sábado, 30 de julio de 2011

DESAPARICIONES

Las cosas no son inmutables o no duran toda la vida, solemos decir de vez en cuando. La continuidad, la perdurabilidad, desde luego, depende de los propios humanos, de su voluntad, de su capacidad, de su empeño. Hay cosas que se transmiten bien, con naturalidad y los sucesores o los herederos prosiguen una trayectoria, aunque introduzcan algunas variantes o innovaciones, a menudo impuestas por las modas o los usos sociales. En otras ocasiones, no: no hay forma de que haya continuidad, se asiste al abandono, a los cierres, a las desapariciones. Se trunca la historia, en definitiva.
En un rápido ejercicio de memoria, podemos contrastar que el Puerto de la Cruz, a lo largo de las últimas décadas, ha ido perdiendo señas de su identidad en muy variados órdenes: recreativo, deportivo, cultural o social. En algunos casos, se podrá echar la culpa a la crisis, desde luego; pero, en otros, se prueba la amargura de la desidia, de la falta de compromiso, de lo acomodaticio, de la incapacidad y de la falta de cariño por las cosas propias.
Baste poner el ejemplo de la pesca artesanal, un sector productivo en el que no se ha producido un relevo generacional. Salvo contadas excepciones, aquel medio de vida para tantas familias portuenses dejó de serlo. Normas, restricciones, exigencias, sacrificio, desmotivación, insuficiencia en la formación, carencia de voluntad e inadaptación a nuevas técnicas han ido liquidando el sustento marítimo.
La estación de guaguas, en pleno polígono San Felipe-El Tejar, es un espacio físico que, por problemas estructurales del edificio, pasará a mejor vida. Ahora mismo, presenta el aspecto de cualquier inmueble cerrado, sin funcionar, abandonado.
Algo similar ocurre con el parque San Francisco, hasta hace muy poco recinto polivalente donde quedaron registrados acontecimientos de todo tipo, algunos de indiscutible notoriedad. Su obsolescencia ha ido in crescendo hasta el punto de que su inutilidad es manifiesta.
Cerraron sus puertas los cines -como si hubieran querido seguir la estela de aquel inolvidable teatro Topham o del popular cinema Olympia- y hay que agradecer los intentos de remodelación por parte de promotores privados para darles en nuestyros días otra funcionalidad.
Perdimos, por distintas causas, convocatorias memorables, como aquel circuito automovilístico que llevaba el nombre de la ciudad y que a finales de los años sesenta del pasado siglo tuvo como marco primero el sector de Martiánez y luego las modernas y anchas vías del polígono San Felipe-El Tejar, por donde creció la ciudad. En el deporte, desde luego, nos hemos ido quedando sin equipos que proporcionaron jornadas de gloria en sus modalidades y categorías: Ucanca, de baloncesto; juvenil Taoro, juvenil San Felipe, Once Piratas y Puerto Cruz Atlético, jugando ante centenares de aficionados en un Peñón todavía de tierra.
Cayó también el Maritim Puerto Cruz, que llegó a militar en la división de honor de balonmano; y hace apenas unas semanas asistimos al funeral por la desaparición del equipo de waterpolo del Club Natación Martiánez, al cabo de dieciocho años en el primer estrato nacional de la disciplina.
Dijimos adiós en su día al conocido 'Casino de los caballeros', en la intersección de Blanco con Iriarte, donde se reunían los mayores que disfrutaban de los juegos de mesa y hablaban de lo que se podía hablar entonces. Tampoco ha habido suerte con las entidades que dispusieron de una sede o un local estable, como el Cima Club o el Club Juvenil Peñita. Algunas asociaciones vecinales, por otro lado, ya son historia.
De los programas de fiestas han desaparecido números como una cabalgata anunciadora o un baile de postín como cuentan que fue el de 'Blanco y negro'. En hablando de fiestas, nunca más se supo de las de Cuaco o aquellas de El Ancón, con su peregrinaje de gente de toda condición hasta el célebre arco.
Las actividades de la Cruz Roja en la primera semana de cada diciembre se echan tanto de menos como los afamados conciertos de la banda municipal de música en la noche de los jueves, aunque hiciera frío a raudales.
Dos colegios, donde se formaron varias generaciones de portuenses, duermen el sueño de los justos, si se nos permite la expresión: en las aulas y en los pasillos del San Agustín y del Gran Poder de Dios, de segunda enseñanza, se quedan infinidad de vivencias, aprendizajes, pilleríass, andanzas y amores tempranos.
Y donde se coleccionan desapariciones es en el ámbito de los espectáculos: el Festival Internacional de la Canción del Atlántico sólo pudo celebrar seis ediciones. Sólo hubo dos de las 'Galas OTA' que tuvieron como marco la memorable sala 'Andrómeda', del complejo turístico “Costa Martiánez”. Las dificultades económico-financieras dieron al traste con la Muestra del Atlántico, ya en plena democracia. El ejemplo más reciente es Mueca, una convocatoria artística al aire libre, en las calles peatonales y en las plazas, que gustaba a todo el mundo pero fue víctima de las circunstancias.
Otra pérdida lamentable: el Festival Internacional de Aeronáutica que llevaba el nombre de la ciudad y que era uno de grandes atractivos de las fiestas de Julio. No ha habido manera de tomar el testigo de su mentor, el inolvidable Gilberto Hernández Linares.
En fin: sitios, nombres, entidades, convocatorias que ya son historia. Desaparecieron. Inevitable licencia para la nostalgia. ¡Ay, portuenses! De cuántas cosas nos hemos ido privando...

