Sencillamente,
prestemos atención al cambio climático. El doble objetivo de esta
gran causa es mitigar y adaptarse. Si hay múltiples vías de acción
para acercarse, es cuestión de, cuando menos, intentarlo. Lo que no
puede ocurrir es menospreciar algo que afecta a la humanidad y que
cada vez exige más soluciones.
“Una
España más segura y justa ante el cambio climático. ¿Cómo lo
hacemos?”, es la pregunta con la que ha arrancado su trabajo la
Asamblea Ciudadana por el Clima (ACC) tras la que ha presentado
ciento setenta y dos recomendaciones.
Para
poner en marcha la asamblea fueron seleccionadas al azar cien
personas con diferentes edades, procedencias y niveles culturales. No
era necesario que supieran de cambio climático pues contaban con un
equipo de especialistas asesorándoles.
Las
ciento setenta y dos propuestas, entregadas ya al presidente del
Gobierno, Pedro Sánchez, y a la vicepresidenta tercera y ministra
para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, han sido agrupadasd en
cinco grandes áreas: consumo; alimentación y usos del suelo;
comunidades, salud y cuidados; trabajo; y ecosistemas. A su vez,
estas han sido divididas en cincuenta y ocho objetivos. Todas las
medidas han salido adelante por mayoría y cuentan con un apoyo
mínimo del 87 % de los asambleístas.
Según
informa el digital lamarea.com,
“lejos
de quedarse en ideas superficiales o sin un impacto real sobre el
problema,
muchas
de las propuestas serán tachadas por determinados sectores de
radicales
pues
comparten la necesidad de dar un cambio de rumbo al actual sistema.
Sin
embargo, no son más que lo imprescindible para mantener la vida. El
planeta es hoy 1,1
ºC
más
caliente que antes de la Revolución industrial, y ello implica el
aumento de los fenómenos extremos y que estos sean más graves, la
pérdida de ecosistemas y de la vida humana y animal, más
migraciones y menos bienestar, entre otros”.
Por
eso, las cien personas que se integraron en la asamblea piden
explícitamente
“sensibilizar
sobre el concepto de decrecimiento” a
la vez que se regula “la publicidad y los mensajes pro-consumo
visibilizando el impacto del consumo sobre el cambio climático”.
Asimismo,
cargan duramente contra las energéticas. Señalan que “el
sistema actual ha beneficiado desmesuradamente a ciertas empresas”,
por lo que piden la implantación
de un modelo energético con control público y regulación de
precios justos.
La
reforma del sistema, defienden, “debe establecer medidas para que
estos beneficios se utilicen para la transición completa a las
energías renovables”. Insisten en más
intervención pública para
lograr un mejor control de lo que se consume y paga, poniendo
especial atención en la pobreza energética.
Continuando
con el apartado energético, la ACC cree aconsejable que
la ciudadanía forme parte de la transición energética para
evitar “conflictos y rechazos” de proyectos de energías
renovables «impuestos por grandes empresas». También recomiendan
promover
el
autoconsumo
energético y
la venta de energía de autoconsumo en viviendas.
La
apuesta por un estilo de vida que luche contra la lógica capitalista
también está presente en otras muchas propuestas. Por ejemplo, una
de las medidas busca implementar
espacios públicos de ocio lúdico-culturales gratuito
sn necesidad de consumo, con aseos públicos y evitando la
masificación”.
Buena
parte de las ideas lanzadas por las y los asambleístas tiene que ver
con el transporte, sector que más contribuye al cambio climático en
España y a nivel global. En este sentido, piden minimizar
los vuelos nacionales en España cuando haya alternativas de tren,
tal
y como ya planean otros países y han reclamado dentro del territorio
español varias organizaciones y partidos políticos.
La
ACC carga contra el transporte de mercancías porque, además de su
impacto en el clima, “beneficia a unas pocas empresas”, las
cuales “controlan el mercado con prácticas monopolísticas y dejan
al consumidor muy pocas opciones”. Una de las recomendaciones es
priorizar
el transporte por tren frente al transporte por carretera,
recuperando vías férreas en desuso. Así, en función de los
avances tecnológicos, instan a electrificar
los medios de transporte que
sea posible.
La
mayoría de personas de la asamblea coinciden en que el coche
“provoca un consumo excesivo de combustibles fósiles” y “provoca
la ocupación del espacio público”. Para cambiar esto, demandan la
adaptación
del centro de las ciudades e incrementar el transporte sostenible.
También que
se facilite el uso de la bicicleta “con las mejores garantías de
seguridad” y que se conecte municipios cercanos con carriles bici
seguros.
La
información de lamarea.com
señala
que junto
al caminar y la bicicleta, el transporte
público
es
de las opciones ideales para moverse dentro de las grandes urbes. La
asamblea lo sabe, por lo que reclama que se potencie su uso a través
de mayor frecuencia, conectividad, simplificación y abaratamiento
(en el ámbito urbano e interurbano y, sobre todo, rural).
Otra
forma de luchar por reducir las emisiones asociadas al transporte es
el teletrabajo. Desde la asamblea piden impulsar esta modalidad de
trabajo siempre que sea posible, “sobre todo en los trabajos de
oficina para reducir los desplazamientos”. En línea con esto
último, consideran que otra medida efectiva sería reducir la
jornada laboral a
4 días o 30-32 horas, “explorando
en qué sectores funcionará mejor y/o con el impulso de la jornada
continua”.
En
fin, pasos para ir afrontando las consecuencias del cambio climático.
Quedan más. Seguiremos insistiendo.