lunes, 14 de junio de 2010

¿DÓNDE ESTÁN?

Llegó González y lanzó potente mensaje: “Cuando las cosas vienen mal, militancia pura y dura”. Frase corta para que todo el mundo la memorice y frase ilustrativa para animar el valle de desazón que la depresión ha ido configurando. Necesitaba el socialismo una inyección de moralina y nadie mejor que el ex presidente para aplicarla. Es el mismo que dijo que cuando las cosas vienen bien, “distancia crítica”; luego, ese grado de la sabiduría, exhibido en algo más que clave interna pese al escenario escogido -celebración del primer centenario del Grupo Parlamentario Socialista-, se robusteció automáticamente: palabra de González, la más clara, por cierto, que ha podido escucharse en torno al papel de los mercados y de los especuladores que no se han conformado con las ayudas públicas que en su día recibieron y siguen oprimiendo el botón del exprimidor.

La invitación de Felipe González a un papel activo de la militancia socialista debe ser convenientemente interpretada y administrada por la dirección federal y la cascada de órganos, hasta llegar a los cargos públicos menos relevantes. Ese papel, un suponer, quiere huir del marasmo. Se trata de evitar incurrir en la resignación, esa que prende tan fácilmente a poco que las reacciones de la población estén inspiradas por titulares de prensa y opiniones audiovisuales que, reflejando tendencias y querencias sin dobleces, se ceban en las tribulaciones o por resultados de encuestas que, hechas en caliente, sólo pueden arrojar indicadores de malestar y rechazo en porcentajes más altos.

Como también cabe en la pureza y en la dureza una apelación a la unidad y la cohesión, ya pueden ir tomando nota quienes, amparados en el empuje -más que en el relevo- generacional y en la paridad, fueron prescindiendo de valores que encarnaban, sencillamente, la experiencia. Lo hicieron de muy distinta manera, a veces de forma descarnada y cruel; en otras, más sutilmente. Pero, situaciones personales al margen de esos modos de operar, es evidente que ello contribuyó a abrir una brecha y a producir alejamientos, de militancia, precisamente. Ello conllevó desánimo, indolencia, descontento y desinformación, justo lo que ahora se trata de corregir si es que hacen caso y aplican el mensaje de González. No son pocos, en efecto, los que se han sentido infrautilizados y hasta marginados, aquéllos a los que no se consultó ni pidió opinión, igual porque entendían -y entendían mal- que se les había parado el reloj. Resulta que no, que la madurez también es una virtud y que el esfuerzo y la dedicación bien son acreedores de respeto. Y que su reloj sigue marcando las horas.

Que tomen buena nota en Canarias los diputados y senadores socialistas, de las dos provincias, de todas las islas, casi desaparecidos del todo de la escena público-mediática. Ya se ha escrito en alguna ocasión que ese problema de presencia y de implantación en la sociedad y su tejido -principalmente en Tenerife- es el principal de los que deba afrontar un partido que, desde las últimas elecciones autonómicas, ha tenido que superar la sustitución de su secretario general y empezar a diseñar su futuro sin que los vaivenes de la alianza gubernamental le favorezcan demasiado, entre otras razones porque el hastío y la desilusión que esa alianza genera invita más al pasotismo político y al absentismo que otra cosa.

Pero, lo dicho: aún cuando se parta de la premisa de que diputados y senadores del partido gubernamental, del signo que sea, siempre están condicionados y su labor puede resultar más efectiva intramuros o en la canalización de asuntos y proyectos de su respectiva circunscripción, no es menos cierto que en situaciones como las vividas en la presente legislatura deberían aparecer más y transmitir algo que, sin estar al nivel de González, permitiera identificarles y saber que aún están en activo. Que perdonen, pero, salvo alguna honrosa excepción, se han convertido en los grandes desconocidos quienes ostentan la representación socialista provincial e insular en las Cortes Generales. A la hora de dar cuenta de su gestión, aquéllos que al menos tengan la intención, tendrán que hacer un trabajo de imaginación y de recopilación. Igual es cuestión de oportunidad y parecemos demasiado exigentes.

