viernes, 1 de agosto de 2014

LA FOTO DEL BRINDIS

Siempre se parte de la premisa de que cada quien es libre de festejar como quiera. A su manera. A su estilo. Por el motivo que estime conveniente. Desde marcar un gol a aprobar una asignatura. Desde el nacimiento de un descendiente a un aniversario… Por tanto, desde ese punto de vista, nada que objetar.
            Pero brindar y dejar el momento para la posteridad después de la instalación de unos depósitos o filtros que han de servir para paliar o resolver un problema de abastecimiento de agua que afectó a miles de personas, parece, sencillamente, inadecuado o fuera de lugar. Y hasta si apuran, desproporcionado.
            Brindaron con agua. Qué mejor, se habrán dicho. Y al mejor estilo electorero, como si de un logro social que dimensionar se tratare, posaron, así, en momento brindis, para la posteridad. O sea, quienes estaban obligados a encontrar soluciones a un problema de abastecimiento, quienes dejaban transcurrir los días sin concretar alternativas, casi haciendo caso omiso de protestas en redes sociales, terminaron brindando por la instalación de los depósitos que vienen, queremos pensar, a garantizar suministro y calidades.
            Han cumplido con su deber. Era su responsabilidad. Estaban obligados. Y punto. Bueno: infórmese a la población de la actuación ejecutada y baste. Lo del brindis no es que parezca: es un exceso. Por eso decimos que cada quien festeja o celebra a su manera. Encima, a presumir de eficiencia cuando durante semanas se acumularon todos los riesgos del mundo y todos los quebrantos derivados de un suministro irregular y no apto para el consumo.

             

jueves, 31 de julio de 2014

ALCALDES: UNA NEGATIVA PREVISIBLE

Era previsible la negativa. Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), aprovechó su primer contacto con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para expresarle la oposición socialista al propósito -lanzado como un globo sonda- de elegir directamente a los alcaldes. Tras los titubeos iniciales, registrados además en esas transiciones que los partidos tienen de vez en cuando y en las que resulta muy complicada la fijación de posiciones y no digamos la toma de decisiones, y prácticamente descubiertas las intenciones del Partido Popular, el ‘no’ del PSOE estaba cantado.


A menos de un año ya para las elecciones autonómicas y locales, una medida de ese calado debe contar con un mínimo consenso. No parece que sea esa la tónica; de hecho, la intención del presidente del Gobierno se ha ido diluyendo hasta en los mismos medios de comunicación, posiblemente ante la dimensión cobrada por otros asuntos públicos de mayor trascendencia.

El partido gubernamental debe disponer de encuestas en las que se advierte del previsible retroceso electoral, aun cuando desde el ejecutivo se insista en un discurso de recuperación económica que no termina de mitigar el malestar y la incredulidad del personal. Al PSOE le ocurrió igual después de las medidas que hubo de poner en marcha Rodríguez Zapatero cuando la crisis ya se descarnaba. Presidentes autonómicos y alcaldes de grandes, medianas y pequeñas ciudades tuvieron claro que habrían de lidiar con un descontento creciente. El resultado ya se conoce.

De modo que el PP, para salvar alcaldías, parece optar por una fórmula a la que se negó en su día pero que, con el paso del tiempo y a tenor de las circunstancias, pudiera ser, cuando menos, objeto de estudio y debate. Pero la fórmula no se puede despachar en una declaración de intenciones contextualizadas en un proceso de regeneración democrática. Porque requiere de modificaciones legislativas sustantivas y porque precisa de la más amplia base posible de consenso político. El partido gubernamental, además, se ve pillado en su jugada: ni una sola referencia a tal hecho en la vigente Ley de Racionalización y Sostenibilidad, severamente criticada por el Consejo de Estado y recurrida por muchos actores políticos e institucionales ante el Tribunal Constitucional.

Era consecuente pues la negativa de Sánchez: hay mucho de interés partidista y de electoralismo en esa iniciativa. El municipalismo tiene también mucho que decir pues de prosperar esta fórmula se pasaría de una órbita de pactos, ententes y alianzas, derivada de la expresión de la voluntad popular, a otra más presidencialista y de concesión extraordinaria de facultades decisorias “para el más votado”.

