No tenía otra salida pero es encomiable su decisión y la prontitud.

Ahora es fácil hablar pero pudo haberlas dejado desahogar y aguantar hasta que se cansaran.

Pero la cultura del respeto y la tolerancia brillan por su ausencia en una sociedad cada vez más desigual e influenciada por sugerencias y prácticas radicales. Y este episodio, en vísperas del Día Internacional de la Mujer, lamentable desde todos los ángulos, da pie a pensar que es necesario insuflar valores cívicos que impidan su reedición.

Unos gritos improcedentes, un intento de agresión y una tan rápida como consecuente dimisión.

País.

lunes 5 de marzo de 2012

AGUANTAR Y TOLERAR

Nada impidió al Partido Popular tomar la calle en varias ocasiones en la legislatura anterior. Ni manifestarse junto a cardenales, obispos, religiosos y partidarios de determinados y respetables conceptos y modelos de vida. Hasta el presidente de esa formación política, entonces cabeza visible de la oposición, se ufanó de motivar, movilizar y llenar vías y plazas para que el derechío mediático se explayara bien transmitiendo en directo bien inflando al día siguiente las cifras de asistencia o participación. Fueron felices entonces.

¿Y ahora? ¿Esperaban la dirección y las filas conservadoras que la gente no reaccionara o se mostrara indolente con sus medidas gubernamentales? Ya estarán comprobando que hasta las organizaciones obreras católicas empiezan a rebelarse contra la mismísima reforma laboral, esa que ha hecho sonreír sólo a los empresarios, hasta el punto de que monseñor Rouco ha desplegado la desautorización de algún documento en el que, fíjense ustedes qué pecado, se anima “a defender el trabajo con derechos”. O será por esto otro: animan a “participar en las iniciativas y movilizaciones que se convoquen por parte de las organizaciones eclesiales, sociales y sindicales”.

O sea, que hasta los menos sospechosos recelan, discrepan y desean exteriorizar su malestar. Normal. La crisis financiera mundial que desde mayo de 2008 se lleva por delante todo lo que trinque, gobiernos y políticos incluidos, está siendo muy costosa y el partido gubernamental, que era consciente de su alcance, sabe que ahora tiene que aguantar. Tiene el colchón de su generosa mayoría parlamentaria y autonómica, el apoyo de los poderes fácticos concurrentes y el no menos significativo respaldo -qué bonito es gobernar con los medios a favor- de un amplio espectro de comunicación que no se conforma con jalear las bondades -hasta ahora, escasas- sino que atribuye sin reservas las culpas y responsabilidades de cualquier desnaturalización del malestar social a quienes, aún lamiéndose las heridas de sus serios reveses electorales, acreditan querer hacer una oposición responsable, constructiva y leal, tal como se ha visto en política antiterrorista, exterior o de defensa, sin dejar de citar el apoyo proclamado para defender en los foros correspondientes la flexibilización en el cumplimiento de reducción del déficit público o la mismísima anunciada enmienda a la totalidad a la reforma laboral; sí, sí: esa misma que no gusta al catolicismo trabajador, ya ven.

Aguantar y tolerar que afeen su conducta y sus decisiones del pasado. ¿O es que ya no nos acordamos del voto en contra de los populares de aquella durísima batería de medidas que en mayo de hace dos años impidió que España fuera intervenida como ya lo habían sido Grecia, Irlanda y Portugal? Paradójicamente, entonces, los grupos parlamentarios nacionalistas antepusieron el interés de España y el reajuste fue aprobado por los pelos. La democracia es eso: aguantar y tolerar. Y aportar soluciones -¿no era este término uno de los eslóganes de campaña?-, que para eso se recibe el mandato de las urnas. Incluidos, los votos prestados.

sábado 3 de marzo de 2012

EL PORTUENSE QUE DESCUBRIÓ A RAQUEL WELCH

Nacido en 1915 en el Puerto de la Cruz, Domingo Tomás Hernández Bethencourt sintió desde temprana edad la llamada de la interpretación. A los cinco años, en compañía de sus padres y un hermano mayor, viajó a California. Su formación en el ámbito del teatro le fue acercando a círculos cinematográficos: se convirtió en un artista. Su nombre: Tom Hernández.

Le conocimos a finales de los setenta, en uno de los viajes a su localidad natal. Le gustaba pasear y conversar con amigos en la plaza del Charco. Hablaba un español macarrónico, al cabo de tantos años en los Estados Unidos. Lo puso de manifiesto cuando intervino en el acto de inauguración del cine ‘Timanfaya’, invitado por sus propietarios: agradeció vivamente al matrimonio “Perrggy and Terrgge” (Pedro González y Teresa Cruz) su gesto e hizo un breve y apresurado recorrido de su trayectoria artística.

El fue quien descubrió a Raquel Welch, inicialmente conocida como Raquel Tejada, aquella imponente y deslumbrante mujer -a la que llamaron “El cuerpo”- que rodara, allá por 1966, en Las Cañadas del Teide y en el Llano de Ucanca, escenas de la película “Hace un millón de años”. La animó después de haber sido seleccionada reina en una feria hípica. Vaya si acertó. Hablaba de Raquel con verdadero sentido de la amistad, profesada durante muchos años.

