jueves, 31 de diciembre de 2009

ADIOS 2009. LO QUE NOS DEJA

Termina el año. Un repaso a lo noticioso, a lo impactante, a lo que queda tras un 2009 en el que predominó el escepticismo, derivado de la recesión económica. El año del paro, se podrá decir. Pero también el año de la TDT. El de Susan Boyle y el de los éxitos sucesivos del F.C. Barcelona.
Es difícil condensar lo más relevante pues seguro que habrá omisiones y criterios discrepantes. En cualquier caso, he aquí una síntesis basada, sobre todo, en la memoria periodística.

 Hecho negativo: La corrupción.

 Noticia positiva: La disminución de la llegada de pateras.

 El riesgo: La gripe ‘A’.

 Acontecimiento político: Cambio en Euskadi, pacto PSOE+PP.

 Impacto social del año: Facebook (redes sociales).

 La iniciativa: Plan E, Fondo Estatal de Inversión Local, dotado con ocho mil millones de euros para financiar 30.903 proyectos presentados por 8.108 ayuntamientos españoles.

 La innovación: Implantación de la TDT.

 El premio sorprendente: El Nobel de la Paz para Obama.

 El político: Silvio Berlusconi.

 Un discurso: El de Lula da Silva ante el Comité Olímpico Internacional.

 La boda: Jaime Polanco, sobrino del que fuera editor de ‘El País’, con Fiona Ferrer, directora de Elite Model Look de España (en Guía de Isora, Tenerife).

 El divorcio: El de la infanta Elena y Jaime de Marichalar; el de Pastora Vega e Imanol Arias.

 La foto: La de un Silvio Berlusconi con el rostro ensangrentado y sin dos dientes tras la agresión sufrida en Milán (Reuters).

 El libro: Anatomía de un instante, de Javier Cercas.

 Mejor canción: Colgando en tus manos, de Carlos Baute y Marta Sánchez; Infinity, de Guru Josh Proyect; Bajan, de Andrés Calamaro y Soy tu aire, de Labuat.

 La película: Avatar, de James Cameron; y Slumdog Millionarie, de Danny Boyle.

 La actriz: Penélope Cruz, en Vicky Cristina Barcelona (Oscar) y Los abrazos rotos.

 El actor: Mario Casas, en Mentiras y gordas y Fuga de cerebros.

 Mejor programa de TV: Telediario 2 y El Intermedio (La Sexta).

 Mejor programa de radio: Hora 25 (Cadena SER).

 La revelación: Susan Boyle, artista británica que obtiene 33 discos de platino y 14 de oro con su primera grabación, “I dreamed a dream”.

 La cifra: 4.137.500 desempleados en España, registrados en el trimestre abril-mayo-junio.
Diez mil millones de dólares, recaudación de la industria cinematográfica norteamericana.
Las centrales nucleares españolas pararon 572 días, el peor año de su historia. El peor registro anterior, en 2007, era de 420 días.

 Gesta deportiva: Los seis títulos del FC Barcelona.

 El deportista: Usain Bolt (Jamaica), récord mundial de carrera de longitud. Y los españoles Pau Gasol (baloncesto) y Alberto Contador (ciclismo).

 El suceso: La desaparición de un avión de “Air France” en el Atlántico, con 228 personas a bordo; el naufragio de una barcaza en Teguise (Lanzarote) que costó la vida a 25 inmigrantes; el incendio en la isla La Palma y los aluviones en esta misma, en Gran Canaria, Tenerife y El Hierro, con cuantiosos daños materiales en el campo, fincas, viviendas e infraestructuras.

 El producto: iPhone.

 La prenda: El pañuelo palestino.

 La frustración: La cumbre de Copenhague sobre el cambio climático y la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos 2016.

 El resultado: El retorno de Haidar a El Aaiún y la liberación del pesquero ‘Alakrana’.

 Lo pendiente: Liberación de tres cooperantes españoles en Mauritania.

 Fallecimientos: Paul Samuelson, Michael Jackson, Francisco Ayala, Mario Benedetti, Mercedes Sosa, López Vázquez, Lazarov, Mari Trini, Luis Aguilé, Andrés Montez, Pedro Altares, Edward Kennedy

 La frase: • “En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para las mujeres que en la cura del alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos para qué sirven”.
(Drauzio Varella, oncólogo brasileño).

• “Con perdón de las damas, que la chupen y sigan chupando” (Diego Armando Maradona, seleccionador argentino de fútbol).