No está nada claro, desde luego, que sea mejor y más operativa. Ni más democrática.



miércoles, 30 de julio de 2014

MUJER Y PERIODISTA TEMPERAMENTAL

Conocimos a María Antonia Iglesias a mediados de los años noventa, cuando dirigía los informativos de Televisión Española y acompañamos al Jerónimo Saavedra ministro para las Administraciones Públicas. Ella, personalmente, le recibió en la puerta de acceso a la casa y le acompañó hasta la sala de maquillaje, antes de ser entrevistado. Hablaron de episodios pasados con amigos comunes y de música: ni una sola indicación sobre la entrevista. Cuando terminó, ese “ha quedado muy bien” a secas, indicador de que los asuntos tratados (traspaso de un tramo del IRPF, estatutos de autonomía, las perspectivas sobre Ceuta y Melilla, la reforma de la Administración… que uno recuerde), había sido despachado con solvencia. Posteriormente, coincidimos en un par de ocasiones (“Ya me gustaría ir a Canarias, ya”, dijo). La seguimos en su siguiente etapa profesional, sobre todo en sus apariciones en tertulias radiofónicas y televisivas, y en algún libro suyo que recoge entrevistas con destacados personajes políticos. En todos esos vínculos se contrastaba la periodista de raza, la escritora escrutadora que hizo del rigor una divisa.

María Antonia falleció ayer en Vigo. Para el periodismo, en su conjunto, es una pérdida sensible. No pasó como una más ni por las publicaciones en que trabajó ni por su paso en la televisión pública ni por la bibliografía de la que es autora. El suyo fue un compromiso activo en todo momento: una mujer temperamental, una periodista temperamental. Lo acreditó en cada uno de sus cometidos entre los que conviene destacar el desempeñado al frente de Informe Semanal, uno de los programas-insignia del medio, sensiblemente venido a menos, por cierto. Y lo elevó con su conocimiento de Euzkadi, con sus interpretaciones de lo que sucedía en las entrañas y las perspectivas que vislumbraba sobre el País Vasco.

En esa trayectoria, María Antonia Iglesias jamás se arrugó. Para eso estaba comprometida sin necesidad de tener que hacer gala de su ideología progresista y de su credo católico.

Nos deja una extraordinaria profesional que supo ganarse el respeto y el afecto de muchos, aunque discreparan de su visión y de su pasión.

Hasta siempre.

