sábado, 1 de agosto de 2026

Las redes de trata también se mueven

 

Julio del presente año quedó atrás, ya es historia. Entre las hojas del almanaque, hay que consignar que el jueves 30 se conmemoró  se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas. Pero la trata no espera a que llegue una fecha señalada para seguir captando, trasladando, explotando y destruyendo vidas. Desde el 24 de junio, Venezuela volvía a ocupar titulares por un terremoto que ha dejado a miles de personas enfrentándose, una vez más, a la incertidumbre, a la pérdida y a la ru.ina.

Y mientras la mayoría observamos esas imágenes con tristeza, una organización respetable, Cáritas Diocesana de Canarias, afontó las consecuencias de la tragedia que, como otras, acapara la atención informativa los primeros días hasta que se va diluyendo. Lo escribe Idaira Alemán Afonso, coordinadora del Centro Lugo de Cáritas Diocesana de Canarias: “Cuando una familia pierde su casa, su trabajo o la posibilidad de alimentar a sus hijos e hijas, la desesperación deja de ser splo una emoción para convertirse en una oportunidad de negocio para quienes viven de explotar a otras personas. Las redes de trata conocen perfectamente ese momento. Saben que una falsa oferta de empleo resulta mucho más creíble cuando alguien siente que no tiene nada que perder. Saben que una madre hará casi cualquier cosa si cree que así podrá sacar adelante a sus hijos e hijas. Saben que el hambre, las deudas o la necesidad de enviar dinero a quienes lo han perdido todo reducen el margen para decir que no. Y saben también que muchas mujeres que ya están siendo explotadas asumirán todavía más violencia para poder continuar enviando más dinero a casa. Las catástrofes no sólo destruyen hogares. También multiplican la vulnerabilidad de quienes ya vivían al límite. Y la vulnerabilidad es el lugar donde la trata encuentra su mejor aliado”.

Desde el citado Centro Lugo llevan treinta y ocho años acompañando a mujeres en contextos de prostitución y víctimas de trata, 655 mujeres en el pasado 2025. Mujeres que un día salieron de su país creyendo que emprendían un viaje hacia una vida mejor. Mujeres que solo querían trabajar, cuidar de sus familias, ofrecer un futuro diferente a sus hijas e hijos o, simplemente, sobrevivir. Hoy, muchas de ellas son venezolanas. En los últimos años hemos visto, en efecto, cómo su presencia ha aumentado de forma constante. Es la nacionalidad más numerosa por detrás de la colombiana y solo en el primer semestre de este año se ha atendido el 89 % del número total de mujeres venezolanas atendidas en todo 2025.

Hemos conocido historias atravesadas por la pobreza, la violencia, la inestabilidad política, el hambre, la desesperanza y la ausencia de oportunidades. Y después de tantos años caminando junto a ellas,  hemos aprendido algo esencial: la trata empieza mucho antes de la explotación, empieza cuando una mujer deja de tener alternativas. “Pero también hemos aprendido otra cosa -escribe Idaira Alemán-: la trata no existe únicamente porque existan tratantes, existe porque persiste un mercado dispuesto a comprar aquello que ellos venden. Mientras haya hombres que paguen por acceder al cuerpo de una mujer, el negocio seguirá siendo rentable. Mientras sigamos creyendo que la prostitución ocurre lejos de nuestra vida cotidiana, continuaremos alimentando el silencio que protege a quienes se enriquecen explotando a otras personas. Nos incomoda hablar de prostitución. Nos incomoda hablar de demanda. Nos incomoda reconocer que detrás de muchas puertas hay hombres integrados en nuestra sociedad sosteniendo una industria que mueve miles de millones de euros. Pero lo verdaderamente incómodo debe ser aceptar esa realidad sin hacer nada. A menudo escuchamos frases como ellas están ahí porque quieren, es el trabajo más antiguo del mundo o ¿por qué no se marchan? Y siempre nos hacemos la misma pregunta: ¿Cómo hemos conseguido construir un relato en el que resulta más fácil cuestionar a una mujer explotada que a quien obtiene beneficios de su explotación? Porque detrás de cada anuncio hay una historia que casi nunca vemos. Hay una deuda. Hay una amenaza. Hay una familia a la que mantener. Hay una frontera cruzada con la promesa de una vida mejor. Hay miedo. Hay violencia. Hay trauma. Hay una persona intentando sobrevivir”.

La dirigente de Cáritas afirma que seguirán tocando puertas y compartiendo un café alrededor de una mesa. “Seguiremos creyendo en las mujeres incluso cuando ellas hayan dejado de creer en sí mismas. Pero ojalá llegue el día en que nuestro trabajo deje de ser necesario. Ojalá llegue el día en que ningún terremoto, ninguna guerra, ninguna crisis económica y ninguna frontera vuelvan a convertirse en una oportunidad para quienes hacen negocio con la desesperación humana. Porque ese será el día en que habremos entendido que ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente libre, mientras exista una sola mujer cuya libertad pueda comprarse por horas”, concluye.

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