Gracias a los seguidores y a los visitantes, a los comentaristas, a los que nos leen en este modestísimo espacio de la red.
Que 2010 sea un año generoso.
Y que nos sigamos viendo.

martes, 29 de diciembre de 2009

INTELECTUAL CENTENARIA

Ha cumplido cien años María Rosa Alonso, la eterna intelectual tinerfeña, natural de Tacoronte, fundadora del Instituto de Estudios Canarios.
Mujer singular. Aún recordamos cuando aceptó nuestra invitación a que pregonera las Fiestas de Julio del Puerto de la Cruz en el año 2002.
"¡Pero si ya no escribo!", exclamaba para justificar su reticencia.
"A los portuenses nos gustará ver florecer de nuevo esa ñamera", le dijimos, en alusión a su célebre texto de 1951.
"¿Y quién me lleva al Puerto", preguntaba.
"No se preocupe. Ya nos las arreglaremos", respondíamos con fines persuasivos.
Su sobrino Elfidio echó el resto.
Y un viernes 5 de julio lanzaba su pregón en el salón noble de la abarrotada casa consistorial portuense. Muchos admiradores la siguieron transidos de sensibilidad y emociones. Habló unos cuarenta y cinco minutos pero nadie se quejó de la extensión de su intervención. Leyó algunas citas ¡manuscritas! Su verbo firme y enfático. Su mirada y sus gestos elocuentes. Su visión del ayer y del porvenir.
Lástima que no queden testimonios audiovisuales de aquel pregón extraordinario que glosó la universalidad del Puerto de la Cruz. O al menos eso recordamos, cuando al despedirla, lamentamos la ausencia de cámaras y micrófonos y dijimos algo así como que los organizadores merecíamos un suspenso al no tener la previsión de grabar aquella locución llena de citas, hechos memorables y descripción de rasgos ciudadanos y costumbristas. María Rosa pregonó hasta entusiasmar.
Fue la lección de una intelectual que agradecimos hasta el infinito.
Como agradecidos estamos todos los portuenses de aquel bellísimo texto que le inspirara un paseo por la plaza del Charco. Un texto dedicado a la ñamera de su pila central y que a continuación reproducimos:


"Frondosa y verde emerge esa bombonera redonda que es la
ñamera de la Plaza del Charco. Anchas y rotundas sus hojas suplen
una ausencia de flores que no tiene ni necesita. No precisa siquiera
de una voz poética que le cante, como a la palmera, su esbelta delgadez,
o, como al drago, su milenaria tradición de catedral vegetal.
La ñamera de la Plaza del Charco se basa a sí misma en su verdura
esférica, y a veces me he preguntado por las manos gigantes
que le han dado su forma de búcaro artificial.
Ella se ha fabricado su redondez solitaria y su ancho corazón
nos sonríe en cada hoja a todos los que amamos la honda y fresca
delicia de su sencillez. La ñamera nos mira en línea recta y nos invita
a la renuncia de la vertical y a huir de las estrellas y de la estremecida
tensión de las alturas.
Ancha, redonda, verde y satisfecha es envidiable su felicidad
jugosa de muerte feliz, su renuncia a lo alto, y su baja sonrisa,
humilde, casi a flor de tierra. Lección de suavidad serena la suya,
de rotundidad de lo mínimo y sencillo. Si tienes, caminante, el alma
seca porque el dolor te haya bebido los jugos de su fragancia,
aprende lo que la ñamera de la Plaza del Charco te muestra en su
vida simple, uniforme, sin pretensiones; pero si no quieres o no puedes
renunciar a las estrellas, sólo te dará envidia y agonía advertir
que, mientras te quemas en la paramera de tus verticales inalcanzable,
ella se sonríe tranquila en su menudo y jocundo verdor de
horizontales, sin riesgos ni ambiciones".
(Madrid, 1951).

María Rosa ya tiene cien años y todos nos alegramos. Una exposición en el antiguo convento de San Agustín, en su Tacoronte natal, rinde tributo a la vida y obra de una tinerfeña excepcional, de una intelectual centenaria. Cien años de perseverancia y de lucidez.

lunes, 28 de diciembre de 2009

PLAN CONTROVERTIDO

“El urbanismo es pacto”, definió en cierta ocasión un destacado munícipe tinerfeño a la hora de explicar la búsqueda de las soluciones a las diferencias y a los obstáculos que, en esa materia, surgían cada vez con más asiduidad en cualquier localidad, ya dispusiera o no de Plan General o de otros instrumentos de planeamiento.

Pacto entendido como anticipo de acuerdo, forma de entendimiento, de encuentro entre el promotor y la Administración responsable, respetuosa, naturalmente, con la legalidad y con la protección o defensa de los intereses generales. Es una forma que, en todo caso, exigía generosidad por ambas partes y transparencia, mucha transparencia, de modo que se pudiera contrastar que el pacto ni era lesivo ni significaba contravenciones ni beneficiaba descaradamente a alguna de ellas, generando, de paso, todas las conjeturas y suspicacias imaginables.

