Cuando puso punto
final a su ejercicio activo de la profesión y la función pública, allá por
junio del año pasado, dijo un adiós callado. En una amable carta de despedida,
escribió que han sido más de cuarenta años dedicados a la salud pública,
período en el que asegura “haber tenido momentos geniales, pero también
momentos difíciles y de mucha tensión”.
El doctor Amós García
Rojas, adscrito al Servicio de Epidemiología y Prevención de la Dirección
General de Salud Pública del Servicio Canario de la Salud (SCS), ha querido que
introduzcamos sus ‘Crónicas de la pandemia’, escritas en esos momentos de zozobra
e incertidumbre a los que alude en su carta. Lo hace con la humildad de
siempre.
Porque Amós fue así
siempre, inspirado en los grandes guitarristas a los que admiró y siguió
durante su juventud. Siguió, desde luego, los pasos de su padre, un
especialista del que asumió la paciencia que había que tener con los que
padecían algún trauma físico, una fractura o una ruptura muscular. Aún le
recordamos durante su estancia en la consulta, cuando recibía, a cualquier
hora, a futbolistas lesionados que iban en busca de una sanación casi
milagrosa.
“Dime la verdad,
Sedomir, ¿te duele aquí?”, le preguntaba en cierta ocasión al arquero de Los
Realejos que quería disputar, como fuese, un partido decisivo, Real
Unión-Puerto Cruz, en el “Rodríguez López”. Uno -perdón por la primera persona-
estaba allí. El doctor García era así de escrupuloso antes de inyectar, un
método casi infalible que aplicaba a los deportistas que le visitaban.
Su hijo Amós acreditó
su humanismo en el campo de la epidemiología, siempre con una palabra o una
pregunta para el paciente. Amós tuvo un papel destacado, sobresaliente, en la
última pandemia de triste recuerdo. Sus opiniones en medios, a los que atendía
sin reserva, también a cualquier hora, desde cualquier isla, fueron útiles y
tranquilizadoras. Vaya que sí.
Con la
humildad de los médicos de antes, estas son sus palabras de despedida: “Creo
que nunca he hecho nada que haya podido molestar a alguien, pero si así ha
ocurrido, pido disculpas y te aseguro que no era mi intención. De verdad, de
verdad que te deseo lo mejor tanto a nivel laboral como a nivel personal. Y
así, algo emocionado, te digo adiós y te doy un fuerte abrazo”.
Al que
correspondemos, doctor. Gracias por tanto, gracias por todo. Te mereces todo el
afecto que uno pueda dispensar.
Gracias
por esta obra que trasciende el relato documental para convertirse en una
poderosa defensa del conocimiento, de la dignidad profesional y de la
responsabilidad social en tiempos de crisis. A lo largo de sus páginas, se
reviven los meses más duros de la pandemia desde múltiples ángulos, el
sanitario, el político, el social y, sobre todo, el personal. Y se hace a
través de un protagonista que no solo representa a miles de profesionales
exhaustos, sino que encarna los valores del servicio público y la ética frente
al miedo, la ignorancia o la mezquindad. Lo más relevante de esta obra, y lo
que la hace tan singular, es su capacidad para equilibrar con maestría la
crónica rigurosa con la narrativa emocional. El lector encuentra en ella
momentos de tensión política, denuncia social, anécdotas surrealistas, diálogos
que resuenan con verdad y escenas que conmueven profundamente, como las vividas
en las residencias de mayores.
Estamos,
pues, ante un médico epidemiólogo especialista en medicina
preventiva y salud pública, actualmente jubilado. Fue presidente de la
Asociación Española de Vacunología (AEV) durante la pandemia, y miembro del
comité Permanente para Europa de la OMS. Tuvo un destacado papel como
comunicador y gestor de la pandemia. Ha sido autor y coautor de numerosos
artículos en revistas y libros científicos. También ha publicado varios
artículos de opinión sobre diferentes temas, en prensa convencional.
"Crónicas de la pandemia", es su primera novela, un
relato ficcionado de «las aventuras y desventuras de un epidemiólogo» durante
la pandemia de coronavirus. Su objetivo: fijar en negro sobre blanco una serie
de episodios que parecen haber sido pasto de una especie de amnesia colectiva y
que, ahora, pasados cinco años, nos parecen muy lejanos.
En
ciento treinta y cuatro páginas recoge una serie de relatos breves. «Cada
capítulo es prácticamente una historieta, un cuentito relacionado con la
pandemia. Todos están conectados y, sobre todo, están interrelacionados por una
figura, la del epidemiólogo Jaime García», ha explicado el autor, que ejerció
de jefe de sección de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de
Salud del Gobierno de Canarias durante aquella crisis sanitaria.