miércoles, 27 de julio de 2011

CIERRE DE ESTABLECIMIENTOS

Cierre de otro hotel en el Puerto de la Cruz: uno de los clásicos, el Atalaya, enclavado en pleno parque de Taoro, con trayectoria destacada, con prestaciones profesionales en el pasado de muy estimable nivel, un marco apropiado, en definitiva, para alejarse de cualquier urbe y disfrutar de un ambiente muy propio.


El cierre del Atalaya alarga el agónico proceso de la pérdida cuantitativa de la oferta turística portuense que, a lo largo de los últimos años, se ha agravado hasta extremos preocupantes, porque es el sostén productivo y porque no ha habido forma de poner freno a la supresión de camas turísticas que es así como se expresa lo sustantivo de esa oferta.


Fuimos de los primeros en advertirlo, periodística y políticamente. Juan Antonio Rosado, el vicepresidente del norte de Ashotel, la patronal hotelera, nos secundó, con las cifras en la mano, hace unos meses: el Puerto de la Cruz puede haber perdido unas diez mil camas en los últimos veinte años.


Malo cuando un hotel como el Atalaya, consolidado y con prestigio, se supone que amortizado, tiene que cerrar sus puertas. Ahí están sus casi sesenta trabajadores manifestando sus postreras expresiones de desazón y de impotencia. Muy similares a las del hotel Internacional, hace también unos meses. Aguantaron pacientemente sin cobrar varias mensualidades. Sin cobrar y en silencio, no fuera que hablando o reivindicando se acelerara el cierre. Por cierto, mucha culpa tienen en esta sucesión los empresarios o los gestores turísticos pero también los trabajadores del ramo que han sostenido una actitud muy paciente, casi hasta la indolencia, sin darse cuenta de que más tarde o más temprano les podía afectar. Conservar el puesto bien merecía algún esfuerzo de implicarse, de prevenir, de sensibilizar y de pactar para salvar lo que se pudiera.


Lo grave es eso, que los nombres de los establecimientos que han cerrado su explotación y que ya son historia significan una evolución muy negativa de una oferta que va palideciendo y ojalá que siriviera para racionalizar o ajustarla. Ni siquiera los casos, con sus singularidades, han servido para frenar algo.


Es como si el Puerto hubiera entrado en barrena o en caída libre. Y a velocidad, desde luego, mucho más rápida que los tímidos intentos de recuperación.


martes, 26 de julio de 2011

Y NO ESCARMIENTAN

No escarmientan, ¡eh! Se van amontonando los casos y pronto leeremos -si no está editado ya- un libro con todas las expresiones, barbarismos, lindezas que los micrófonos no cerrados, después de la intervención de algún cargo público, recogen y propagan, para regocijo o rechifla, para lapsus sin más o para poner en evidencia -según cualquier analista crítico que simpatice más o menos con el autor- la personalidad de quien las dice.