Es difícil alcanzar un pacto en algo tan serio y complejo como es un Plan General de Ordenación pero sus mentores deben intentarlo. Es lo que no parece estar ocurriendo en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, una institución sacudida en el presente mandato por convulsiones de todo tipo que han mermado el prestigio y la seriedad ante una ciudadanía que, en términos generales, viene desde hace tiempo acusando indiferencia y hasta indolencia ante las decisiones que provienen del consistorio.

A un Plan General hay que darle rango de ley y no sólo ha de trazar viales o determinar alturas y edificabilidad sino que ha de diseñar o contener un modelo de ciudad o de municipio, de modo que prevea crecimientos poblacionales y desarrollos sociológicos o de sectores productivos. Infraestructuras, dotaciones, operaciones singulares y ordenanzas especiales son, entre otros, figuras y componentes decisivos en una herramienta esencial -impregnada de la necesaria flexibilidad- para el crecimiento de la ciudad -especialmente en barrios o núcleos emergentes- y para la propia estabilidad jurídica de quienes deseen desarrollar en ella las actuaciones urbanísticas que conciban y preparen.

Es una herramienta para el futuro y, por tanto, requiere altura de miras y una visión generosa que impliquen amplias capacidades de información y participación, no sólo de particulares o colectivos vecinales directamente afectados por alguna previsión sino de entidades y colegios profesionales cuyo criterio teórico debe también ser tenido en cuenta.
La controversia suscitada en las vísperas de la aprobación del Plan no parece que satisfaga plenamente esas aspiraciones. Al contrario, algunos episodios, aunque terminen resultando anecdóticos, ponen de relieve que el Plan va a nacer malparido de modo que se vaticine una trayectoria muy alterada hasta su aprobación definitiva. Lejos están los consensos primordiales para que el documento final tenga bases de aceptación no sólo técnica sino social y política que lo hagan creíble y viable.

Algo han logrado, desde luego, los más críticos: que el asunto no sea una polémica política más, de esas que se apagan paulatinamente y terminan perdidas en la memoria con las dosis de inutilidad que ya sabemos. Y en este sentido, habrá que medir bien las consecuencias del tiempo o de la oportunidad escogida para su tramitación. Mucho habrán valorado la decisión los responsables, conscientes, sin duda, de que cuanto más cerca del final del mandato, mayor será la “revoltura” y, por tanto, más fresca la memoria de la ciudadanía cuando sea llamada a las urnas y conserve a flor de piel el teórico malestar que le han producido determinadas previsiones urbanísticas y los teóricamente beneficiados.

Los empecinamientos, en este aspecto, no son buenos consejeros. Ahí tienen los antecedentes de Tacoronte. La gente, en Santa Cruz, como en otros muchos puntos de Canarias, está sensible después de gobiernos repetidos dominados por la rutina que es verdaderamente estéril cuando hay que afrontar palabras mayores como son las de un Plan General.

