martes, 5 de septiembre de 2017

SE INVIERTE LA TENDENCIA

O sea, hay que anotar la fecha del 31 de agosto de 2017 como un día aciago. Un verdadero cataclismo debió ocurrir para que en esa fecha, tan solo en esa fecha, causaran baja en la Seguridad Social de nuestro país doscientos treinta y cinco mil trescientos dieciocho cotizantes. La estacionalidad, se dirá. La tradición, lo habitual, se apuntará.El final del verano, para entendernos.
Y en efecto, todos los análisis de las estadísticas del desempleo referidas a agosto convergen en ese factor. Las centrales sindicales van un poco más lejos y hablan de un fracaso del modelo productivo del Partido Popular (PP) así como de la excesiva precariedad, circunstancia en la que se ha venido insistiendo, incluso cuando los resultados eran de los más favorables. El Gobierno, a lo suyo: a lomos del triunfalismo, aunque la tendencia se invierta, que es realmente lo que ha ocurrido después de seis meses consecutivos generando empleo y aprovechando para presentarlo como la prueba del nueve de la recuperación económica.
Bueno, pues agosto dejó cuarenta y seis mil cuatrocientos parados más para dejar la cifra total en tres millones trescientas ochenta y dos mil trescientas veinticuatro personas, la más baja de los últimos ocho años. Y es que durante los ocho primeros meses del año, el desempleo ha disminuido en trescientas dos mil seiscientas cincuenta personas.
Pero bueno, que en un solo día, en ese maldito 31 de agosto, más de doscientas treinta y cinco mil personas dejaran de cotizar revela la artificialidad y la fragilidad de las estructuras de nuestro mercado laboral. La temporalidad y la parcialidad en la contratación, como hemos comentado otras veces, cuando nos hemos congratulado de que el acceso al empleo tuvieron un ritmo creciente y sostenido -bien es verdad que con tales condicionantes- juegan en contra de los trabajadores y de las propias políticas de empleo. Si solo 7,5 de cada cien nuevos contratos son indefinidos y de ellos casi la mitad son a jornada parcial, está muy claro que el empleo generado es de baja calidad. Así no se avanza mucho que digamos.
Al contrario, se consolida lo que algunos análisis denominan 'volatilidad laboral' cuyos niveles no disminuyen y transmiten poca confianza a quienes se incorporan al mercado laboral y a quienes estando ya dentro ven peligrar su puesto. Es indispensable que el emperesariado tome conciencia para acabar con prácticas fraudulentas y contrataciones abusivas que solo han servido, por lo que ahora se aprecia, para inflar estadísticas a mahyor gloria gubernamental.
De modo que las deficiencias del modelo productivo y la sustantiva precariedad en el empleo obligan a replantearse muchas cosas. Hace escasas fechas se hablaba de recuperación del Producto Interior Bruto (PIB) y de los beneficios empesariales a niveles previos a la crisis. Algunos empresarios, incluso, creyeron llegada la hora de aumentar los salarios. Es probable que ahora digan lo contrario. Que se tenga en cuenta otro dato: la cobertura por desempleo deja desprotegidos a cuarenta y uno de cada cien parados. Eso significa que, advertida la tendencia de destrucción y de reducción de cotizantes a la Seguridad Social, por si se alarga, habrá que decidir la prórroga del denominado 'Plan Prepara' y reanudar el diálogo social para revisar los esquemas de dicha cobertura, no sea que entonces muchos vuelvan a niveles de muy complicada subsistencia.

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