viernes, 12 de marzo de 2010

CUALQUIER TIEMPO PASADO...

A quienes guste reventar frases hechas (es un decir; con no emplearlas es suficiente), este texto se lo pone en bandeja: cualquier tiempo pasado fue mejor. Así lo sentenció Jorge Manrique en sus coplas. Sin embargo, hay hechos que, al calor de un somero análisis histórico o de una simple lectura comparativa, demuestran lo contrario. Veamos.

Porque no es un fenómeno exclusivo de nuestro tiempo. Que nadie lo piense. Mucho ha que la seguridad ciudadana comportaba problemas para las autoridades, de modo que los discursos y los tratamientos más recientes registran unos antecedentes dignos de ser tenidos en cuenta. Hay que contextualizar, de acuerdo, y situarse en las coordenadas sociohistóricas de cada momento. Pero que nadie piense que en el pasado no hubo desórdenes, tumultos, asaltos, violencia, algaradas, fechorías y malhechores, malcriados, agresividad y sensaciones de miedo en la calle o en la noche.

Jesús Hernández, docente, doctor en Ciencias de la Información y ex alcalde realejero, rescata una prueba documental de la publicación EL TEIDE Periódico de intereses generales de principios del siglo XX. Dice así la información:
“Persona que nos merece buen concepto nos dice que el lunes a la noche, en la plaza Pérez Galdós, un joven de corta edad desafiaba a pelear a otro mayor, y que un policía que se hallaba por aquellas inmediaciones para evitar que la cosa tomara importancia y al ordenar al joven que se marchara, éste se negó a ello y entonces el guardia quiso conducirlo a la prevención. El joven le siguió pero una multitud de muchachos de su edad, sin el guardia darse cuenta de ello, intentó agredir al policía. Cuando éste lo creyó oportuno, dio libertad al joven y esto le valió para no verse en un conflicto con la pollería irreflexiva. Señor alcalde: si la guardia municipal no ha de tener fuerza moral bastante para imponerse en casos semejantes, más vale que no exista”.

Del mismo rescate de Hernández, otros testimonios no menos llamativos de hechos que acontecían en el Puerto de la Cruz:
“Tenemos entendido que todas las noches se promueven alborotos por los chicuelos en la plaza de Mequinez, por lo cual llamamos la atención de la policía (¿El ‘botellón’ de la época?).
“Varios vecinos de la calle Pérez Zamora [nos ruegan] que llamemos la atención del señor alcalde y del jefe de la policía sobre los grandes escándalos que allí arman los niños de ambos sexos, profiriendo palabras deshonestas e insultando a cuantos por allí transitan (¿Anticipo de los usos presentes?).
“¿No se podría evitar que los niños anden jugando en nuestras calles en las horas de escuela? Creemos que sí y que los padres de familia y las autoridades deben ponerlo por obra” (¿Orígenes del absentismo escolar?).
O sea, que las autoridades y maestros de entonces ya lidiaban con estos problemas de hoy en día. Hace más de cien años -¡cien!- ya había alteraciones del orden, chiquillos y jóvenes díscolos o “rebeldes”, la policía era irrespetada y se pedía mano dura a las autoridades.

En Las Palmas de Gran Canaria se encuentra otra referencia. La conmemoración del 150 aniversario de la creación del cuerpo de la policía local ha propiciado la investigación de sus orígenes. En un libro que verá la luz próximamente, se consigna una de las decisiones que, en enero de 1858, se consideran básicas para afrontar el problema del orden público y la inseguridad ciudadana: la creación, mediante un presupuesto municipal adicional, de un cuerpo de serenos “como medio de limpiar el recinto de esta ciudad de los criminales que actualmente perpetran sus fechorías a mansalva”, según se recoge textualmente en los oficios de la jefatura del Gobierno Civil y en las actas del pleno del Ayuntamiento.

Obsérvese la fraseología de entonces. Más de ciento cincuenta años han trascurrido desde que ya se hablara de criminalidad y de la impunidad con que obraban los malhechores. ¿No les suena también eso de recursos extraordinarios para mejorar la seguridad en las calles “del recinto”?

Lo dicho: viendo estos precedentes, cualquier tiempo pasado no parece que fuera mejor, no.

1 comentario:

Jesús M. Hernández dijo...

Deja ver si un buen día algún alma caritativa es capaz de apostar por algo que pueda titularse "Cosas de chicos" y podamos sacar a la luz muchas de esas 'anécdotas'. Déjemoslo en anécdotas. Saludos cordiales.