sábado, 26 de diciembre de 2009

CELEBRACIONES DE AÑO NUEVO DE ENTONCES

Primero fue una moda que se hizo luego costumbre. Hasta que surgieron alternativas y la cosa empezó a palidecer hasta el punto de que prácticamente ha desaparecido.
Hablamos de Nochevieja, de la despedida del año y la bienvenida al nuevo en un Puerto de la Cruz que intenta ahora mismo superar, con resignada y pasiva voluntad, los efectos de la recesión económica y la pérdida de su liderazgo turístico.
En la segunda mitad de los años sesenta del pasado siglo, en plena eclosión, todavía en plena fase de construcción de algunos hoteles, la tarde-noche del 31 de diciembre era la genuina expresión del bullicio y de la diversión.
Algunos establecimientos marcaron la pauta. Ofrecían esa noche, a un precio muy salado todavía en pesetas, una cena de gala, acompañada -en algún caso- de orquesta y cotillón. Cuando no había orquesta, la música grabada era digna sustituta. Había que reservar plazas con cierta antelación pues la demanda alcanzó los máximos niveles. Los propios hoteles publicaban anuncios en los periódicos dando noticia de la celebración y de su contenido gastronómico.
La gala se respetaba, vaya que sí. Los hombres, de riguroso esmóquin. Las mujeres, con su traje largo y algunas pieles. Hablamos de los nativos, de los portuenses que esa noche hacían de turistas o de extranjeros. O se les trataba como tales. No era un desfile pero sí resultaba un placer, no exento de curiosidad, ver pasear a parejas y matrimonios rumbo a cualquiera de los establecimientos de Martiánez. Desde la avenida de Colón se podía contemplar el nivel de diversión de la fiesta. Se identificaba a las personas y hasta se las saludaba.
Hasta la década de los ochenta se mantuvo lo que terminó siendo una tradición, a la que se sumaba, por cierto, mucha gente de Santa Cruz de Tenerife y de otras localidades. Era la época de los 'maitres', de la brigada de eficientes camareros que servían de inmediato, del director del hotel vigilando todos los movimientos... Martiánez era un sector efervescente, pletórico de ambiente y diversión, enriquecido cuando los propietarios de los restaurantes descubrieron que también podían ofrecer suculentos menús y alguna atracción complementaria que luego, tras las doce uvas, dejaban paso a que los clientes tomaran otros rumbos, se marcharan donde quisieran, a beber y a bailar, a ligar y a comportarse con el desenfado que no abundaba en otras noches del año. No había distingos de edades, es más, no era extraño que coincidieran parejas digamos maduras con otras mucho más jóvenes.
Se iban a las 'boites' y salas de fiesta, por ejemplo, que también programaban 'cotillones' y fijaban precios según las horas y según se llenara el aforo del local. La diversión se prolongaba durante la madrugada. La cuestión era resistir, ver amanecer. Si era posible, llegar al muelle o algún bar que estuviera abierto para desayunar. Era la búsqueda del chocolate y churros, no siempre fructífera a la vista de la cantidad de clientes que la practicaban.
Hasta que surgieron las alternativas. Por ejemplo, las celebraciones en locales juveniles, en los pocos que había. Novios que se las ingeniaban preparando una cena digna, en la que no faltara nada. Para que la música no se apagara, se turnaban algunos asistentes en las tareas de 'disc-jockey'. La fórmula se hizo válida para algunas reuniones familiares en chalés o estancias de viviendas espaciosas. Allí se aguardaba a las campanadas televisadas, a las uvas de la suerte, a los primeros besos del año.
Y otro ejemplo que aún perdura: las fiestas populares, los bailes masificados, en calles cerradas al tráfico o recintos públicos. Ni el parque San Francisco se libró de estas celebraciones. Miles de personas escogieron durante años cualquiera de las convocatorias del Puerto de la Cruz. Una o dos orquestas que desafiaban al frío nocturnal mientras la gente bailaba... o saltaba y brincaba, que esa noche, todo era posible.
Apenas un alto para las uvas y para mirar al cielo donde tronaban y estallaban los fuegos de artificio. Alguien amplificaba el sonido de las campanas para que la cosa tuviera todo el sabor de una despedida alegre y bullanguera. Un año, esa despedida televisada se hizo desde la plaza de la Iglesia o desde la Peña de Francia pero llovió torrencialmente y quedó deslucida, aunque quienes desafiaron las inclemencias cuentan que fue una experiencia inolvidable.
Ya en los noventa, los jóvenes quisieron dar un toque singular y muy específico y desde la península importaron el modelo festivo en garajes, cines o locales semiabandonados. Los promotores creían hacer negocio. Pero un desgraciado accidente endureció la normativa de exigencias de seguridad y las dificultades hicieron desistir.
Con el 'botellón' en pleno desarrollo, y mientras el frío o la lluvia no causaran deserciones, los jóvenes se buscaron la vida en la calle, muy al estilo de lo que practican a lo largo del años, si acaso con la diferencia de ir mejor vestidos.
A las 9 de la mañana del 1 de enero, cuando buena parte del músculo dormía, cuando muchos cumplían con el ritual cotidiano como si no hubiera caído la hoja del almanaque, los resistentes, los rezagados o los que aún tenían ánimos y ganas para seguir, eran vistos en los aldeaños del muelle, en los alrededores de la parada de taxis mudada para la ocasión y en las cercanías de la estación de guaguas y calle adyacentes. Unos graciosos y otros pretendiendo serlo. Unos, aún con un vaso en la mano; otros, con el último cigarrillo y los menos afectados por los efluvios, intentando convencer de que aquéllo terminó y había que retirarse.
Era la tarde-noche -añadamos madrugada- del gran escenario del cosmopolitismo, de la ambientación que era sanamente envidiada.
Hasta llegar a nuestros días, cuando los hoteles ya no publican anuncios de cenas de Nochevieja, cuando los restaurantes hacen cuentas antes de ofrecer un menú extra y cuando se prefiere el calor de hogar para comentar las estupideces de las ofertas de los programas televisados -campanadas incluidas-, mientras los más jóvenes se afanan para divertirse gastando lo imprescindible.
Puerto de ayer, Puerto de hoy. Costumbrismo festivo al margen, cuánta incertidumbre te domina.

lunes, 21 de diciembre de 2009

CELEBRACIONES NAVIDEÑAS DE ENTONCES

Allá por los años sesenta del pasado siglo, las celebraciones navideñas en la ciudad tenían mucho de familiaridad hasta que la eclosión del turismo cambió usos y hábitos.

