lunes, 30 de marzo de 2009

JUBILACION DE DOMINGO PERERA

Domingo Perera Hernández se jubila hoy. No es una jubilación más. Es la de un trabajador nato, de un hombre hecho a sí mismo, de una persona seria y cabal, gran conocedor del pueblo y protagonista, a su modo, muy en silencio, muy en segundos planos, de importantes episodios de la vida democrática municipal felizmente recuperada en abril de 1979.
Miembro de una familia de seis hermanos, Perera se fajó siempre con la parte más dura de las cosas difíciles. La tosquedad de su apariencia guardaba una gran humanidad, la que afloraba en las situaciones más delicadas, traducida en lágrimas de emotividad que no podía controlar y que, en el fondo, era un rasgo natural de su talante.
Perera jugó a baloncesto, sin brillar, en los años sesenta. Pero siempre estaba allí: para marcar el campo en la plaza del Charco, para suplir a un compañero ausente ese día y para expresar su disconformidad con ese vozarrón que Dios le ha dado y que, muchos años después, fue convertido en una suerte de himno murguero que Carmelo Encinoso terminó de arreglar:
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Domingo siempre recordaba que se inició laboralmente con Galán y que desde entonces se interesó por las reivindicaciones obreras. No le gustaban las injusticias y por eso se afilió a la Unión General de Trabajadores, allá por la Transición. Se forjó también una agencia de automóviles de carácter familiar, hasta que, impulsado por los vientos democráticos, se incorporó al Partido Socialista Obrero Español.
Era uno de los fichajes jóvenes de aquella generación (Alfonso Carrillo, Julio Espinosa, José Filpes, Nicolás López García, Rafael Abreu, Antonio Masot...) que de forma tan entusiástica como sapiente imprimió un sello indeleble al socialismo del Puerto de la Cruz al que vieron triunfar electoralmente para vivir una segunda juventud, ya en pleno disfrute de las libertades.
Perera aprendió pronto los vericuetos de la hacienda municipal y se codeó con los ediles y consejeros cabildicios más avanzados en las discusiones sobre los repartos de la célebre Carta Municipal, la antesala de la tan controvertida participación de los ayuntamientos en los ingresos de la nonata Comunidad Autónoma y del Estado.
Pero la vena social podía más y en el segundo mandato municipalista (1983-87) Paco Afonso le designó concejal delegado de Bienestar Social. Domingo entendió perfectamente la sensibilidad de los portuenses. Aún se recuerda la atronadora ovación que le dedicacron los asistentes a un mitin en la plaza Pérez Galdós. Fue su noche triunfal, cuando palpó lo que era amor de un pueblo.
Luego asumió la dirección política económico-financiera del Ayuntamiento, cuando la escasez de recursos llegó a ser asifixiante. Y aún le quedó tiempo para ejercer la secretaría general de la Agrupación Local donde se esmeró en el dominio de los estatutos que luego extendería a los ámbitos insulares de la organización.
En ellos, en época de Juan Carlos Alemán, ocupó la vicesecretaría general desde la que lidió algunas de las peculiares situaciones que ha vivido el socialismo tinerfeño. Dio el salto al Cabildo Insular cuando el PSOE iniciaba su larga travesía del desierto. Y ahí puso el punto final a su trayectoria como cargo público.
Domingo Perera es uno de los pocos casos en que un político vuelve a civil. Es decir, concluido el ejercicio activo, se incorporó a una empresa hotelera que le abrió las puertas. El supo corresponder a esa confianza con los atributos que adornan su personalidad: entrega, responsabilidad, sacrificio... Un caso, desde luego, muy meritorio.
Ahora, al cabo de catorce años, ya abuelo, cierra otro ciclo: el de su período laboral activo. Se jubila como los grandes: sin alharacas, con la modestia de quien sabe que los ideales progresistas han sido y serán su norte.
Disfruta, compañero.

1 comentario:

José-Nicolás dijo...

Gracias, Salvador, por mantenernos informados y enhorabuena para Domingo. Desearle, en su pase a una situación pasiva o de inactividad laboral, todo lo mejor. Que disfrute de su merecido descanso profesional. Quiso el azar que la fecha de su jubilación estuviera tan cercana a la del próximo viernes, 3 de abril, en la que se cumplirán 30 años de los primeros ayuntamientos democráticos. Fue un 3 de abril de 1979 cuando Domingo se estrenó como concejal. Enhorabuena también por esos treinta años de coherencia.