sábado, 14 de marzo de 2009

MEDIO SIGLO DEL HOTEL "TIGAIGA"

El hotel “Tigaiga”, nombre indisolublemente ligado a la historia reciente del municipio, cumple cincuenta años. Es el pequeño gran imperio de los Talg: el que inició Enrique Talg Schultz, el que siguió su hijo Enrique Talg Wyss y del que en la actualidad se ocupan los tres hijos de éste, Ursula, Irene y Enrique, personas encantadoras que pueden sentirse plenamente orgullosos de sus antecesores y que son fieles continuadores de su obra.
El “Tigaiga” es un hotel distinto, no sólo porque es gestionado familiarmente sino por las peculiaridades del entorno, por la misma distribución de sus espacios, por el cuidado de los recursos naturales y por la esmerada atención de todo su personal. “Tigaiga” es el timbre de un modelo turístico que caracterizó al Puerto de la Cruz, cuando alcanzó su esplendor en las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo. Aún registra clientes que vinieron entonces a pasar su luna de miel y no han conocido otro alojamiento cada vez que repiten sus visitas.
Talg Wyss tuvo mucho que ver con todas esas cualidades, reflejadas en una colección de premios y distinciones que sirvieron de excelentísima promoción en cualquier feria.
Entrañable personaje, Enrique Talg Wyss, nacido en Vigo, por cierto, hecho que se apreciaba en algunos rasgos de su carácter. Observador, meticuloso, amable, celoso, modesto, atento: era el arquetipo de empresario hecho a sí mismo, consciente de lo que significaba la amabilidad personal para ganarse la confianza de los clientes y seguir captándoles. Como era consciente de la relevancia que adquirieron las prestaciones hoteleras en la evolución de la industria hotelera. Amante empedernido de la naturaleza, no había reunión en la que no sacara a relucir los senderos turísticos por lo que tanto se preocupó.
Compartimos algunos viajes, muchas reuniones y varias citas en el hotel con personajes de postín. Sólo con algunos íntimos, y siempre en nuestra presencia, revelaba que el hotel fue construido sobre los terrenos de una antigua propiedad familiar. Lo decía con voz queda, como para que no trascendiera demasiado. Y se acordaba, naturalmente, de que el descubrimiento en el subsuelo de una cueva volcánica dificultó la construcción, basada en un proyecto del arquitecto Félix Sáenz Marrero Regalado, tal como destaca el escritor orotavense Juan del Castillo León que es un asiduo visitante los fines de semana para gozar de las exquisiteces del establecimiento.
Y en el hotel, el celo de Enrique, que llamaba puntualmente, nos permitió entrevistar a monseñor Bruno Heim, el arzobispo suizo que es autor del escudo heráldico del municipio del Puerto de la Cruz y de los escudos de armas de los cuatro anteriores papas difuntos. La entrevista, con fotos de Enrique Serrano, fue publicada en Diario de Avisos. Monseñor Heim, el primer nuncio apostólico en Gran Bretaña, nos remitió unas líneas de gratitud.
Otro episodio en el “Tigaiga”. Gerhard Schröder, canciller que fuera de la República Federal de Alemania, se preparaba para suceder a Helmut Khol y recuperó fuerzas en el hotel en las navidades de 1997. Aún estaba fresco en el Puerto el insólito episodio de la censura registrado en 1995. Enrique Talg se lo contaba a Schröder mientras tomábamos café en los jardines, atendiendo su gentil invitación. El que iba a ser hombre fuerte de Alemania se extrañó. Mucho más cuando, tras explicarle las características de la ley lectoral española de régimen local, le dijimos que nuestro triunfo electoral había sido obtenido con el 42% de los votos. Shröder espetó:
-¿Y qué clase de ley es esa que no permite gobernar con ese porcentaje?
De modo que el “Tigaiga” nos guarda imborrables y gratificantes recuerdos, algunas vivencias enriquecedoras. En ellas merodea Enrique Talg Wyss, entrañable personaje, sí, a quien dedicamos una intervención pública en ocasión de un acto celebrado en Icod de los Vinos promovido por Antonio García Fleytas, en el que no faltó la lluvia que él tanto agradecía.El texto debe andar entre los contenidos del blog conmemorativo de este medio siglo de existencia de un establecimiento señero, timbre de orgullo, claro, para los portuenses y para el turismo tinerfeño.

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