Pero no. También les corresponde ejercer como militantes activos, comenzando por realizar autocrítica. Que utilicen después, como crean más conveniente, los recursos que están a su alcance no ya para justificar su cometido y su dedicación sino para mantener la conexión con la sociedad a la que se deben y el contacto con los órganos más directos y la gente de las agrupaciones locales, a las que siempre viene bien unas palabras de aliento o ser escuchadas, sencillamente. Por fortuna, son múltiples las formas de comunicación. Pero hay que activarlas sin reservas.

Porque en tiempos como los que corren, y después de lo dicho por Felipe González, ni rutina ni conformismo ni inhibición. Tomen nota, señorías.

viernes, 11 de junio de 2010

¡PAREN! ES EL MUNDIAL

Hasta 1962, hasta ahí llega la memoria personal del Campeonato Mundial de Fútbol. Como cualquier otro chiquillo, próximo a cumplir entonces diez años, este deporte ya empezaba a interesar y a apasionar. Coleccionábamos cromos e íbamos directamente a las páginas de deportes de los periódicos, en tanto que escuchábamos la inolvidable “RadioGaceta de los Deportes” y veíamos los escasos resúmenes que ofrecía la televisión en blanco y negro.

Y de Chile, donde DiStéfano no pudo jugar con la selección española, conservamos el recuerdo de la consagración de Pelé y la bronca de un partido entre Italia y Chile. La bronca mereció un titular eterno “La batalla de Santiago”. Pudimos seguir algunas transmisiones radiofónicas, con el gran Matías Prats y con Martín Navas haciéndonos imaginar remates, despejes, paradas… en fin, la evolución del juego que, a través de las ondas, tenía enormes encantos. Escartín publicó “lo de Chile fue así”.

Cuatro años después, llegó la cita de Inglaterra. Ya era la época en que memorizábamos y recitábamos las alineaciones, bajo el esquema del 3-2-5. Intentamos hacer un periódico doméstico. Televisión Española, aún en blanco y negro, ofrecía los partidos en diferido, muy tarde. Nos rendíamos en el descanso, pensando en las clases del día siguiente. Un nuevo fracaso de España. Sólo la victoria sobre Suiza, con goles agónicos de Amancio y Sanchís. Fue el Mundial de Eusebio y de Bobby Charlton. A Pelé lo liquidaron búlgaros y portugueses. Ganaron los ingleses, con un gol muy polémico que concedió un linier soviético. Conservamos el nuevo libro de Escartín, “El Mundial defensivo”.

Y así podríamos ir desgranando los recuerdos de cada convocatoria. Porque el Mundial fue un acontecimiento que interesó siempre. Y no sólo por el juego, los marcadores, las figuras, los técnicos y la clasificación final sino por la dimensión económica y sociológica que iba cobrando. Félix, Carlos Alberto, Brito, Piazza; Clodoaldo, Everaldo; Jair, Gersson, Tostao, Pelé y Rivelino. Otra alineación memorizada, la de Brasil, “la sinfonía fantástica” de México 70.

El penal a Cruyff a los dos minutos en la final de Alemania; la dictadura argentina dándole el tinte patriótico al éxito de la albiceleste dirigida por Menotti; el fiasco español del 82, después de uno de los partidos más bonitos que recordamos aquel año, el Italia-Brasil del desaparecido campo “Sarriá”, en Barcelona; la “mano de Dios”, cuatro años más tarde; después, en Italia, DiStéfano, comentarista de TVE, con una de sus más célebres sentencias: “Para no ver ese penalty, hay que trabajar en la ONCE”; la aventura en Estados Unidos, para incrementar la popularidad del fútbol, cuando Brasil ganó en la tanda de penalties y cuando el colombiano Andrés Escobar fue asesinado al regresar a su país; y el gran éxito de Francia en su país, en 1998, con dos goles de un auténtico astro, Zinedine Zidane, la dulzura de la miel, futbolísticamente hablando.

Ya en el siglo XXI, en 2002, Corea del Sur y Japón organizaron conjuntamente el campeonato, el de las nuevas tecnologías, el la inversión multimillonaria (el costo fue superior a los 4.500 millones de dólares) y el un Ronaldo consagrado que elevó a Brasil a la condición de pentacampeón. Y, finalmente, la cita de Alemania, aquella final de Berlín donde el gran Zidane perdió los papeles y cabeceó al italiano Materazzi dejando a la orgullosa Francia en inferioridad, aunque la contienda no se resolvió hasta la tanta de penalties.

