miércoles, 5 de abril de 2017

MEDIDA EJEMPLARIZANTE, YA



Titula el director de As, Alfredo Relaño, que el caso Eldense es “como la punta del iceberg”. El Eldense es un modesto equipo de Segunda ‘B’, envuelto en lo que parecen ser feos amaños, sórdidos sobornos en los que presuntamente están implicados el entrenador y hasta algunos jugadores. Debe haber mucha verdad: algunos lloraban desconsoladamente en el último partido que disputaron y que perdieron nada menos que 12-0. Un turbio asunto de apuestas, de inversores inescrupulosos…
Si es la punta del iceberg, estamos apañados. El fútbol, en uno de sus meses cruciales, se ve sacudido por mentes perversas y manos sucias. Algunos antecedentes ha habido en el pasado, cuando llegaron a investigar judicialmente algunos comportamientos que pudieron haber influido en la suerte de algunos encuentros y, consecuentemente, de determinadas clasificaciones en las que estaba en juego la categoría.
La punta del iceberg no es más que lo que asoma, lo que se ha descubierto, ahora que es tan fácil extender en redes y demás soportes cualquier conducta que inspire duda y haga sospechar. El fútbol español, donde tanto dinero circula, que presume de tener la mejor Liga profesional del mundo, se ve ahora manchado por un episodio que, por otro lado, pone al descubierto las miserias de una de las categorías inferiores, teóricamente llamada a promocionar y a impulsar el afán de los modestos. “La incuria de la Federación –escribe Relaño- la ha dejado a contrapié, con campos deteriorados y vacíos, expuesta a aventureros de fortuna”.
Se impone, tras las investigaciones de rigor, alguna medida ejemplarizante. Ni puede extenderse la mancha del Eldense ni pueden extenderse las competiciones con la sospecha de los sobornos. Todos, incluso los profanos, queremos un fútbol limpio: espectáculo donde pueda haberlo y formativo en el nivel que corresponda. Malo si se deja pasar un episodio que ya liquida la historia del representativo de Elda. Peor si no se actúa con tal de impedir que los tramposos -a los que solo anima el interés personal- se desenvuelvan sin miramientos, acaso seguros de que tras las primeras cuarenta y ocho horas de titulares de impacto, el balón seguirá rodando.

1 comentario:

Oswaldo Hernandez dijo...

Totalmente de acuerdo. Creo maestro que no son casos aislados. En una sociedad muy enferma por la codicia y el dinero, el deporte y su esencia se corrompen. Comlarto.