Mariela Torrealba, directora académica de ‘Medianálisis’, una
prestigiosa asociación civil venezolana, caracterizada por el desarrollo de una
serie de investigaciones sociológicas que auscultan la relación entre el
periodismo y los agentes sociales de aquel país y la cobertura que hacen los
medios de acontecimientos claves registrados en el discurrir de la sociedad
venezolana, ha llamado la atención de los ciudadanos al pedirles, en plena
crisis político-institucional desatada a raíz del secuestro del ex presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, que
“duden siempre de las informaciones que circulan por las redes, sobre todo si
provienen de medios no reconocidos”.
La apreciación prueba, por sí misma, la confusión y el
desconcierto que se ha instalado en Venezuela, donde casi todo parece escapar a
la lógica y la coherencia. Si, como se dice, el proceso se barrunta largo, las
dudas y los despropósitos se acumularán hasta hacer más intrincadas las
soluciones. Porque acercamientos y consensos, en una sociedad que,
mayoritariamente, parece haber perdido las esencias del debate y el pluralismo,
será extremadamente difícil que cristalicen mientras se extiende la sombra
autoritaria del “tío Donald” y las experiencias de sus antecesores, allí donde
quisieron intervenir en conflictos domésticos, pues no fueron muy edificantes
que digamos. Lo de siempre: Estados Unidos no tiene ni quiere amigos; lo que de
verdad ansía son intereses.
Torrealba va más lejos cuando, en medio de la confusión y la
incertidumbre, anticipa los efectos nocivos de la desinformación que ya los
venezolanos estarán cansados de palpar y sufrir: “Los ciudadanos -escribe- tenemos un papel de generadores,
distribuidores y receptores de información; por eso deberíamos estar formados
para dar una información responsable. Estamos claros que esto no sustituye al
periodismo, pero sí hace que seamos comunicadores, entes comunicantes y para
ellos necesitamos competencias y capacidades”.
La experta comunicadora apuntó que las personas cuentan con
diferentes herramientas para luchar contra la desinformación. “Yo recomiendo
seguir a medios y entidades responsables, con competencia en el tema. La
desinformación, en la medida que me emociona, debe hacernos dudar. Cuando una
información me conmueva demasiado, me emocione y me entristezca mucho debe
hacernos dudar”. Agregó, en otra interesante reflexión, que hay estudios que
indican que las noticias falsas se expanden con mayor facilidad que las verdaderas:
“Responden a nuestros intereses, temores, miedos, anhelos y deseos. Cuando
hablamos de noticias falsas nos referimos a aquellas que no se ajustan a
elementos de veracidad, pero puede ser porque la fuente la falseó, mas no el
periodista. En los bulos sí hay una voluntad de falsearlas y esas son las que
se hacen virales de manera más expresa. Los bulos no son algo completamente
inventados, toman elementos que se parecen a algo, luego los laboratorios hacen
que se expandan y se conviertan en virales”.
Está claro, a la hora de valorar el papel del periodismo, que la
desinformación tiene un caldo de cultivo en los países en los que el periodismo
tiene serios obstáculos para realizar su labor con libertad. En Venezuela, el
cierre de emisoras de radio, censura en la TV y control de las redes sociales
han hecho que este trabajo sea más complicado. “En Venezuela -añade- se ha
precarizado y achicado el ecosistema periodístico. Diarios impresos que
prácticamente no circulan y los que sí tienen una circulación baja. Las
emisoras de radio casi que no están cubriendo información; la televisión, mucho
menos”.
Por ello, en esta hora crítica que vive el país hermano, es
primordial tener presentes estas consideraciones para informarse adecuadamente
porque, tal como afirma Mariela Torrealba, “es un papel heroico el que están
cumpliendo los que hacen ‘fact-checking’, desmentidos de bulos, analizando
campañas de desinformación. Es un periodismo de primer mundo el que realizan
estos medios en nuestro país ante un gobierno que ha ocupado todos los
espacios, impone tendencias en redes, tiene el control del espectro radioeléctrico
y cierra todo lo que sea adverso. Aún así, siento que estamos arando en el
mar”.
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