viernes, 24 de septiembre de 2010

PREFACIO DE UN POTAJITO

Jesús Hernández García presenta esta noche, en la sala Francisco Alvarez de La Perdoma, un nuevo libro titulado Potajito de cuentos. Nos encargó el prefacio. Y salió este texto:

“Los cuentos sueños son”, se lee al final de Juanito, el de Las Manchas, uno de los ocho que integran este Potajito cuyas páginas escritas son, con todas las letras, una exaltación de lo rural.

En ese medio, en el rural, anduvo siempre el autor, a mucha honra, compatibilizando el ejercicio de su profesión y el de sus ribetes periodísticos sin romper con su pasado y sin alejarse de huertas, fincas, plataneras, molleros, barrancos y senderos que se patea con primoroso afán de naturalista.

En excursiones, en actividades escolares al aire libre, en el intento de cultivar y hacer efectiva la relación de alumnos y amigos con el campo y la naturaleza, la vena literaria fue haciendo acopio de experiencias y situaciones hasta impulsar al almacén de la memoria todo aquello que, sin grandes pretensiones, podría contarse algún día, así: sin alharacas y sin demasiados retoques. Como tiene que ser.

Y así va surgiendo el cuento, un relato que encierra un secreto, en la tesis del autor argentino Ricardo Piglia, ganador del Premio Planeta 1997. “No se trata -escribe- de un sentido oculto que dependa de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático”.

Aquí, el secreto se va descubriendo y desgranando desde la primera página porque, en efecto, no hay nada que esconder. Al revés: se visualiza claramente la intención de transmitir los valores que van encontrando acomodo en el relato hasta dejar en manos del lector una interpretación sencilla que, primero, apresurará el tirón; y luego, permitirá contrastar que, en el género del cuento, lo importante es reproducir “la búsqueda siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta”, en palabras del citado Piglia.

Potajito de cuentos tiene todos los ingredientes del bucolismo más cercano. Estas narraciones breves de sucesos imaginarios, en las que aparece un reducido número de personajes que participan en una sola acción, logran -ya lo comprobarán- la respuesta emocional del lector. El autor demuestra que, en el cuento, lo psicológico es fundamental.

Pero, además, emplea términos y expresiones que, por desuso y por la propia crisis de lo rural, se han ido perdiendo u olvidando. Aquí van a leer, entre otros vocablos y locuciones, sachar, jociquiar, guataca, ajumando, enchumbar, más que sea, escafidiendo, p’a la puerta, esgorrifan, rebencazo, firringallo, malimpriadas, esmagado, trafullo, patiñero… Se agradece la repesca de voces y canarismos que dormían la noche de los tiempos o que no se conocían, de modo que, al favorecer la siempre saludable utilización del diccionario, enriquecen el vocabulario e ilustran tareas o situaciones que se van concatenando con donaire argumental.

Los ocho cuentos son sueños, de acuerdo, pero también la revelación o la plasmación de quien se ha esmerado en el cuidadoso uso del lenguaje, de quien se ‘rebela’ ante las incorrecciones y los desbarajustes que abundan en medios de comunicación con su pernicioso efecto contagiante.

Juan, el agricultor ya cumplió once años desde que ganara el Concurso de cuentos navideños Los Realejos 1999. Entonces, se adivinaba que no iba a estar solo, que no se iba a perder, que iba a tener compañeros de otros oficios con los que hacer un Potajito. La predilección por el género fue creciendo, de modo que la vena fluía sin reserva más allá del aula y de las nuevas tecnologías.

Estas páginas cumplen con creces los requisitos esenciales del cuento: el carácter narrativo, la brevedad del relato, la sencillez de la exposición y del lenguaje y la intensidad emotiva que ha de cautivar al lector. Jesús Hernández García se cuida de no divagar y de no incurrir en preciosismos de estilo.
Escribe sus cuentos sabiendo que hay que soñar pero que también es necesario impregnar dosis de realismo. En la rapidez dialogística y en la descripción de los rasgos de los personajes, en las situaciones imaginadas o vividas, se advierte una singular y atrayente atmósfera que hacen de este particular guiso una interesantísima entrega de creación en un género que tiene que seguir cautivando, pase lo que pase en la realidad literaria insular.



1 comentario:

Jesús M. Hernández dijo...

Maestro, parece que hoy coincidimos. Aunque nos veremos esta tarde-noche, vaya de antemano mi público reconocimiento. Agradecimiento al canto.