Retazos, chispazos de la memoria justo en la fecha en que se inicia una nueva edición del Mundial, por primera vez en el continente africano. Y donde por primera vez, España acude con la condición de favorita. Ojalá que los peligros de la euforia desmedida no influyan en un equipo serio y homogéneo que ensambló Luis Aragonés y continuó Vicente del Bosque, en medio de una imponente racha de resultados positivos.

Es verdad que nunca antes se vivió un clima tan expectante en torno a la selección española popularmente conocida por “la roja”. Aquella conquista de la Eurocopa, aquel clima en las calles y plazas de toda España, revalorizó el fútbol de la selección. Cada una de sus citas, desde entonces, está revestida de un ambiente extraordinario, hasta en los amistosos. Una España que aglutina, que concentra, que no es interpretada por separado, por la aportación de los clubes.

Y una España que deslumbra, con un juego preciso de toque y desmarque que es admirado y reconocido por los técnicos y la prensa de otros países. A ver hasta dónde llega. Porque para muchos, ésta es la gran oportunidad: ahora o nunca.

Que aguanten las señoras contrariadas y los profanos. Desde hoy y hasta julio, pase lo que pase, rueda el balón con interés general. Ya está aquí, ¡paren! ¡Viva el Mundial! ¡Viva el fútbol!

jueves, 10 de junio de 2010

BARBARIDADES

“Hoy he dicho barbaridades”, se le escapó a Esperanza Aguirre días pasados en el Congreso, condensando de forma tan ilustrativa sus críticas al presidente Rodríguez Zapatero. Otra vez el maldito micrófono abierto, otra vez los duendes de la técnica que juegan una mala pasada, otra vez una representante del Partido Popular.

Pero no pasa nada. El aserto ha pasado inadvertido. No es que escandalice: al pobre jefe del ejecutivo le vienen cayendo todas seguidas desde hace algún tiempo. La estrategia del PP, instalada en el puro y duro interés electoralista, se resume en “leña a ZP, que es de goma”. Igual sube un punto la ventaja en las encuestas que igual dentro de unos meses, si cambia la tendencia y se reduce la distancia, empezarán a ser cuestionadas. Ahora, aparte del tratamiento en primeras páginas, tienen todas las bendiciones.

La afirmación de la presidenta de la Comunidad de Madrid ha sido recibida con indiferencia. Deben estar acostumbrados en la Villa y Corte a sus acerbas críticas y a sus dichos altisonantes, por lo que “las barbaridades” apenas se han notado. Si a la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, por ejemplo, se le hubiera escapado la misma manifestación, cómo se hubiera cotizado en columnas, titulares y tertulias, sobre todo después de aquel parangón planetario que tan poco gustó a quienes parece doler que el presidente español se vea con el de los Estados Unidos.

No es que escandalicen “las barbaridades” sino que llama la atención el reconocimiento de las mismas por sus propios autores. Cosas más gruesas y más graves dicen algunos dirigentes populares y de otros partidos, en lo que ya no un intercambio de mensajes sino un cruce de descalificaciones y reproches que ríanse ustedes de los programas televisivos donde la mesura, la prudencia y la racionalidad son cualidades proscritas. Y lo dicho: no hay que sobrecogerse ni llevarse las manos a la cabeza.

Que el término de marras sea objeto de vítores o ponderación en una reunión de compañeros de partido, en una charla de café o en el saludo de alguien que pasaba por allí, vale. Pero que quien manifieste públicamente sus denuestos y sus dardos dialécticos contra un presidente de gobierno, admita a renglón seguido que son “barbaridades”, es un ejercicio de sinceramiento que, paradójicamente, hace dudar de la credibilidad del mensaje o de esas apreciaciones críticas.

A la señora Aguirre podrían recordársele algunas de aquellas cosas que afirmaba en tiempos de ministra o senatoriales y entonces entenderíamos mejor los barbarismos, incluidos los de la desinformación o de la ignorancia. Aquellas cosas enriquecieron el anecdotario mediático porque, claro, hay que reír las gracias, es la mejor fórmula para restar importancia a las “boutades”, a los absurdos y a las simplonerías.