martes, 29 de julio de 2014

NADIE SE APIADARÁ DE LAS VALLAS HASTA QUE PASE ALGO

En las redes sociales se ha disparado de nuevo el malestar por el estado de conservación, limpieza y mantenimiento de la ciudad. Es verdad que nunca antes se la vio tan desatendida, tan deteriorada, tan abandonada, tan desconchada y tan sucia. Como es tan fácil manejar teléfonos móviles inteligentes y colgar fotos o videos en las redes, las pruebas se han multiplicado. Es decir, lo que antes se desarrollaba a escala popular, boca-oído, en círculos más o menos amplios, con un testimonio mínimamente creíble, lo que incluso podía inducirse o agitarse sin muchas dificultades hasta generar un debate que trascendía y cobraba efectos expansivos, ahora rueda en un santiamén en decenas y decenas de muros y direcciones electrónicas.
        Es curioso que se descalifique y se tilde de antiportuenses a quienes publicitan o denuncian alguna situación de la geografía urbana que invita, precisamente, a dar un primer paso para ser corregida o mejorada. ¿Hacen mal esos ciudadanos? Hay opiniones para todos los gustos pero peor harían en callar, tolerar, dejar hacer y dejar pasar. Entonces no llegarían nunca las soluciones, entonces no despertarían la sensibilidad y las conciencias de quienes están llamados a velar por el mantenimiento de un buen estado general de jardines, plazas, vías y zonas públicas. Cierto que hay comportamientos incívicos y que falta más colaboración e implicación de los vecinos. No son conscientes de que una ciudad turística o de servicios es como un escaparate que hay que mantener en el mejor estado de visualización y percepción posible. Es una exhibición permanente, por tanto la mejor propaganda que se puede hacer, además de hablar muy favorablemente de sus habitantes, de su esmero y de su sensibilidad para ofrecer una realidad llamativa y positiva.
        Lo peor del Puerto, y es un hecho comúnmente aceptado, es que no hay mantenimiento. Que las cosas nuevas o remozadas duran muy poco. Que, pasadas unos pocos meses, se vuelve al aspecto que originó una actuación que no ha servido para nada y que, sufragada con dinero público, revela el escaso respeto que se tiene por este y por el disfrute colectivo. El Puerto de la Cruz, en eso, es primero de la clasificación hace mucho tiempo.
        ¿Quiénes son más antiportuenses: quienes denuncian y demandan una solución por la vía más directa o quienes alientan irresponsablemente desde amplificadores mediáticos afanes incívicos, perversos y torticeros? Hoy se estarán llevando las manos a la cabeza quienes asistieron a la supresión de la asignatura ‘Educación para la ciudadanía’.
        Pues no, aman al Puerto como el que más, quienes, por ejemplo, contemplan a su paso el estado de algunas vallas metálicas protectoras en sectores muy transitados del término municipal. Se estarán frotando los ojos, no dando crédito a lo que visualizan o tocan, quienes circulan por la autovía del este, junto al túnel de acceso o salida de Martiánez, una de las entradas y salidas de la ciudad. Piezas torcidas o destruidas, remendados hasta con trapos algunos de los descubiertos y vacíos que desnudan peligros claros para el tránsito peatonal. Los desperfectos crecen, nadie se ocupa de ellos. Y quienes van por la avenida Francisco Afonso Carrillo palpan también esa sensación de riesgo, no solo para los niños, y de abandono. La misma sensación que anida en la calle Las Cabezas y en la vía que desemboca en el distribuidor de tráfico del mismo nombre. Vallas oxidadas, despintadas, arrancadas… El impacto, no solo antiestético, es evidente.

        En fin, más importante que los debates y sus derivados, quejas incluidas, es impedir el pecado original: evitar la degradación de aquello que es de todos. Es labor de gobernantes, de acuerdo; pero también de quienes deben velar por un comportamiento cívico que favorezca el mantenimiento y conservación del patrimonio común que también distingue a una ciudad.

lunes, 28 de julio de 2014

CATACLISMO

Por si no fueran suficientes las sacudidas que viene sufriendo la política, salta la confesión de Jordi Pujol y Soley, ahora menos honorable. Los primeros ejercicios periodísticos, en pleno desconcierto y en plena desazón, hacían hincapié el fin de semana en las contradicciones de quien fuera presidente de la Generalitat y aún hoy ostente la presidencia de honor de su organización política (Convergencia i Unió): por un lado, su negación de hechos que estaban siendo investigados y que, según se va probando, tenían mucho de verosímiles; y por otro, su rechazo -la enésima interpretación política del mismo tenor- a infundios y maniobras de desprestigio hacia su familia y hacia el catalanismo urdidos y ejecutados desde el centralismo. Es un cataclismo de cuidado. Y eso que no ha hecho más que empezar, después de treinta y cuatro años de secreto bien pero que muy bien guardado. Secreto personal o de familia, desde luego, pero de unas consecuencias políticas ahora mismo imprevisibles. Después de la dimisión de Durán Lleida como secretario general de la federación nacionalista y en vísperas de la entrevista entre Rajoy y Mas, con el telón de fondo de la aspiración soberanista y ambiente enrarecido como nunca desde la Transición, el estallido de lo que es algo más que una burbuja ha hecho remover los cimientos de la convivencia sociopolítica y de las ya de por sí difíciles relaciones entre el Estado y una de sus comunidades autónomas. Y es que Pujol no ha sido un político cualquiera. Que empiecen a quedar sus vergüenzas fiscales al aire, ni más ni menos que entrañando un fraude fiscal aún no cuantificado con exactitud, es un hecho gravísimo por lo que su figura ha representado. Es que hasta las formas escogidas para su contrición parecen impropias en quien defendió, con ardor y pasión, postulados y demandas catalanistas. Lo hizo desde la privación de libertad y desde la legitimidad de las urnas, con notables respaldos empresarial y social y con la experiencia labrada a pulso. Echaba el resto con seny y se ganó el respeto de sus adversarios y críticos, con un discurso cargado, incluso, de valores morales. Pero redactar un comunicado y decir, antes de pedir perdón, que en treinta y cuatro años no había encontrado un momento para regularizar la situación fiscal, independientemente de omisiones concretas sustantivas del fraude, significa no solo echar la credibilidad por la borda sino tratar a los destinatarios con todo lo contrario del respeto al que acabamos de aludir. Hasta quienes corearon lo del “enano, habla castellano”, en plena euforia del triunfo electoral del PP, estarán ahora empleando aquel pareado burlón. Más en serio: algún destacado dirigente de su propia formación política ha dicho, en medio del cataclismo, que debía reflexionar sobre su relación con aquélla. En fin, con la impresión de que solo asoma el pico de la montaña, un duro golpe para la política y la maltrecha democracia. Para Catalunya, para el Estado de las autonomías, para su partido y para su familia.