En alguna ocasión ya nos hemos referido a estas situaciones siempre incómodas pues suelen verse reflejadas en las páginas y escritas, de modo que el episodio adquiere mayor trascendencia. Entre la impaciencia por terminar y los apremios de cualquier otra naturaleza, a veces se escapan frases e improperios que se amplifican. No deja de ser una anécdota, pero ¿y si algún día se dice algo más grueso, una de esas expresiones que, por coloquiales o comunes, se tolera en conversaciones privadas pero que, como epílogo de una intervención, ya no son tan de recibo?

A ver si los políticos aprenden de una vez para que nadie les afee la conducta cuando se les escapa un exabrupto que, micrófono todavía abierto, resulta impropio.

Los últimos pillados in fraganti han sido José Bono, presidente del Congreso de los Diputados; y Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid. Al primero se le escapó un “¡Estoy hasta los huevos!”, seguido de un “Ya está bien”, que empequeñeció aquel célebre “¡Manda huevos!”, de Federico Trillo, qué causalidad, desde el mismo sitial. Confiemos en que el rango no imponga esos alardes de masculinidad.

Y a la señora presidenta, durante la inauguración de un centro de innovación de una entidad bancaria, se le fue, en réplica al alcalde Ruiz Gallardón, un “Qué suerte tenéis; nosotros, ni un puto duro”, en referencia a un gasto cercano a los treinta millones de euros que el Ayuntamiento madrileño iba a sufragar. No era la primera vez que Esperanza Aguirre cometía un desliz similar: en cierta ocasión, llamó “hijoputa” a un compañero de partido mientras hablaba con su vicepresidente de la situación en CajaMadrid. Y en otra, reconoció ante el mismísimo Mariano Rajoy que había dicho “barbaridades” en una intervención pública sobre la reforma laboral.

Lo dicho: es cuestión de cautela. Y de tener presente que, pese a haber terminado de hablar y aunque suenen aplausos, un micrófono abierto o mal cerrado, puede jugar malas pasadas como las comentadas.

A ver si se enteran.

lunes, 25 de julio de 2011

INNOVACIÓN: SUSPENSO

“España suspende en innovación turística”, puede leerse en un informe del Aula de Innovación Turística de ESADE Creapolis, el primer centro internacional de innovación que agrupa, en su sede de Catalunya, a unas cincuenta empresas multisector que trabajan y colaboran entre sí en ese campo que, tal como van evolucionando tendencias y mercados, se configura cada vez más decisivo.

Ese suspenso viene a agriar las notas positivas de otros informes (el de Exceltur, por ejemplo) que concreta los registros y los avances de la realidad turística española y sus comunidades autónomas y en el que Canarias no salía malparada, a pesar de que pocos han reparado en un aspecto negativo para el archipiélago como es el agravamiento de su déficit en formación profesional.

El caso es que no se innova en el sector. Ni administraciones públicas ni sector privado. Desde finales de los años noventa venimos empleando esos términos, innovación y cualificación, para contrastar la madurez de cualquier producto turístico. Un experto, analista del informe citado, ha dicho que “pocos innovan, muchos esperan y casi todos copian”. Con lo que el suspenso es preocupante pues, a estas alturas, cabe suponer que se dispone de suficiente base empírica como para afrontar planes y políticas que, debidamente implementados, favorezcan iniciativas que permitan adelantarse y marcar el paso del desarrollo de la industria turística.

Si suspendemos es que hay un estancamiento, que no se toma en serio esa asignatura, que se dedican escasos recursos y que, en definitiva, no hay sensibilidad. Seguro que más de uno argumentará que con la crisis, bastante hay con captar mercados para intentar llenar los hoteles. Pero ese conformismo, ese espíritu resignado, tan propio del sector, no es suficiente para encarar el porvenir en materias que, precisamente, son esenciales.

Entre las ayudas de reducida cuantía por parte de las administraciones, las dificultades para acceder a las mismas a partir de una información insuficiente, la mentalidad conservadora, el miedo al riesgo y las posturas acomodaticias, la letra y música de la innovación empiezan a sonar lejanas: ¿Y eso qué es? Así, no es de extrañar que en muchos lugares todavía andemos a la búsqueda del modelo y en otros apenas se den pasos para redefinirlo, sin ni siquiera aprovechar las excelencias de otrora.