Alguien debería hacerlo, sencillamente para que la señora presidenta sea más prudente. Porque no es cuestión de formas -¿tanto cuesta callar hasta que los micrófonos se cierren del todo?- sino de fondo. Ahí donde habitan las barbaridades.

miércoles, 9 de junio de 2010

REFLEXION SINDICALISTA

En el día después de la huelga convocada en el sector público, cuando ha pasado al terreno de la anécdota el choque de cifras, los dirigentes de las centrales sindicales están obligados a reflexionar. Lo estaban antes del paro, cuando debían percibir las nítidas señales de un rechazo social alentadas por la derecha y por agentes que jamás han querido saber de sindicalismo; pero ahora, con los resultados en la mano, mucho más.
Porque tales resultados, la respuesta a la convocatoria, no ha sido especialmente favorable. En términos generales. Y si se trataba de un ensayo para afrontar luego un paro general, a imagen y semejanza de los planteados en los tiempos gubernamentales de González y Aznar, pues no salió bien, sencillamente. Y con ese ambiente, arriesgarse a la convocatoria es arriesgar mucho.
Porque no parece que la gente esté por la labor. De hecho, es como que se acumulan los testimonios de trabajadores que no se sumaron porque no están dispuestos a descuentos en nómina, tal como están las cosas y tales son las necesidades de estos tiempos en que, por fin, se va generando una cierta cultura de evitar despilfarros y de vivir con los pies en la tierra y en la depresión que nos afecta a todos.
La protesta sindical, supuestamente, era sinónimo de expresión de malestar. Pero esta expresión no cuenta con un gran respaldo social. El papel de las centrales sindicales se ha visto cuestionado a lo largo de los últimos tiempos. Muchas personas se han olvidado de que ese papel fue determinante en el pasado en momentos sociohistóricos decisivos. Y de la aportación que han hecho para consolidar la democracia. Después, hay un cliché que ha ido cobrando consistencia: liberados, subvenciones, desestabilizadores, escasas conciencia sociolaboral, enchufismo, aprovechamiento, desvirtuamiento de identidades y finalidades...
Sobre todo ello han de reflexionar los dirigentes sindicales, colocados en una posición incómoda y necesitados de recuperar credibilidad para seguir desempeñando el papel que les asigna la Constitución. Más debate interno, más formación, más autoexigencia, corrección de vicios... recetas para dar el salto que se requiere.
Eso, o tener que aguantar a dirigentes del Partido Popular, subidos al carro del descontento para proclamar sin sonrojarse que ahí están ellos ¡para defender a los trabajadores! o para manifestar su deseo de participar en la huelga tras pasarse meses exigiendo al Gobierno medidas para frenar el exceso de gasto público.
En un país de paradojas y contrasentidos, con estas experiencias, en pleno siglo XXI, la reflexión sindicalista es un deber ético y cívico.

martes, 8 de junio de 2010

ENCIMA, HACER EL PAYASO

Ahora les ha dado por hacer el cómico, hasta reírse de sí mismos. No les bastaba abusar de la palabra, decir barbaridades, no respetar el turno, hablar todos a la vez, descalificar, gritar, gesticular, señalar, difamar, amenazar, insultar, mentir..., no. Ahora se ponen en pie, intercambian carantoñas, cantan, bailan, lucen modelito, juegan, corean, insinúan, comen, se atragantan, lloran, fingen, amagan con desvestirse...

Algunos programas televisivos del fin de semana, del género 'reality' -¡vaya género!-, han degenerado hasta extremos de auténtica insolencia al telespectador. Los contertulios habituales han olvidado las reglas más elementales del periodismo y la comunicación, mejor dicho, las del sentido común que debe inspirar el comportamiento ante el público. Han hecho caso omiso del respeto.

Y como hacerlo sentado debía resultar muy aburrido e igual la audiencia -maldita audiencia- se apresuraba a cambiar, pues ¡hala!, a mantener su interés mediante reclamos y comportamientos payasescos. Los realizadores y directores de los programas se olvidan de que por ahí entró en barrena aquel espacio estelar del 'late night' que rompió moldes y consagró a Xavier Sardá, Crónicas marcianas. Terminó tan quemado el presentador -extraordinario comunicador, desde luego- que en sus incursiones posteriores jamás alcanzó aquel nivel.