jueves, 24 de julio de 2014

PULSO Y BRILLANTEZ

La pasada edición de las Fiestas de Julio en el Puerto de la Cruz confirmó la tendencia positiva advertida el año anterior cuando desde la institución municipal se pusieron en marcha medidas correctoras para superar el desmadre y aquel desastre cívico -dicho sea sin exageraciones- que significaron las celebraciones de tres años consecutivos, de 2010 a 2012.


De la misma manera que dejamos testimonio escrito del malestar social que las fiestas habían despertado, del descontrol que se había apoderado de muchas celebraciones, especialmente las del martes de la embarcación, de aquellos aspectos negativos que amenazaban la esencia misma de las fechas, de la necesidad de innovar o suplir números para incentivar el interés de la ciudadanía, quede ahora constancia de la sensible mejoría advertida en estas dos últimas ediciones. Es como si se hubiera enderezado el rumbo.

Los responsables municipales y los propios colectivos intervinientes se percataron de que la cosa no podía seguir como iba, de modo que con cordura y diálogo, con decisión y ánimo de cumplir, han podido invertir las perniciosas tendencias y proporcionar un aire sano que ha de inspirar el espíritu cívico de participación y divertimento que ha de caracterizar toda celebración festiva.

Se cumple así lo dicho tantas veces: el éxito de una fiesta depende de lo que quieran y de lo que hagan sus propios protagonistas. Si corresponde al pueblo cultivar costumbres y tradiciones, tendrá que hacerlo con voluntad, respeto y madurez. Ello ha de influir en la programación, cualquiera que se haga. Si la participación se produce con civismo, tolerancia y ánimo constructivo, los resultados serán favorables y el contento se extenderá.

Es lo que ha ocurrido este año, con un reflejo que veremos en un documental, Humans, que será presentado en la asamblea general de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Y con una audiencia millonaria en cadenas televisivas de distintas partes del mundo. Tiene razón Isidoro Sánchez cuando ha escrito que el Puerto ha descubierto la embarcación de la Virgen como un gran reclamo promocional.

El martes del Carmen no lo es todo en las fiestas portuenses pero acaso sea lo principal, el termómetro que mide toda la temperatura de los festejos. De modo que ese día, todo lo que se haga allí, en el refugio pesquero y su entorno, en el trayecto procesional, debe ser cuidado con esmero y todos deben poner de su parte para que la celebración brille.

Pero también hay otros aspectos, otros números del programa que merecen ser atendidos. Siempre hemos abogado por incursionar, por dar salida a creatividades que, si son potenciadas, terminan consolidándose y constituyendo otro reclamo para la programación festera.

O sea, que por fin puede hablarse de unas fiestas que han dejado buen sabor, que se ha cumplido el principio de manifiestamente mejorables. Y de eso cabe congratularse. Los responsables que han sabido salir de la indiferencia y timonear las sensibilidades de la ciudadanía pueden sentirse satisfechos. El pueblo que ha querido sumarse a la participación activa y se ha divertido como cabe esperar, también está en condiciones de demostrar que sus fiestas han recobrado pulso y brillantez.

miércoles, 23 de julio de 2014

SIN BROTAR UNA GOTA

Son, cuando menos, asombrosos. Cálculos y vaticinios desfilan, a ritmo de anuncios triunfalistas, con las bonanzas de las extracciones de hidrocarburos en aguas próximas al territorio insular.


