jueves, 19 de abril de 2012

SINGULARÍSIMA CRUZADA

¿Qué puede rondar por su cabeza? ¿Por qué ese propósito de blanquear las manchas callejeras enquistadas en las aceras? ¿Cuál es la razón de esa guerra declarada al chicle desahuciado e invasor de los espacios por donde circulamos? No es uno, no es un sector, no es un barrio: ¿qué persigue obcecadamente quien se inclina indiferente a la variada reacción de los demás, de quienes le ven en su singularísima cruzada?

Se ha propuesto blanquear los millones de manchas oscuras de goma de mascar enquistadas anárquicamente, de todos los tamaños, pluriformes, fluyendo alocadamente en todas las direcciones. No importa: él las recorre, con multitud de papelillos blancos de tamaños incontrolados -seguramente, cortados por él mismo- que va pegando sobre los impactos que revelan otro lado oscuro y reprobable del comportamiento de los humanos.

Y luego vas y pisas y miras al suelo y compruebas que los pedacitos empiezan a sobresalir pero son insuficientes, que la batalla está perdida, que la fuerza arrojadiza de los seres que mascan chicle y ya no lo quieren o les sabe amargo es más poderosa. Han dispersado un ejército estático, uniformado de negro o de gris oscuro, que deja pocas fisuras aunque no le importe ser pisoteado. Ya ganaron posiciones. Una, mil, millones de veces…

¿Qué pretende? ¿Acaso llamar su atención y avergonzarles? No dispone de soportes multimedia ni de otros instrumentos que sus propias manos. Ha emprendido en solitario la iniciativa: solo contra el mundo, solo contra el chicle inservible, solo contra el comportamiento tan común como absurdo y reprobable. El enemigo de las máculas sobre las aceras es poderoso y aumenta incesantemente sus efectivos: no importa, él se ha lanzado, no las quiere y las combate de forma pacífica, sabe Dios hasta cuándo…

Igual no se sabe perdedor porque persevera y responde a cada gesto, a cada mirada que es un signo de interrogación y a cada sonrisa hilarante o despectiva con otra inclinación, con un nuevo papelillo blanco que se adhiere irremisiblemente sobre las manchas.

El hombre que se propuso acabar con ellas o poner en evidencia a los humanos existe. Igual no es eso lo que ronda por su cabeza. Pero hay huellas en las aceras de la ciudad que no son las de chicle arrojado sin ton ni son sino las blanquecinas infinitesimales de papelillos que intentan simplemente -¡quien sabe!- tapar las vergüenzas nuestras de cada día.

El hombre está. Le han visto. Y no se arruga. Prosigue a cualquier hora su empeño. Quizá sueñe con un territorio acerado libre de invasoras que no molestarán, en su mayoría, pero sí que avergüenzan. Tanta campaña de comunicación, tanta apelación al civismo y tanta maquinaria invertida para desmanchar apenas han servido.

Por eso, respetémosle. Dejemos que siga recorriendo el mundo que imaginó. Ayudémosle. Igual su singularísima cruzada es acreedora de una comprensión inexistente.

(Publicado en Tangentes, número 45, abril 2012)



2 comentarios:

damian ramos dijo...

Me encanta edra cruzada tan personal y peculiar que ha comenzado mi entrañable amigo Jose Hernández alias "chicleman"
Solo y sin esperar ninguna ayuda defiende un mundo mas limpio y sin el incibismo de arrojar basura en forma de chicle a nuestras ciudades.

damian ramos dijo...

Me encanta edra cruzada tan personal y peculiar que ha comenzado mi entrañable amigo Jose Hernández alias "chicleman"
Solo y sin esperar ninguna ayuda defiende un mundo mas limpio y sin el incibismo de arrojar basura en forma de chicle a nuestras ciudades.