lunes, 6 de marzo de 2017

ALARGASCENCIA

Empiezan a menudear las noticias sobre iniciativas de distintas organizaciones e instituciones públicas canarias que, persuadidas de la reutilización y el aprovechamiento, incluso desde el sector económico, dedican afanes a su implementación. Ojalá no sea una moda efímera sino que, como herramienta, termine consolidándose y se convierta en un instrumento clave para cualquier proyecto o programa de reciclaje que haga ver a muchas personas que lo de la sostenibilidad no es una palabra rara que solo está al alcance de unos pocos.

Bien es verdad que otro término que surge en este contexto no es menos raro: alargascencia. La asociación ecologista no gubernamental sin ánimo de lucro, Amigos de la Tierra, la patenta y da a conocer para intentar acercarse a su objetivo de fomentar un cambio local y global hacia una sociedad respetuosa con el medio ambiente, justa y solidaria. Se trata de una organización que, en su declaración de principios, dice creer firmemente que el centro de las políticas han de ser las personas y la Tierra, con mayúscula, sí.

Un reciente informe de esta asociación, confeccionado en colaboración con la facultad de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, señala el perfil medio de las personas y establecimientos que se dedican a la reparación de objetos, alquilar, hacer trueques y encontrar o vender productos de segunda mano. Eso sería alargascencia: un directorio que incluiría cooperativas, pequeños y medianos comercios y otro tipo de iniciativas donde es posible encontrar estos servicios. Para Amigos de la Tierra, la obsolescencia acorta la vida útil de los productos por lo que se lanza abiertamente a la lucha de proponer opciones para alargarla y asi reducir el consumo de recursos naturales.

Mobiliario de todo tipo, prendas textiles, menaje, aparatos eléctricos y electrónicos, bicicletas y otros materiales a menudo inservibles, arrinconados o relegados, todo eso que formaría parte del universo de la segunda mano, interesan para los promotores con tal de devolverles un uso práctico. Alargascencia, entonces, sería esa herramienta contra la obsolescencia. Amigos de la Tierra quiere sensibilizar y profundizar en la situación de un sector que quiere pero no puede, pese a que la incidencia en la preservación del medio ambiente es evidente. En efecto, el valor aportado por estos establecimientos de tipo social y ambiental no es debidamente percibido por la totalidad de los gestores. Por contra, aquellos que sí son conscientes de su impacto positivo, consideran que dimsinuyen el uso de recursos naturales, la generación de residuos y la huella de carbono.

Según el informe aludido, “se ha detectado la vocación y motivación de las personas que dirigen estos establecimientos, así como su interés en mantener su actividad a largo plazo. Los rendimientos económicos de su trabajo se valoran entre regulares y buenos, de hecho se percibe un incremento en el número de clientes en los últimos años, en una gran parte debido a la crisis, por lo que se presume un ahorro económico frente a la compra de un producto nuevo”.

Frente a los obstáculos advertidos por las personas encuestadas, desde la mala calidad de los productos a la falta de información pasando por trabas burocráticas y fiscales, las propuestas de acción de Amigos de la Tierra, a la vista de los resultados, son “la puesta en marcha de campañas institucionales de promoción de actividades de reparación, venta de segunda mano, intercambios; la reducción de impuestos a estas actividades, motivada por el valor ambiental aportado -tal y como se ha hecho en Suecia para las tareas de reparación- y sanciones o incremento de carga fiscal a los productos diseñados para durar menos o difíciles de reparar”.

Reciclar, reutilizar, recogida selectiva... algo brota. Alargascencia es el instrumento, puede que todo un estímulo para quienes no se resignan a dejar que el derroche y el desgaste acaben con todo.