Asombrosos porque aún sin empezar a perforar, el presidente de la compañía que va a hacer esos trabajos ya habla de cinco mil empleos. Y el ministro español de la cosa pronostica un ingreso para las islas de trescientos o cuatrocientos millones de euros.

Todo eso, y más que habría, sin brotar una gota de crudo.

Canarias soporta estas cosas, y más que habrá, casi sin pestañear. Clamando en el desierto por energías renovables y deplorando, en foros de negociación, por un sistema más justo de financiación pública.

Es nuestro sino: entre augurios inconsistentes para ilusionar y lamentos de incomprensión para avanzar entre penurias.

martes, 22 de julio de 2014

RETIRADAS

Las retiradas o los abandonos forman parte también de los tiempos más recientes de la política, esos en los que parece que va a haber una revolución, en los que surgen fenómenos sociales que anticipan nuevos modos de hacer y de operar, de desenvolverse. No se sabe muy bien lo que va a pasar: si quiebran esquemas convencionales o si se trata de emplear habilidades tacticistas para hacer que todo siga su curso. Ya saben: cambiar algo para que todo siga igual.


Entre tanto, figuras que deciden marcharse, bien porque han entendido que llegó la hora bien porque de verdad quieren dejar paso a generaciones más jóvenes. Durante muchos años han estado en primera línea de combate, han tenido responsabilidades públicas y orgánicas, ya sea en fase de gobierno de oposición, han resistido pruebas de todo tipo, han vivido casi todas las situaciones que en la cotidianeidad política pueden registrarse y han tratado de cumplir con los compromisos, los encargos o los mandatos que recibieron.

Ahora, cuando se marchan, pueden hacer -si quieren- balance de ese período en la cosa pública, de su paso por instituciones. No es que sirva de mucho pero igual ilustra las enseñanzas que recibirán los herederos.

En Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, se ha marchado Nardy Barrios, con quien tuvimos oportunidad de compartir algunas tareas durante nuestra estancia en el Ayuntamiento, donde su formación política, Compromiso por Gran Canaria, estaba coligada con la mayoría corporativa del PSC-PSOE de Jerónimo Saavedra. Independientemente de la concepción populista de la política, nadie podrá negar a Barrios su dedicación y su entrega. Excelente conocedora de la geografía capitalina, siempre estaba allí, en el barrio que la reclamaba, en la asociación que la necesitaba, en el acto al que le convocaban. Nardy serpenteaba en la política local como pocos. La suya era una singular manera de desempeñar una concejalía, entre otras cosas porque iba muy en solitaria o con el apoyo de personas de confianza. Caprichosa, pero también tolerante. Y vehemente hasta donde tenía que serlo.

Y ha abandonado también Lorenzo Olarte Cullen, figura política de extenso currículum que ha cerrado con su estancia en el Centro Canario Nacionalista (CCN). Poco importa ya el disenso como causa de la salida, menos abrupta de lo que podía pensarse. Desde la Transición política, Olarte ha tenido un papel destacado, desde su presidencia en el Cabildo Insular hasta la del Gobierno de Canarias, cuando sucedió a Fernando Fernández (CDS), compañero de partido que se sometió a una cuestión de confianza en el Parlamento. Locuaz y con mucho arrojo político, Lorenzo Olarte no se arrugaba en la adversidad: su personalidad le permitió sortear no pocas coyunturas desfavorables y a pesar de innumerables vaivenes y paradojas, ha sido respetada. Valga como prueba que es de los pocos a los que se permite publicar artículos de opinión en los dos periódicos grancanarios.

Barrios y Olarte han dicho su respectivo adiós. Ya pueden empezar a ver los toros políticos desde más cómodas y placenteras barreras.