La innovación es primordial para cualificar un destino. Para hablar de competitividad, es indispensable apostar por un turismo responsable y sostenible, por el cuidado medioambiental, por soportes promocionales atractivos, por ofertas imaginativas, por la introducción de nuevas tecnologías a todas las escalas, por las sinergias con otros sectores productivos y por la clara mejora de la formación profesional de trabajadores que van a relacionarse con clientes cada vez más exigentes y a los que no va a bastar con el conocimiento de dos o tres idiomas. Todas esas cosas forman parte de la innovación.

Las estrategias y las directrices futuras del sector servicios han de caracterizarse por el dinamismo, cualidad en la que incide directamente cuanto se haga en el campo de la innovación. Todo lo que sea pasividad, conformismo e indolencia, o aguardar a que terceros hagan lo que corresponde a los mismos agentes turísticos, sólo contribuirá a la esclerotización.

Ese suspenso específico, desde luego, es para reflexionar.

sábado, 23 de julio de 2011

FÓRMULAS PROMOCIONALES PROPIAS: ATAJAR LA DESIDIA

A la espera de que el gobierno municipal del Puerto de la Cruz diga algo sobre lo que quiere hacer en materia de turismo, habrá que confiar en que sus responsables directos no hayan olvidado la importancia de los recursos promocionales propios que han ido consolidándose pero que, en los últimos años, han ido palideciendo como consecuencia de una cierta desidia, de un creciente abandono que, de no atajarse, puede conducir a una pérdida irreversible.

El mes próximo, sin ir más lejos, se celebrará una nueva edición de la Semana Bávara, la trigesimooctava, amenizada por una orquesta, Die Iustigen Egerländer, cuya estancia en la ciudad se solventa a base distribuir a sus componentes en distintos establecimientos hoteleros. Es una convocatoria en la que tiene mucho que ver el Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) de la localidad. El bueno de Fred Gallasch es quien, al final, cuando ya sólo queda tiempo para la improvisación y las soluciones apuradas, se hace cargo de la parte más ejecutiva y ahí le tendremos traduciendo, atemperando, apelando, corrigiendo y unos cuantos gerundios más que connotan su participación directa en esta Semana, llamada a ser más brillante y animada en una época del año en la que es necesario captar mercados. Si se admite que la iniciativa ya sale por inercia, alguien debería reparar en que no basta la vía rutinaria: hay que integrar, promover, innovar y promocionar con otro aire.

Podría decirse lo mismo, ya que estamos, del intercambio carnavalero Düsseldorf-Tenerife que ha entrado, por lo comprobado en los últimos años, en una preocupante espiral de descuido y desatención. Cuidado, porque el intercambio es, en sí mismo, palabras mayores: se cumplirán en 2012 cuarenta años desde que Gregorio Etner, Eduardo Lobenstein y Horst Morgenbrod encontraron la fórmula para llevar a cabo -cuando no había plan de medios ni azafatas ni móviles ni DVD ni TDT- una promoción directa de los encantos de la ciudad en una zona tan característica de Alemania como es la Renania-Westfalia, a la larga una de las emisoras más potentes de afluencia turística.

Desde 1972, en efecto, se viene desarrollando -principalmente, con la ciudad de Düsseldorf- un intercambio de contenido carnavalero que ha fructificado no sólo con el respaldo interinstitucional sino con el acercamiento entre las ciudades. La reina del Carnaval portuense y sus damas de honor despiertan la admiración de miles de ciudadanos alemanes; en tanto que el príncipe de Düsseldorf y su acompañante, la venetia, asisten al fin de semana y la Piñata tinerfeña luciendo sus galas, siempre dignas de admiración, con un acompañamiento musical extraordinario.

Otros contenidos de este intercambio, encuadrados en el ámbito de la oficialidad, favorecen la seriedad de su planteamiento, al que se suman, por cierto, delegaciones oficiales de otras ciudades de la región alemana, interesadas, sobre todo, en poder introducir en sus programas lúdicos y festivos la presencia o la participación de las bellezas tinerfeña y los modelos que lucen.

