sábado, 29 de noviembre de 2008

CACHARROS DE SAN ANDRES

Vísperas de San Andrés. El día de correr el carro. O el cacharro.
No es una fiesta. Es una tradición. A la hora de explicar los orígenes, surge una controversia curiosa que sirve para entender la multiplicidad de leyendas urbanas en el Puerto de la Cruz.
El caso es cultivar la tradición. Introducir elementos de estudio, hacer que los niños se identifiquen con la fecha, con la costumbre, adaptarse a los tiempos, a la nueva fisonomía urbanística de la ciudad incluso, promover talleres y enseñar a reciclar, compartir el espíritu lúdico, usar y combinar los elementos propios de la estación…
Ese fue, a grandes rasgos, el enfoque que tratamos de imprimir cuando ejercimos responsabilidades de gobierno en el municipio, con una muy interesante iniciativa de la concejalía de Cultura que prendió, sobre todo, en los colegios y en la comunidad educativa. Uno celebra que se quiera dar continuidad y consolidar estas acciones que, se insiste, vienen a enriquecer el costumbrismo local.
Recuerdo haber escrito hace muchos años un breve trabajo que desde el Ayuntamiento fue traducido en inglés y alemán para ser distribuido desde primeras horas de la mañana, con el fin de que los turistas, principalmente, encontraran sentido a todo aquello, a aquel ruido penetrante que invadía las calles portuenses, a aquellas carreras o aquellos paseos que se hacían a un ritmo inusual, bien a velocidad vertiginosa bien sin prisas.
Y recuerdo, naturalmente, cómo la tradición estuvo proscrita durante el franquismo y era un mérito de los colegiales, de los jóvenes y de gentes de todas las edades correr en dirección contraria a la que seguían los guardias municipales que terminaban riéndose de aquella suerte de juego del escondite.
La plaza del Charco era el núcleo central de la tradición. Cuando caía la noche y los policías locales se rendían porque les resultaba imposible controlar nada, había auténticas carreras. Era otra forma de dar vueltas a la plaza. Se veía de todo: desde neveras o lavadoras hasta chapas de bebidas embotelladas. Cacharros, latas y residuos metálicos de toda laya, encontrados en barrancos y vertederos, atados para producir un ruido intenso, estruendoso. En la esquina del costado norte, donde hoy se ubica la parada de taxis, había una caseta para tómbolas y la gente se ponía allí a gozar el insólito espectáculo, con evidente riesgos para sus extremidades inferiores, tal era la velocidad y la cercanía con que los corredores circulaban.
Cerca de la media noche, los que resistían, los que venían desde los barrios altos del municipio, acumulaban los cacharros inservibles. Era la montaña de cacharros y algunos tenían la osadía de subirla. Debe haber algunas fotografías.
El paso de los años suavizó la prohibición y la adaptación peatonal de vías mermaron la particular celebración. Había menos gente y los jóvenes se divertían de otra manera. Aquella no les atraía o resultaba indiferente. Aún así, ya en democracia, se produjeron intentos para revitalizarla. En el centro de la plaza, por ejemplo, despachaban, a precios populares, castañas, gofio, pescado salado y vino.
En otro artículo que firmé en Diario de Avisos, titulado “Cacharródromo”, se aludía a esta evolución de las vísperas de San Andrés, ya plenamente identificadas con la apertura de las bodegas para probar el vino de más reciente producción. Muchos portuenses, por cierto, prefirieron tomar ese camino: organizar cenas y reuniones en localidades próximas.
Entretanto, en los alrededores de la plaza, la costumbre cobraba en los primeros años del actual siglo un sabor o un ambiente más pedagógico. Se trataba de atraer a los niños, de motivarles, de hacerles ver que eso forma parte de nuestro acervo.
Cuando a la salida de clase del último día de la semana se les veía por las calles, acompañados de sus padres o madres, y los extranjeros y los peninsulares se paraban a preguntar el significado, ya sabían lo que decir, ya sabían el sentido. Lo más importante: estaban dando continuidad a la tradición. Qué bueno.

3 comentarios:

leonor dijo...

Yo no soy muy mayor, pero recuerdo correr el cacharro con mis hermanas y mis primos. Llegamos a arrastrar una bañera por toda Punta Brava, qué divertido, y eso que no me gustan nada las castañas.
He oído que estuvo muy bien la conferencia sobre "Evolución de la comunicación en nuestro modelo constitucional". Felicidades. Una pena no haber estado.
Siempre es agradable dedicar un rato a leer tu blog.

Tino dijo...

Yo no tengo tanta edad para recordar esos momentos, pero si recuerdo como veinte años atrás, como las calles del centro de puerto era imposible circular para el tráfico por estar con el cacharro, cacharros de todo tipo, neveras como bien dices, bidones, chapas y hasta coches, del antiguo cementerio de volswagen escarabajos que habia en la trasera del San Borondón, corrían chicos (como era yo) y hasta mayores, grandes cacharros arrastrados por "cuadras" de amigos o solo uno con lo que podía. Se corrían por todos lados como decia, pero ahora... es que da hasta pena ver tal acontecimiento, le dan más importancia al "Helloween" que a las tradiciones de nuestra tierra. Uno recuerda con nostalgia tal acontecimiento y ahora ve como si al menos hay 5 personas, es un logro. Todo esto no hace mucho, pero poco a poco solo nos quedará el recuerdo.

Tino dijo...

Yo no tengo tanta edad para recordar esos momentos, pero si recuerdo como veinte años atrás, como las calles del centro de puerto era imposible circular para el tráfico por estar con el cacharro, cacharros de todo tipo, neveras como bien dices, bidones, chapas y hasta coches, del antiguo cementerio de volswagen escarabajos que habia en la trasera del San Borondón, corrían chicos (como era yo) y hasta mayores, grandes cacharros arrastrados por "cuadras" de amigos o solo uno con lo que podía. Se corrían por todos lados como decia, pero ahora... es que da hasta pena ver tal acontecimiento, le dan más importancia al "Helloween" que a las tradiciones de nuestra tierra. Uno recuerda con nostalgia tal acontecimiento y ahora ve como si al menos hay 5 personas, es un logro. Todo esto no hace mucho, pero poco a poco solo nos quedará el recuerdo.