En consecuencia, los programas -cada vez más merecedores de esa denominación, telebasura- se van desgranando como si de un incesante carrusel de mofa y befa se tratara. La fórmula, bien exprimida, está agotándose. Ya no hace gracia, ya no hay chispa. Flota una clara sensación de gran mentira. Y se asiste, a menudo, a auténticos montajes. Comoquiera que a los mismos se prestan personas de toda laya y condición que, pagadas o sin pagar, no tienen inconveniente ni reparo en airear sus intimidades, sus vicios, sus debilidades, sus frustraciones, sus relaciones y sus devaneos, de poco hay que lamentarse.

Y menos ahora, cuando es moda pasear por el plató, marcarse una pieza de baile, cantar -bueno, malcantar-, arrodillarse, echarse al suelo..., hacer algo, lo que sea, en fin, para dar vida a la mediocridad. Esa parte de la farándula española que se exhibe sin vergüenza en cadenas televisivas parece el monstruo que, alimentado a conveniencia, está devorándose a sí mismo después de haber degradado al medio en buena medida.

Si ya los contenidos eran discutibles y apenas concentraban interés, ahora que los invitados y contertulios habituales interpretan y hacen lo que los niños en el colegio o los chicos en el instituto, cabe confiar en que alguien alumbre alguna idea para superar esta moda y dignificar los productos televisivos.

Porque tanta payasada repetida, desde luego, es como para reivindicar seriedad, compostura y desenfado del bueno. Que lo hay: aunque no “venda”.

lunes, 7 de junio de 2010

EL TURISMO EN LA HISTORIA

Ahora que la sensación de desánimo imperante en el Puerto de la Cruz amenaza con no dejar eclosionar una controversia en principio suscitada por el anuncio del presidente del Cabildo Insular consistente en destinar el inmueble del antiguo hotel y casino Taoro a sede del Instituto Volcanológico de Canarias, la publicación de un libro que desmenuza el papel del turismo en la historia de la ciudad a través de sus protagonistas no sólo viene a llenar un hueco sino a quebrar una tendencia de esclerotización resignada e indolencia contagiosa que debe preocuparnos a todos. Otra vez el rigor de la historia para hacernos reflexionar y corregir, para avanzar e incursionar con solidez fundamentada en adversas circunstancias económicas que obligan a un ejercicio de imaginación e iniciativa.

Llama la atención, en efecto, que apenas hayan brotado un par de testimonios con respecto a la primera determinación, sobre todo cuando existen antecedentes relativos a la restitución del uso residencial turístico que tuvo originariamente el Taoro desde finales del siglo XIX. En el contexto de tales antecedentes hay también informes técnicos que avalan el intento de cualificar la oferta alojativa del Puerto de la Cruz para incentivar los atractivos como destino turístico. Parecía que, independientemente de los matices y de las demoras para afrontar el proyecto, aquella era la finalidad -en una operación similar a la del hotel “Mencey” según defendimos en su día- pero ya cabe colocarla entre signos de interrogación. Mientras tanto, recordemos que el edificio sigue vacío, desaprovechado y en fase de deterioro natural.

Seguro que el debate -si lo hubiera- ocuparía un lugar en la historia del turismo de la localidad portuense. De situaciones similares, de decisiones y frustraciones, de querencias, realizaciones, errores, logros, ideas, visiones, sueños y entretelas, de razones y sinrazones, escriben Nicolás González Lemus y Melecio Hernández Pérez en El turismo en la historia del Puerto de la Cruz a través de sus protagonistas, volumen que, prologado por el ingeniero Isidodro Sánchez García y editado por la Escuela Universitaria de Turismo Iriarte, será presentado esta tarde en el ayuntamiento de la ciudad turística, en un acto que bendice un insigne hijo del pueblo, Juan Cruz Ruiz.

Era ésta una obra necesaria. La indeclinable vocación turística del municipio y su trayectoria, contrastada en distintos ciclos históricos, venían reclamando un estudio riguroso que salvara tópicos y lugares comunes y desglosara la importancia de un sector productivo en el devenir de la ciudad. Los autores lo firman con la autoridad que les confiere la investigación, el estudio, la sensibilidad y el amor por lo portuense. Aportan, además, capacidad analítica y amenidad descriptiva de modo que el volumen se convierte no sólo en una fuente de consulta sino en un relato indispensable para entender el ayer, el presente y el futuro de una ciudad llamada a superar, en cualquier caso, el proceso de decadencia que la afecta.