En 2002, a propósito, en el ejercicio de la alcaldía, tuvimos oportunidad de conmemorar el treinta aniversario de esta iniciativa. Con nuestro colega de Düsseldorf tuvimos oportunidad de rubricar los documentos que hermanaban a las ciudades.

Es una historia, por tanto, interesante y una opción promocional que hay que mimar y enriquecer. A la aportación individual de emprendedores y profesionales, hay que unir la contribución de empresas y compañías gracias que resulta decisiva para materializar una experiencia que va a cumplir cuarenta años. A lo largo de ellos, muchas personas han envejecido o dejaron sus vidas: merecen ser recordados como sujetos activos de un hecho positivo para la ciudad.

Esa historia, ciertamente, es acreedora de respeto y de continuidad no mecánica. El intercambio requiere celo y dedicación. Hay que ser sensibles con su significación. Es en lo que debería afanarse el gobierno local. Se trata de una inversión productiva, luego hay que cultivarla.

No parece que sea la tónica de los últimos años. Ahora que se van a cumplir cuarenta -que son muchos- bien estaría una corrección de esta suerte de rumbo a la deriva que sirviera, al menos, para no desvirtuar ni perder aquello que con tanto esfuerzo ha costado conseguir y que se ha convertido en elementos distintivos de una ciudad llamada a otras empresas.

viernes, 22 de julio de 2011

FORMACIÓN, ASIGNATURA PENDIENTE

Un informe específico de Exceltur, elaborado para analizar y valorar los índices de competitividad de las comunidades autónomas, concluye que la formación sigue siendo una asignatura pendiente en el ámbito turístico. De ese suspenso continuado se desprende que una de las razones más negativas para el desarrollo de de Canarias como destino, en el sentido de que merma considerablemente el alcance y las potencialidades de los servicios ofrecidos en las islas, es la falta de cualificación de los empleados del sector.
No es nueva la conclusión. Lo inquietante es eso, que se venga repitiendo desde hace algún tiempo y que, pese a los llamamientos de unos pocos empresarios y sindicalistas y de algunos esfuerzos tanto de la Administración como de la iniciativa privada, no mejora el enfermo, si se nos permite la expresión coloquial. Es preocupante, desde luego, que a estas alturas andemos todavía con estas limitaciones o esta tara en la profesionalización de nuestro principal sector productivo.
Según el citado informe, titulado 'Monitur 2010', las iniciativas para fomentar la atracción del talento, la formación y la eficiencia de los recursos humanos son muy escasas, lo que agrava el problema hasta colocar a la Comunidad Autónoma en una delicada posición si quiere mantener cuotas de competitividad que no sólo dependan de sus encantos naturales.
Las carencias en el campo formativo a las que alude la evaluación de Exceltur no han mejorado a lo largo de los últimos dos años. El suspenso es la resultante, entre otras cosas, de la desidia y de la falta de interés de un trabajo sistemático en áreas como el apoyo a la formación continua, la calidad de la formación profesional o del propio sistema educativo. Del informe se deduce que si se reiteran las circunstancias, el déficit puede incrementarse con evidentes efectos negativos y que el destino perderá caché porque los cada vez más exigentes clientes -aunque paguen precios a veces irrisorios- se encontrarán a disgusto y sin ver correspondidas sus demandas de atención.
Los recursos humanos, en cualquier orden o actividad productiva, son primordiales. De sus prestaciones depende la buena marcha de una empresa o del sector en el que está encuadrada. Si ese personal no da la talla, todos saldremos perdiendo, así que habrá que esmerarse.

