Confiesa Pedro Bellido Camacho que en aquellas interminables
sesiones de negociación de los convenios colectivos del sector de la banca, en
las que participó activamente, había tiempo para matar las horas a base de
dibujos raros y enigmáticos que cobraban forma y tenían sentido. Raro, pero lo
tenían.
Y allí surgieron unos cuantos de los
cuadros que, hasta el próximo 23 de enero, expone en el Instituto de Estudios
Hispánicos de Canarias (IEHC) con el título 52-25. “Intersecciones entre líneas
y planos de color negro”, que definiría atinadamente Javier González Pérez, su
presidente.
Bellido, amante del arte, acredita su
pasión por las formas inverosímles, por la prolongación de las líneas que
parecían finitas, por ese último trazo que alarga la enigmática figura. La
creatividad del artista se plasma en geometrías laberínticas, a veces
superpuestas, que activan la imaginación del espectador en busca de un
significado. Todo es posible: le concede rienda suelta a quiebros
inimaginables.
Entonces va configurando su propio
estilo que no se agota ahí, que abarca más espacios y penetra en las entrañas
de la tierra donde también descubre formas y estructuras originarias de la
vida, dotadas de una policromía singular que parece propia del más allá. Pedro
Bellido desvela sus estudiadas opciones ante el lienzo: creyó en ellas, en
aquellas interminables horas de negociación colectiva en pos de un convenio
laboral, y en esos interiores ocultos e inextricables, por no decir
inaccesibles.
Su colección del IEHC, elaborada sobre
técnicas mixtas, es otro salto en ese trayecto que revela la inagotable
paciencia y la búsqueda febril del artista, intrigante, en territorios
enigmáticos, colorista y arriesgada. Un buen salto, sí señor.
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