jueves, 25 de enero de 2018

MUCHAS SOMBRAS Y POCAS LUCES

No son buenos tiempos para el periodismo, para una profesión que se debate entre incertidumbres y vaivenes. En cualquier caso, las circunstancias aconsejan una reflexión que, hecha en torno a la festividad del patrono, sirve para contrastar ideas o criterios e impulsar la autocritica, sin perjuicio de posibles alternativas, incluso en los más modestos actos conmemorativos.

Y es que el periodismo, como se concluía en el informe sobre el estado de la profesión, hecho sobre la base de una gran encuesta promovida por la Asociación de la Prensa de Madrid, sigue condicionado por amenazas muy serias. Las expresaba su presidenta, Victoria Prego, cuando hablaba de la crisis de su propia credibilidad y del auge premeditado de las noticias falsas “con el fin de confundir a la población de las sociedades libres y democráticas”. Hasta un cierto descrédito de la profesión, alimentado por los populismos de distinto signo y por la impunidad de contenidos o tratamientos transgresores, resulta un serio inconveniente para recuperar terreno y confianza.

En medio de este escenario, una expresión se ha hecho familiar: el cambio de negocio, un factor que cada vez es más asumido, aún a sabiendas de que pone en peligro las ediciones impresas mientras las innovaciones tecnológicas, vía digital, van dejando a la radio en un trance delicado. Algunos países, como Noruega, ya afrontan el reto y empiezan a dejar atrás la frecuencia modulada, aunque los costos sean muy elevados, al menos en la fase inicial. Por el lado del producto impreso, en España ya conocemos el anuncio de la desaparición de dos cabeceras de postín, como Interviú y Tiempo, en tanto que desde Argentina han llegado las desalentadoras noticias del mismo trance con El Gráfico, un título emblemático en el periodismo de aquel país y de toda Sudamérica que no va a poder cumplir cien años como era deseable.

Esto supone pérdida de puestos de trabajo, de ahí que se concatenen reivindicaciones salariales y unas mejores condiciones laborales. Frente a la idea, cada vez más consolidada, de que poco importa la calidad de los contenidos y de los productos, los editores y las empresas deben esmerarse para que la pérdida de empleo no empobrezca aún más el panorama informativo y de la comunicación.

Ello conlleva un riesgo, cada vez mayor, a la vista del espectacular crecimiento, consistente en que las redes sociales se conviertan en un único medio de información. Los responsables de algunas plataformas parecen ser conscientes y están adoptando algunas medidas -especialmente en el orden de impedir la circulación de noticias falsas- que aún deben cristalizar.

Y por encontrar alguna luz en un contexto de precariedad e incertidumbres, queda el consuelo de que gracias a las nuevas tecnologías, muchos profesionales han reconducido sus trayectorias y hasta han encontrado posibilidades de afrontar proyectos autónomos en plataformas o sitios digitales.

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