jueves, 2 de marzo de 2017

EL INVENTOR DEL MARCAPASOS, EN EL PUERTO

Se cumplen treinta años de la visita al Puerto de la Cruz del doctor sueco Rune Elmquist, considerado el inventor del marcapasos. Elmquist tenía entonces ochenta años y se desplazó a la isla para visitar a un amigo de juventud. Era miembro del Rotary Club, razón que aprovechó la organización local, entonces presidida por el inolvidable José Miguel Morales Sánchez, hijo de José Morales Clavijo, para invitarle a participar en una de sus actividades ordinarias, seguida de una cena ofrecida en su honor en el hotel 'Semíramis'.

El eminente médico sueco era, además, ingeniero electrónico. Comenzó sus investigaciones sobre el marcapasos en 1931. Logró, en apenas un mes, construir su primer aparato. Según explicó al periódico El Día, en información firmada por su corresponsal, aquel aparato era de plástico y constaba de dos transistores. “En cambio -precisó- los marcapasos de hoy en día disponen disponen de un 'chip' con más de dos mil transistores y son todavía más pequeños”.

En 1958, llevó a cabo su primera operación específica para la colocación de su creación. Un cirujano, Ake Senning, implantó al paciente Ame Larson un dispositivo que contenía un generador de impulsos y electrodos. Ese mismo año, intervino a un paisano que aún vivía en el momento de su visita a la ciudad turística, marzo de 1987.

El doctor Elmquist reveló a El Día que se sentía muy satisfecho de su contribución a la Humanidad. Unos dos millones de personas en todo el mundo vivían entonces con marcapasos. Más que su invención, confesó sentirse orgulloso de su seguimiento postoperatorio, “aún no mejorado”, según afirmó.

Otra de sus llamativas declaraciones de entonces la hizo en clave personal, al afirmar que, “en caso de necesitarlo, preferiría colocarme un marcapasos a someterme a una operación de trasplante de corazón”.

Algunos de los asistentes a la cena aún recuerdan la sencillez del doctor Elmquist y el entusiasmo puesto en las explicaciones. Era llamativa la lucidez que acreditaba a sus ochenta años. El invento del científico sueco, patentado por la firma 'Siemens' durante varias décadas, habría de resultar decisivo en la posterior evolución tecnológica para el tratamiento de los problemas rítmicos del corazón. Desde 1994, todo el desarrollo realizado por el doctor Elmquist fue vendido a la empresa norteamericana 'St. Jude Medical'.