viernes, 16 de enero de 2026

Ojo, controladores aéreos

 

José Luis Feliú, portavoz de la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA), ha sido muy explícito con un titular ilustrativo: Situación dramática. Se refiere a la falta de controladores aéreos en tres aeropuertos del archipiélago canario que se suma a los problemas ya registrados en el de El Hierro: ahora, en La Palma, Fuerteventura y Lanzarote, los horarios operativos se verían sensiblemente reducidos si no es corregida la actual escasez de personal. Esto coloca el foco -y qué foco-  sobre la seguridad y la conectividad aérea en las islas. Cabe suponer que las partes estarán negociando y propiciando medidas porque el tema es tan delicado y están en juego tantos factores de envergadura que no caben muchas dilaciones.

Lo preocupante es que el problema viene de viejo. Algunos testimonios señalan que el origen del problema se remonta al proceso de privatización de las torres de control iniciado en 2011. «Desde entonces venimos alertando de una posible degradación en la calidad del servicio», afirmó Feliú. A su juicio, lo ocurrido en El Hierro, donde se han modificado los horarios por falta de personal, es un ejemplo claro de un riesgo que puede extenderse a otras instalaciones gestionadas por empresas privadas. Y pone cifras al problema: «En la torre de Lanzarote, por ejemplo, si antes había unos quince controladores, ahora hay alrededor de diez. En Fuerteventura sucede algo muy parecido». Esta disminución hace mucho más difícil cubrir incidencias habituales como bajas médicas, permisos por paternidad o vacaciones, todos ellos derechos recogidos en la ley.


Para mantener el servicio, explica, los propios controladores se ven obligados a renunciar a descansos y permisos. «Se está sacando adelante la operatividad a costa del sacrificio personal de los trabajadores, alargando la situación todo lo que se puede, pero eso tiene un límite», advirtió.

Sobra decir que estamos ante un servicio esencial para Canarias. No es, por tanto, un problema menor. Estamos hablando de tráfico aéreo y, por consiguiente, de seguridad. En un territorio insular, el avión es una dotación básica no solo para el turismo, sino también para los desplazamientos cotidianos de la población y para situaciones sensibles como traslados médicos entre islas. Feliú alerta de que las empresas privadas priorizan en muchos casos el beneficio económico frente a la calidad y continuidad del servicio. «No podemos romper una de las muchas barreras de seguridad que hacen de la aviación el medio de transporte más seguro», sostiene, recordando que cualquier deterioro en las condiciones de trabajo puede tener consecuencias.

Como controlador aéreo en activo, Feliú reconoce que el empeoramiento de las condiciones laborales puede convertirse en un factor de riesgo. «Peores condiciones influyen en el descanso, en el rendimiento y, por tanto, en la calidad del servicio», afirma, aunque matiza que la seguridad aérea se apoya en múltiples capas y factores que reducen al mínimo el riesgo de accidentes.

Con todo, el sindicato USCA mantiene su denuncia y llama la atención sobre una situación que, de no corregirse, podría traducirse en una reducción efectiva de horarios y en mayores dificultades para la conectividad entre islas. «Por fortuna, la seguridad sigue siendo muy alta, pero no podemos seguir tensando la cuerda», concluye. «Estamos ante una degradación del servicio que puede acabar afectando a la operatividad de varios aeropuertos canarios».

Estamos pues ante un problema enquistado que exige prontas soluciones. Instituciones, compañías y firmas comerciales, también empresarios y sindicatos, ultiman sus preparativos para la próxima edición de la Feria Internacional de Turismo (FITUR). Sería bueno producir algún tipo de acuerdo que sea tranquilizador y evite el deterioro del destino Canarias por estos motivos: seguridad y conectividad aérea. No procede acumular incertidumbres que desgastan.

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