jueves, 21 de julio de 2011

SE VE, SE SIENTE: CNN+ NO ESTÁ PRESENTE

2010 fue un mal año para el periodismo. Habrán eclosionado las redes sociales y habrán aflorado ediciones digitales, pero la desaparición de CNN+ simboliza todo eso que palpamos: más desempleo, más precariedad, menos medios, más limitaciones, menos calidad, más vulgaridad, menos pluralismo. 2010 fue el año de la desaparición de CNN+. Seguimos atentamente y recordamos su emisión final, una auténtica lección de periodismo, aún impartida en la cruda hora final.
Que se haya apagado la opción más equilibrada y plural, una de las más creíbles del amplio y a veces insufrible espectro de la Televisión Digital Terrestre (TDT), fue una noticia negativa que entristeció a quienes trabajamos en la comunicación pero también a los miles de espectadores que aguardaban la cita con los informativos para estar actualizados, para retener buenísimas imágenes, para seguir atentamente los debates y para gozar, en definitiva, de la cobertura deseada de cualquier acontecimiento.
Está pasando, lo estás viendo. ¿Recuerdan? Ahora cabría decir: Se nota, se siente, CNN+ no está presente. Desde entonces andamos huérfanos. Echamos de menos aquel auténtico oasis del zapping a cualquier hora, al que acudíamos hartos de publicidad incesante, telebasura y telecaverna para poder informarnos de lo que acontecía con objetividad y realismo, ajustándose
a los hechos y sin sesgos o tendenciosidades tan abundantes en otros canales.
Duele, vaya que si duele, sobre todo porque en los tiempos que corren en algún lugar serio del contexto mediático debemos refugiarnos. Lo dejo escrito Pierre Renoir: “El problema es que la televisión amalgame y convierta en papilla informe la realidad, la ficción, lo fundamental, lo secundario, el divertimento y la reflexión”.


Pero puestos a citar, quedémonos con el periodista y actor estadounidense Jack Gould:
“Hay algo absolutamente tranquilizador sobre la televisión: Lo peor está siempre por venir”.
Así como hemos celebrado con entusiasmo el nacimiento o los números uno de publicaciones y medios de comunicación, aquel cierre anunciado acompañó una inevitable sombra de tristeza. Cuando un canal de ese nivel echa el candado, hay que preocuparse. Por la dimensión de la crisis, por la pérdida de valores intrínsecos, porque se deja de escuchar voces rigurosas y críticas, porque sobre profesionales de contrastada valía se ciernen incertidumbres, porque desaparece una opción informativa seria y creíble… Hay que preocuparse.
Los muy profesionales: fueron fieles a su lema hasta el último instante. Al cabo de casi doce años, transmitieron su cierre. Estaba pasando, lo estábamos viendo. van con nosotros. Iban con todos, con todos aquellos que abogamos por esa información veraz y contrastada,
por un medio plural, por una televisión digna y de nivel que signifique un rayo de luz en el oscuro panorama de la mediocridad, las simplezas y la chabacanería. Totalmente cierto. Se nota, se siente: CNN+ no está presente.
Tragamos un par de nudos, qué quieren. Estaba sucediendo, lo estábamos contemplando. Los rostros serios de quienes resistieron y se agruparon en la lucha final. La lectura sosegada y grave del comunicado postrero. Cómo fenece un canal televisivo. El hachazo invisible y homicida, con permiso de Miguel Hernández, se cobraba la vida de un medio de comunicación. Se apagó la señal. Después de once años. Apareció otra, fruto de una fusión empresarial, en la que durante un tiempo se emitió uno de los subproductos más morboso y preferido dada su millonaria audiencia.
¡Ah! las cuentas de resultados, los balances de explotación, el lenguaje frío de los números empresariales que prima sobre todos los demás… ¡Ah!
2010 fue un mal año para el periodismo y la comunicación. Habrán eclosionado las redes sociales y habrán aflorado ediciones digitales. Pero la desaparición de CNN+ simboliza, de alguna manera, todo eso que palpamos: más desempleo, más precariedad, menos medios, más limitaciones, menos calidad informativa, más vulgaridad, menos pluralismo.


