sábado, 5 de marzo de 2011

¡ALBRICIAS!

Un centro de artes escénicas en el Puerto de la Cruz. Como es difícil de creer, hay que repasar la información.

A estas alturas, en una ciudad que sobrevive casi para superar la decadencia, con una actividad y una sensibilidad cultural muy limitada, con una colección de fracasos en este ámbito, ¿un centro de artes escénicas?

Pues nos frotamos los ojos y ahí aparece Mónica Lorenzo, una ciudadana portuense, profesora de teatro, que se lía la manta a la cabeza y pone todo su empeño en remodelar el antiguo y cerrado cine ‘Timanfaya’ para dedicarlo a eso, a un centro artístico en el que podrá verse e impartirse, además de acoger otras disciplinas como música, danza y risoterapia.

Toda una iniciativa, toda una novedad de la que hay que congratularse. Está la ciudad tan necesitada de incentivos de este tipo que la información produce la natural alegría y motiva a desear el éxito de su promotora.

El ‘Timanfaya’ amplió, en su día, la oferta de exhibición cinematográfica de la ciudad. Continuaba al ‘Chimisay’ y al ‘Olympia’. Más atrás, en el tiempo, queda el antiguo teatro ‘Topham’, una suerte de recinto polivalente donde hubo bailes, actuaciones musicales, juegos florales y hasta riñas de gallos.

La propiedad fue generando alternativas hasta que las circunstancias de la comercialización y la competencia así como la implantación de las nuevas tecnologías hicieron cerrar las puertas. Ni la céntrica localización jugó a favor así que, de la noche a la mañana, los portuenses, que presumían de ser muy entendidos en cine -durante muchos años fue casi su único vehículo cultural- se quedaron sin una película en pantalla grande que echarse a los ojos.


Mónica Lorenzo trata de evitar que la actividad cultural en la ciudad siga una estela de pobreza o se resigne a languidecer sin un mínimo estímulo. Recupera el espíritu de quienes hace décadas eran capaces de montar y dirigir modestas representaciones teatrales con escolares, estudiantes y aficionados que hacían de todo, desde los decorados hasta la venta de localidades para abonar los gastos de atrezzo y vestuario.

En el desaparecido teatro ‘Topham’, precisamente, alumnos del colegio ‘Gran Poder de Dios’ representaron títulos inolvidables (“Casilda, reina mora”, “La estrella de oriente”, “Mecáchis, qué guapo soy”, “La ocasión la pintan calva”, “Los apuros de un fotógrafo”…) bajo la dirección del maestro Jesús Hernández Martín. Allí acreditaron muchos jóvenes portuenses sus cualidades o habilidades para papeles artísticos. Por eso, cuando el teatro cedió al desarrollismo, lágrimas y lamentos se apoderaron de muchos de ellos. La alternativa del parque San Francisco, dadas las características del recinto, no sirvió para mantener la llama encendida.

Montse Martínez, Tato Perera, Matilde Perera, Elsie Ribal, Lorenzo de Ara, Angeles Marrero (perdón por alguna probable omisión), desde distintos ángulos, intentaron recuperar los valores de la interpretación con aulas, programas y cursos que trataban de hacer frente a la incomprensión y eran una muestra de los afanes para contar con recursos humanos propios en una actividad, la teatral, que siempre requiere dedicación y perseverancia.

Parece tenerla Mónica Lorenzo a la que hay que desear mucha suerte en esta aventura. No van a faltar adversidades pero en su superación, probablemente, estriba el principal motivo de haberla emprendido.

De momento, a la espera de ver los primeros frutos, por lo que de relieve tiene la iniciativa, cabe exclamar: ¡Albricias!

1 comentario:

Jesús M. Hernández dijo...

Me sumo a esa alegría y lo sintetizo en una frase del escritor francés André Malraux: La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida.