martes, 25 de septiembre de 2007

RECUERDOS DE CUANDO SUAREZ

Fue una de mis primeras incursiones en el campo de la información política. Creo recordar que en 1978, en plena transición. Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, venía a las islas. El padre Siverio, director de Radio Popular de Tenerife, donde preferentemente hacía deportes, me envió a La Gomera, a cubrir la visita presidencial a esta isla.
El trabajo había comenzado en el aeropuerto de Los Rodeos, donde pude seguir las incertidumbres del protocolo para saber dónde se colocaba el presidente de la Junta de Canarias, el ente preautonómico. Las tablas de Rafael Clavijo, que lo era del Cabildo Insular de Tenerife, resolvieron diplomáticamente la cuestión.
Mucho más emotivo que aquel episodio, desde luego, fue la perseverancia de Cristina García Ramos para conseguir un testimonio de Suárez según cumplimentara a las primeras autoridades. A Cristina (hoy “Corazón, corazón”) la habían apremiado desde Madrid. Cuando lo logró, no pudo ocultar su contento entre quienes la rodeaban.
Después, el traslado en guagua hasta Los Cristianos. En el grupo de periodistas e informadores, iba Arturo Trujillo, que pertenecía al plantel de Diario de Avisos y poco después quedaría vinculado a la Unión de Centro Democrático (UCD).
Ahí conocí a dos pesos pesados: Ignacio Zuloaga y Manuel Antonio Rico, que representaban a las agencias de noticias Efe y Europa Press. Nos alojamos en el parador nacional, aún inconclusas las obras lo cual no obstó para que allí mismo, antes de las visitas, hubiera algunas reuniones con dirigentes institucionales y vecinales. De Suárez no se despegaba Luis Mardones Sevilla, gobernador civil, a quien recuerdo tomando notas como si de un periodista se tratara.
Desde el sur de Tenerife y desde la isla colombina enviamos varias crónicas telefónicas, suplementadas con alguna grabación, hecha a ‘vuelamicrófono’. Cuando terminó la jornada, en medio de un calor sofocante, acompañé a San Sebastián a Zuloaga y Rico a comprarse un bañador. Estrenamos la reluciente y tentadora piscina del parador.
Estos recuerdos personales brotan cuando el 75 cumpleaños de Adolfo Suárez se ve salpicado por una nueva controversia a propósito de la aparición de un libro de Luis Herrero.
Los franquistas y los nostálgicos se han pasado un buen rato denostándole, le consideran un felón. En la obra de Fernando Vizcaíno Casas, “Y al tercer año resucitó”, así aparece. Pero nadie pone en duda el trascendental papel que le corresponde en el tránsito a la democracia, en una de las etapas más apasionantes e inciertas de nuestra historia. La entereza con que afrontó el bochornoso asalto de los guardias civiles al Congreso de los Diputados -compartidos esos honores con Gutiérrez Mellado- será recordada eternamente.
Y en su haber político, analizado hoy con un más amplio sentido de perspectiva, el valor de una dimisión que iba más allá de lo que en sí significa una renuncia:
“Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”, vino a decir al país en la tarde del 29 de enero de 1981.
Sabias palabras, sustanciosa aportación a la democracia recién estrenada y que andaba amenazada, según se comprobó apenas un mes después.

1 comentario:

Mª Rosario Delgado dijo...

Admirado García, siempre que tengo la ocasión de leer algo tuyo lo hago sabiendo que algo aprenderé.
En esta ocasión es Historia de la de verdad. De la escrita por un testigo ecuánime.
Como tantas veces, gracias

Mdel