En la tarde-noche del 24 de diciembre, el Puerto adquiría un encanto natural de quietud. Como por ensalmo, desaparecía el bullicio callejero. Los cines, Topham y Olimpia, que eran un reclamo, con sus cuadros y carteles exteriores, estaban cerrados. Todo lo más, ofrecían sólo la primera sesión. Era la primera señal clara de aquel encanto. La otra, la otra gran señal, era el cierre del bar “Dinámico”, con lo que esa médula espinal que era y es la plaza del Charco, no funcionaba, permanecía a oscuras.

En los barrios del municipio, entonces lejanos para muchas personas, transpiraba también la inactividad. Y en Martiánez, donde el desarrollo turístico avanzaba y se consolidaba, sólo los comedores de hoteles visibles desde el exterior reflejaban el clima de la celebración.

Las familias portuenses vivían la celebración navideña muy en la intimidad. Era la ocasión propicia para una reunión de todos o casi todos los miembros que no se registraba a lo largo del año. Las abuelas y las madres hacían de comer: era un menú especial el de esa noche. Ese caldo, ese cabrito, ese conejo, esos dulces y pasteles artesanales… Todavía no habían llegado ni se conocían otros productos que terminarían caracterizando el contenido gastronómico de esa noche.

Hasta en las casas más modestas o más humildes había exquisiteces. El esmero de los preparativos, el nerviosismo de los menores. Calderos humeantes, aromas sugerentes, el vino de la tierra recién estrenado… Se escuchaba, en algunos domicilios, la música procedente de algún tocadiscos. Calor de hogar.

Un calor de alguna forma transmitido desde fechas anteriores por los grupos de personas que, más o menos bien abrigadas -entonces se sentía el frío más intensamente-, recorrían las calles cantando villancicos. “Ahí viene Lo Divino”, se decía en seguida cuando empezaban a escucharse las voces y los acordes.


También, durante los días anteriores, las señales de la ambientación navideña eran localizadas por los guardias municipales -entonces se les llamaba así- que ordenaban y distribuían el tráfico en algunas intersecciones, como las de las calles La Hoya-Zamora o en La Marina-Plaza del Charco, San Felipe y también en la Punta de la carretera. Subidos sobre una plataforma, hacían sonar un silbato y movían los brazos indicando direcciones mientras la gente se acercaba y depositaba en la base de la plataforma una botella o una vianda.

Era otro peculiar aguinaldo, el que también lucían, a su modo, los trabajadores que percibían la paga extra.

Las celebraciones se completaban con una especie de ritual que era asistir a la “misa del gallo”. Los mayores inculcaban esta costumbre. Grupos de personas, familias enteras transitaban hacia la Peña de Francia, siempre abarrotada. Muchos quedaban fuera y seguían instintivamente el oficio religioso.

Mientras tanto, grupos de jóvenes se concentraban en la plaza del Charco falta de la iluminación del “Dinámico”. No importaba: abrazados, daban vueltas a la plaza cantando durante un par de horas. Algunos ya fumaban, otros aprovechaban la salida para estar un rato con la primera novia y otros se habían hecho con una botella de sidra que compartían a morro entre canción y canción. Y venga vueltas a la plaza. Desde los balcones o ventanas de las viviendas cercanas se les saludaba o decía adiós entre gestos y susurros de las personas mayores que ya hablaban –fijarse bien- de “esta juventud perdida”.

Al día siguiente, volver a empezar, envueltos, eso sí, en el ambiente festivo que pasaba por contar el menú de casa y la celebración particular. Algunos no podían disimular los efectos de los excesos. Era, para muchos, su primera resaca. Si amanecía soleado y despejado, el muelle y sus alrededores eran el punto de concentración para divisar y admirar el Teide nevado.

En horas del mediodía, retorno a la normalidad para degustar las sobras, lo que más apetecía era el caldo. El saludo de algún pariente que hacía la visita formal. El brindis.

Navidades de los sesenta. Sobre todo, eso, calor de hogar.