Además del apellido, Jaime y Amós comparten
muchas cosas, sobre todo buenos y malos momentos. «Hay algo de ficción, pero
también hay mucho de realidad, de las experiencias personales que tuve como
epidemiólogo en el contexto de la pandemia», asegura el vacunólogo, que ha
empleado a su alter ego para airear algunas cuestiones biográficas que explican
su comportamiento en determinados momentos de la pandemia, algunos buenos y
otros francamente desagradables. «Los choques que hubo con los movimientos
negacionistas fueron muy duros. Ya era bastante duro estar trabajando horas,
horas y horas para que, encima, te dijeran las barbaridades que te decían o
incluso recibieras amenazas físicas o de muerte», rememora García. En su caso,
las intimidaciones le llegaron a su buzón de correo electrónico y lo puso en
conocimiento de la Policía. «De eso no se sabe nada. Me dijeron que habían
identificado al autor», comentó en una entrevista periodística.
El doctor Amós García Rojas podría haber
escrito un ensayo, pero prefirió fabular un poco y salpimentar la narración con
algo de ficción. «Preferí que fuera una novela porque quiero que llegue a todo
el mundo, que se entienda y que se comprenda», explicó.
Además, su libro es breve, ciento treinta y
cuatro páginas, ya hem,os dicho. «Desgraciadamente, tengo la impresión de que
nos hemos olvidado de todo aquel drama tan terrible que vivimos en aquellos
momentos. Conviene recordar todo lo que pasó para, en lo posible, intentar no
volver a caer en los mismos errores», sostiene.
De hecho, en general, esta desmemoria es una
especie de mecanismo de defensa para superar el trauma. «Las coberturas
vacunales contra la gripe han bajado y tiene mucho que ver con la pandemia.
¿Por qué? Porque fue tan dramática la situación, fue tan intensa, que, cuando
acabó, hubo un proceso de descompresión y unas ganas locas de olvidarse de todo
lo que había pasado durante la pandemia. Las vacunas formaban parte de aquel
escenario y todo el mundo quiere desligarse de aquello», aseguró.
En una sesuda reflexión, lamentó García Rojas que esta
desvinculación también haya apartado a muchas personas de aspectos tan
esenciales para el progreso de la Humanidad como la ciencia.
«Por muy agotados que estemos de la pandemia
-declaró- no debemos separarnos del conocimiento, de la ciencia, que nos dice
que, en un contexto determinado, hay que vacunarse frente a determinadas
patologías. Eso no lo debemos perder de vista», dijo el epidemiólogo cuando fue
entrevistado por Carmen Delia Aranda Rodríguez en Canarias7. Ahí lamentó
que estemos viviendo el regreso de enfermedades ya superadas gracias a las
vacunas, como la difteria o el sarampión.
Además, en el libro se destaca el papel
clave que desempeñó Canarias en la pandemia desde que se detectara el primer
caso de covid-19 en España. «No fue en Madrid, no fue en Barcelona, no fue en
Sevilla, fue en La Gomera. Cuando me llaman y me lo dicen, pensé: no me lo
creo, anda ya, ¿cómo va a ser en La Gomera? Pues sí, en La Gomera. Y fue una
situación tremendamente dura porque apenas se conocía nada”, recordó.
Otro momento determinante fue la decisión de
confinar un hotel de lujo del sur de Tenerife tras localizar un brote entre
turistas italianos. «Tomar esa decisión cuando Canarias vive del turismo era
francamente complicado, pero desde el punto de vista científico teníamos clara
esa necesidad y, afortunadamente, desde el punto de vista político, hubo
empatía con esa decisión técnica y se tomó esa medida que, además, la historia
ha demostrado que fue correcta», ha asegurado con cierto orgullo.
El virus llegó y provocó muchas víctimas,
también en Canarias. «Hubo muchos muertos y situaciones terribles. Lo peor era
que los familiares no podían despedir a sus seres queridos como querían. Me
partía el alma, me la partía... También lo refiero en el libro», dice aún
conmovido. En todo caso, en Canarias la pandemia de covid no fue tan
devastadora como en el resto del Estado. «Fue la comunidad autónoma con la tasa
de letalidad más baja de todo el país», reconoce el doctor García.
Más allá de estas inquietudes, por último, el
libro recoge momentos divertidos surgidos en aquellos días caóticos. «Hay
elementos de humor porque, lógicamente, hubo situaciones que, francamente, eran
graciosas».
En fin, estas ‘Crónicas de la pandemia’
invitan a evocar un singular episodio de la historia reciente de Canarias,
escritas en primera persona por un médico, un especialista, convertido en
cronista de vanguardia. Por lo tanto, con plenas garantías de credibilidad.