domingo, 5 de abril de 2026

Gratitud al colectivo Gánigo

 

                                            A todo el colectivo Gánigo. Con mi gratitud perpetua.

“Comunicar es conectar nuestras historias vitales”, escribió recientemente Natalia Sara, periodista, consultora de comunicación estratégica y reputación, especializada en gestión de riesgos y crisis. Su currículum, contrastado en Pamplona, Madrid y Barcelona, donde ha enseñado en escuelas de negocio y en la Escuela de Periodismo y Comunicación de Unidad Editorial, refleja, ante todo, una sólida experiencia que parte de una premisa: “Lo que no se comunica no existe”.

Por eso se esmera en transmitir mensajes plenos de vitalidad, como el que tratamos de hacer llegar días pasados, lunes santo, en la convocatoria de entrega del premio ‘Gánigo de honor a la comunicación’, concedido por la asociación social y cultural del mismo nombre, hombres y mujeres sensibles ante el hecho y la actividad cultural, aquella que se hace en bodegas, garajes, salones de mobiliario elemental o quizá renovado y algunos escenarios sin que sean necesarias convocatorias rimbombantes, solo guitarras, laúdes, bongós y voces.

Son tantas las historias vitales que Felipe Hernández Ruiz ha ido concatenando, con amistades de todas las islas, con sentimientos que brotan y hacen bueno el pensamiento de Carlos Pinto Grote, compositor del poema “Llamarme guanche”, tan pleno, tamaña exaltación de la personalidad de los aborígenes canarios. A él pertenece uno de los lemas de los reconocimientos de la asociación: “Darle vueltas al barro y que el gánigo nazca”.

En uno de los santuarios culinarios de Icod de los Vinos, restaurante El Carmen, disfrutamos del aire que comunica la improvisación, el buen talante, las ganas insulares en cualquier localidad de compartir una velada espontánea, divertida, alegre, bullanguera… Hasta el último latido de su último pulso, tenía Pinto Grote el corazón hecho de libertades, “aunque caminara sin camino”, como su propio verso.

Allí, ante un montón  de invitados, agradecimos el galardón, como lo reiteramos ahora, con un pensamiento de Eduardo Galeano que seguro gustará al locuaz Felipe Hernández Ruiz, alma mater de la convocatoria y organización: “Para qué escribe uno sino es para juntar sus pedazos”. Ahora que estamos en las postrimerías, lo palpamos mejor.

Le correspondió la semblanza a Agustín González, escritor villero de raíces ranilleras, co-director de Diario de Avisos. Abrumados nos sentimos y fue lo único que acertamos a resumir. Porque todo el colectivo ‘Gánigo’ es un canto respetuoso a la amistad, a las libertades, al quehacer modesto y productivo. La escritura de Pinto Grote, que disfrutaba con la cerveza inglesa (‘ale’, así la pedía) mientras respiraba los aires del Atlántico frente al pequeño gran muelle del Puerto de la Cruz, sobrevoló de nuevo cerca del Drago milenario: “El amor es el sentido de la vida y la única manera que tiene el hombre de salvarse”.

Gracias, gracias a todos.

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