Un enamorado de la historia local, Bernardo Cabo Ramón, reserva a Tom Hernández una destacada glosa en su sitio digital “Puerto de la Cruz: sus gentes y sus cosas”, en la que consigna las apariciones del actor en películas tanto de producción española como norteamericana y de otras nacionalidades. Recuerdo haber visto en un par de ocasiones uno de los títulos en que intervino, “Los comancheros” (1961), donde interpreta el papel de crupier.

Otras películas en las que apareció: “Comenzó con un beso” (1959), “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” (1961) y “Vacaciones en Acapulco” (1963). Varios papeles también en series televisivas de grata recordación como “Laramie”, “Caravana”, “El virginiano” y “Daniel Boone”.

En su entrada dedicada al actor portuense, Bernardo Cabo Ramón relata cómo Tom Hernández fue seleccionado en la Feria del Condado de San Diego para un espectáculo de doma clásica y encarnar la imagen promocional de la convocatoria. Ahí surge el personaje de don Diego, inspirado en hechos reales protagonizados por Diego de Alvarado. Se convirtió en todo un símbolo, en la proyección de la feria durante muchos años, tal es así que se conserva una estatua suya de dieciséis pies en el acceso principal del recinto que perpetúa su recuerdo.

De sus estancias en el Puerto de la Cruz, ya en los años ochenta, se plasma una anécdota. Conversaba en vísperas de la festividad de Epifanía con Antonio Ortiz Hernández, entonces concejal de Turismo y Fiestas, cuando le dijo en aquel castellano macarrónico que resultaba gracioso:

-Antonio, no comprendo. En Norteamerica, viene Papá Noël y cada niño o cada persona tiene un regalo. Aquí se celebran el 24 de diciembre y los Reyes Magos y a casi todo el mundo le parece poco un solo obsequio. Por eso se ve a tanta gente comprando. Pero no lo entiendo. Eso es un consumo incontrolado. Y una mala costumbre.

Tenía toda la razón, claro.

Este portuense, que en eso y en otras cosas se anticipó a su tiempo, que descubrió a Raquel Welch y al que se sigue recordando en San Diego, falleció en Los Ángeles el 2 de junio de 1984.

lunes 27 de febrero de 2012

LA DACIÓN: DEPENDE

Ha habido escenas desgarradoras y reacciones sociales de todo tipo, muchas alumbrando un sentido de la solidaridad poco conocido. El problema de los desahucios judiciales de viviendas, derivado de impagos, se ha ido desbordando poco a poco. Se habla de unos ciento cincuenta mil afectados en todo el país: números mayores.
En el contexto del problema, predomina una expresión, la dación en pago, que viene a ser algo así como la entrega de la casa por incapacidad de pago, sin que sus propietarios sean responsables posteriormente de lo que quede por pagar del préstamo concertado sobre el que se formalizó la hipoteca.
El Gobierno ha amagado una solución que, en cualquier caso, no es sencilla. Acuciado para mitigar su desgaste en los cien primeros días, máxime cuando están cerca las elecciones autonómicas de Andalucía y Asturias, permanecer cruzado de brazos era una actitud muy pasiva, máxime después de haber regado la campaña de hace un par de meses con soluciones para todo, de modo que, por medio del ministro de Economía, ha esbozado una medida que, por ahora, no pasa de ser una declaración de buenas intenciones que somete -faltaría más- a la consideración de los poderes bancarios (Es llamativo: la reforma laboral se impone; la dación en pago, se pondera con la banca. Vaya equilibrio y vaya defensa del interés general).
Para limitar los desahucios, el Gobierno piensa, además de la dación del inmueble, en el abaratamiento de los intereses moratorios y el desalojo demorado por dos años, en casos de propietarios con familias todos cuyos miembros estén listas de desempleo. También sugiere que los primeros pagos que se realicen reduzcan el capital en lugar de los intereses.
O sea, sí; pero… Buenas intenciones pero notables cautelas. Voluntarismo e insuficiencia: a ver qué dice la banca, en vez de plasmar en una norma legal la complicada situación. La banca ha coleccionado últimamente un malestar social que sigue ‘in crescendo’ y precisa de gestos o bondades que alivien esa imagen deteriorada. La cuestión es saber si está predispuesta en esta materia y, en cualquier caso, si su actitud, presumiblemente favorable, echará por tierra lo del “duro a cuatro pesetas”. Permitan que aflore la duda, a la espera de los resultados de las buenas prácticas: que la dación la apliquen o practiquen aquellas entidades financieras que voluntariamente quieran hacerlo es una clara invitación a la duda.
Es normal la reacción de organizaciones sociales y de afectados: no se lo creen o consideran los anticipos insuficientes y muy limitados, posiblemente generadores, además, de evidentes desequilibrios o discriminaciones.
Tras el amago, veremos hasta dónde se pliega la banca -¿se pliega la banca?- pero lo consecuente sería una normativa que formalice la figura, esa dación en pago; y que haga viable durante el período de ejecución hipotecaria, cuando exista una situación de desempleo o de manifiestas limitaciones económicas, la reestructuración de la devolución del crédito para no perder la vivienda.
Eso será más estable y serio que cualesquiera otras expectativas, mucho más di dependen de los banqueros, por muy incentivados y ‘bienpracticados’ que anden.