sábado, 25 de octubre de 2008

ANTIGUO INSTITUTO, MODERNA CASA DE LA JUVENTUD

Concebida para enseñar. Tengo entendido que fue la primera sede del colegio “Gran Poder de Dios”. Albergó luego el antiguo Instituto Laboral, luego llamado Instituto de Formación Profesional. Era el ambiente estudiantil de sus alrededores, a primera hora de la mañana, o a la salida de clases, ya por la tarde, lo que denotaba el emplazamiento de aquella casona canaria, de sobria balconada, cercana a la plaza del Charco, en la céntrica calle Pérez Zamora.
Allí estudiaron numerosos compañeros de generación que siguieron luego el bachillerato de esta modalidad en Gran Canaria. Jóvenes que venían de otras localidades norteñas también cursaron en sus aulas un importante período de su formación. Y en esas aulas impartió enseñanzas un elenco de extraordinarios docentes que siempre serán recordados, por supuesto más allá de la identificación que se hacía con sus apodos o nombretes.
(Uno de ellos fue el célebre veterinario José Manuel Padrón de quien se cuenta una gozosa anécdota. En cierta ocasión, vino su conductor a buscarle avisándole del inminente parto de una vaca. Padrón estaba examinando y no podía dejar el aula de modo que le dijo al conductor que subiera a buscar un producto para administrar al animal.
-¿Por dónde subo don José Manuel?-, preguntó apurado el chófer.
-¡Por la escalera, rebenque!-, le espetó el profesor veterinario para regocijo general de los examinandos).
El centro, para acoger nuevas materias de los planes de estudio que iban evolucionando, creció y se extendió hasta la calle Puerto Viejo y la trasera que da a la calle La Verdad, más conocida por “el callejón cagado” y más recientemente por el finolis y sajón “Caca street”, que para eso, los del Puerto tenemos más chaveta y más ingenio.

En su salón de actos, un salón flamante para la época, allá por los setenta, vimos cantar en directo a Ricardo Cantalapiedra y escuchamos una interesantísima conferencia del escritor Tico Medina, que contó con evidente aire de suspense, cómo le tenían localizado los agentes israelíes de El Mossad.
Hasta que cambiaron los planes educativos, hasta que se produjo la mudanza al instituto de Las Cabezas. Allí quedó vacío, muriendo poco a poco, inservible e infrautilizado, aquel inmueble que ahora luce galas de restaurado para acoger la denominada Casa de la Juventud, abierta esta misma semana después de la larga ejecución de un proyecto ambicioso que se traduce en un recurso de primer nivel para el desarrollo de actividades de muy distinta naturaleza.
Algo tuvimos que ver con la iniciativa hace unos años, tramitando su lado burocrático-administrativo más complejo e impulsando vías de financiación con otras instituciones. A los posteriores regidores municipales les ha correspondido desbloquear y culminar una actuación necesaria, conscientes como somos todos de las limitadas disponibilidades de espacios físicos en el municipio para usos específicos.
Sólo cabe congratularse de la culminación de la rehabilitación y confiar en que el recinto se convierta en una auténtica caja de resonancia de la creatividad cultural portuense.

1 comentario:

EC dijo...

