martes, 4 de septiembre de 2018

UN LUNAR EN LA CULTURA

A media tarde de ayer rondaba en círculos culturales del Puerto de la Cruz una información relativa a la superación de la crisis generada con el cierre temporal del Castillo San Felipe, Espacio Cultural, como consecuencia de la falta de pago a la firma Lhorsa Arte y Eventos, encargada de ejecutar las tareas básicas para que se llevaran a cabo las actividades programadas en el singular recinto. El cierre fue motivo de desazón en el colectivo y también en las redes sociales, donde la determinación ha sido severamente criticada, máxime cuando se ha sabido que las causas del mismo obedecían no a razones estrictamente económicas sino a la demora en la instalación de la administración electrónica en el Ayuntamiento portuense, la baja de una funcionaria del área de Cultura y la aplicación de la nueva Ley de Contratos del Sector Público.
En Lhorsa deben andar bastante desconsolados. Desde hace unos meses sin cobrar, se vieron abocados a entregar las llaves del Castillo. Se entiende el hartazgo si no mediaron explicaciones convincentes. Esa firma tiene cualificados emprendedores y experiencia solvente en materia cultural. Precisamente, su última intervención (abrir y cerrar puertas, funcionamiento de las dependencias, colaboración en la instalación) tuvo que ver con una exposición de casi veinte artistas canarios incluida en la programación de Phe Festival, un acontecimiento que empieza a ser muy apreciado en la oferta cultural anual del municipio. La propia concejala delegada del área y de Hacienda, Sandra Rodríguez, ha valorado la iniciativa y la experiencia de la firma, con la que quiere seguir contando en el futuro, aunque después de este trance, se da por hecho que será difícil. “El trato que da a los usuarios es muy bueno, tenemos las mejores referencias y ello nos da muchas garantías”, dijo Rodríguez a Diario de Avisos.
El caso es que, a la espera de confirmar la nueva adjudicación del servicio, y en la confianza de que sea tan eficaz como el anterior, el tropiezo en la gestión ha sido sensible, pese a que se hable de la prontitud con que el recinto ha sido reabierto. Siempre hubo dificultades para atender como se merece el hecho cultural cuya estabilidad, por supuesto, pasa por la disposición de unos ingresos regulares que sirvan no solo para satisfacer las tareas encomendadas sino para motivar y estimular otras con vistas al futuro. La actividad cultural en el Puerto a lo largo del presente mandato, sin confundirla con espectáculos de masas, ha sido estimable. Pero ello requiere continuidad para que se vea que hay un trabajo de sustrato, que no son golpes de tango ni flores de un día. Lo bueno, además, era eso: disponer de efectivos y recursos locales, es decir, que esa actividad es válidamente sostenible para ir creciendo y para tomarse en serio, con ese cariño y ese esmero que es difícil imprimir si no se entiende con suficiencia el hecho y el medio local, aunque ello no signifique exclusivas.
Se supone que las dificultades apuntadas podrán ser superadas y “el derecho a cobrar” se hará efectivo. Que sirva la experiencia porque el lunar es difícil de borrar.


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