(Publicado en el Anuario de Canarias 2010, editado por la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife)

miércoles, 20 de julio de 2011

DE SU PROPIA MEDICINA

Sencillamente, está probando de su propia medicina. O por recurrir a otra frase hecha, muy propia de los escándalos o lo sucesos que se complican: estas cosas se sabe cómo empiezan pero nunca cómo acaban.
Él mismo dijo, en sede parlamentaria, que el de ayer era el día más humilde de su vida. Claro: por la mañana, un grupo denominado Lulz Security había pirateado la edición digital de “The Sun” para insertar la noticia de su muerte. Y por la tarde, en la comisión correspondiente de la cámara de los Comunes, después de que uno de su brazos derechos -se supone que un magnate tiene varios, ¿no?- admitiera que el periódico utilizara detectives privados para obtener información y alegara que desconocía las escuchas -pero, ¿a quién engañan a estas alturas?- estuvo a punto de ser agredido por una persona que, en el interior de la comisión, intentó alcanzarle con un plato lleno de espuma de afeitar. Su esposa lo impidió y llegó a abofetear al agresor, inmediatamente reducido y expulsado de la sala. Todo este 'show', en el Parlamento británico, en el Parlamento por antonomasia, ni más ni menos.
Rupert Murdoch, el dueño de News Corporation, el australiano magnate de la comunicación, jamás olvidará ese 19 de julio. Le dan por fallecido -aún queda a los ingleses resquicio para su humor caústico-, comparece ante un órgano de la representación de la soberanía popular -qué lista aparentó ser Rebekah Brooks, el brazo aludido- y le intentan agredir. Su estrategia de victimismo -en todas las latitudes cuecen esas habas-, a base de cierre de un tabloide, de pedir perdones y de renuncias se revela como inútil. Lo ocurrido son señales evidentes de que el imperio se desmorona.
Y mientras José María Aznar guarda un elocuente silencio -para quienes no lo sepan, el ex presidente español se sienta en el consejo de administración de Murdoch-, las repercusiones y las responsabilidades políticas, por ahora, sólo asoman la cabeza. Cierto que ya hay un par de dimisiones y que el primer ministro, James Camero, tiene las barbas en remojo pero la crisis apunta profundo. La cosa no ha hecho más que empezar.
Y es que nada como la propia medicina para saber lo que escuece. Ya verán.

martes, 19 de julio de 2011

ESTÁN TRISTES LOS MICRÓFONOS

Con permiso de Sinatra, pero para nosotros, los del medio, Mariano era ‘la Voz’. Ninguna como la suya, tan peculiar, tan seria y sugerente a la vez.

“Enrique Martín Braun y Mariano Vega presentan: 707 Musical, el vuelo directo de los éxitos”. Esa era la introducción de aquel inolvidable espacio de Radio Nacional de España, cuando era Centro Emisor del Atlántico y los jóvenes que asomábamos a las novedades y a las tendencias musicales en la segunda mitad de la década de los sesenta teníamos en aquel espacio -¿te acuerdas, Carlos Martínez?- una obligada fuente de información y entretenimiento.

Muchos años después, quién lo iba a decir, coincidiríamos en esa emisora, él ya con una trayectoria contrastada en espacios informativos y en actividades culturales. Discreto, observador y austero, tanto en sus formas existenciales como ante el micrófono que se plegaba a su timbre vocal. Entonces, la admiración de años pretéritos se convirtió en reconocimiento profesional.

Mucho mayor cuando tuvimos oportunidad de relacionarnos con amigos comunes, por ejemplo, con Edmundo Essedín del Ródano, el polifacético argentino afincado en el Puerto de la Cruz, capaz de memorizar fragmentos de Martín Fierro y de interpretar a su manera capítulos del “Ulises” de Joyce, mientras se recreaba con un asado o unas empanadillas criollas. Ahí descubrimos al Mariano que escuchaba, al Mariano atento que ponía atención para luego opinar, siempre con rigor y con conocimiento de causa.

Hasta en el frío lagunero tuvimos varias oportunidades de palpar su sensibilidad, la del poeta y la del actor teatral que llevaba dentro, la del intelectual que jamás alardeó; al contrario, su caudal fluía sin que se notara: la modestia y la discreción de los grandes. Cuando accedió a la presidencia de una entidad tan apreciada como el Ateneo, sabíamos de su actitud de compromiso, de querer hacer cosas, de contribuir al desarrollo del pluralismo cultural.

Calló ‘la Voz’ singular de Mariano, los micrófonos ya son huérfanos de su timbre, de sus modulaciones y de sus recurrentes inflexiones. Están tristes los micrófonos. Una voz, por cierto, igual de válida para una cuña elemental que para la locución de una producción audiovisual que terminaba gustando o calando, precisamente, al identificarla, por su tono o por su énfasis. Cuando tengamos ocasión de volverla a escuchar, será inevitable emocionarse.

