José Luis Feliú, portavoz de la Unión Sindical de
Controladores Aéreos (USCA), ha sido muy explícito con un titular ilustrativo:
Situación dramática. Se refiere a la falta de controladores aéreos en tres
aeropuertos del archipiélago canario que se suma a los problemas ya registrados
en el de El Hierro: ahora, en La Palma, Fuerteventura y Lanzarote, los horarios
operativos se verían sensiblemente reducidos si no es corregida la actual
escasez de personal. Esto coloca el foco -y qué foco- sobre la seguridad y la conectividad aérea en
las islas. Cabe suponer que las partes estarán negociando y propiciando medidas
porque el tema es tan delicado y están en juego tantos factores de envergadura
que no caben muchas dilaciones.
Lo preocupante es que el problema viene de viejo. Algunos
testimonios señalan que el origen del problema se remonta al proceso de
privatización de las torres de control iniciado en 2011. «Desde entonces
venimos alertando de una posible degradación en la calidad del servicio»,
afirmó Feliú. A su juicio, lo ocurrido en El Hierro, donde se han modificado
los horarios por falta de personal, es un ejemplo claro de un riesgo que puede
extenderse a otras instalaciones gestionadas por empresas privadas. Y pone cifras
al problema: «En la torre de Lanzarote, por ejemplo, si antes había unos quince
controladores, ahora hay alrededor de diez. En Fuerteventura sucede algo muy
parecido». Esta disminución hace mucho más difícil cubrir incidencias
habituales como bajas médicas, permisos por paternidad o vacaciones, todos
ellos derechos recogidos en la ley.
Para mantener el servicio, explica, los propios
controladores se ven obligados a renunciar a descansos y permisos. «Se está
sacando adelante la operatividad a costa del sacrificio personal de los
trabajadores, alargando la situación todo lo que se puede, pero eso tiene un
límite», advirtió.
Sobra decir que estamos ante un servicio esencial para
Canarias. No es, por tanto, un problema menor. Estamos hablando de tráfico
aéreo y, por consiguiente, de seguridad. En un territorio insular, el avión es
una dotación básica no solo para el turismo, sino también para los
desplazamientos cotidianos de la población y para situaciones sensibles como
traslados médicos entre islas. Feliú alerta de que las empresas privadas
priorizan en muchos casos el beneficio económico frente a la calidad y
continuidad del servicio. «No podemos romper una de las muchas barreras de
seguridad que hacen de la aviación el medio de transporte más seguro»,
sostiene, recordando que cualquier deterioro en las condiciones de trabajo
puede tener consecuencias.
Como controlador aéreo en activo, Feliú reconoce que el
empeoramiento de las condiciones laborales puede convertirse en un factor de
riesgo. «Peores condiciones influyen en el descanso, en el rendimiento y, por
tanto, en la calidad del servicio», afirma, aunque matiza que la seguridad
aérea se apoya en múltiples capas y factores que reducen al mínimo el riesgo de
accidentes.
Con todo, el sindicato USCA mantiene su denuncia y llama
la atención sobre una situación que, de no corregirse, podría traducirse en una
reducción efectiva de horarios y en mayores dificultades para la conectividad
entre islas. «Por fortuna, la seguridad sigue siendo muy alta, pero no podemos
seguir tensando la cuerda», concluye. «Estamos ante una degradación del
servicio que puede acabar afectando a la operatividad de varios aeropuertos
canarios».
Estamos pues ante un problema enquistado que exige prontas
soluciones. Instituciones, compañías y firmas comerciales, también empresarios
y sindicatos, ultiman sus preparativos para la próxima edición de la Feria
Internacional de Turismo (FITUR). Sería bueno producir algún tipo de acuerdo
que sea tranquilizador y evite el deterioro del destino Canarias por estos
motivos: seguridad y conectividad aérea. No procede acumular incertidumbres que
desgastan.
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