miércoles, 28 de octubre de 2026

Permitan dudar de cierto patriotismo

Pero, ¿a qué juega Flavio Bolsonaro, el que fuera aspirante a la presidencia de Brasil? Permitan dudar de su patriotismo. O lo que es igual: los patriotas, o los que de eso presumen, no hacen eso. Los patriotas no se fugan de su país después de una derrota electoral, por muy cruda que ésta sea. En un video, expresó un triple propósito: no reconocer el resultado, postularse como líder de la oposición y no huir del Amazonas y sus riberas. Nada de eso va a cumplir. Total, ¿qué es una raya más para un patriota? ¿En qué lugar ha quedado, marchándose del país y dejando a sus millones de seguidores y votantes en la estacada? El candidato que fuera del Partido Liberal y senador de la derecha radical -esto es lo trascendente- escapa, así, de dos investigaciones en el Tribunal Supremo por blanqueo de capitales, entre otros delitos, y arrastra sospechas relacionadas con sus nexos con grupos paramilitares.

El pasado lunes, justo un día después de perder la segunda vuelta electoral frente al actual gobernante, Luiz Inácio Lula da Silva, un juez del Supremo ordenó a Flávio entregar sus pasaportes en un plazo de veinticuatro horas. Sin embargo, el hijo mayor del exmandatario Jair Bolsonaro —en arresto domiciliario por intentar orquestar un golpe de Estado tras su derrota electoral frente a Lula en el 2022— incumplió la orden.

Sus tres pasaportes (ordinario, diplomático e italiano) fueron cancelados, pero para entonces Flávio, de 45 años, ya estaba a camino de EE.UU., donde reside su hermano mayor Eduardo (también prófugo de la justicia). Viajaba rumbo Miami junto con su esposa, Fernanda Bolsonaro, y sus dos hijas. Total, vamos a empezar.

Abogado de profesión, Flávio figura como investigado en el Tribunal Supremo en un caso sobre la presunta financiación ilegal de la película Dark Horse sobre su padre. La Policía halló indicios contra él por corrupción, blanqueo de capitales y evasión de divisas. A la espera de sentencia, puro patriotismo.  Las sospechas giran en torno a los pagos millonarios de Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master y actualmente en prisión preventiva por un enorme fraude financiero, supuestamente destinados a producir dicha película.

En ese contexto, el juez del Supremo Alexandre de Moraes, que instruyó el juicio que llevó a prisión a Jair Bolsonaro por golpismo, ordenó a Flávio entregar sus pasaportes, lo que motivó su fuga a Estados Unidos.

La victoria electoral de Flávio hubiera supuesto un freno a las dos investigaciones, ya que los jefes de Estado brasileños no pueden ser responsabilizados durante su mandato por actos anteriores a su investidura. El primogénito del exmandatario también iba a perder su escaño en la Cámara Alta en febrero próximo, cuando arrancará la nueva legislatura, lo que será la primera vez desde el 2003 que no ocupará un cargo público.

La mayoría de los juristas considera que, estando en la Presidencia, ni siquiera podrían avanzar esas investigaciones con vistas a presentar eventualmente una denuncia cuando dejara el cargo, como remarcado a la agencia Efe Luisa Ferreira, doctora en Derecho y profesora de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Ahora, pese a la huida de Flávio, las dos investigaciones seguirán su curso con normalidad, aunque de ser necesaria, sería complicado conseguir la extradición por parte de EE.UU., teniendo en cuenta que la administración Trump ha participado en el plan para sacarle del país y lo ha acogido con los brazos abiertos (le ha ofrecido visado a él y a su familia como asilados políticos).

Son muchos los ejemplos de lo que puede acuñarse como el nuevo desorden mundial. Acaso lo del comportamiento de Bolsonaro junior sea el penúltimo. Ni lógica ni coherencia ni defensa legítima y consecuente de postulados ideológicos. ¿A dónde quieren llegar los políticos que se conducen de esta manera tan arbitraria y a los que no bastan los insultos ni las descalificaciones? Bolsonaro junior ha dado un ejemplo más para desconfiar de quienes creen que esto se hace porque lo digo yo. Y punto.

¡Ah! Sin olvidar que la Fiscalía denunció formalmente al primogénito de Jair por “organización criminal, malversación, blanqueo de capitales y apropiación indebida” en el 2020, cuando su padre ocupaba el poder. La querella versaba sobre la supuesta contratación de amigos, familiares y vecinos como funcionarios “fantasma” durante su etapa como diputado en Río, con el objetivo de quedarse con parte del salario de estos.

Patriotismo, presumen. Y se ponen la mano en el pecho cuando escuchan el himno nacional.


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