domingo, 1 de noviembre de 2026

Gala memorable

Fue una gala memorable. El acto de entrega de los premios Taburiente, de la Fundación Diario de Avisos, en el siempre sugerente teatro Leal, de La Laguna, será recordado por un pleno de virtudes, empezando por la presencia de algunos de los distinguidos. Ese es un hecho que, de por sí, cualifica la convocatoria. El respeto, transido del dolor aún latente por la catástrofe ferroviaria, con que los intervinientes aludieron al trágico suceso, ya era una prueba clara de que aún andábamos todos conmovidos. El desarrollo del acto, en fin, tan fluido en su concepción austera, la sucesión de imágenes para ilustrar las glosas de las memorias y los méritos de los galardonados, los mismos paréntesis musicales de dos de los premiados, debieron dejar satisfecho a Lucas Fernández que puede presumir de no hacer una convocatoria más sino una sobresaliente, capaz de cautivar a la sociedad insular hasta convertirla, sin exageración, en uno de los acontecimientos sociales del año. Si encima, protagoniza, como hizo, una intervención tan reflexiva, tan identificable de los problemas que envuelven a la sociedad de nuestros días, la concienzuda preparación da como frutos la superación de lo que empieza a ser un gigante en el universo mediático canario. Sí, él y su gente, están haciendo que las cosas pasen, por emplear uno de sus eslóganes promocionales. “El futuro pertenece a quienes tienen el coraje de cambiarlo”, afirmó.

Si la emotividad fue impregnando la noche progresivamente, si todas las intervenciones de los galardonados estuvieron al nivel que podía esperarse, detengámonos, por su brillantez, en la de Josep Borrell que desglosó rasgos de la geopolítica de nuestros días. Repasó los cincuenta y seis conflictos conflictos bélicos que azotan el mundo. Centró su atención en la Europa maltrecha y plagada de incertidumbre, necesitada de mayor capacidad operativa. Aún así, a su juicio, “desde que España entró en la Unión Europea se han vivido los mejores años de nuestra historia desde la batalla de Trafalgar”.

La madurez política de Borrell se ha forjado durante más de cuatro décadas. Ha ejercido como ministro, presidente del Parlamento Europeo y jefe de la diplomacia comunitaria, desde donde afrontó episodios como la guerra de Ucrania y la escalada de tensión en Oriente Próximo.

El verbo fluído y robusto de Borrell acentuó el silencio con que el Leal seguía su intervención. Y hasta teorizó sobre el pragmatismo de tiempos recientes, cuando “nos hemos incorporado a un mundo en el que podemos disfrutar de las cosas que todos los ciudadanos querrían para sí: una sociedad pacificada, libre, de progreso y cohesionada. Pero por desgracia no todos las tienen, cuando a la inmensa mayoría de la población le faltan parte de estas cosas”.

El político catalán, muy aplaudido, terminó diciendo: “Cuando uno pasea por el mundo, ve la llaga abierta que es la humanidad y, por ello, tenemos que hacer un esfuerzo para no perdernos en lo que tenemos y que es lo más importante: la convivencia”. Agregó: “Hagamos ese esfuerzo para que la democracia no sea sinónimo de división, sino de pensar en el futuro y decidirlo en paz”.

Sabias palabras en medio de una gala memorable.

 

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