viernes, 18 de diciembre de 2009

HAIDAR, PUNTO SEGUIDO

No, no se ha puesto el punto final en el asunto de Aminatou Haidar pero, de momento, parecen despejadas las incertidumbres sobre las consecuencias de su huelga de hambre que, se supone, habrá depuesto.
Ha vuelto a El Aaiún, donde quería, junto a sus hijas y junto a su familia, junto a los suyos, a proseguir la lucha por su pueblo, por las aspiraciones de éste.
Ha vuelto después de un mes tenso para ella y para quienes le rodean. Un mes de muchas primeras páginas. Consultas, solidaridad, desinformaciones, conjeturas, resistencia, pros y contras, incongruencias, manifestaciones, sesgos, preferencias, acción diplomática... de todo ha habido hasta que se ha consumado el regreso de Haidar, anticipado, por cierto, por el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero que, con temple, confió en una solución al problema, al final, se supone que pactada entre los gobiernos de España, Francia y Marruecos.
No, no se ha puesto el punto final. Haidar dejará de ser primera página pero podrá seguir interpretando el papel de mártir, acaso el que buscaban para reavivar el viejo contencioso del Sahara, tan apagado mediáticamente en los últimos tiempos.
En El Aaiún habrá un seguimiento de sus pasos y de sus actividades. Por las autoridades marroquíes, por sus compatriotas, por el universo mediático que se estará preguntando 'y ahora qué'. Se pondrán en marcha las investigaciones. Quizá algún día nos aproximaremos a la verdad, quizá algún día sabremos si bajo la decisión de Haidar subyacían otras finalidades, alguna operación multilateral de desestabilización por ejemplo.
De momento, en los anuarios, hay que colocarlo como uno de los sucesos destacados del 2009 que se agota, afortunadamente saldado sin pérdida de vida, que era uno de los riesgos a los que se enfrentaban todos, absolutamente todos, no sólo la protagonista del suceso. Ya hoy pueden respirar con más tranquilidad.
Guacimeta (aeropuerto de Lanzarote) volverá a ser como antes de Haidar. Pero siempre quedará la lucha de esta ciudadana saharaui. ¿Habrá conseguido lo que se propuso? Ella habla de victoria, desde luego. Victoria de la justicia, dice.
Punto seguido.

jueves, 17 de diciembre de 2009

¡INSOLITO! UN PRESUPUESTO POR UNANIMIDAD

El pleno del Ayuntamiento de Los Realejos (norte de Tenerife) aprobó días pasados por unanimidad los presupuestos generales del año próximo. El importe, 26.8 millones de euros. Los grupos políticos consensuaron las cuentas y el acuerdo se adoptó, insistimos, por unanimidad.
Es un hecho inusual (íbamos a escribir insólito pero el primer adjetivo parece más apropiado) y debe ser ponderado. En una época en que la crispación política anula ideas y voluntades, en que el encono caracteriza las relaciones políticas de los grupos y las personas, en que las mayorías -del signo que sean- aplastan hasta la totalidad de las enmiendas que se presenten, en que los recelos tumban sistemáticamente contribuciones que son interesantes, en que la crisis causa estragos y obliga a recortes... que unas previsiones contables respondan al consenso de hasta tres grupos políticos (dos de ellos en la oposición) es motivo suficiente para que los realejeros se sientan satisfechos.
Otra cosa es que los contenidos presupuestarios no cubran todas las demandas ciudadanas o alumbren algunas imperfecciones pero esa es harina de otro costal.
El que aquí estamos subrayando es el que los munícipes realejeros han cargado con un sentido de la responsabilidad como en muy pocas ocasiones se había registrado. Tan dados que han sido en otras épocas a la discordia, tan notables han sido las discrepancias en otras épocas, que este acuerdo unánime bien merece ser destacado.
Ya el año pasado, el presidente del Gobierno de España y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, había sugerido a los grupos institucionales que estuvieran en la oposición que, dadas las circunstancias de recesión e inestabilidad financiera, no votaran en contra de los cálculos que preparasen los respectivos gobiernos autonómicos y locales.
Aquella era una buena indicación de un dirigente político consciente de que, en situaciones como la que atravesamos, lo mejor para todos es aparcar las diferencias partidistas y facilitar las cosas a quienes tienen el mandato de administrarlas y gestionarlas. Se diría que aquélla era no sólo una declaración de buenas intenciones sino una auténtica inversión de futuro sustanciada en un sentido de la responsabilidad que los ciudadanos (un suponer) sabrán valorar.
El de Los Realejos es un ejemplo de esa responsabilidad. Hasta hace muy pocas fechas, gobernaba una alianza política (CC+PSOE) fracturada, por cierto, casi de forma absurda teniendo en cuenta otras situaciones políticas locales mucho más delicadas que se suele sobrellevar con flexibilidad, transigencia y cintura política. Pues bien, a pesar de esa ruptura, a pesar de que las heridas estaban aún sin cicatrizar, los socialistas, ahora en la oposición, han estado a la altura de las circunstancias y han sabido tomar una decisión que no era fácil, sobre todo, para no quedar descolgados y señalados como poco colaboradores después de haber compartido tareas de gobierno durante unos dos años.
Un presupuesto aprobado por unanimidad en una corporación pública es un hecho, hoy por hoy, insólito. Tal como bajan las aguas en la política canaria, si nos apuran, es hasta histórico. Se lo merecen:
¡Enhorabuena!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

