Pero, ¿a qué
juega Flavio Bolsonaro, el que fuera aspirante a la presidencia de Brasil?
Permitan dudar de su patriotismo. O lo que es igual: los patriotas, o los que
de eso presumen, no hacen eso. Los patriotas no se fugan de su país después de
una derrota electoral, por muy cruda que ésta sea. En un video, expresó un
triple propósito: no reconocer el resultado, postularse como líder de la
oposición y no huir del Amazonas y sus riberas. Nada de eso va a cumplir.
Total, ¿qué es una raya más para un patriota? ¿En qué lugar ha quedado,
marchándose del país y dejando a sus millones de seguidores y votantes en la
estacada? El candidato que fuera del Partido Liberal y senador de la derecha
radical -esto es lo trascendente- escapa, así, de dos investigaciones en el
Tribunal Supremo por blanqueo de capitales, entre otros delitos, y arrastra
sospechas relacionadas con sus nexos con grupos paramilitares.
El pasado
lunes, justo un día después de perder la segunda vuelta electoral frente al
actual gobernante, Luiz Inácio Lula da Silva, un juez del Supremo ordenó a
Flávio entregar sus pasaportes en un plazo de veinticuatro horas. Sin embargo,
el hijo mayor del exmandatario Jair Bolsonaro —en arresto domiciliario por
intentar orquestar un golpe de Estado tras su derrota electoral frente a Lula
en el 2022— incumplió la orden.
Sus tres
pasaportes (ordinario, diplomático e italiano) fueron cancelados, pero para
entonces Flávio, de 45 años, ya estaba a camino de EE.UU., donde reside su
hermano mayor Eduardo (también prófugo de la justicia). Viajaba rumbo Miami
junto con su esposa, Fernanda Bolsonaro, y sus dos hijas. Total, vamos a
empezar.
Abogado de
profesión, Flávio figura como investigado en el Tribunal Supremo en un caso
sobre la presunta financiación ilegal de la película Dark Horse sobre su
padre. La Policía halló indicios contra él por corrupción, blanqueo de
capitales y evasión de divisas. A la espera de sentencia, puro patriotismo. Las sospechas giran en torno a los pagos
millonarios de Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master y actualmente en
prisión preventiva por un enorme fraude financiero, supuestamente destinados a
producir dicha película.
En ese
contexto, el juez del Supremo Alexandre de Moraes, que instruyó el juicio que
llevó a prisión a Jair Bolsonaro por golpismo, ordenó a Flávio entregar sus
pasaportes, lo que motivó su fuga a Estados Unidos.
La victoria
electoral de Flávio hubiera supuesto un freno a las dos investigaciones, ya que
los jefes de Estado brasileños no pueden ser responsabilizados durante su
mandato por actos anteriores a su investidura. El primogénito del exmandatario
también iba a perder su escaño en la Cámara Alta en febrero próximo, cuando
arrancará la nueva legislatura, lo que será la primera vez desde el 2003 que no
ocupará un cargo público.
La mayoría de
los juristas considera que, estando en la Presidencia, ni siquiera podrían
avanzar esas investigaciones con vistas a presentar eventualmente una denuncia
cuando dejara el cargo, como remarcado a la agencia Efe Luisa Ferreira, doctora
en Derecho y profesora de la Fundación Getulio Vargas (FGV).
Ahora, pese a
la huida de Flávio, las dos investigaciones seguirán su curso con normalidad,
aunque de ser necesaria, sería complicado conseguir la extradición por parte de
EE.UU., teniendo en cuenta que la administración Trump ha participado en el
plan para sacarle del país y lo ha acogido con los brazos abiertos (le ha
ofrecido visado a él y a su familia como asilados políticos).
Son muchos los
ejemplos de lo que puede acuñarse como el nuevo desorden mundial. Acaso lo del
comportamiento de Bolsonaro junior sea el penúltimo. Ni lógica ni coherencia ni
defensa legítima y consecuente de postulados ideológicos. ¿A dónde quieren
llegar los políticos que se conducen de esta manera tan arbitraria y a los que
no bastan los insultos ni las descalificaciones? Bolsonaro junior ha dado un
ejemplo más para desconfiar de quienes creen que esto se hace porque lo digo
yo. Y punto.
¡Ah! Sin
olvidar que la Fiscalía denunció formalmente al primogénito de Jair por
“organización criminal, malversación, blanqueo de capitales y apropiación
indebida” en el 2020, cuando su padre ocupaba el poder. La querella versaba
sobre la supuesta contratación de amigos, familiares y vecinos como
funcionarios “fantasma” durante su etapa como diputado en Río, con el objetivo
de quedarse con parte del salario de estos.
Patriotismo,
presumen. Y se ponen la mano en el pecho cuando escuchan el himno nacional.
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