Ha quedado inacabada la lectura de sus veintiún capítulos, una conclusión y quinientas cuarenta y dos páginas, lo que deja abiertas las puertas de otras apreciaciones futuras, puede incluso que aclaratorias, pero puede afirmarse que Nicolás González y Melecio Hernández hacen un interpretación muy lograda -y en buena medida, crítica- de la formación y evolución del primer centro turístico de Canarias, surgido entre bondades climáticas, encantos naturales e idiosincrasia pluralista y tolerante, aún en los tiempos más difíciles. Promotores y emprendedores privados y cargos públicos e institucionales que volcaron sus afanes, conscientes de la importancia de un sector que avanzaba con una brújula de competitividad en cierta parte desconocida, hicieron cuanto estuvo a su alcance para mantener al Puerto en la vanguardia del concierto de las ciudades turísticas españolas, curiosamente más apreciada en el exterior que en las propias islas y por sus propios agentes sociales y habitantes.

La incorporación de documentos y actas, de cuadros estadísticos, de ilustraciones inéditas y de síntesis de acontecimientos como la I Asamblea Turística de Canarias, los festivales de la canción y de cine, completan y hacen aún más ameno el trabajo de los autores que se han esmerado, incluso, para esbozar un mensaje optimista con vistas al futuro. El Puerto de la Cruz, en efecto, sigue disponiendo de potencialidades y fortalezas que merecen ser procesadas para revitalizar su oferta. El volumen de González y Hernández, una aportación fundamental a la historia local, así lo confirma.

sábado, 5 de junio de 2010

RESA, UNA ALEMANA SINGULAR

La entereza y la dignidad con que sobrellevó el cáncer no tiene parangón. No recordamos, de verdad, un caso igual.
Una mujer emprendedora, generosa y dinámica. Llena de encanto personal. Comprometida con los más desfavorecidos, con las causas nobles y justas, con el medio ambiente, con la salvación del planeta, con el progreso de los pueblos.
Atenta, perspicaz, documentada, desprendida...
Resa, Teresa von Levetzow, llevaba entre nosotros unos cuantos años. No parecía alemana si se la escuchaba hablando en español. Respiraba canariedad. Le encantaba el costumbrismo y su curiosidad la impulsó siempre a preguntar los orígenes y las raíces de nuestras tradiciones. Hizo del periodismo un oficio serio. Máxime cuando tenía que traducir. Obsequiaba su sonrisa de forma gratificante. Pero también otorgaba su mirada de disconformidad o de disgusto con un implícito sentido de la tolerancia.
Resa estaba enferma pero no lo aparentaba. Lo sabíamos pero no lo comentábamos. La veíamos tan alegre, tan predispuesta, que cualquier referencia estaba proscrita de antemano. Se ha ido despacio y en silencio, el sol vino a buscarla temprano, allá en Innsbruck, Austria. Está previsto un último adiós el próximo sábado 19, en la ermita de San Telmo. Sin flores ni luto: ella sólo quiere que quienes aquí se quedan sigan luchando, en la medida de sus posibilidades, en la investigación contra males cancerígenos.
Aquí, entre nosotros, deja una obra interesantísima de dedicación y sensibilidad. Pionera en ediciones periodísticas alemanas, junto a Hannelore Lindner y Ulrike. Der Wochenspiegel, primero; y Wochenblatt, después. Un trabajo riguroso el suyo.
Qué pena: ahora mismo hemos de borrar sus señas del directorio de 'mails'. Pero siempre la recordaremos como una periodista de casta y una mujer generosa. Descanse en paz.

jueves, 3 de junio de 2010

PILAR MIRÓ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

Cuentan que su primera orden, nada más tomar posesión, fue el detonante de un marcaje implacable, de una persecución inmisericorde. Había indicado que los redactores saldrían a cubrir la noticia, lo que fuera información con bolígrafo y papel. Eso no gustó, claro, entre quienes ya lucían posiciones acomodaticias aparcando la profesionalidad en una pléyade de pluses personales que importaban mucho más que cualquier tratamiento de edición.