DE VERDUGO A MÁRTIR

La agresión a Silvio Berlusconi, presidente italiano, es un suceso desgraciado. Ese rostro ensangrentado, ese ceño dolorido, esa mirada en un horizonte de sabe Dios qué y dónde reflejan los efectos de la violencia, del desafuero y del victimismo, o sea, todo lo que no se quiere para la política de nuestros días, tan agitada y tan convulsa que, consecuencias como la de la agresión, espantan.
El debate tras el suceso fluye desde el ardor de pros y contras, aunque nadie pueda aprobar la acción por muy anti Berlusconi que sea. Claro que se ha pasado Il Cavaliere, en la esfera pública y en la parte de la privada que afecta a la primera, pero eso no equivale a decir que se lo tenía bien merecido. "De verdugo de la libertad a mártir de la democracia", definió atinadamente la artista Franca Rame.
La madura sociedad italiana, tan tolerante en algunas cosas, tan escandalizable con otras, tan desigual en sus desarrollos, tan latina y tan pasional, no habrá visto con buenos ojos que su díscolo presidente, un político singular, sin duda, haya sido portada de todos los diarios del mundo.
Claro que pudo haber sido peor. Pero el daño causado, por el hecho en sí y por la significación del personaje agredido, es el mismo. Para la política y para el país. Fallos de seguridad al margen -a ver si ahora entienden algunos que es inevitable que los mandatarios de primer nivel estén debidamente protegidos-, la imagen de la agresión a Silvio Berlusconi es no sólo la de violencia política, reprobable siempre, venga de donde venga, sino la de la intolerancia, proyectada ésta desde el doble ángulo del gobernante prepotente, abusador y absolutista, y del pueblo harto que ya no sabe cómo expresar su malestar y su protesta sino recurriendo a la agresividad física. Malo.
Ahora se enfrascan los italianos en un debate que refuerza el antagonismo y que refleja la fractura de la sociedad. Hasta el periodismo, tan implicado en los juegos de poder y en los sesgos políticos, se ve afectado. La Asociación de la Prensa de Roma ha expresado su preocupación "por las señales de intolerancia hacia los órganos de garantía del país, empezando por el periodismo". Italia siempre convivió entre problemas, es cierto, algunos sin aparente solución, pero el pueblo italiano salió adelante.
Ahora contempla -aturdido, seguramente- cómo el presidente es agredido tras un mitin de su partido, un hecho que daña y contribuye a la desgradación de la política y al desprestigio de las instituciones.
Entre los desmanes del presidente (que, en ningún caso, justifican los métodos violentos en su contra) y el notable pasotismo de la sociedad, Italia vuelve a sufrir otro período de incertidumbre como lo fueron los años setenta del pasado siglo cuando un cambio de gobierno era moneda corriente, cuando los poderes fácticos y mafiosos obraban sin rubor para seguir pudriendo y cuando el terrorismo se cobraba víctimas y víctimas.
La agresión es un hecho aislado, de acuerdo, un suceso impropio de una sociedad madura y avanzada, por lo que la reprobamos sin reservas como personas civilizadas, pero ha agitado viejos fantasmas. Y esto es lo preocupante.

martes, 15 de diciembre de 2009

MANCOMUNA, QUE ALGO QUEDA

Unos pocos días antes se habían reunido los alcaldes de los municipios del valle -ahora todos del mismo color político- para recurrir por enésima vez al relanzamiento de la Mancomunidad del Valle de La Orotava, una institución creada en los años sesenta del pasado siglo con la idea de afrontar de forma conjunta los problemas comunes, los desequilibrios sociales y económicos que entonces iban surgiendo y, sobre todo, la prestación de los servicios. Surgió también al calor de cierta coyuntura política de la época pero, en el fondo, la iniciativa brotaba con ganas de resolver problemas (salvamento, prevención de incendios, asistencia sanitaria...) cuya dimensión, con el paso del tiempo, sería bien distinta.

Eso: unos pocos días antes de que se repitiera la historia, casi con exactitud de almanaque, aquella historia que quedó reflejada en las páginas de un pasado número de la revista Tangentes, cuando corrieron los barrancos en noviembre de 1968, un aluvión extraordinario que, en el norte de la isla, se cobró una víctima mortal y causó daños muy cuantiosos, los alcaldes de La Orotava, Puerto de la Cruz, Los Realejos y Santa Úrsula se plantearon cómo reanimar una entidad que, desde su nacimiento, chocó con una evidente falta de cultura en cuanto a funcionamiento administrativo común o compartido se refiere, derivada -seguro- de las diferencias y de los recelos pueblerinos, de una falta de solidaridad que, precisamente, pretendía ser corregida produciendo un acercamiento desde la interactividad que fuera capaz de promover la institución que subsistió, por cierto, contra viento y marea, pese a la salida voluntaria protagonizada por Los Realejos en los años ochenta.

