Los "lugares comunes" son frases, ideas o imágenes
gastadas por el uso excesivo, como "calor sofocante" o "baño de
multitudes", que los autores e informadores suelen evitar para no
empobrecer el texto, aunque a veces se usan irónicamente o en contextos
específicos como el humor, siendo tópicos, clichés o estereotipos que
dificultan la originalidad y la conexión con el lector, y son muy abundantes en
redes sociales y discursos cotidianos.
Cabe preguntarse qué son y cómo se emplean estos lugares.
· Automatismos: Son atajos mentales y
lingüísticos que usamos cuando escribimos rápido o nos falta originalidad, como
"el monstruo de los celos" o "se le iluminó el rostro".
- En literatura: Se consideran un vicio del lenguaje porque restan frescura y
sorprenden menos al lector, siendo una muestra de pereza narrativa,
según Caja de Letras y Taller Paréntesis.
- Excepciones: Pueden
ser efectivos en el humor (como en "El tío Facundo" de Isidoro
Blaisten) o para crear ironía, señala Casa de Letras.
- En redes sociales: Abundan en Instagram con frases sobre la luna, el amor, o
descripciones climáticas exageradas como "el cielo se cayó",
dificultando la comunicación auténtica, según WordPress.com y Revista Mundo Diners.
Por supuesto, los lugares
comunes son acusados a menudo de inútiles o inservibles. El profesor Félix A.
Morales, por ejemplo, en el blog ‘Siempre en medio’ (WordPress.com) señala, que
es lugar común y manoseado decir que un Estado se asienta sobre tres poderes
(el legislativo, el ejecutivo y el judicial) y que los tres, desde sus
respectivos e independientes ámbitos, ejercen de contrapesos recíprocos para
garantizar un saludable funcionamiento de la cosa pública: el punto medio de la
virtud aristotélica.
Claro que también es lugar no menos común completar este cuadro
identificando a un cuarto poder, externo a la propia cosa pública pero igual de
determinante para mantener el equilibrio de lo que a todos nosotros incumbe: la
prensa o los medios de comunicación que aparecen en la escena pública
enarbolando la bandera del sacrosanto derecho a la información.
Son estos, tiempos de extrañeza, acusaciones o peticiones de
demolición. Veamos otros casos: una diputada ecuatoriana dijo en una
intervención parlamentaria que “ni cuando bailo, doy paso a los costados”. Fue
la respuesta a la tan insistente petición de dar un paso al costado, el
eufemismo que siempre se menciona en lugar de renuncia o dimisión. Posiblemente
sea el más repetido de todos los lugares comunes en el ámbito político. Cuando
se carece de argumentos idiomáticos o narrativos, se suele recurrir a lugares
comunes que, en conclusión, si son aceptados como verdad obvia, se trata de un
vicio del lenguaje que reemplaza a la originalidad y puede convertirse en el
más vulgar de los atajos.
Este recurso, por cierto, no debe confundirse con
la metáfora, que es una excelente idea para expresar, acentuar o ilustrar el
discurso; lo malo es que la repetición metafórica se transforma en jerga.
Es común que cada vez que hay un escándalo los
representantes políticos y los portavoces reaccionen con la repetida frase
“Llegaremos hasta las últimas consecuencias”. Otros agregan: “Caiga quien
caiga”; y no cae nadie ni se llega a la primera consecuencia.
Digamos con sinceridad que el
lugar común no solo se encuentra en el ámbito político; con el devenir de la
comunicación a través de las redes, el recurso alcanza proporciones
incalculables. Por eso, el digital de Ecuador ‘Mundo Diners’ señala que no
existen manuales ni enciclopedias que nos adviertan sobre el uso innecesario
del lugar común. “Sin embargo -añade- la lectura de ensayos, novelas, poesía
ayudarán a perfeccionar el discurso narrativo”.
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