lunes, 21 de julio de 2014

OBSESIONES

Así como no hay antecedentes de que a un partido gubernamental le esté preocupando hasta límites obsesivos un movimiento social que ni siquiera ha cuajado aún en organización partidaria y, por tanto, ni siquiera nos acerca a la idea de una nueva política, en el escenario van sucediéndose elementos y situaciones que dan idea de sustanciosas transformaciones cuyo alcance es una de las grandes incógnitas al menos hasta que termine la década. De momento, hasta parece haber quedado aparcada la desafección y la repulsión hacia la política, factores que hasta hace dos meses escasos eran considerados como determinantes para reivindicar la participación en una consulta electoral y para minimizar los daños colaterales subsiguientes.
            Lo del Partido Popular (PP) con Podemos y sus cabezas visibles, a la espera de lo que ocurra con un proceso constituyente de formación política que habrá de desenvolverse como las demás en sus legítimas aspiraciones, es de traca pese a que la finalidad se contrasta fácilmente: satanizar al fenómeno que encabeza Pablo Iglesias es aplicarse en la configuración intimidatoria de un enemigo peligroso, pernicioso y de incalculables males para el país, al que ya han adornado, por cierto, con ribetes patrióticos y eso que la selección nacional de fútbol quedó eliminada a las primeras de cambio en el pasado campeonato de Brasil. Es decir, casi un contubernio como el judeomasónico aquel tan recurrente. Es también hallar una salida o un atajo para desviarse de los males que siguen padeciendo amplios sectores sociales que no perciben la cacareada mejoría lanzada por los altavoces gubernamentales, aumentada con el manejo anticipado de las cifras de desempleo pero ajena al incremento, ya cercano al cien por cien, del Producto Interior Bruto de la deuda pública,  a la financiación de las comunidades autónomas, al as de la elección directa de alcaldes no prevista ni en programa electoral ni en la ley vigente -¡chúpate esa!- y a las secuelas de una insólita resolución del Tribunal Constitucional sobre el despido laboral y la negociación colectiva.
            No importa. Hasta que llegue el verano amortiguador, se trata de insistir con mensajes del grueso calibre que frene cualquier atisbo de recuperación o conquista de espacios electorales. Al PP le interesa insistir en la peor y más endemoniada de las imágenes que pueda fabricar o proyectar de Podemos, a sabiendas de que esos apoyos sociales se los resta al PSOE, el rival directo, de modo que esa franja de ciudadanos descontentos y que no quieren depositar la confianza nuevamente en quienes han acreditado gobernar a base de incumplimientos y abusos de mayorías parlamentarias, no vuelva a posiciones electorales ‘centroprogresistas’.
            De momento, ha sido el propio Iglesias el primero en reaccionar tratando de mantener encendida la llama que prendió la noche del pasado 25 de mayo: antes de que los conservadores sigan haciendo alarde propagandístico de los resultados de sus políticas y antes de que los socialistas, con nuevo líder y tal, se recuperen y sean capaces de invertir las tendencias políticas o lo que es igual, volver a ilusionar.

            Pero, claro, los nuevos escenarios aún están por confeccionarse. Y por ahora, lo que hay son demasiadas obsesiones y muchas urgencias.

viernes, 18 de julio de 2014

LA GUERRA, DESDE EL SOFÁ

La foto, la imagen, la ‘otra’ guerra…

El estallido de las bombas, el fuego, las columnas de humo, la destrucción, la tierra quemada… El llanto, el desespero, el dolor, la impotencia… Seres inocentes, niños sin cráneo o sin articulaciones en brazos de padres de mirada perdida que muestran al mundo, a las ya célebres redes sociales, las nefastas consecuencias de la tragedia.

Y así como cabe preguntarse cuántas fotos harán falta para frenar la masacre, impacta esa imagen de ciudadanos que contemplan con toda naturalidad las hazañas bélicas desde un privilegiado puesto cerca de la frontera, cómodamente sentados en modernos sofás y en sillones de diseño. Como si se tratara de un espectáculo, como si lo que surge ante sus ojos son escenas sucesivas de una tragedia inacabable en un escenario que va perdiendo elementos y soportes se supone que para satisfacción de esos afortunados espectadores.

Es la ‘otra’ guerra, la considerada psicológica, con un ‘flash’, un momento que una de las partes utiliza para intentar demostrar el poderío o que se va ganando. La superioridad frente a la debilidad. La guerra en butaca para quienes atacan sin piedad. El genocidio, en directo, en primera fila, o desde el palco privilegiado.

Entre tantos y elocuentes testimonios gráficos y la incapacidad de la comunidad internacional para poner fin a esta hecatombe, con sobrados motivos para la tristeza, la depresión es inevitable.