Llegó el aluvión y de nuevo cuantiosos daños materiales. Pudo haber sido peor, desde luego, tan sólo con que hubiera llovido un par de horas más. Las imágenes, las de medios de comunicación y las que circularon por la red, sirvieron para medir que, en cualquier caso, estábamos ante un hecho merecedor de análisis, de respuestas inmediatas y de planificación por parte de las administraciones implicadas. Merecedor también de una sensibilidad ciudadana, de un comportamiento responsable que contribuya a superar los inconvenientes de un fenómeno meteorológico adverso.

Ya tienen materia en la Mancomunidad del Valle para trabajar en cualquiera de estas coordenadas. Es absolutamente estéril entretenerse en debates sobre si funcionó mejor o peor alguna tecnología que, en todo caso, sirve para prevenir. Es más importante contrastar qué trazado tienen nuevas vías, nuevas carreteras o caminos que se superponen en el cauce de los barrancos que han sido salvados por medio de conducciones que, pese a su gran diámetro y apuntalamientos cimentados, se han vuelto a ver desbordados. Hay que insistir, otro ejemplo, en lo arriesgado que resulta construir en el mismo margen de este accidente orográfico, por muy sólida que parezca la protección material que se disponga pues, a fin de cuentas, resta espacio. ¡Ay, las canalizaciones pendientes!

Eso y la necesidad de contar con planes y protocolos de modo que cuando la tormenta -o lo que sea- sorprenda, sepa cada cual qué hacer, cuál es su papel. Las emergencias, aunque suene a teoría, deben estar escritas, primero que nada, en el papel. Y luego, dedicar siempre algo, un capítulo, un apartado a esta asignatura en organigramas y presupuestos. Para pasar a la práctica: hacer ejercicios y ensayos, involucrar a la población -las decadentes asociaciones vecinales servirían para ello- y coordinar a policías, cuerpos de seguridad y de salvamento o protección civil son hechos que hay que afrontar, aunque de nuevo la falta de cultura en esas materias produzca -esperemos que sólo al principio- risas e indiferencias. Esta es (sería) la sociedad de siglo XXI.

Así que, después del primer impacto y de los primeros anuncios de ayuda material para que los damnificados vean aliviada su situación, después de las prisas para apuntarse tantos -¿a cuenta de qué, si esa es una obligación elemental de los poderes públicos?-, después de las primeras evaluaciones, se impone trabajar en las direcciones apuntadas y en cualesquiera otras relacionadas con adversidades y emergencias. Recordemos que, según se ha demostrado científicamente, Canarias es zona situada ya en el marco de las consecuencias del cambio climático. No basta con hacer cálculos, es decir, invertimos aquí o esto cuesta tanto. Si en equis años se producen equis daños, igual se habrá amortizado o rentabilizado tal actuación. En otras palabras, habrá valido la pena. No, no basta: se requiere, tal están las cosas, un sentido más riguroso de las previsiones, tanto en infraestructuras como en dotaciones humanas y materiales.

En la Mancomunidad del Valle de La Orotava tienen una oportunidad para acreditar que esa voluntad política no es fruto de un par de titulares periodísticos. Se precisa algo más: una acción sostenible que distinga a la sociedad y a sus representantes públicos. Que todo no va a ser clientelismo, fútbol, parranda y carnavales.

lunes, 14 de diciembre de 2009

AL VENT

Se cumplen cincuenta años de una canción mítica, inolvidable. Medio siglo de un canto que simbolizó tanto para tantos y tantos ciudadanos. Un grito de libertad, un desgarrado poema que reclamaba el bien más preciado.
"Al vent", los versos y los acordes de Raimon, el cantautor de Xátiva, una de las figuras destacadas de la "nova cançó", tiene ya los cincuenta años que traducen la madurez. La aprendimos, la memorizamos en catalán, sobre todo después de aquel recital en Madrid, donde miles de voces clamaban libertad, amnistía y estatuto de autonomía.
"Al vent" es un canto del pueblo, de una época. Es el preludio o el antecedente básico de otro título del mismo autor "De un tiempo, de un país". La lucha a favor de cambios sociales y políticos, punto final a cuatro largas décadas de proscripciones. Raimon cantaba con la garra de quien también aspiraba a ser ciudadano de un país libre y plural y transmitía las vibraciones que se contagiaban en un fenómeno imparable.
Hoy, cuando escuchamos "Al vent", es inevitable la licencia para la nostalgia y para el cabal entendimiento de cuantas cosas -poesía y música incluidas- contribuyeron a la consecución de las demandas sociales, justo en el momento en que ya no se podía más, en que se había tocado fondo.
La cara, el corazón y las manos al viento: un canto del pueblo que se hizo himno y habitó en toda una generación y en la esperanza de cientos y miles de ciudadanos.
P.S. Pincha en el siguiente enlace para ver a Raimon interpretando la célebre canción en la Universidad de Valencia.



http://www.youtube.com/watch?v=QJnwaWcMfoE