Y en ese no dejar pasar ni una encontraron facturas de un traje y de un bolso de marca. El plus de vestuario: lo podían tener locutores y locutoras pero la directora general que habría de acudir a reuniones, actos, recepciones y demás servidumbres del cargo, no podía permitírselo. Aunque fuera transparente su actuación, aunque ésta tuviera cobertura, aunque nada ocultara...

La sacrificaron, en algún caso con saña. Era de las mejores, si no la mejor; pero no se podía consentir que aquella “servidora del felipismo” -acaso la expresión más suave que pudieron dedicarle- luciera modelito y complementos a costa del erario público. Su excelente dirección cinematográfica en El crimen de Cuenca o Gary Cooper que estás en los cielos o El perro del hortelano y las innovaciones vanguardistas que intentó llevar a cabo en RadioTelevisión Española, fueron incluso vituperadas. A Pilar Miró recordamos.

Algunos verdugos de entonces, tan sapientes y tan críticos, callaron luego cuando la televisión pública fue condenada judicialmente por sesgado tratamiento informativo o miraron para otro lado ante escándalos que probaban que aquel “felipismo” denostado sin reservas quedaba empequeñecido ante otros desmanes de la derecha conservadora. Y mantienen esa actitud más recientemente. Lo de siempre: la doble vara de medir: las exigencias más apremiantes ante todo aquello que huela a progresismo y la indiferencia o la indolencia, el dejar hacer o no tienen de qué quejarse porque ahora mandamos nosotros.

Los verdugos interpretan su papel. Inescrupuloso y desmemoriado. Predispuestos para la ejecución sin piedad en un caso; y en otro, pasivos o en estado de hibernación cuando gobiernan los míos. Lo peor es cuando expiden carnés de ética o se llenan la boca defendiendo valores de pluralismo y objetividad. O cuando les da por socializar las pérdidas ahora que descubren que los suyos también hacen mala gestión o manipulan con descaro y cometen tropelías e irregularidades.

Los verdugos saben diferenciar -un decir- entre héroes y villanos. Callan cuando les interesa. Por eso no son justos y se descubren solos. Basta tan sólo con refrescarles la memoria. Aunque la suerte les siga sonriendo. Y Pilar Miró que estás en los cielos se carcajee.



miércoles, 2 de junio de 2010

AFÁN DE ANTICIPO

Es uno de los hechos más llamativos que caracteriza a la sociedad portuense: esa cierta manía de anticipar el fallecimiento de las personas, de aquellas que están enfermas o llevan un tiempo ausentes de los lugares cotidianos que frecuentaban. De pronto, con una facilidad y con una velocidad pasmosas, se extiende la noticia de la muerte que, en muchos casos, no se ha producido, luego esa es la realidad, gozosa, siquiera por unas horas o por unas fechas, que la gente se apresura a destacar, en un ejercicio colectivo de desmentido digno de encomio.

Nos pasó en primera persona. Rescatamos el episodio porque cobró trascendencia pública y costó el natural disgusto personal y profesional. Hace muchos años, ya abierta la delegación de Diario de Avisos en su actual sede de la calle San Juan, al finalizar la jornada y en el trayecto a casa, hasta tres personas nos anunciaron el fallecimiento de Esteban de León González, un personaje popular que era repartidor de periódicos. Llevaba hospitalizado varias semanas. Al llegar a casa, telefoneamos al director del periódico con la noticia. Leopoldo Fernández indicó que volviera a la delegación y escribiera una necrológica que él mismo tomaría por teléfono.

Era miércoles santo. Redactamos treinta líneas glosando la personalidad de Esteban, que se había inventado una canción parafraseando a Micky en “Enséñame a cantar”. Era así: “Esteban, concejal/ Esteban, concejal. Y el que no quiera a Esteban/ que se mande a mudar”. La nota, escrita con todo el afecto del mundo, se titulaba “Adiós, Esteban”.

Al día siguiente, festivo, por la mañana, un amigo nos esperaba en la plaza:
“¡Muchacho! ¿Tú escribiste en el periódico que se murió Esteban? No es cierto. Se lo encontraron tirado en el suelo de la habitación de la clínica pero lo recuperaron. Está todo el mundo comentándolo, que cómo es posible que se publicara eso, cuando no es verdad”.