Un compañero de la vieja escuela, si se nos permite la expresión. Un compañero lleno de valores, que dignificó el oficio y lo engrandeció. Deja huella: lo siente Olga, lo dicen todos quienes le conocieron y trataron.

lunes, 18 de julio de 2011

CAYETANO

Seguro que se acordará de cuándo hacíamos cola para coger turno en el antiguo edificio de Correos y Telégrafos y transmitir la información vía telex. O cuando l,os dos estuvimos pendientes de Petra Kelly, líder de Los Verdes alemanes, en el exterior del hotel Botánico, invitada por el malogrado Paco Afonso a una edición del Festival Internacional de Cine Ecológico y de la Naturaleza. O cuando Jaime Lusinchi, aún candidato a la presidencia de la República de Venezuela, nos hizo esperar (para nada, para después no hacer declaraciones) en otro hotel portuense. O cuando buscaba desesperadamente, en la urbanización La Paz, una cabina telefónica desde la que anticipar la noticia de una censura a Félix Real que nunca se consumó, pese a que “cayó el tesegue”, titular que empleó en una apresurada crónica de vísperas...
Y así, sucesivamente podríamos contar numerosos episodios de andanzas informativas y periodísticas que vivimos juntos o compartimos en el Puerto de la Cruz, en el valle orotavense y otras localidades norteñas. Convertido al judaísmo, Rafael Ben Abraham jamás dejó de ser Cayetano Barreto, el Cayetano a secas que conocimos siendo candidato al Senado por el Partido de los Trabajadores y que ahora pone punto fin a treinta y tres años de quehacer profesional contrastado en distintos medios, el entusiasta y respetable Cayetano, delegado de 'El Día' que, una noche, para cubrir un carnavalero baile de disfraces se disfrazó de Xavier Vinader, un colega de enorme parecido físico algunas de cuyas cuyas publicaciones en 'Interviú', si no recordamos mal, le privaron de libertad. Cayetano posó aquella noche con Eligio Hernández en pleno tránsito de éste desde la Delegación del Gobierno a la Fiscalía General del Estado y la foto, de Carlos Cabezola, quedó colgada durante años, para regocijo general, en la desaparecida cafetería 'Oasis', donde tantas veces coincidió con Mariano López Palacios y César Ortega en la diaria búsqueda de información.
Cayetano ha sido el periodista todoterreno, el informador vocacional y cumplidor, amante del costumbrismo local y narrador de otros valores locales que se ha encargado de exaltar durante más de tres décadas, buscando material para llenar páginas y convirtiendo en noticia querencias, vivencias, anécdotas y episodios de personajes que han permanecido en el anonimato o no han podido ver reflejada su dedicación en las páginas impresas.
Barreto, además de informar, obsequiaba a sus lectores, dominicalmente, con textos cortos -rubricados con el seudónimo Herzog- en los que destilaba su filosofía de la vida, en los que escribía abstracciones metafóricas para lanzar mensajes singulares o interpretaciones de la cotidianeidad. Esos textos son la base de sus pinitos literarios, de sus dos libros, Preludios y La ranilla, que se leen en cualquier momento para entender las aristas de su personalidad.
Para hacerse una idea del respeto que ha sabido ganarse, Barreto fue elegido presidente perpetuo -sin objeciones ni censuras posibles- de la peña de informadores del norte que, antes de la crisis, venía reuniéndose una vez al año en fechas navideñas para debatir los asuntos más controvertidos del año.
La peña, por cierto, le recibió con alborozo después de un incidente en el que se vio implicado en Jerusalén y que motivó alguna gestión apremiada cuando andábamos por la Delegación del Gobierno. Llegamos a temer lo peor pero, por fortuna, Cayetano Barreto salió airoso y hoy puede contarlo. Seguro que ahora, al cabo de treinta y tres años de periodismo activo, dispone de experiencia, sosiego y tiempo para hacerlo. Porque le queda su sitio web.
Y porque las ganas de seguir comunicando no se le han agotado. Seguro.
¡Shalom!