Así viví yo la inauguración:
Me había llegado la invitación a casa. La verdad es que no hacía falta tanto gasto en papel y horas de trabajo de quienes se encargaron de ello. Ya nos habíamos enterado de que se inauguraba la Casa de Juventud. Llevábamos mucho tiempo esperando y además ya saben lo que se dice en esta ciudad del sigloXXI : “En lenguas del Puerto te veas”, y lo de la apertura de la Casa corría de boca en boca en el instituto, en la calle y entre los colegas.
Así que aquella tarde abría sus puertas la que iba a ser “La Casa de l@s jóvenes de esta ciudad de vanguardia”, y yo no iba a perdérmelo. Por fuera estaba muy chula. Me gustaba, aunque la prefería pintada de verde. Tenía personalidad propia. Pero ¿cómo estaría por dentro? La curiosidad me comía y me fui tempranito para allá. Los aparcamientos de la zona vacíos. Todos los comerciantes en las puertas de sus negocios, pues ya que no se vende uncarajo , por lo menos comentaban la desmesura de la medida. ¿ para qué tanto espacio vacío con los problemas que hay en el Puerto de aparcamiento? Si la cosa estaba chunga, esa tarde más, ya que nadie iba a poder pararse por allí con su coche. ¡¡Para ellos iba a ser la inauguración!! Y estaban los tiempos como para medidas de este tipo, más aún sin necesidad. Total al final llegaron sólo 4 o 5 coches con “gente importante”. Los demás, los menos importantes, llegábamos a pata y no hacía falta que nos reservaran ningún sitio.
Aquello ya no pintaba muy bien, pero bueno allí estaba yo, detrás de todas aquellas “autoridades”, unas más conocidas que otras; todas ellas elegantes, sonrientes y sintiéndose muy jóvenes en esa tarde. Tengo que decir que lo que sí me gustó fue la anchura que le han dado a la acera delante de la Casa. A veces piensan y aciertan. Ahora sólo les falta poner papeleras y un aparcamiento para los que nos movemos enbici.
No se qué estuvieron haciendo en la puerta pues estaba detrás de todas esas personas que se habían vestido como para ir de boda y no pude ver nada. No se si alguien estababendiciendo la puerta, echaba un rezao o la rociaban con sal y sándalo para evitar las malas vibraciones( allí se notaba que algunas había). La cosa es que allí estuvimos un rato sin saber muy bien que pasaba. Hasta que por fin nos dejaron entrar. Ellas, las “autoridades” ya habíanpillao el mejor sitios cuando yo llegué dentro. ¡Como siempre! En ese momento ya empecé a deprimirme. No daba crédito cuando miraba a mí alrededor. Jóvenes un 30% más o menos, algunos de mis colegas se habían quedado fuera, decían que aquello era mucho pasteleo, que preferían volver otro día. Yo aguanté.
Empezaron los discursos. Una voz que no se sabía de donde salía, anunciaba a las personas que iban interviniendo como si fueran candidatas a un concurso de no se sabía muy bien de qué. Lo que iban diciendo retumbaba en mis oídos: las mismas palabras vacías a fuerza de repetirlas una y otra vez, no importa en que lugar y con motivo de qué. Usan sus frases prefabricadas vayan donde vayan y a lo que vayan, y lo peor de todo es que deben pensar que somos bobos y nos las creemos. Aunque yo creo que a fuerza de repetirlas hay algunos que se las creen (ellos, sin ir más lejos). Entre tanto discurso bien podían haber dado la palabra a alguno de los jóvenes que durante todos estos años hemos estado al tanto de cómo iban las obras, hemos participado en sesiones de trabajo aportando ideas, sugerencias, propuestas… Pero se ve que cuando hablan de participación no se incluye el ceder la palabra. Con estar invitados y poder aplaudir ya deberíamos conformarnos y estar contentos
Después de los discursos vinieron las actuaciones. Ahí ya terminé de deprimirme. Estuve por irme, pero las piernas se me habían bloqueado. Por un momento no sabía si estaba en una Gala de elección de no se sabe que reina, en un festival de variedades o en la fiesta de final de curso de un colegio de primaria. Lo que si puedo decirles es que los y las jóvenes de esta “ciudad del sigloXXI, de esta ciudad de vanguardia” no estaban ahí representados entre Pocahontas y Eva María (que decían se fue a la playa y a mi no me extrañaba ni un fisco, la cosa estaba para salir huyendo). Aquello más parecía la final de cualquiera de esos concursos que triunfan en televisión. A lo mejor es que yo me había confundido y lo que se inauguraba no era una CASA de JUVENTUD (espacio para la creatividad, la participación, la diversidad, la cultura, la formación, la educación en valores….) y lo que se inauguraba era La Academia y eso era uno de suscastings ( y por cierto alguno de los participantes incluso hizo doblete. Debe ser que en esta ciudad de vanguardia no hay suficientes jóvenes creativos)
El acto iba avanzando y yo cada vez más deprimido. Aquello no pintaba como yo había imaginado. Pasé del espectacular espectáculo y subí a ver la planta alta. Todo estaba vacío, frío, aséptico, impersonal… Al bajar me ofrecieron una copa, sí, como lo oyen, una copa de champán o cava, como prefieran, pagada con dinero público, como las campañas de prevención del consumo de alcohol entre jóvenes. ¡Fuerte contradicción!
Decidí irme. Un poco triste la verdad. Pero bueno, no había que perder la esperanza. Seguro que las cosas eran así por ser el primer día. Eran los nervios, la falta de costumbre de inaugurar espacios para jóvenes, la tarde que pintó lluviosa…. Algo seguro era. Al día siguiente cuando ya se hubieran apagado los focos, se hubieran llevado las banderas y desmontado el escenario empezaría a sentirse el verdadero espíritu de la Casa. Y entre todos y todas los que teníamos ganas de ocuparla, de llenarla de proyectos, de ideas, de participar en todo lo que podamos o nos dejen, empezaríamos a llenarla de vida.
Pero si las cosas pueden ir peor, en el Puerto siempre van. Volví al día siguiente. Esta CERRADA a cal y canto, como dice mi abuela. Ni siquiera un cartel pidiendo disculpas o dando alguna explicación que tranquilizara un poco. ¿Había sido todo un sueño? No, había sido una pesadilla y yo esperaba despertar.