martes, 23 de febrero de 2010

EL CARNAVAL SERIO

Hay una parte del Carnaval seria, en el sentido de que no es diversión estricta, ni siquiera pasatiempos institucional. Es el apartado de los intercambios que, en casos de ciudades turísticas como el Puerto de la Cruz, entraña una importancia relevante desde el punto de vista promocional.
Se han cumplido treinta y ocho años del intercambio de la localidad tinerfeña con Düsseldorf. Menuda visión de los promotores de entonces, cuando no se conocían las ferias, ni las iniciativas de comunicación, ni las comisiones mixtas para debatir fondos, destinos y modelos de acción. Los mentores de ese intercambio, prestigiosos profesionales del sector, tenían muy claro cuáles eran los mercados a captar y la fórmula del carnaval para hacerlo.
Por eso surgió el intercambio, que fue madurando hasta consolidarse, que sobrellevó muy dignamente su continuidad y que incorporó a muchas personas para llevarlo a cabo. Hasta que se tradujo felizmente en un hermanamiento. Turismo y relaciones sociales, el acercamiento entre dos pueblos, la oportunidad de intercambiar reclamos carnavaleros... De todo eso ha habido en casi cuatro décadas.
Y no sólo en Düsseldorf, sin duda uno de los principales focos del carnaval en la Renania-Westfalia y en toda Alemania, sino en otras ciudades, ha ido extendiéndose y quedando el sello de esta plausible iniciativa.
Con más modestia, si se quiere, pero con mucha imaginación, sin discusiones pueriles de rivalidades, se han ido sumando hasta conformar todo un circuito que cada año la representación del Carnaval portuense recorre entre muestras de entusiasmo, afecto y admiración. La admiración viene dada por la reina y damas de honor que la acompañen, envueltas en los atuendos y alegorías carnavaleras que realzan su belleza.
Es el ejemplo de Düisburg, una ciudad donde la animación carnavalera es indescriptible. De allí proceden Joachim y Brigitte Schulze, un matrimonio que lleva veinticinco años organizando viajes de grupos -nunca inferiores a veinticinco personas- al Puerto de la Cruz. Joachim es la modestia personificada: él mismo diseña sus propias medallas y unos pergaminos escritos con la mejor gótica que uno haya visto jamás que entrega habitualmente en la recepción que se celebra en las casas consistoriales.
En esta oportunidad, al cumplirse esos veinticinco años, el matrimonio Schulze y su grupo han sido distinguidos en una recepción-almuerzo. Joachim, con el típico y artístico gorro, habrá respondido con la solemne mesura que caracteriza su expresión germánica.
Hay que consignar también a Peter Volmari, que encabeza una delegación de la ciudad de Scharmede. Ya son diez los años en que participa en la fase final del Carnaval portuense. Otras tantas personas desfilaron en el coso portuense que, igualmente, conoció la originalidad de los atuendos de del príncipe y guardia de honor del Carnaval de la ciudad de Vechta.
Y allá, en Alemania, quedan otros muchos amigos, en Moëngladbach, Krefeld, Wüppertal, Büchen, Colonia... preparando los festejos del año próximo que, como hemos escrito aquí mismo, se inician el once de noviembre a las once y once minutos de la mañana, haga frío o calor, o sea en un un ritual que traspasa cualquier agenda.
Muchos ya no están entre nosotros pero son siempre recordados: Alex Biederlack, Bruno Rëcht, Edouard Lobenstein, Pepe Pérez Martín, Horst Morgenbrod, Günter Pagalies... Como se recuerda, con todo afecto, al incombustible Rudy Höe y a su esposa Renate, a 'herr' Panenbecker, a Stockheim, a Dieter Steigleader... y al gran Fred Gallasch, siempre oficiando de traductor. Todos, siempre con una más que definida línea alemana de comportamiento: puntualidad, exactitud, documentos y seguimiento. Es el Carnaval serio.
Ellos son quienes han hecho y quienes hacen posible este intercambio carnavalero que constituye, con sus peculiaridades, un excelente escaparate promocional. Tan sólo por eso, debería tener el trato adecuado que se merece. Si nos apuran, un trato exquisito.

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