sábado, 17 de marzo de 2012

COPLAS QUE VIENEN Y VAN

Escribe Jesús que le apetecía, nuevamente, recuperar metros y esquemas fijos. Y como también quería evocar “el divertido ejercicio de escandir versos en nuestra época de alumnos”, ha alumbrado una nueva criatura en forma de multitud de cosas que van o siguen unas detrás de otras (en realidad, eso es una recua) con la frescura de los versos que tan bien se le dan, hasta que “Higa”, la agrupación folklórica a la que tanto debe, según su propia confesión, los musicaliza y los pasea, de isla en isla, para deleite de quien sabe apreciar que en cosas de folklore aún quedan muchas cosas por descubrir: “Con las malagueñas/ yo tiendo la mano/ a mis siete islas/ a mi pueblo hermano”.

Dijo José María Estévez Méndez, Chema, el ex alumno, prologuista y presentador de la obra, que los versos navegan por la obra en constante movimiento y sólo hay que echar una segunda lectura de cualquiera de las composiciones para percibir la capacidad de observación de Jesús en cualquier paisaje geográfico, en cualquier ambiente humano y costumbrista desde donde brotan los academicismos estróficos contenidos en “Recua verseada”, un nuevo título que Jesús Manuel Hernández García añade a la que ya es larga colección bibliográfica.

Chema estuvo atinado en el acto de presentación, celebrado en la sala ‘Francisco Abrante’, de La Perdoma, donde la noche que amenazaba tormenta se guardó el buen sabor de un alumbramiento entrañable y solidario, al que Francisco Linares, edil orotavense, aportó el toque estimulante de la producción cultural, pese a la contracción económica que nos tiene a mal traer, y en el que el “Higa” no solo sintonizó con los versos del autor sino que transmitió al público las buenas vibraciones de un trabajo perseverante y esmerado que luce con los alardes justos de instrumentos, voces y danzas. Hasta Fuerteventura saltaron con su nombre propio: “Por Maxorata está Higa/ y una berlina cantamos/ el verso que siempre siga/ y con baile acompañamos”.

Que Jesús Hernández sigue sin saber estarse quieto, son sus mismas palabras, lo prueba “Recua verseada”. Esa vena poética ya la destilaba en multitud de entregas de su polifacética actividad y era como una especie de espina que había que sacar. Es difícil en tiempos como los que corren, cuando la sensibilidad mengua a borbotones. Pero él se atreve -¡esa osadía, maestro!- y logra los excelentes resultados de una edición -bien ilustrada por Marianella Aguirre, por cierto- que se leerá con fruición porque hay figuras poéticas con las que identificarse.

Cuando Chema Estévez aludió a Manuel Machado en su intervención, estaba retratando el genuino sentimiento de cualquier afán poético popular: claro que hay que procurar que las coplas vayan al pueblo, que éste las haga suyas, la mejor manera de inmortalizarlas, de prolongarlas, de subirlas a la recua para que siga girando sin parar y generando otras nuevas. Aunque dejen las coplas de pertenecer a su autor “para ser de los demás”, para ganar eternidad, claro que sí.

Demostrado que Jesús, en plena forma, tiene de todo menos aburrimiento, los versos que animaron la noche perdomera tienden a perdurar entre el público amante de estas cosas y el que hasta profano puede confesarse. Lo proclama en la siguiente estrofa:

“Mis coplas vienen y van/ son mecidas por el viento/ y por los aires están/ pregonando lo que siento”.

1 comentario:

Jesús M. Hernández dijo...

Muchas gracias, estimado maestro. Por tu presencia en el acto y por esta dedicatoria que va mucho más allá de los escasos méritos de un servidor. Mi intención es, llana y simplemente, estar entretenido. mucho más ahora en estado estado "jubiloso". Reitero mi agradecimiento.