Como se suele decir, el alma se vino a los pies. No sabíamos cómo proceder mientras barruntaba una explicación llena de disculpas para los familiares. Aguardamos a la llegada del director para contarle lo sucedido. No teníamos otra justificación que hasta tres testimonios distintos habían informado de un óbito no producido. Desde entonces, nos hemos hecho cargo de todas las bromas y chanzas que generó la situación. En la clínica, hicieron fotocopias de lo publicado que circularon de mano en mano. Al día siguiente, Viernes Santo, el periódico insertó otra glosa titulada “¡Hola, Esteban!”, en la que se congratulaba de que Esteban de León siguiera con vida y en la que se explicaba lo que había sucedido. Fue una rectificación muy 'sui géneris', con un texto en el que se aludía a aquella célebre nota del “Times” londinense, diario que presumía de no rectificar jamás. En cierta ocasión, cuando publicó la noticia del fallecimiento de un 'lord' inglés, fallecimiento que no se había producido, en el número posterior insertó una breve nota que empezaba así:
“Ayer volvió a la vida...”.

Bueno, pues valga el episodio de Esteban para contrastar cómo en el Puerto de la Cruz se precipitan a menudo rumores e informaciones que dan cuenta de la muerte de las personas. No es un afán morboso, no. Ni ganas de “matar” antes de tiempo. Todo lo más, afán de anticipo. Aparte de que sirven para contrastar lo pequeño o lo reducido de la ciudad, en la que tan rápido circulan dichos y noticias, aunque sean falsas, es como si se desataran las ganas de transmitir algo que, por doloroso siempre, causa sorpresa o llama la atención.

Luego, empiezan los comentarios y las preguntas. ¿Dónde está? ¿Cuándo es el sepelio? ¿Dónde lo llevan? Ya no quedan más hermanos, se lleva X días con tal pariente, me enteré esta mañana, me lo dijo mi cuñado, ya descansó...

Pero, a menudo, se dan situaciones de este tipo que, en cierto modo, dan sentido a la frase: “En lenguas del Puerto te veas...”. Y es que la muerte, otro dicho, siempre trae disculpas.


martes, 1 de junio de 2010

RAPSODIA PAISAJÍSTICA DE OSMAN

Paisajes de plenitud titula el pintor egipcio Osman su cita con el Liceo Taoro en vísperas del Corpus orotavense, cuando ya se habla el lenguaje de los pétalos, que diría Juan del Castillo.
Ahora son los paisajes de Osman lo que dicen, los que sugieren, los que llena, efectivamente, porque nada falta en las estampas polícromas que culmina con el esmero de los grandes artistas. Los ojos del pintor transmiten a sus pinceles las órdenes precisas, las sensaciones más creativas para plasmar calles, fachadas, balcones, ventanales, vegetación, techumbres y cúpulas y cualesquiera otros elementos que dan vida a cuadros que reflejan la sensibilidad de un artista que se enamoró de los encantos de nuestra naturaleza, de nuestra gente y de nuestros pueblos.
Así, el paisaje pictórico de Osman es exquisito, tanto como para recrearse en la visualización de cualquiera de sus obras. El autor sabe que apenas hay distancia entre el mar y la cumbre. Por eso busca el lado amable del paisaje, el lado de la contemplación sosegada.
Lo escribe Francisco Galante, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, en el formidable tríptico que anuncia la exposición: “Pero el artista interpreta el paisaje a su manera: genio y creatividad; capacidad de ver, sentir y expresar”. Habla Galante, en su visión del paisajismo de Osman, de “atmósferas inquietantes y envolventes, de contrastes y matices reveladores”. De ese modo logra, siempre en palabras del profesor Galante, “paisajes ilimitados por la plenitud de la luz”.
El pintor, en efecto, ve, siente y expresa. Capta y plasma sobre el lienzo el universo de un rincón urbano o de un ambiente rural en el que sobresalen las peculiaridades morfológicas que aparecen integradas como nunca antes lo habíamos percibido.
Es la sutil madurez del artista, algunas de cuyas entregas anteriores tuvimos oportunidad de introducir. Paisajes de plenitud es una rapsodia de la obra más completa de Osman, cantada con dominio, con un manejo lumínico extraordinario, el que les confiere un sabor singular, digno de ser apreciado para redescubrir sus excelencias y para producir una inagotable sensación de armonía.