viernes, 16 de septiembre de 2016

RENTABILIDADES REALES

Las cifras siguen bailando a ritmo de récords, pese a sus claroscuros, que también los hay en el turismo boyante. A punto de concluir la temporada veraniega, ya se hacen previsiones sobre el cierre del ejercicio: si los mercados mantienen las tendencias en el último trimestre, en 2016 habrán visitado España unos setenta millones de viajeros extranjeros, de los que catorce, aproximadamente, tendrían alguna estancia en Canarias, Otra plusmarca. Los registros del primer semestre, correspondientes a la denominada Balanza de Pagos del Banco de España, reflejan la bonanza: los ingresos por turismo extranjero alcanzan los 22.651 millones de euros, un 6,8% más que en igual período de 2015. En esa franja, hay que contabilizar 32,8 millones de turistas, un 11,7% en la variación interanual. En términos coloquiales, pues, viento en popa.

Claro que si nos preguntamos por las rentabilidades reales de esta prosperidad, igual hay que fruncir el ceño de algunas dudas, no ya en el ámbito laboral, donde no parece que la mayor afluencia de visitantes se homologue con el volumen de puestos de trabajo generado en tanto que la calidad del empleo sigue siendo insatisfactoria, sino en la propia esfera económico-financiera de los municipios turísticos canarios, donde el indicador de la renta media personal es inferior a la media regional, según se desprende de las estadísticas de la Agencia Tributaria.

Estas incertidumbres y unas ciertas limitaciones informativas y de conocimiento acentúan las incógnitas de las rentabilidades del turismo que seguro son reales pero no lo suficientemente claras o explicadas. Basta comprobarlo con las quejas que aún mantienen alcaldes y responsables públicos de haciendas locales con respecto a los ingresos que se perciben de procedencia estrictamente turística. Solo las cifras del crecimiento hacen que atenúe el foco de las lamentaciones e insuficiencias.

Pero, en efecto, los problemas de prestación de servicios siguen existiendo. El sector privado reivindica sin cesar mejoras en ese sentido y todos somos conscientes de que cualquier destino turístico solo puede ser competitivo si su oferta entraña servicios públicos cualificados y eficientes, empezando por la seguridad y terminando con la limpieza viaria. Los munícipes sufren a menudo para encontrar explicaciones convincentes cuando les reclaman bases o dotaciones de mantenimiento. Ni siquiera la privatización o las concesiones de servicios han podido remediar del todo las obligaciones, de ahí que ya no se hable tanto del turismo como motor de la productividad económica sino más bien de cenicienta, de un ingreso/nutriente aparentemente extraordinario pero difícilmente sostenible y de un cada vez más difícil acomodo, por insuficiente, en el sistema de financiación de los ayuntamientos, aún con esta asignatura pendiente. O sea, los récords se cosechan pero las rentabilidades contienen muchas dudas.


1 comentario:

Reflexiones L. Soriano dijo...

magnifico analisis reflexivo, real y sin alharaca triunfalista. Creo siceramente que al igual que si vendemos por debajo del coste, entre mas vendamos peor estamos, en el Turismo se puede dar y de hecho se da la paradoja de "morir de exito" o "empobrecimiento de destino". Cuidado