lunes, 7 de mayo de 2018

LOS DIAS DE RAQUEL Y DE CARLOS CRUZ GARCÍA

Si nos autocensuramos en la ficción, tenemos un problema”, dijo el escritor y periodista Carlos Cruz García, en el curso de la original presentación de su tercera novela, Todos los días son de Raquel (Del Medio Ediciones), en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC) del Puerto de la Cruz. Original porque consistió en un diálogo que mantuvo con la periodista Estíbaliz Pérez, de RadioTelevisión Canaria, apoyado en la proyección de imágenes televisivas del incendio y posterior hundimiento en aguas al sur de Gran Canaria del barco ruso Oleg Naydenov; y en un sorpresivo testimonio de audio grabado de la mujer que da título al libro. En las postrimerías, se unió uno de los editores, Manuel Pérez Cedrés, quien acuñó una expresión muy curiosa para definir la obra que veía la luz: “Historia real ficcionada”.
Aquel suceso, en efecto, es la base de la tercera entrega de Cruz. Antes, había aparecido con H (Editorial Dilema) y No es la noche (Idea Ediciones), novelas con las que dejó una muy grata impresión, la antesala de una producción que se adivina exitosa. El autor rezuma talento y audacia, cualidades propias de quien ha optado por la conciencia crítica para interpretar la realidad que nos envuelve, aunque ello signifique abonar el terreno donde se cultiva lo que escapa a la sociedad, lo que no se cuenta o lo que cuesta que trascienda. El sino de Canarias.
Carlos Cruz García escribió su obra en dos partes: la primera, en las islas; y la segunda en la península, donde posiblemente fue incorporando perfiles y matices a los personajes y a sus interrelaciones. Raquel es el leit motiv de la historia, “que pasó y no pasó”, uno de los muchos juegos de palabras con los que el autor fue definiendo su trabajo. “Un juego de la realidad negra de aquellos días”, por ejemplo.
Pero Cruz bebió de fuentes oficiales para ir encajando sus piezas, para hacer más verosímil su relato. Al editor se presentó con el texto terminado y con una copia del informe CIAIM-01/2016, del ministerio de Fomento, donde se plasmaba lo ocurrido. Rebuscó también en el informe de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Canarias. Con ellos cimentó una trama, un thriller que también podría ser una novela social en la que se mezclan las pugnas de los círculos de poder, el fútbol, el periodismo... “Yo fabulo, sin ser conspiranoico”, afirmaría el autor quien confesó que había redactado para exorcizar de alguna manera los años que se dedicó a la política local.
Preguntado, lógicamente, si esperaba que algunos de los personajes de su novela se sintiera identificado, dijo desconocerlo; pero precisó que los había creado para que lucharan por una justicia: “No hay personajes buenos ni malos. Creo en los personajes de la vida real”. ¿Los identificables?
Fue cuando apareció, para animar la distensión del diálogo y avivar el misterio, el mensaje de audio de Raquel. Un testimonio descarnado, entre dolido, paradójico y sarcástico: “Me tratas como si no fuera nadie... Necesito tiempo para mí... Deja la verdad tranquila, escritor...”. Era una suerte de arenga para que las raqueles del mundo hablen alto y claro, ahora que el feminismo y la dignidad de la mujer parecen haber eclosionado. Raquel, junto a Julia y Jeniffer, otros personajes de la novela, coadyuvan en el texto a alimentar la conciencia crítica, el empeño personal de su autor, para quien “leer es un acto que nos ayuda a a interpretar mejor la realidad y las relaciones de una sociedad heterogénea”. Quizás por ello desveló su querencia por los finales abiertos, de modo que “la historia continúe en la mente de los lectores”.
Con Todos los días son de Raquel lo consigue, desde luego.

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