viernes, 8 de noviembre de 2019

SIETE EDICIONES CON AGATHA


"Otro día, cruzó y anduvo el estrecho paseo de Las Damas, que daba directamente a la calle San Juan también llamada de Las Tiendas, pues toda estaba dedicada a tiendas de comestibles y souvenirs hasta su final en el muelle. La calle es realmente muy corta, de modo que no fatiga al visitante… El pueblo se recorría enseguida, por entonces era pequeño, muy pintoresco, con el encanto de sus casas, sus tejados rojos y sus recoletas iglesias”. Esos valores cautivaron a la novelista que observa “un lugar encantador con la gran montaña que lo dominaba todo [el Teide] y las maravillosas flores que crecían por todas partes, alrededor del hotel [Taoro]”.
Son fragmentos del libro Agatha Christie en Canarias 1927: un invierno que cambió su vida, del que es autor el profesor Nicolás González Lemus, que desmenuza la estancia en la isla de la célebre autora inglesa. Hasta el domingo celebran en el Puerto de la Cruz la séptima edición de un festival internacional que lleva su nombre, una iniciativa plausible, en principio plenamente consolidada y que sirve, por supuesto, como soporte promocional, independientemente de los valores sociohistóricos y culturales. La lluvia y una sensación climática desapacible, para que nada faltase, ha acompañado a las actividades, algunas de ellas al aire libre, perfectamente delimitadas y señalizadas en un programa bilingüe muy sugerente y manejable. Organiza el Centro de Iniciativas y Turismo (CIT) de la ciudad, con el patrocinio del Consorcio de Rehabilitación, del Ayuntamiento portuense y de la sociedad Turismo de Tenerife.
Ha habido oportunidad, desde luego, para seguir los pasos de la conocida como 'Dama del crimen', contando con la presencia de escritores expertos en su obra y en la novela negra. Cine (con abundancia de versiones originales), música, conferencias, rutas teatralizadas, paseos, pintura al aire libre, cuentacuentos, exposiciones, cata de chocolates y vino, coloquios a la hora del té y suelta de libros se han ido sucediendo hasta completar una convocatoria -recordemos: tiene carácter bianual- plena de atractivos que llega, además, en un momento oportuno, cuando se trata de ofertar reclamos o alicientes al turismo británico, tal como pedía, aquí en la isla, en las primeras sacudidas de la quiebra del turoperador 'Thomas Cook', el presidente de la Asociación de Cadenas Hoteleras Españolas (ACHE) y de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), Joan Molas.
Ya harán promotores y organizadores el balance correspondiente pero este aspecto, el turístico-promocional, es de los más importantes. Este festival es uno de los atractivos que el destino turístico diferenciado debe incluir en su calendario y proyectar en todas las ferias que participe. Entre una y otra edición, además, hay tiempo suficiente para programar, gestionar y propiciar alicientes. Y aunque la dimensión turística salta a la vista, hay que lograr que la población la haga suya, que la ciudadanía se identifique con la iniciativa, al igual que sucediera en el pasado con los festivales internacionales de la Canción del Atlántico y de Cine Ecológico y de la Naturaleza. Si entonces los portuenses aguardaban con verdadera expectativa los contenidos y el desarrollo de las convocatorias, ahora, con otro sentido de la participación social y de la comunicación, se hace primordial lograr una convocatoria que impacte siempre. Por fortuna, el entendimiento entre los sectores público y privado favorece el desarrollo de los hechos. Es más, hasta hay opciones para que los recursos locales encuentren escenarios apropiados con tal de exponer sus trabajos y sus progresos.
Es otra forma de acercarse y de integrarse. Agatha Christie (“la esencia de la vida es ir hacia adelante”, dijo) superó aquel invierno de 1927 en una ciudad que, décadas después, experimentaría una metamorfosis extraordinaria. Recordando a González Lemus, puede que viniera a sanar heridas sentimentales o a huir de tribulaciones del mismo tenor y reponerse. El caso es que siguió escribiendo hasta legar una copiosa producción internacionalmente reconocida. El Puerto refresca y moldea parte de ese legado. Perdérselo sería un crimen, si se nos permite la expresión.

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